Con el libro de Suzanne Collins que sirve de precuela de la saga a la vuelta de la esquina, Lionsgate ha dado luz ver al proyecto, que estará nuevamente dirigida por Francis Lawrence.

Se llevaba un tiempo hablando de la posibilidad de expandir el universo de Los Juegos del hambre en cine. Y Lionsgate lleva años intentando encontrar una saga que le de los mismos resultados que Los Juegos del Hambre, sin mucha suerte, como con la saga Divergente. Pero ahora podrían haber encontrado la respuesta a sus necesidades, con la precuela de Los Juegos del Hambre. ¿Por qué apostar por una saga nueva si realmente se puede exprimir una ya existente? Con la noticia de la publicación de la precuela en formato de novela, de Los Juegos del Hambre, Lionsgate parecía muy interesada en el proyecto. Por eso, aunque la novela sale a la venta el 19 de mayo en el mercado anglosajón, se ha hecho oficial ya la adaptación de la novela en película.

Joshua Ryan Hutcherson, Josh Hutcherson para sus seguidores, vuelve al papel de Peta Mellark en Los juegos del hambre: en llamas, en un personaje más maduro que el de la primera entrega y que le ha abierto nuevas puertas en su carrera profesional como actor. Pronto le veremos interpretando el papel de un surfista metido en líos con el narcotraficante Pablo Escobar en Paradise Lost, que protagoniza junto a Benicio Del Toro, así que es obligado preguntarle qué espera de su carrera a partir de este momento de popularidad que ahora disfruta. La respuesta: “Estoy muy emocionado de haber podido estar en estas dos entregas de Los juegos del hambre. Las películas van mejorando. Esta es aún mejor que la primera y eso es algo que me hace feliz. En cuanto a lo que quiero hacer en el futuro, como actor siempre quieres probar distintos personajes, hacer cosas nuevas, pero además me gustaría probar como guionista, director e incluso productor”.

Para Hutcherson las dos escenas más difíciles de la película fueron el combate con el mono y la cornucopia. “Tardamos siete días en rodar la pelea con el mono, aunque en el libro sólo ocupa una página y media. Fue algo bastante difícil por los efectos visuales, por la coreografía, y muy agotador. Luego la escena con la cornucopia, que daba vueltas a 25 millas por hora. Estar agarrados a eso fue bastante difícil y también muy agotador”.

Miguel Juan Payán

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