Crítica de la película Un bocado exquisito

Drama romántico, intriga sentimental y exceso cromático.

         Vaya por delante que la gastronomía me interesa poco y menos, que no cocino ni tengo aspiraciones al respecto, que mi récord en la cocina está en cuatro huevos calcinados para conseguir uno frito casi comestible (vaya, otro año que me quedo sin la estrella Michelín), y que en general todo lo que tiene que ver con cocinar me aburre enormemente y soy un tipo bastante básico en la comida. Si me invitan algún día a su casa tengan todo esto en cuenta. Y aclarado todo lo anterior, al comenzar a ver esta película me temía lo peor: un tipo y una tipa en una cocina, rollo fantasía de gourmet, con mucho blanco en el plato y poca cantidad (una de mis pesadillas). Afortunadamente la cosa en Un bocado exquisito va por otro lado y no es otro petardo romántico hípster sobre el amor entre fogones, tipo Sin reservas, aquella de Catherine Zeta-Jones con Dos Caras, digo con Aaron Eckhart.