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Crítica de La deuda, película dirigida por Daniel Guzmán, con Daniel Guzmán, Itziar Ituño, Susana Abaitua y Rosario García.
Daniel Guzmán regresa tras las cámaras con una historia con alma de thriller y crítica social.
De qué va La deuda
Lucas, un hombre de pasado turbio, y Antonia, una anciana llena de sabiduría, viven juntos —con Lucas al cuidado de ella, que ya no puede valerse por sí misma—. Aunque afrontan muchos problemas económicos, llevan una existencia feliz, pese a tener una deuda con el banco que amenaza con hacerles perder la casa. Es entonces cuando un acto de Lucas pone patas arriba toda su vida y provoca una serie de consecuencias de las que no es fácil salir.
Un interesante esfuerzo por abordar temas muy actuales
A cambio de nada, el debut en la dirección de Daniel Guzmán, fue un soplo de aire fresco que ofrecía una mirada muy peculiar a la adolescencia y los problemas que conllevaba. Tras aquella película, Guzmán rodó Canallas, una comedia realmente pintoresca. Con La deuda, el cineasta vuelve a un tono más cercano al de A cambio de nada, pero con un toque de thriller y elementos que hacen que la historia resulte impredecible desde el primer minuto. No se sabe qué va a suceder a continuación, pero eso no siempre es bueno, porque el caos se adueña con demasiada frecuencia del control de la historia.

Eso nos lleva a momentos en los que las cosas o bien no encajan, o bien producen desconcierto —por decirlo con suavidad—. Un acto de egoísmo desencadena una serie de consecuencias inesperadas que cambian por completo la vida de los personajes, pero que no siempre resultan acertadas. De hecho, hay cierta subtrama con el personaje de Itziar Ituño que resulta, como poco, difícil de procesar. De todas las formas posibles de presentarla, parece que se elige la peor: la más desconcertante y la que más puede incomodar al espectador, hasta el punto de hacerlo desconectar de la historia.
Hay una larga lista de grandes nombres en el reparto de la película —algunos en papeles realmente pequeños, como Luis Tosar—, pero que añaden mucha vida al filme y a sus personajes. Aunque se trata de un reparto coral, la trama principal recae en el personaje de Guzmán y en su aventura, bien acompañado por intérpretes como la mencionada Ituño, Susana Abaitua, Rosario García o Francesc Garrido. Es uno de los aspectos más destacados de la película, sin lugar a dudas, incluso en los papeles más breves. Mención especial merece el trabajo de Abaitua, que roba planos cada vez que aparece.

Cuesta mucho superar las flaquezas del guion
Aunque hay momentos muy destacables y una crítica a la situación social actual —con la vivienda y la gentrificación como telón de fondo—, existen elementos que no encajan por mucho que se intente. Quizá, en un esfuerzo excesivo por sorprender al espectador, el relato toma caminos imposibles y muy difíciles de aceptar. No sé si se trata de eso, pero el resultado es que hay momentos indigeribles, demasiados. Incluso cuando están rodados con brillantez —como la persecución de coches—, la excusa argumental para dicha secuencia resulta muy difícil de aceptar.
Todos los buenos esfuerzos, todas las buenas intenciones, se diluyen en un caos que no siempre es satisfactorio. La película se desvanece por momentos, alcanzando detalles muy interesantes, pero desapareciendo poco después. Es curiosa, sin lugar a dudas, y personal —muy personal—, pero no llega a florecer del todo a lo largo de su metraje. Nos deja descolocados, sin saber muy bien qué tipo de película hemos visto ni si el viaje ha merecido realmente la pena.
Jesús Usero
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Crítica de La deuda



