Producida por Apache Films, en asociación con Atresmedia Cine y Sony Pictures International Productions, y con la participación de Atresmedia y Amazon Prime Video, la película cuenta con guion de Carlos Vermut a partir de una idea original de Paco Plaza. El filme está coproducido por Sylvie Pialat y Alejandro Arenas.

      El rodaje tuvo lugar en 2020 entre Madrid y París, y está protagonizada por Almudena Amor y la actriz brasileña Vera Valdez. Tras su paso por las salas de cine, la película estará disponible en Amazon Prime Video.

Crítica de la película Quien a hierro mata

Paco Plaza factura una perfecta, enérgica y valiente muestra de cine negro.

Un reparto en estado de gracia capaz de vendernos todo lo que haga falta en cada uno de sus planos, un guión que sabe cómo cruzar los caminos paralelos de los personajes en un todo con un ritmo perfecto y tres líneas de acción casi en paralelo -el padre anciano, el enfermero vengador, los hijos traficantes metidos en una operación que les viene muy grande-, dosificando el drama cotidiano del  paciente en el asilo con dos líneas de tensión creciente del enfermero y los hijos en su laberinto criminal, una utilización del sonido notable en su densidad expresiva, capaz de materializar para el espectador todas y cada una de las corrientes psicológicas subterráneas que van destruyendo a los personajes, una puesta en escena sencilla pero eficaz y en algunos momentos plenamente consciente de la doble identidad genérica de su relato como drama e historia criminal, con algunos planos que resumen perfectamente esa dualidad de vida y muerte que preside toda la trama. Todo ello se da cita para poner en la cartelera la que en mi opinión va a ser una de las mejores películas del año, previsible receptora de nominaciones a premios Goya muy merecidas para sus artífices.

Paco Plaza ha facturado con este largometraje su mejor trabajo, y a través del mismo entra en una etapa de madurez en su cine que, crucemos los dedos, se me antoja muy prometedora de buenos ratos y buen cine para el futuro si sigue por este mismo camino.

Verónica ***

Agosto 29, 2017
Terror para adolescentes bien resuelto con una clave social interesante.

Paco Plaza busca y a ratos encuentra el camino de una pieza de terror que al mismo tiempo que rinde el consabido tributo a las apetencias del consumidor adolescente del género plantea una inquietante segunda lectura sobre las situaciones reales de vida cotidiana y familias desarticuladas en las que se producen algunos fenómenos etiquetados como sobrenaturales o difíciles de explicar para los aficionados a lo paranormal.

Lo más interesante en la propuesta de Verónica lo encontramos en primer lugar en esa segunda piel del relato que no llega a manifestarse plenamente en el relato pero queda apuntada, sugerida, en varias pinceladas que nos dan la sensación de que bajo la fábula de terror hay escondida otra historia mucho más cercana al drama cotidiano que podrían protagonizar con notable brillantez Ana Torrent en el papel de la madre ausente y Sandara Escacena en el personaje de la adolescente que tiene que lidiar al mismo tiempo con su propio paso con la traumática pérdida del padre y el hecho de oficiar como madre sustituta de sus hermanos. Al terminar la proyección es como si hubiera dos películas dentro de Verónica. Por un lado, el dominante, es una historia de terror al uso, con todo su cortejo de lugares comunes propios del género que la acercan a la segunda entrega de Expediente Warren y la llevan a encuadrarse en el territorio argumental de las películas de James Wan, aunque desde el punto de vista narrativo su discurso visual y su ADN estén lógicamente más en consonancia con los propios recursos de narrador y la firma como autor del género de su director y en su propia filmografía. Pero por otro se deja entrever esa otra visión del suceso real que se nos cuenta desde el punto de vista del drama costumbrista, apuntalado en un buen trabajo del director para llevarnos atrás en el tiempo y meternos de lleno en la sociedad de barrio de clase trabajadora en la que se desarrolla el suceso. Esa crónica de época, bien apuntalada en el diseño de producción, es lo que, desde esa cercanía de los lugares y los personajes, refuerzan la clave más perturbadora del relato de terror pero al mismo tiempo nos llevan a pensar en esa otra película que no vemos del todo pero, cual si se tratara de una presencia realista y no sobrenatural en el relato, se manifiesta puntualmente en varias fases del desarrollo del mismo.