Crítica de la película Érase una vez en Hollywood

Tarantino hace su mejor trabajo en un brillante homenaje emocional al cine.

Salgo de ver esta película con la intención clara de ponerla la primera entre las mejores de su director. La madurez de Tarantino como narrador audiovisual alcanza en este su último trabajo niveles que en mi opinión superan los de películas anteriores. La tendencia al exhibicionismo de su filmografía, que forma parte de su carácter como autor y precisamente por ello no le reprocho, queda matizada y pulida hasta el límite para dejar paso a una elegancia en el juego con la historia, el trabajo con la alteración de la cronología, los guiños, la parodia y los personajes que había lucido ya en uno de sus mejores trabajos, Jackie Brown, quizá la película más cercana en distintos aspectos entre todas las del director a este último trabajo. Pero aquí la madurez de Tarantino como director obra muy a favor de la película y se hace notar muy positivamente. Da lugar al trabajo más equilibrado, más sólido, más interesante en lo referido al dibujo de los personajes y sus conflictos, más matizado en todos los rasgos definitorios de su cine, con mejor ritmo, y sin duda, tanto por su contenido como por su fábula, más interesante de cuantas películas ha dirigido Quentin Tarantino.

Crítica de la película Annabelle vuelve a casa.

Más que aceptable dentro de la miríada de secuelas, precuelas y spin offs de Expediente Warren.

Por encima de su primera entrega, pero todavía inferior a Annabelle Creation, que mostraba el nacimiento de este monstruo que forma ya parte de los iconos del cine de terror. No podía ser menos, si de una forma u otra la película ya ha aparecido en un buen puñado de películas, y además de su papel protagonista en su trilogía, tenía uno muy importante en Expediente Warren. El público todavía no se ha cansado de ella, así que puede seguir dando miedo un tiempo más. Y ahí reside la clave del buen hacer de la historia. No cansa al espectador pese a conocer a la muñeca a la perfección.

La historia nos presenta de nuevo a los Warren en esta ocasión, tiempo antes de la primera película, justo cuando entra en su poder la muñeca Annabelle, la maldita figura poseída por un demonio que lleva aterrorizando a la gente desde los años cuarenta. A través de la llegada a la casa, aparecen las auténticas protagonistas, McKenna Grace, sustituyendo a Sterling Jerins como Judy Warren, la hija del matrimonio, y su niñera, Mary, interpretada por Madison Iseman. Juntas tendrán que sobrevivir cuando la muñeca, convertida aquí en un faro para otras almas y espíritus, decida hacer de las suyas. Porque ya sabemos que lo que viene con Annabelle no son precisamente fantasmas que quieren volver a casa. Son almas condenadas con muy malas pulgas y muchas ganas de hacer daño.

Crítica de la película Lo Nunca Visto.

Comedia sencilla y a veces algo simple.

Una trama que busca ser conciliadora, “buenrrollista”, positiva y una batalla más contra el racismo y la xenofobia, y lo consigue en determinados momentos, pero en otros peca de tópica y previsible, cuando no cae en lo ridículo o en lo ofensivo, no para la cultura de cada uno, ni para las razas, sino para la inteligencia del espectador. No es la tónica general de la película, pero sí es cierto que cae en esos tópicos y en ese juego demasiado a menudo, restándole méritos a una película que es divertida, sin duda, y que hace reír a la gente, que es su principal objetivo, pero no termina de quedar del todo redonda por varios motivos, y deja la sensación de que podía haber sido menos obvia… Menos evidente en su camino educador para la audiencia.

La trama es tan alocada como prometedora. Un pequeño pueblo perdido en la sierra, rival de sus vecinos de abajo, que tienen mejor suerte que ellos. Pese a sus intentos por resucitar el pueblo de cara a la gente, el pueblo se muere y ya no tiene ni 20 habitantes. Si no aumenta su población antes de que lleguen las elecciones, el pueblo será absorbido por sus vecinos y perderán su ayuntamiento, su médico, las quitanieves en invierno… hasta el cura. La solución llega de donde menos lo esperan. Cuatro personas han huido por el monte. Son africanos y en los medios dicen que son peligrosos, pero el pueblo pronto descubrirá que quizá sean la única oportunidad que tienen de salvarse, aunque eso les obligue a superar sus miedos, sus prejuicios y aprendan a convivir.

[video] crítica de la película EL REY LEON 2019

Miguel Juan Payán y Jesús Usero

Crítica de la película EL REY LEON 2019

Crítica de la película El Rey Leon

Remake repetitivo casi plano por plano del original, pero sin nervio.

El rey león en dibujos animados sigue sin ser destronado. A pesar del buen trabajo que hizo y de lo mucho que me convenció Jon Favreau en su remake de El libro de la selva, aquí la selva se le ha atragantado. Su versión de El rey león es un remake sin personalidad propia que además en un intento por rendir doble tributo al original de animación y la versión del mismo en clave musical, acaba por olvidar que debería tener una personalidad propia, a poder ser cinematográfica.

En algunos momentos el intento de hacer valer el legado del musical acaba por afectar al rendimiento cinematográfico de esta película.

Su otro problema radica en que no consigue estar a la altura de los grandes momentos clave de la película de animación. Ni en la estampida, ni en el humor de Timón y Pumba. Ni en la relación sentimental de Simba y Nala. Y por supuesto tampoco en el verdadero corazón, el alma del original: la relación de Simba y Mufasa, padre e hijo, que se explica como tema central del legado en esa secuencia donde Simba recupera su personalidad recibiendo el mensaje de la memoria de su padre.

No hay nervio en ninguno de esos momentos. No hay nervio porque el alarde de arte de dibujos animados es sustituido aquí por un alarde tecnológico visualmente impresionante, técnicamente sobresaliente… pero sin alma, sin nervio, sin ritmo.

Crítica de la película Los muertos no mueren

Divertida parodia de las películas de zombis y sus códigos repetitivos.

Jim Jarmusch se ríe en bloque de toda la cultura popular de nuestro tiempo, haciendo especial hincapié en los hípsters, con una historia que respeta cuidadosamente cada paso de desarrollo y cada código de identidad de las películas sobre muertos vivientes, a las que igualmente somete a la sátira con la complicidad de un puñado de actores que le siguen el juego.

Sin embargo sospecho que muchos espectadores no van a pillar lo más divertido del sentido del humor del director, cosa que ya ocurrió cuando se dedico a parodiar las últimas modas de películas sobre vampirismo en Solo los amantes sobreviven, película que, hay que aclararlo, es superior en su conjunto a ésta, aunque en el fondo ambas están abordando algunos temas comunes y persiguen desde su empeño en la sátira poner en solfa esta sociedad tan superficial, absurda, cacofónica y repetitiva en la que vivimos.

Crítica de la película Muñeco diabólico

Hace bien todo lo que podría hacer mal. Mejor que el original. Grande Mark Hamill.

En todo aquello en lo que podrían haber fallado, aciertan. Y el resultado es que esta nueva versión de Muñeco diabólico es mejor que el original. Tiene más solidez en su propuesta y presentación de personajes, y trabaja muy bien la complicidad del público para sacar más jugo a la propuesta de mezcla de comedia con terror que es la más apropiada para este tipo de proyecto.

Por un lado es un homenaje a las claves esenciales del original, incluso en lo referido a su lenguaje visual, su fotografía, los colores de algunos planos, los encuadres y en el argumento el juego de los niños asociados con síndrome de Goonies enfrentados a la amenaza, elementos todos ellos extraídos del cine de los ochenta (seguimos con el revival iniciado con la serie Stranger Things y la película It). Por otro lado es una sátira sobre un acuciante problema de nuestros días, nuestra creciente adicción y dependencia de las ya no tan nuevas tecnologías. La película saca el máximo partido a este asunto y en su principio, buscando una explicación más sólida que la del original para poder jugar con la complicidad del público, incorpora en la misma una parodia de lo que está ocurriendo con la economía internacional y parodia los miedos y leyendas urbanas asociadas a los lugares lejanos donde se fabrican muchos de los productos de esa “nueva tecnología” que tenemos en nuestras manos. Es algo que siempre le sale bien a esta película: matar dos pájaros de un tiro.

Crítica de la película El secreto de las abejas

Floja película con alma de telefilme que se desorienta y desperdicia su tema.

Totalmente previsible casi en cada paso de su recorrido, resuelta visualmente de manera correcta, pero con la misma obviedad que aplica al poco elaborado desfile de lugares comunes con los que va resolviendo su argumento -ejemplo: madre atrapada, rejas por delante, así de obvio y poco sutil en su intento de exteriorizar el conflicto psicológico que vive el personaje-, esta película transcurre en la mayor parte de su metraje como un telefilme escrupuloamente apegado a la articulación del relato sobre una serie de puntos de giro muy evidentes y fáciles de anticipar por el espectador. Se inclina así más por el melodrama sembrado de tópicos que por explorar seriamente y en profundidad el tema que aborda. Es por ello una película postal y además descaradamente oportunista.

Crítica de la película El creyente

Cédric Kahn construye un drama tedioso, superficial y doctrinal sobre la superación de los problemas mediante la espiritualidad.

Ganadora en la 68ª edición del Festival de Berlín del premio a Mejor Actor para el joven Anthony Bajon, El creyente presenta un primer acto con el que se entienden perfectamente los halagos recibidos. En él, Thomas, un joven de 22 años con problemas de drogodependencia, se une a una comunidad religiosa aislada en el monte en la que los jóvenes se rehabilitan gracias a la paz que encuentran en la oración y el apoyo mutuo. Todo lo que atañe al síndrome de abstinencia de Thomas y su inadaptación al centro está retratado de forma dura y veraz y es lo más interesante, pero es una ilusión que se desvanece una vez comienza el segundo acto y se descubren las verdaderas intenciones del director.

En el nudo, las distintas fases del proceso de desintoxicación se suceden demasiado rápido y la evolución del personaje es abrupta. La profundidad que pretendía el relato en sus primeros compases, con la lucha de Thomas contra sus demonios interiores y sus conversaciones con su compañero Pierre (Damien Chapelle) y el director de la institución Marco (Àlex Brendemühl), se pierden para dejar paso a una película centrada en la religión y el recogimiento espiritual repleta de oraciones y cánticos. Esto hace que el personaje principal y el resto de miembros de la comunidad se vuelvan cada vez más planos con el paso de los minutos y el verdadero foco de interés se termine apagando: lo que podría haber sido una emotiva reflexión sobre como la amistad y encontrar el sentido de tu vida te puede llevar de nuevo al camino recto deriva en otra muestra trivial de cine religioso que intenta captar nuevos adeptos al cristianismo y que los ya creyentes se reafirmen en su fe.

Crítica de la película Godzilla: rey de los Monstruos

Sinceramente, esperábamos más, pero es más entretenida que la primera entrega...

Eso sí, no llega a Kong: La Isla Calavera por muchos motivos que ahora explicaré y que dejan un sabor de boca agridulce. De hecho he pasado un buen rato decidiendo si la película era de dos o tres estrellas, debido a que la sensación final es de entretenimiento, pero de una carencia de solidez dramática o de algo a lo que sujetar a los personajes humanos que realmente asusta. Y eso que hay un fantástico reparto defendiendo sus personajes (o sus arquetipos sin ninguna tridimensionalidad) pero no es suficiente porque el guión carece de cualquier punto de coherencia o de interés siquiera por lo que hacen esos personajes humanos. Y en lugar de tomárselo a broma, de reírse del cliché, de los tópicos o de las situaciones imposibles, como hacía Kong, en lugar de llevarnos en un viaje lleno de aventuras, pone a los personajes encerrados en entornos grises discutiendo cosas que pueden hacer y que muchas veces no hacen…

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