Crítica de la película Quien está matando a los moñecos 

Divertida, gamberra, salvaje… pero podía serlo todavía más, y véanla en versión original, por favor. Y antes de que nadie se me eche al cuello, sí, he dicho en versión original. Y no, no tiene que ver con el doblaje o los dobladores. Tiene que ver con la traducción y con quien creyese que era una buena idea meter chistes de Falete, Julio Iglesias o Cristiano Ronaldo en la película en castellano. Sí, como si se tratase de una sitcom de los 90, ¿recuerdan? Como en Cosas de Casa o El Príncipe de Bel Air. Era algo que olía a rancio entonces y sigue haciéndolo ahora. Es tan ridículo que casi nos salimos de la sala. Por suerte la película no abusa demasiado, y permite seguir… pero tuve que verla una segunda vez en VOS…

Por si alguien se lo pregunta, la presencia de David Broncano, aunque no sea doblador profesional, ayuda. Todos sabemos que el título castellano de la película es debido a Broncano, así que es lógico que esté y que meta sus conocidas palabras en sus diálogos. Eso es localizar, la película no lo hace mal. Lo de hablar de Guardiola es hacerlo mal. El público responde mal a eso… Y es una pena porque la película merece más. Su trama de cine negro es bastante normalita y hasta previsible, pero sus continuos homenajes al género (empezando por Vivir y Morir en Los Angeles). No es mal referente para empezar a hacer chistes. Chistes salvajes, la mayoría de las veces…

¿Se ofende usted con facilidad? ¿Cree que el mundo debe ser políticamente correcto y no bromear con algunos temas? Entonces ésta no es su película. Es excesiva, salvaje, abrumadoramente bruta y por momentos no deja títere con cabeza. Tiene una de las escenas de sexo más brutales, divertidas y únicas que se recuerdan, y los “moñecos” son malas bestias pervertidas, drogadictas, violentas, machistas… Los humanos no son mejores, la verdad. Si no se ofende con facilidad, no se preocupe, es su película. Se reirá cada pocos minutos, por momentos incluso se perderá chistes con las risas. Mi favorito sigue siendo uno en una ambulancia que es tan bestia que no me creía que fuesen capaces de incluirlo en la película…

Pero hay temas con los que la película no se atreve. Estupidez, sexo, violencia, drogas… Sin problemas. Otros temas… ni los toca. Tiene la oportunidad, pero se aleja. Se mantiene al margen. Y con películas como La Fiesta de las Salchichas o Agente Contrainteligente tan recientes en la memoria, uno se acuerda de que podía haber sido mucho más salvaje. Como lo fueron Team América o El Delirante Mundo de los Feebles. Salvajes, sí. Pero para ciertas cosas sólo. Una película bien narrada, con unas marionetas perfectamente integradas, un reparto humano que cumple más que a la perfección y un aire de cine negro tan imposible como divertido. Si la trama fuese mejor y tuviese valor de meterse en todos los huertos posibles, sería una película mucho mejor. Por ahora, cumple.

Jesús Usero

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Futbolísimos ★★

Agosto 17, 2018

Crítica de la película Futbolísimos

Cine familiar que carece del gancho de otras producciones. No he tenido el gusto de leer la novela en que se basa la película de Miguel Ángel Lamata, un libro para los más pequeños de la casa escrito por el también guionista Roberto Santiago, que da inicio a una saga literaria de incontables entregas ya, que además imagino pretende estrenar saga en cine, sin que sea ésta su primera y última aportación. Quizá el resultado no sea el más adecuado para lanzarse a producir más películas, aunque será la taquilla quien determine eso, no nosotros, ni mucho menos. Pero sí es verdad que lo que vemos en pantalla está más cerca de El Sueño de Iván (también de Roberto Santiago y Pablo Fernández Vázquez) o la saga de Los Fieras F.C, que de Matilda, sin ir más lejos.

La historia es sencilla, un equipo de un colegio (con campo de hierba… quien lo hubiese pillado con 11 años) que va a desaparecer si no salva la categoría. Si no gana al menos un partido de los tres que les quedan, descenderá, y será reemplazado por un coro. Pero una conspiración parece que se cierne sobre los niños, quienes tendrán que evitar que quien está durmiendo a los árbitros, consiga su propósito de hacerles descender. A partir de ahí una aventura que lleva a los personajes a varios, problemas, entretenida sin dudas, sobre todo para los jóvenes, pero que no explota el potencial que tiene detrás de ella. Potencial que a veces, solo a veces, sale a la luz.

La película está tan enfocada en los niños que se olvida del público que lleva a los niños al cine, de darles algo que mascar. Si es usted mayor de 12 años, no encontrará casi nada a lo que aferrarse. Un par de chistes (bendita Carmen Ruiz) salvan los muebles. Pero la película siempre lo hace siendo extremadamente condescendiente con los niños (personajes y público) y ridícula con sus personajes adultos. Personajes que, por cierto, sobran en gran medida en una trama que, de haber apostado por una comicidad en la línea de Mortadelo y Filemón, por ejemplo (algo que hace en varios momentos), habría mejorado el resultado final. Para todos los públicos. Grandes y pequeños.

El resultado queda así irregular. El tema del fútbol está tratado como muchas veces en estos casos, como si a nadie excepto a los más jóvenes, interesase realmente el deporte. Como si nadie hubiese jugado al fútbol nunca… El balón digital tampoco ayuda. Viendo la película nos queda la sensación de que no es una experiencia a compartir entre padres e hijos, sino un producto sólo para los pequeños de la casa, y no uno que haya quedado redondo. Resultona en algunas partes. Entretenida a veces (el asalto a la casa del entrenador, la persecución…), pero demasiado irregular, demasiado plana y demasiado simple por momentos. No es terrible el resultado final, ni mucho menos. Pero tampoco es bueno. Se queda en esa peligrosa tierra de nadie de las películas que no llaman demasiado la atención.

Jesús Usero

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Alpha ★★★

Agosto 17, 2018

Crítica de la película Alpha

Buen cine de aventuras para aguantar el calor del verano. Esa es la propuesta de Albert Hughes, la otra parte de lo Hughes Brothers que, al contrario que su hermano gemelo Allen, no había vuelto a dirigir una película de ficción desde El Libro de Eli, su última película como codirectores. Albert regresa tras las cámaras con una película basada en su propia historia, que además tiene las agallas de contar toda la historia, excepto el arranque y final del narrador, en un idioma inventado completamente ajeno al inglés, al menos en versión original, y con una trama que pretende contar el origen de la relación entre el hombre y su mejor amigo, el perro. El primer lobo domesticado a través de los ojos de Hollywood, y el resultado es más que satisfactorio.

Una tribu de cazadores que cada año viaja durante varias jornadas antes de que caigan las primeras nieves, para cazar a la gran bestia, que les sirva para sobrevivir al invierno y mantener la tribu un año más. Un padre lleva por primera vez a su hijo, el líder de la tribu y su heredero, en un viaje para convertirse en hombre que no acabará como esperan… A partir de ahí una historia de aventuras y supervivencia que sirve de relato para toda la familia, grandes y pequeños, que disfrutarán con la historia increíblemente disfrutable y de ese punto de amistad y lealtad, de descubrimiento de uno de los momentos menos conocidos de nuestra historia, pero que más alegrías ha dado a lo largo de la historia.

Cuesta imaginarse un mundo sin perros, y cuesta imaginarse en realidad cómo durante la prehistoria, comenzó esa relación, algo que la película hace, aunque por momentos recuerde por ejemplo al juego Far Cry Primal. Es una aventura emotiva y entretenidísima, con muchos momentos para el recuerdo, y con un camino a recorrer de regreso a casa lleno de complicaciones y problemas, que no deja que nos aburramos ni un solo momento. Kodi Smit-McPhee lidera la historia con esa mezcla de inocencia y descubrimiento del mundo necesaria para su personaje, que ayuda a que todo sea mucho más creíble. Y el arranque, tan interesante como el resto de la trama, con esa tribu viajando para cazar es magnífico…

De hecho es tan magnífico y toma tanta importancia que para cuando llega la trama real de la película, uno podía perfectamente quedarse con la historia inicial, sin necesidad de lobos. Es uno de los pequeños problemas de la película, remontar ese primer tercio de película tan espectacular. Y luego darle un digno final. Es cine familiar, sí, pero la historia se presta a una épica que finalmente no llega, cuando todo se resuelve demasiado deprisa y sin la carga emocional que debería. Es algo que ya pasaba en El Libro de Eli, por ejemplo. No tenía la épica que requería la historia. Finalmente es una película de aventuras clásica, arriesgada en ciertas cosas, visualmente preciosista y muy entretenida, que debería haber rematado algunas cosas de otro modo. Pero sigue siendo muy recomendable.

Jesús Usero

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El Rehén ★★★★

Agosto 14, 2018

Crítica de la película El Rehén

Inteligente y activa cinta de conspiraciones terroristas y agencias de espionaje, donde Jon Hamm realiza una interpretación a la altura del inolvidable Don Draper, de la serie Mad Men.

El título original de Beirut sitúa a la perfección el curso narrativo de esta poliédrica película, dirigida por el competente Brad Anderson (incomprensiblemente, algunas de sus obras, como Vanishing on 7th Street y Asylum, todavía no han sido estrenadas en salas). El responsable de El maquinista pinta un desolado y caótico paisaje humano y vivencial, con la capital del Líbano como telón de fondo, como si se tratase de un protagonista más dentro de este argumento agrio y descorazonador.

La acción del filme comienza en los años setenta, con un diplomático norteamericano llamado Mason Skiles (Jon Hamm): un experto en manejar situaciones complicadas, el cual enmascara sus servicios a la CIA con el disfraz de trabajador en la embajada de USA en Beirut. Él piensa que controla todos los hilos de la complicada política de la zona; pero sus percepciones se hunden, cuando su esposa es asesinada en un ataque terrorista a la mansión donde ambos residen. Décadas más tarde, Mason se ha convertido en un abogado alcoholizado, que malgasta su talento en juicios que no le interesan lo más mínimo. Sin embargo, un día recibe la visita de un agente de la “compañía” para la que colaboraba en los setenta. El gobierno pide al antiguo diplomático que medie para la liberación en Beirut de un amigo, secuestrado por el familiar de un peligroso terrorista vinculado con los atentados de Múnich de 1973. No obstante, la cosa se pone un tanto difícil para el protagonista, cuando descubre que el líder de los secuestradores es alguien muy ligado a su pasado.

Brad Anderson aprovecha al máximo el enriquecedor guion elaborado por Tony Gilroy (Michael Clayton): un escritor cinematográfico que engrandece sus historias cuando el personaje principal es un tipo golpeado por las circunstancias. Y en esa tesitura se encuentra el papel que encarna Jon Hamm, el cual muestra sus cicatrices sin ocultar el sentimiento de pérdida y culpa que preside cada una de sus acciones a lo largo de la movie. El maquiavélico Don Draper consigue, con las trazas apuntadas por Gilroy, firmar una de las mejores caracterizaciones de su carrera, en la piel de este individuo entregado al olvido que proporciona el alcohol y la embriaguez.

A su lado, la normalmente efectiva Rosamund Pike (Perdida) logra mantener la tensión sobre lo que ocurre en la pantalla, sin aflojar el pulso de las tramas políticas laberínticas; y que desgraciadamente mantienen en la actualidad su reguero de sangre y violencia, enquistadas en el escenario de Oriente Medio. Brad Anderson diseña un espectáculo reflexivo, en el que no hay buenos ni malos; y donde la incongruencia de los posicionamientos interesados y de los fanatismos ciegos marcan una trama que revela sus mejores momentos al reflejar las contradicciones sentimentales de Mason, como del resto del plantel de personajes que conjuntan el argumento.

Una galería de seres superados por las sombras que planean constantemente por las decisiones de los diferentes gobiernos, y que –como exhibe El rehén- suelen salpicar con dolor la vida de los inocentes.

Jesús Martín

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El Pacto ★★★

Agosto 14, 2018

Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El espía que me plantó

Un rato de evasión veraniega de perfil bajo mezcla de comedia y acción.

Quede claro desde el principio que es una especie de poco o nada sorprendente “cuento de hadas” en la misma línea y con los mismos elementos que abundaban en otras propuestas de comedia y acción que suelen aparecer por la cartelera en estas fechas veraniegas, producto muy habitual en la filmografía de Mila Kunis , por otra parte. En lo esencial es el mismo tipo de producto que nos propusieron hace dos veranos o así con Melissa McCarthy en Espías, y en su versión masculina con Ryan Reynolds en El otro guardaespaldas, aunque ambas eran algo más ambiciosas y acertadas en su resultado final, mientras que El espía que me plantó prefiere jugar más sobre seguro. Aún trabajándose el humor gamberro, sobre todo merced al personaje de Kate McKinnon, no acaba de apostar por él con tanta decisión y no la deja tan suelta y a su aire como McCarthy en Espías, además de contar con secuencias de acción menos resolutivas y espectaculares que las de El otro guardaespaldas y faltarle el nervio que a aquella aportaba el histriónico pero eficaz tío de Reynolds, Samuel L. Jackson y sobre todo Salma Hayek. Suele ocurrir por otra parte en este tipo de historias que en la turbulencia de la búsqueda de las risas fáciles se les escape construir más sólidamente personajes y situaciones, algo que impide que acaben desarrollando el verdadero potencial de sus elementos. En Espías lo mejor de la película era la interacción de Melissa McCarthy y Jason Statham. De manera que el personaje de Jude Law sobraba. En El otro guardaespaldas lo verdaderamente interesante y con potencial de disparate cómico era la asociación de Samuel L. Jackson y Salma Hayek. Y el personaje de Ryan Reynolds sobraba. Pues bien, en El espía que me plantó han tenido algo más de puntería a la hora de plantear el asunto centrándolo en el dúo Mila Kunis y Kate McKinnon. Lo que ocurre es que han equivocado la proporción y debería ser una propuesta con Kate McKinnon como protagonista y Mila Kunis como acompañante. Además le faltan más chistes como los de las “americanas estúpidas” que están ahí, y funcionan, pero no acaban de ser la verdadera materia prima del asunto, que sería lo más recomendable, porque la película parece verse obligada a desarrollar esa naturaleza como “cuento de hadas” para féminas urbanitas actuales con aspiraciones a empoderamiento pero sin sacarse de encima la dependencia del estigma de “príncipe azul” materializado por los personajes de Justin Theroux y Sam Heughan.

A pesar de todo ello, y aunque es cierto que se sostiene sobre tópicos y la fórmula, con el aditivo de algunas referencias al empoderamiento femenino que aborda más como pincelada de moda que como propuesta sólida en su argumento, lo cierto es que es coherente con sus objetivos, muy primarios: ser pasarratos veraniego más o menos aseado, aunque menos divertido de lo que pretende. Y, eso sí, transmitiéndonos la sensación de que todo lo que nos están contando ahí ya lo hemos visto antes, pero resulta moderadamente distraído, aunque en mi opinión se les ha ido un poco de metraje, y prolonga en exceso el chiste en su conjunto.

Miguel Juan Payán

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Megalodón ★★

Agosto 11, 2018

Crítica de la película Megalodón

Simpática por momentos, pero sin aprovechar el tremendo potencial que tiene.

Es decir, que estamos hablando de una película que propone el enfrentamiento entre un Megalodón, un tiburón gigante, y Jason Statham, lo que con las suficientes dosis de sorna y un director que supiese qué hacer con el proyecto podía haber dado una de las películas más divertidas y especiales del verano. Una especie de Sharknado pero con presupuesto. Quizá algo más seria, pero sin tomarse nunca en serio a sí misma del todo. Y sobre todo entretenida. Salvajemente entretenida. Eso esperábamos y eso es lo que no consigue la película durante la mayor parte de su metraje, en un efecto similar al que sufrió recientemente Operación Rampage, y que hace que toda la cinta esté a medio gas.

Blackwood ★★★

Julio 31, 2018

Crítica de la película Blackwood

Terror sobrenatural disfrazado, para una película de género puro. Cuando nos hablan de una película para adolescentes con producción de Stephenie Meyer y basada en una novela para jóvenes adultos, como las llaman en territorio anglosajón, uno piensa más en la saga Crepúsculo de la propia Meyer que en lo que se encuentra en Blackwood. Lo que es una sorpresa en todos los sentidos, y convierte la visita a esta peculiar escuela en un viaje más que interesante y revelador. Una película de terror clásico, más interesada en crear una atmósfera y una sensación de angustia en el espectador, que en doblegarse a los intereses habituales de Hollywood, a quien a lo mejor le interesaba más una película en la línea de lo antes mencionado, en lugar de Blackwood.

El público sale ganando con esta historia, sin lugar a dudas. Un viaje de una joven a un recóndito lugar, a una escuela que se cae a pedazos, pero que parece el único lugar del mundo donde puede ser aceptada. Allí, junto a un reducido número de alumnas y profesores, y bajo la atenta mirada de una muy peculiar directora, las chicas desarrollarán increíbles habilidades en un campo diferente cada una, aunque los oscuros rincones de Blacwood esconden demasiados secretos, algunos de ellos podrían ser demasiado peligrosos y determinar el destino de las chicas. Lo curioso de la trama, tan sencilla y funcional, es que apenas hace caso al componente romántico, y lo relega al rincón como si se tratase de un incordio.

La película tiene una notable influencia del cine de terror de los años 70 y 80, pero no del género más campy, sino del serio, del interesado en mostrar el terror en cada esquina, en lo aparentemente cotidiano convertido en terrorífico. Con un punto sobrenatural y una iluminación brillante, donde comprendemos desde el inicio el título original, Down a Dark Corridor, porque esos pasillos oscuros existen, y Rodrigo Cortés, director de la película, les saca todo el partido. Siempre buscando (o casi siempre) crear tensión, generar en el espectador la angustia de lo que viven las protagonistas, ese camino de dolor que produce el arte. Pero no abusa de sustos, no quiere que sea ese tipo de película. No le interesa que sea la película previsible que, sin duda esperábamos.

La música es un componente imprescindible de la película, y hay que reconocer que AnnaSophia Robb y Uma Thruman ante todo (no quiero olvidarme de Isabelle Fuhrman ante todo) dan un empaque al reparto magnífico. Sobre todo porque los personajes tienen algo que contar. Pero el guión es demasiado autocomplaciente, demasiado visto en cine y televisión, como para sorprendernos lo más mínimo en sus giros, y sobre todo, demasiado acelerado al final, cuando los hechos empiezan a acumularse casi por necesidad, más que de forma orgánica. El resultado la hace irregular, pero el talento de su director y reparto, hacen que sea una grata sorpresa. Una película de terror que recuerda una forma de abordar el género casi olvidada. Pero que sigue siendo muy efectiva.

Jesús Usero

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Crítica de la película Mamma Mia: Una y otra vez

Buena secuela musical, en algunos aspectos incluso superior a la original. Los fans de ABBA y del musical Mamma Mia están de enhorabuena con esta secuela que ofrece más música del grupo sueco y una profundización en el universo creado para el musical. Y los fans de la película, con la vuelta de todo su reparto al completo más alguna incorporación de lujo, también deben estar de celebración. Además porque era muy sencillo equivocarse, hacerlo mal completamente, caer en errores de secuelas y segundas partes varias. La mayor parte del tiempo no lo hace, y así, Mamma Mia Una y otra vez, se convierte en una más que digna película musical. Secuela, sí, pero con identidad propia y con su propia forma de acercarse a los personajes.

Se nota la mano del gran Richard Curtis, ausente por completo en la primera película, para dar nueva vida a la historia. Mamma Mia fue un éxito, pero bebía demasiado de su versión musical, dejando poco o nada como elemento cinematográfico. Era el musical, pero con muy pocos elementos propios personales, más allá de su genial reparto. No había nada realmente único. Que la autora del libreto lo fuese del guión también, explica esa situación. Aquí el guión, basado en una historia de Curtis, corre a cargo del ol Parker, el autor de los guiones de la saga Hotel Marigold. El humor brilla en la película, más que en la anterior. El tono de autoparodia, las ganas de todos de reírse de sí mismos… Todo funciona a la perfección.

En ese sentido es mejor, igual que en lo visual. La película parece tener más presupuesto, pero también más recursos visuales por parte de su autor. El hecho de que sean dos historias en realidad, presente y pasado, ayuda al uso de más colores y a sacar la historia de la pequeña isla para hacerla recorrer mundo de forma acertada. A eso hay que sumar un reparto sensacional, que incorpora nombres como Lily James, Cher o Andy García. Tanta estrella hace que alguno tenga menos tiempo en pantalla de lo deseable, y que alguna historia secundaria pierda fuerza. Pero con tanto talento en el reparto, con casi todos ellos cantando de forma maravillosa, el éxito parece garantizado.

La película prefiere emplear canciones del grupo ABBA mucho menos conocidas, exceptuando un par de temas, que repetir todo lo escuchado y cantado en la primera película (alguna sí, se repite, pero tiene su lógica). Los problemas son de guión con la película. Hay considerables agujeros en las tramas tanto del presente como del pasado, y se nota que tiene dos películas que quiere contar en una sola, lo que limita una de las historias, mucho menos potenciada que la otra. Necesitaba un guión más elaborado en lo dramático, que no quedase tan cojo ni diese tantas vueltas (musicales o no) alrededor de lo mismo. Podía ser mejor, claro, pero es una digna secuela. Superior a la original, sin lugar a dudas, aunque no sea perfecta.

Jesús Usero

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Siberia ★★

Julio 17, 2018

Crítica de la película Siberia

Fallido intento de cine de intriga con un guión disperso y trama poco solvente.

Hay un puñado de ideas interesantes en Siberia, pero sus artífices no han sabido gestionarlas adecuadamente y con coherencia y se quedan en la superficie de las mismas sin llegar a profundizar realmente ni en trama, ni en personajes, ni en conflictos.

Esta propuesta es, en muchos aspectos, víctima de la epidemia de “postureo” que invade nuestras existencias en los últimos tiempos. Solo rasca, y muy ligeramente, la superficie de lo que propone, de manera que todo está ahí como propuesta, pero en bruto, sin llegar a cultivarlo realmente para que de lugar a una historia interesante.

Por ejemplo: podría haber sido una muy interesante propuesta de cruce de la novela nórdica de intriga con el modelo más anglosajón de la novela negra, rematado todo ello con un enfrentamiento final de western. Pero una dirección más bien plana y con poco recurso o interés innovador o de exploración del lenguaje visual se limita a repetir en ese viaje una sucesión de tópicos, navegando por una zona previsible de lugares comunes que en ningún momento consiguen interesar al espectador realmente, porque todo aquello que se le ofrece es material ya muy gastado y en todo momento se presenta con un tono gris, como sin ritmo, confundiendo esa especie de distanciamiento gris entre los personajes y esa pose de existencialismo angustioso de su protagonista con el propio tono de presentación visual y la narración de la película. Que el personaje de Keanu Reeves sea un individuo poco comunicativo no debe confundirse con que la película deba meterse en ese mismo bucle de falta de comunicación con el espectador. Pongo un par de ejemplos para que quede más claro. El primero: vean la recomendable El silencio de un hombre, de Jean Pierre Melville, y comparen el personaje de Alain Delon con lo que pretenden hacer aquí con Keanu Reeves. El segundo: Fuego en el cuerpo, de Lawerence Kasdan, su capacidad para generar sensualidad con la incapacidad de implicarnos de los encuentros sexuales de Siberia. Son fríos como la estepa. Y en la secuencia supuestamente más dura de la película, clave para definir un giro en la relación de la pareja protagonista, me refiero a la de los “hermanos de sangre” al estilo ruso, piensen en que tendría que haber sido tan impactante como la de la violación de Perros de paja, de Sam Peckimpah, pero por el contrario es fría. Nuevamene cuestión de dirección fría, gélida, plana, distante. Otro tanto puede decirse de un guión que cae en las frases hechas, que pretende ser “profundo”, pero en lugar de eso resulta bastante superficial, simplón incluso.

Los actores tampoco ayudan mucho. Reeves parece tener puesto el piloto automático con las sobras de los gestos que le han quedado de las dos entregas de John Wick, y cuando la amante le pide a su personaje que diga el nombre de su esposa al copular la situación llega a ser ridícula. Aquí la mayoría de los actores construyen sus personajes desde la pose, antes que desde la autenticidad.

Esa dirección que desperdicia los elementos de intriga y la acción, cosa que se puede comprobar simplemente con el desenlace de la película, y un guión disperso, sin orientación clara, que no parece saber realmente lo que quiere contar y en qué quiere centrarse, es un lastre muy pesado para todo lo demás que pretende ofrecer esta propuesta.

Miguel Juan Payán

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