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Crítica de la película Fast and Furious 7

Más espectacular que las anteriores, pero también más floja de ritmo y repetitiva.

La última entrega de la saga de Fast and Furious parece empeñada en superarse a sí misma y a sus antecesoras en un reto que la lleva a apuntarse algunos tantos a favor y algunos  tantos en contra.

A favor tiene una sucesión de secuencias de acción que consiguen darle una nueva dimensión al término “espectacular” en la saga. No hay opción alguna para aburrirse viendo la película porque es un encadenado de secuencias de acción empeñadas en redefinir el término de “más difícil todavía”. El propio guión de la película bromea sobre ello con esa secuencia en la que O´Conner (Paul Walker) le dice a su hijo que los coches no vuelan . Es un anticipo de los alardes visuales y la suspensión de la credibilidad que nos espera en el resto del relato.

A favor tiene igualmente las peleas cuerpo a cuerpo, que son mejores que las de la película anterior. Fast and Furious 7 saca más partido a la contribución en las secuencias de puñetazo y patada del protagonista de Ong Bak, Tony Jaa, y de la aportación de Ronda Rousey, que en mi opinión está mejor explotada en pantalla que la que hiciera en la película anterior Gina Carano. Eso lo han cuidado más. Y nadie podrá ponerle pegas al plato fuerte de esta entrega, que navega a medio camino entre una de Misión imposible y otra de James Bond, con toque al estilo de Los Mercenarios.  Tal y como era totalmente previsible, la acción es el mejor elemento de esta séptima entrega, capaz de ganarse al público incondicional de la saga, desde la primera pelea de Statham con uno de los integrantes de la misma hasta la última.

Sin embargo es significativo que Jason Statham sea el personaje más interesante de esta séptima película, en su papel como villano incuestionable, amenaza temible que es algo repetitiva en sus recursos (me refiero a que sus enfrentamientos con la familia Toretto acaban siempre con un algo repetitivo ¡¡¡ Kabooom !!!, la explosión como  medio expresivo algo reiterativo en esta entrega). Creo que el personaje de Statham merecía más tiempo de metraje y más imaginación en sus duelos con la banda Toretto. No obstante lo cual, Statham es, a mi parecer, lo mejor de esta séptima película, que ayuda a arrancar con ese principio al estilo de Transporter, macarruzo y perdonavidas, que encaja a la perfección en el “Mundo Toretto” y presta un buen juego en este momento clave de la serie en el que ésta debe empezar a buscar nuevos recursos para mantener el aliento ante el lógico agotamiento de sus claves primordiales.

Pero como digo resulta significativo que Statham sea el elemento más interesante de esta nueva entrega. Afirmando eso quiero decir que se percibe un lógico pero no por ello menos llamativo agotamiento de los personajes y situaciones habituales de la saga Fast and Furious, cuyos responsables afirman no obstante que están pensando en hacer de esta película el arranque de una nueva trilogía. Ese  agotamiento se hace notar especialmente en el intento por dotar al guión de diálogos. Si en lo referido a la acción la película cumple sin problemas, en lo referido a los diálogos y las subtramas, Fast and Furious hace aguas por varios orificios en su línea de flotación. Para empezar su guión es flojo, la incorporación del personaje de Kurt Russell no está a la altura del mismo tipo de fórmula de asociación de estrellas que aplica por ejemplo la saga de Los Mercenarios. Por otra parte la subtrama de pérdida de memoria y enlace sentimental conToretto del personaje de Lety suena muy falsa, es muy “love story made in polígoneros”, y no se la cree nadie. Está metida con calzador y mal resuelta con unos flashbacks que no encajan in en tono ni en nada con el tono y el ritmo del resto de la película. Ocurre lo mismo con esas escenas hogareñas de O´Conner y su “churri”. Absolutamente intratables. La saga de Fast and Furious siempre ha hecho aguas por esa parte de “yo no tengo amigos, tengo familia”, que pregona el personaje de Toretto interpretado por Vin Diesel y que no se cree nadie que no esté hasta arriba de psicotrópicos. De hecho, sospecho que ese tipo de consigna sólo es digerible junto con un camión de pastillas de éxtasis asociado a esa música de la banda sonora que no deja de recordarme la banda sonora de los programas más cutres de “reality show” de la cadena televisiva Tele 5. El rollete “familiar” que se traen estos prójimos nunca ha colado, y aquí ver a O´Conner peleándose con un monovolumen o aguantar esa escena de boda metida con calzador en un flashback digno de culebrón televisivo es particularmente hiriente. Testimonia esa falsa premisa de “tipos duros pero familiares” que es el peor lastre de la saga. Lástima que no le hayan echado más narices al asunto y resulte que estos tipos son realmente gente fuera de la ley, y no forajidos domesticados que trabajan para el gobierno y quieren formar familias, o lo que es lo mismo, “malotes” de postal adictos al postureo. Hay mucho postureo visual en toda la película, y aunque nos resulta entretenido y por tanto lo acepto con gusto para pasar el rato, no deja de resultar crispante esa ambigüedad en algunos momentos. Para que quede más claro recomiendo repaso al artículo de antecedentes e influencias de la saga de Fast and Furious que he publicado en la edición en papel de la revista Acción, que puede revelar mejor a qué me refiero cuando aludo a esa contradicción y esa ambigüedad en la saga que nos ocupa. En teoría nos vende un relato de forajidos pero nos los domestican cada vez más (esas escenitas playeras finales, esos rayitos de sol con niño correteando entre la arena con sus papás, esa boda digna de “chonilandia”…).

Total, que la película es espectacular y entretenida, pero empieza a fallar de ritmo después del encuentro con Statham comiendo y sacándole la anilla a una granada, que la acumulación de secuencias de acción se hace algo agotadora,  y que si alguien quiere tener todavía más claro a qué me refiero puede mirarse la manera de tratar un guión plagado de acción, personajes y más acción en Los Vengadores o Capitán América: el soldado de invierno para comprobar que sólo con acumular secuencias de acción espectaculares no se mantiene un buen ritmo o un buen pulso de la acción en una película… de acción.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Crítica de la película Fast and Furious 5

Confieso que nunca he sido demasiado aficionado a la saga de A todo Gas (o Fast and Furious, como ustedes prefieran). No soy muy fan de los coches y quien me conoce sabe que hasta hace bien poco no tenía siquiera carnet de conducir. Así que toda la fiebre desatada por Vin Diesel y compañía en sus competiciones callejeras con sus coches “tuneados” me motivaba de inicio más bien poco, la verdad. Y vistas hoy día, no es que sean precisamente joyas del séptimo arte. Es más, alguna de ellas es un tostón de padre y muy señor mío.

No sólo porque carezcan de personajes interesantes, una mínima construcción argumental, algún giro de guión interesante o algo de verosimilitud en lo que cuentan. Es que muchas veces, las estrellas de la función, las escenas de acción, quedaban desdibujadas por falta de empatía con los personajes o de calidad en la puesta en escena y la narración. Sí, lo sé, me estoy poniendo tiquismiquis con una saga que sólo pretende entretener al espectador durante dos horas con chicas guapas, tíos recién salidos del gimnasio y coches potentes. Pero Tokio Drift, por ejemplo, había que cogerla con pinzas y muchas ganas para no dormirse.

Por cierto que lo curioso es que tras esa tercera entrega, resulta que su director, quien ha seguido al cargo de la saga, ha decidido hacer como si la película nunca hubiese existido, como si fuese el futuro lejano de la saga, o sacándola de la línea temporal oficial de la misma, haciendo que uno de los personajes de aquella resucite para esta. Un cacao argumental que, lejos de sentarle mal al productor, ayuda en su composición interna dándole un aire a la franquicia que hasta ahora no había tenido. O no del todo. El aspecto de la continuidad.

Fast Five nos revela que toda la saga al completo, es una serie de cómics. Una suerte de Vengadores de los coches potentes y los robos a toda mecha. Viendo esta película uno tiene la curiosa sensación de que todo dentro de las cinco películas cobra sentido. Todo tenía un por qué. Todo cuadra más o menos entre los personajes centrales y sus relaciones. Es curioso porque no creo que nadie pensase en ello cuando comenzó todo con la primera película. Pero aquí lo consiguen. Y la escena final de los títulos de crédito (Sorprendente y original, sin duda) refuerza esa sensación.

Porque, admitámoslo, Fast Five es la más entretenida, imposible y divertida, de las cinco películas. La mejor, vamos. O quizá la menos mala. La más compacta y bien llevada. La menos boba, dentro de la credulidad que tenga cada espectador. Porque hay que recordar que esto es A todo Gas, y aquí las reglas de la física no existen o existen muy poco, y bien puede uno saltar a un río desde un cañón de cien metros de altura, o recorrer las calles acarreando una cámara acorazada de varias toneladas, que aquí todo es posible. Lo bueno es que los personajes se lo toman con envidiable sentido del humor. Como conociendo ese carácter de cómic que ha adquirido la película.

No hay mucho momento para el respiro en la película. Entre asaltos al tren, peleas, tiroteos, carreras y demás zarandajas, se cumplen de sobra las más de dos horas de metraje que no dejan descansar a nadie en su butaca. No hay tiempo para pensar mucho las cosas. Todo es frenético y extremo. Y divertido, qué demonios. La película conoce sus limitaciones artísticas y se dedica a extraer lo mejor del puro entretenimiento. Esta vez dejando algo más de lado los coches para centrarse en otro tipo de escenas de acción. Y todo ello desde el marco incomparable de Rio de Janeiro. Es mucho mejor tarjeta de presentación de la ciudad esta película que la animada Rio, que venía dirigida por un brasileño. Cosas del cine.

Y sí, todo son personajes títeres, muñecos de trapo, acción imposible, diálogos de risa y poses de chuleta contra el capó del coche. Pero está servido a un ritmo tan tremendo que resulta entretenida. Y trata de poner mimbres hasta a los personajes más secundarios, como la tragedia personal del personaje de Elsa Pataky, el lío amoroso entre dos secundarios, las charlas entre los músicos Tego Calderón y Don Omar, o la cena en el sillón del garaje compartiendo sueños de Ludacris y Tyrese Gibson. No es que haga mucho, pero tiene más información esta película sobre sus personajes que toda la saga junta.

Es decir, que el guión de Chris Morgan se acerca más a su excelente trabajo en Wanted que a Tokio Drift. Salvando las distancias. La película ni es ni quiere ser Wanted. No busca tener una doble lectura, un trasfondo (más allá del tema favorito de Disney, la familia es lo que más importa), busca ser entretenida, divertida y crear una coherencia de continuidad más propia de los tebeos o de las series de televisión.

Por supuesto los actores no tienen ni que actuar y les sirve la pose de rigor para meterse en el papel que, de tanto repetirlo, se saben de carrerilla. Destaca, cómo no, la presencia arrolladora de Dwayne Johnson, realmente impagable, y la llegada de Elsa Pataky a la franquicia. Los demás, saben perfectamente a qué se están enfrentando. Y se lo pasan en grande, cosa que el espectador agradece.

La gente corea las escenas de acción, se ríe, aplaude… El público de la saga sale contento, aunque algunas escenas de acción están montadas de tal forma que no te enteras de nada (¿eran necesarios 3 montadores?). Aunque hay un tramo de película que se hace largo como un día sin pan. Aunque la película sea simplona y boba. La gente se lo pasa en grande. Así que ya saben, si son fans de la saga o buscan un entretenimiento de acción descerebrada, ésta es su película. Si quieren algo más de miga en el género, en la sala de al lado echan Thor. Yo no soy fan de la saga y ésta me ha entretenido.

Es la mejor de las cinco, repito. Aunque eso no sea mucho decir…

Jesús Usero

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