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ÁNGELES Y DEMONIOS: Obi Wan Kenobi en el Vaticano

Miguel Juan Payán 06 May 2009
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Más dinámica y trepidante que la primera, más entretenida, aunque al final ponga a prueba mi credibilidad y tenga dificultades para aceptar lo que propone, algo que por otra parte también me ocurrió con la primera, Ángeles y demonios transpira por cada uno de sus poros su naturaleza de secuela de El código Da Vinci, lo que no es necesariamente negativo. De hecho mejora a su predecesora. La pega es que hay que entrar en el perogrullesco y en el fondo profundamente ingenuo “Planeta Dan Brown”.

Brown tendría que estarle tremendamente agradecido a Tom Hanks y Ron Howard, tipos muy competentes en lo suyo, porque le han prestado el impagable servicio de operar como caja de resonancia de su trabajo. La versión cinematográfica asea notablemente el original en negro sobre blanco. Disculpen ustedes si me niego en redondo a calificarlo como literatura, pero es que uno, a pesar de la edad, tiene todavía algo de pudor, y además cada día me parece más evidente que no todo lo que se edita en forma de libro es necesariamente literatura, pudiendo ser sin embargo puro dislate o simplemente mero panfleto. Me perdonarán también los seguidores del escritor en cuestión, si así les place, que además considere a Dan Brown sensiblemente inferior en su calidad de fabricante  de libroéxitos (por distintas razones prefiero inventarme este término a utilizar el de Best Sellers, más ambiguo y necesitado de prolijas aclaraciones que en este momento y lugar no proceden), a gentes notablemente más competentes en dicha materia, como Ken Follett, Frederick Forsyth, Michael Crichton, Dean R. Koontz, Dan Simmons… que han contribuido a prestigiar este tipo de literatura popular o de consumo, dicho sea sin comillas que la desprestigien. Personalmente me resulta muy gratificante leer este tipo de libros, algunos de los cuales considero incluso buenas piezas de literatura y otros me parecen buenas pistas para definir las manías, necesidades y carencias de la sociedad en la que vivimos, oficiando así como testimonio casi antropológico de nuestro tiempo aunque su primer objetivo sea simplemente entretener y hacernos pasar un buen rato suministrándonos herramientas para ejercitarnos en esa gimnasia esencial para el alma y la mente que es la lectura. Consumo este tipo de libroéxitos con placer cuando son buenos, pero no tengo problema en calificarlos de petardos abominables cuando simple y llanamente están mal escritos, carecen de interés o se entregan en cuerpo y alma al morbo entendido como herramienta para conseguir el éxito comercial con una pasión que raya en la impudicia. Dicho de otro modo, de forma más clara, para que todo el mundo lo entienda: en mi opinión la novela de Dan Brown es peor que la película resultante. Pero por otra parte ello no es óbice para que la versión cinematográfica de Ángeles y demonios comparta, cual inevitable lastre, algunos de los defectos garrafales que califican a la novela.

 

 

El problema está en el material de partida, y no tanto en la probada pericia de Ron Howard para narrar visualmente este tipo de peripecias trepidantes de la era del blockbuster o en la eficacia de Tom Hanks para hacer que nos creamos un personaje tan poco creíble como el experto en símbolos Robert Langdon. Howard y Hanks cumplen, pero trabajan con un material francamente falto de madurez. Por un lado su panfletismo anticlerical,  palpable y previsible, un tanto trasnochado, nada sutil y algo desnortado, resulta molesto desde un punto de vista exclusivamente narrativo que no tiene nada que ver con la fe que cada cual profese o no. Nos distrae de la trama de intriga y está sembrado de incongruencias e inexactitudes históricas. Además añade un tufo de leyenda negra que involuntariamente y me temo que por impericia narrativa se hace extensivo no sólo a la Iglesia católica, etiquetada exageradamente como cuna del oscurantismo e incluso tachada de vandálica (el tema de las hojas de parra en las estatuas me ha hecho sonreír y me recuerda la maniobra políticamente correcta y “progre” de quienes en Francia, bajo el pretexto de hacerse eco de las leyes antitabaco, han cambiado en el cartel de una exposición la carismática pipa del maestro del cine de humor galo Jacques Tati por un molinillo amarillo, así que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra…), sino también a la ciencia (el artilugio de antimateria parece cogido al vuelo de un guión de Stan Lee para un comic de Los Cuatro Fantásticos y está bastante fuera de juego en este tipo de trama), y a la cultura en general (en las visitas a los archivos del Vaticano nuevamente se asocia libro a peligro, conspiración, miedo, ¡incluso asfixia!).

 

 

Por otra parte el  dilema ciencia versus fe, supuesto corazón de la trama,  queda diluido en distintas contradicciones, y el forzado pero pedestre tono de revanchismo anticlerical acaba anatematizando tanto a la ciencia como a la religión, junto con algunos insertos como el alusivo a las células madre que nuevamente distraen del asunto principal.  A ello se añade una forma de desenvolverse como intriga con misterios, pistas y descubrimientos un tanto obvios y ocasionalmente infantiloides (estatuas que indican con una espada o una flecha el camino o el lugar preciso en el que se encuentra una nueva clave, coincidencias y exageraciones traídas por los pelos,  como la sorprendente pericia aeronáutica del Camarlengo, etcétera).

Propongo como posible comparación otros productos de intriga similares que van desde las míticas fábulas protagonizadas por el detective Sherlock Holmes hasta la notable El nombre de la rosa, de Umberto Eco (que me temo Dan Brown anhela emular, aunque se quede lamentablemente muy lejos), pero también recomendaría la comparación con las series Bones (basada en las novelas de la antropóloga forense Kathy Reichs) y La hora once (ya sea en su versión original británica protagonizada por Patrick Stewart o en su remake estadounidense protagonizado por Rufus Sewell, emitido en España por La Sexta los martes noche).

Luego está el factor “Obi Wan Kenobi en el Vaticano”, que prometo explicar con más detalle en la crítica de la revista Acción

 

Modificado por última vez en Jueves, 07 Mayo 2009 12:54
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