Entretenida comedia gamberra sobre las neuras y farsas navideñas.

Gamberra pero menos gamberra que la primera entrega, Malas madres, frente a la que pierde terreno y se queda algo más floja. En todo caso, me he reído en varios chistes y ocurrencias, aunque parezca que llevan pisado el freno en el desparrame gamberro durante la mayor parte del tiempo, sobre todo con las tres madres, cuyas “hazañas” se quedan en nada si las comparamos con las pasadas de rosca que pueden originar este tipo de situaciones en comedias televisivas de animación como Los Simpson, South Park o Padre de familia.

El tema es que al final siempre se van a bajar los pantalones en este tipo de argumento, la comedia gamberra pierde siempre fuelle en el tercer acto cuando todo el caos que ha sembrado recula, parece arrepentirse, y busca desesperadamente la restauración del orden. Eso era algo grande y muy bueno que tenía Desmadre a la americana, de John Landis: no restauraba el orden al final, al contrario, leyendo el futuro que les esperaba a los protagonistas se veía cómo éstos se habían convertido en agentes de ese caos dispuestos a contagiar con sus caóticas existencias al resto de la sociedad. Sin embargo, en cualquier otra comedia gamberra de nuestros días –debe ser algo de milenials o así-, acaban bajándose los pantalones para restaurasr el orden. Aquí también, claro, y me he pasado toda la película temiendo ese aparentemente inevitable –e injustificable e innecesario- momento de “final feliz”, traducido como “final de orden en el caos”, en el que todos se quieran mucho, y se perdonen, y babeen un poco, y arreglen sus cuentas pendientes y vuelvan a ser una familia happy…