Video-Crítica Jurassic World por Miguel Juan Payán y Jesús Usero

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Miguel Juan Payán rinde homenaje a Christopher Lee fallecido el 11/6/15 a la edad de 93 años

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Reacciones de Jesús Usero y Miguel Juan Payán a la noticia de James Wan en Aquaman

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Jon Bernthal como el Castigador la opinión de Miguel Juan Payán .

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Acompañamos a Miguel Juan Payán y Jesús Usero que se van de compras al CEX de la calle Hortaleza de Madrid

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Reacciones de Miguel Juan Payán al regreso de Ewan McGregor a Star Wars

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Videocrítica de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos Miguel Juan Payán

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El Hobbit la batalla de los cinco ejércitos. La mejor de las tres y tan buena como la tercera de los anillos.

Le han hecho falta seis películas, pero finalmente Peter Jackson le ha pillado el punto a esto de la Tierra Media de Tolkien en esta tercera entrega. La clave está posiblemente en que se ha decidido a darle protagonismo a los enanos, a través de Thorin, que acertadamente se revela aquí como el legítimo protagonista de esta trilogía junto con Bardo, que ocupa el protagonismo en el espectacular prólogo del ataque del dragón.

Lo que menos me ha convencido son las acrobacias de dibujo animado con alma de videojuego de Legolas, cuya resolución visualmente poco convincente afecta también al ataque de los enanos con los carneros contra la torre de Azog. Pero en general la película es de lo mejor que ha hecho Jackson.

Era previsible que el desenlace de la trilogía de El Hobbit iba a conseguir emular a la trilogía de El señor de los anillos y además sería la mejor película de esta nueva trilogía, pero la confirmación de dicha previsión o sospecha no es por ello menos grata para quien esto escribe. He de reconocer que lo he pasado como un niño viendo esta película, aunque no soy ni mucho menos un incondicional del cine de Peter Jackson. Más bien todo lo contrario. En general su manera de contar no me convence, la encuentro innecesariamente verborreica en sus guiones, carente de ritmo en su manera de narrar y montar, excesiva y recargada en lo visual con movimientos de cámara innecesarios y demasiados planos aéreos que me sacan de sus películas, renunciando voluntariamente a las claves cinematográficas para adoptar los recursos más superficiales y menos interesantes del videojuego... Para hacer una critica más completa de esta tercera entrega he vuelto a ver la primera y la segunda y he confirmado que me sigue gustando más la primera, a poder ser ser sin canciones, y que la segunda después de la fuga de la ciudad de los elfos pierde fuelle y ritmo y a pesar del encuentro con Smaug, donde por cierto vuelve la verborrea, vamos que hablan demasiado, se me cae en todo su tercer acto. Pero sobre todo te confirmado mis opiniones sobre el cine de Peter Jackson y sigue sin convencerme en el segundo visionado de esas no obstante muy espectaculares y taquillera películas. Sin embargo me saco el sombrero y le hago incluso una reverencia después de ver y disfrutar El Hobbit la batalla de los cinco ejércitos, que no me importa volver a ver. Tan trepidante en todo su metraje como los mejores momentos de las dos primeras y con una batalla que bate varios récords, y no sólo por lo referido a su duración, sino porque como mínimo iguala e incluso en algunos momentos supera los mejores momentos de la trilogía de El señor de los anillos. Lo que despliega Jackson en esa batalla final viene a ser una especie de variante de Black Hawk derribado, la película de Ridley Scott, pero en la Tierra Media. O al menos eso parece en algunos momentos. No es un mal referente, aunque sigo creyendo que a Jackson le vendría muy bien darse un repaso a cómo vieron, sintieron y narraron la épica directores como David Lean en Lawrence de Arabia, Stanley Kubrick en Espartaco, William Wyler en Ben Hur, John Ford en Centauros del desierto, John Huston en El hombre que pudo reinar, Cy Endfield en Zulu o Anthony Mann en El Cid. Si además repasara Excalibur, de John Boorman, no me cabe la menor duda de que podría reducir la distancia que sigue separando a sus visitas a la Tierra Media y su paseo por la Isla del Cráneo de King Kong de las obras maestras de la épica cinematográfica. Pero que no tengo problema alguno en reconocerle es que en este tercer largometraje de El Hobbit se ha superado y además resuelve con notable brío y pericia esa especie de reto que a modo de pulso con el ritmo y el tiempo es la dirección y el montaje de esa batalla final.

No obstante en algún momento de esta especie de monumento al cine de evasión y los estilemas de la era del blockbuster que es esta trepidante y retumbante película, Jackson no puede evitar caer en algunas de las trampas que han marcado esta trilogía, y así tropieza con esa subtrama de romance que ya había metido con calzador para adornar y alargar innecesariamente el invento (y que no estaba, como algunos otros pegotes incorporados a las películas, en la novela original de Tolkien). Tampoco consigue que encajen demasiado bien en el conjunto del caos desatado las pinceladas de humor, lo cual resulta algo chocante teniendo en cuenta lo mucho y bien que nos hizo reír con sus primeras películas, por ejemplo la titulada Tu madre se ha comido a mi perro. La explicación me temo que radica en lo mismo que hace que algunos momentos de sus dos trilogías sobre las obras de Tolkien resulten tan acartonados: Jackson se siente intimidado por los originales, y eso le priva del tono desinhibido y tirando a felizmente gamberro que marcó sus primeros trabajos. La envergadura de superproducción que tienen estas otra películas tampoco ayuda precisamente a que el hombre se sienta relajado. Es comprensible, lo cual no impide que personalmente me moleste ese tono falsamente shakesperiano que gasta el amigo Jackson en algunos pasajes de ésta y otras de sus películas, una especie de falso trascendentalismo especialmente impostado y molesto en el caso de los elfos. Afortunadamente eso no afecta casia los enanos y Martín Freeman se ya ocupado de darle una humanidad más flexible, cercana y divertida a Bilbo de la que nunca tuviera el señor Frodo en la película anterior. Precisamente una de las cosas que más me ha gustado de esta tercera película es la evolución del personaje de Thorin Escudo de Roble, que aporta el toque más épico al conjunto.

A modo de conclusión final, ahora que acaba la saga, ver esta tercera película me ha llevado a recordar algo que estuve leyendo el otro día sobre el deconstruccionismo de Jacques Derrida y su idea de que lo escrito es alterado por lo que se escribe a continuación, una reflexión que plantea interesantes consecuencias para el cine en serie y la fragmentación del relato que practican películas como la que aquí nos ocupa. Las tres películas que integran la adaptación cinematográfica de El Hobbit son muy distintas entre sí, pero cada una de ellas está inevitablemente marcada por las otras dos, para bien y para mal. De ese juego de vínculos creo que la que sale mejor parada es La batalla de los cinco ejércitos, que incluso mantiene muy bien el tipo frente a El señor de los anillos. Pero de esa visión en conjunto lo que se concluye finalmente es algo que también sospechaba, como muchos, pero que he confirmado viendo esta tercera entrega: no se necesitaban tres películas para llevar al cine una novela de 309 páginas, y hay mucha paja en la trilogía. Me inclino a pensar que con dos películas le habría sobrado, y fundir las dos primeras en una me parece un buen camino para llegar a esta tercera entrega, a la que no le sobra casi nada y si me apuran estoy dispuesto incluso a tragarme la historia de Tauriel como homenaje al incuestionable atractivo de Evangeline Lili. Miguel Juan Payán

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Hombres, mujeres y niños. Interesante paseo por el miedo al sexo y a las nuevas tecnologías.. 

La película juega en el campo de títulos como American Beauty o Love Actually, pero se queda algo por debajo de la primera y con un final consolador que remata la jugada con un conformismo inquietante y un discurso de existencialismo descafeinado. Esto no quiere decir que carezca de interés sino simplemente que aborda un tema interesante bajo la óptica comercial de un gran estudio, y eso impone una serie de condiciones que le impiden entrar a cuchillo en los conflictos que plantea. Es por eso que en su primera hora, cuando está repartiendo las piezas sobre el tablero, la película funciona mejor que en su tercer acto, cuando tiene que entrar a resolver el destino de sus personajes. A esa altura de su fabula es cuando se imponen los lastres de su verdadera naturaleza como producto de un gran estudio y entra en el territorio del telefilme, alejando su rumbo de American Beauty.

Aclarado lo anterior, la película merece no obstante nuestra atención por algunos asuntos que aborda y resuelve con eficacia, confiando en el buen trabajo de sus actores. Por ejemplo Adam Sandler hace uno de sus mejores trabajos y además hay secuencias como la del hijo que se entera de la vida de su madre por Facebook muy bien resueltas en lo visual y en lo dramático. Es precisamente por eso por lo que llama la atención la simplificación, el tópico, el esquematismo temeroso y casi culpable con el que afronta, teñida de ingenuidad otros temas y personajes, como el de la animadora explotada por su madre, el aborto, la censura y el control paternal, la impotencia y la adicción al sexo en la infancia o la reproducción de fantasías sexuales adolescentes en los adultos.

Miguel Juan Payán

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Esta semana se estrena Éxodo: Dioses y Reyes, y Ridley Scott ha estado en Madrid para presentar la película acompañado por Christian Bale (Moisés), María Valverde (Séfora) y Alberto Iglesias (compositor de la música). Se trata de la cuarta película que el director británico rueda en nuestro país tras 1942: la conquista del paraíso, El reino de los cielos y El consejero, y se muestra encantado de lo que denomina “el saber hacer español. Sin esa unidad española no habría sido posible hacerlo”.

Almería, Alicante y Fuerteventura acogieron el rodaje de Éxodo, la última película de Ridley Scott, quien cuando le preguntan por su cuarto rodaje en tierras españolas se deshace en elogios de la manera de abordar este tipo de superproducciones que tenemos en nuestro país y exclama: “Fuerteventura fue espectacular”.

Ciertamente los paisajes canarios lucen impresionantes en el largometraje, que según explica el director ha sido, como todos los de su filmografía: “Un desafío personal y profesional. Hacer cine es como hacer un rompecabezas. Tienes que regular y equilibrar todo. Así que cuando me preguntas qué planes tengo, siempre respondo que en realidad el plan es no tener un plan. Es más interesante que surja algo. Normalmente me gusta desarrollar mi propio material, pero en este caso leí el guión y me sorprendió porque me demostró que en realidad yo desconocía este personaje de Moisés, su vida y su legado. Recordaba los tópicos que había escuchado sobre él en la infancia, el niño, la cesta, etcétera, pero me sorprendió lo poco que en realidad conocía al personaje, así que me interesó y aunque estaba preparando otro proyecto decidí que iba a hacer esta película”.

ATEO CON DUDAS

En alguna ocasión Ridley Scott se ha definido a sí mismo como ateo o agnóstico, así que cabe preguntarse no sólo por qué ha elegido la forma de representar a Dios que vemos en la película, sino también el papel del niño en el relato, a lo que el director contesta: “A los niños les llamamos caprichosos si son consentidos, pero si son inteligentes y con un alma pura no son caprichosos. El niño de la película no es Dios, es el mensajero, que es la definición que me gusta. Fue un desafío plantearse cómo representar a Dios, porque no quería caer en los tópicos, los truenos y los relámpagos, la voz grave, rotunda y cavernosa… Quería mostrar otra cosa que no fuera un tópico. Me ocurría lo mismo con Moisés, al que he querido mostrar como un personaje al que le cuesta asumir ciertas cosas, pero que acepta ese mandato, esa gran responsabilidad. De pequeño me obligaban a ir a la iglesia los domingos, a cantar los himnos, pero no lo disfruté. Sin embargo al final, siendo niño en la iglesia, escuchas muchas cosas que se quedan contigo. Tengo recuerdos que no me han dejado con el paso del tiempo, así que es como una segunda conciencia, aunque no estoy muy seguro de si es correcto denominarlo segunda conciencia. Creo que soy un ateo que no está muy seguro de ello. Soy ateo pero tengo dudas”.

España como plató de cine es otro de los temas que se le plantea a Scott en su charla con la prensa, al que responde: “Hoy Inglaterra es el país europeo en el que se rueda más. Hace diez años que tienen exenciones fiscales y por ello tienen mucha experiencia. En Inglaterra hay grandes unidades de primera fila, pero cada estudio está abarrotado, completo, y es difícil encontrar sitio. Diría que el 80 por ciento de Éxodo se ha rodado en España, mientras que los efectos especiales se rodaron todos en Londres. En España nos dieron buenas opciones fiscales”.

Scott se muestra mucho menos dispuesto a contestar preguntas sobre si en algún momento pensó en darle una segunda lectura política más actual al papel de los judíos entrando en Canaan y entablando conflicto con los habitantes de aquellas tierras, a lo que contesta: “Hay que separar la religión de la política. Siguiente pregunta”. Aún menos dispuesto está a despejar dudas de si en algún momento, como ha dicho algún medio, se pensó en contar con Javier Bardem para el papel del faraón Ramsés. Ante esas cuestiones su respuesta es tajante: “Siguiente pregunta”.

Christian Bale también parece algo cansado de contestar siempre a las mismas cuestiones, y especialmente a la misma cuestión: ¿cómo abordó el personaje de Moisés? ¿Se inspiró de algún modo en los otros grandes actores que han encarnado a ese mismo personaje? Así que parece haberse inventado un medio para despistar a los periodistas y de paso echarse unas risas. “Había mucha presión, porque cualquiera que me conozca sabe que soy un poco tonto, así que no sé cómo pensaron que iba a interpretar una figura tan icónica. He tomado lo mejor de otros actores, he mejorado lo que me parecía peor”. Pero lo más curioso es que frente a las fuentes de inspiración más tradicionales, como la Torá y el Pentateuco, Bale cita también a Mel Brooks y su encarnación de Moisés en La loca historia del mundo (recuerde, el brillante chiste de los 15 mandamientos…) y La vida de Brian, de los Monty Phyton…

Bromas aparte, Bale aclara que su clave para ser Moisés es que no había sido representado nunca antes como en Éxodo, como alguien muy humano. “Me obsesioné con su lado humano”, afirma.

A Scott no se le ocurre hoy ningún líder político capaz de ser tan carismático y convincente como Moisés y alcanzar su nivel, pero puestos a buscar equivalentes de esa figura en la actualidad prefiere encontrarlos en el mundo de la música y cita a Bruce Springsteen o Elvis Presley.

Por su parte Bale sólo se imagina dando su vida por una causa: “Más tiempo con mi familia. Por ellos lo daría todo”. Sobre su trabajo con Ridley Scott destaca especialmente la energía que despliega el director, de la que dice que “Es una energía contagiosa. Es maravilloso no tener que esperar durante horas para rodar, porque cuando esperas empiezas a darle vueltas a las cosas. Con Ridley no esperas. Es un artista que puede explicarte cómo ve la escena con un dibujo en un papel o incluso dibujando con un palo en la arena. Tiene veinte veces más energía que yo”. Lo mismo, o parecido, opina la actriz española María Valverde, para quien ver la emoción de Ridley Scott cuando ella interpretaba un momento de sus secuencias en la película ha sido el mejor premio durante el rodaje y que, según afirma, espera “tener esa misma pasión por mi trabajo que tiene él cuando llegue a tener su misma edad”.

Miguel Juan Payán

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