Crítica de la película Misión: Imposible. Nación secreta

Tan buena como la primera. La saga gana mucho en calidad con ésta entrega.

Pues ni más ni menos que eso: es tan buena como la primera entrega que dirigió Brian De Palma, que para mí era hasta este momento la mejor, como ya expliqué en el artículo que le hemos dedicado a la franquicia de Misión: Imposible en la revista Acción que puedes pasar a comprar en tu quiosco más cercano. Christopher McQuarrie es muy buen guionista y en esa parcela le saca el máximo partido a las posibilidades de la franquicia. Además su propuesta tiene la suficiente voluntad para diferenciarse de las dos películas anteriores, más volcadas hacia el encadenado de momentos espectaculares. Nación secreta tiene sobrados momentos de acción trepidante, pero se inclina más por la construcción narrativa en lugar de por la pirotecnia visual. Es sólida en su guión. Y como sabe cualquier buen aficionado al cine, si el guión es sólido, la película siempre es mejor, independientemente de que tenga más o menos saltos o piruetas espectaculares. McQuarrie acierta en esa elección.

El guión saca partido por un lado al humor, potenciando la asociación de Cruise y Simon Pegg como dúo que parodia algunos aspectos de la saga. El tono de aventuras, acción y humor está marcado desde el principio, con la escena de Cruise colgado del avión, tan espectacular como cualquiera de los momentos espectaculares de la película, pero respaldada además por pinceladas de comedia que de paso sirven para potenciar el tono de aventura en grupo y marcar los lazos que unen a los personajes de Cruise, Simon Pegg, Jeremy Renner y Ving Rhames, la Fuerza de Misiones Imposibles.

Otro acierto de McQuarrie: dándole mayor protagonismo como contrapunto cómico al personaje de Pegg descarga de presión al personaje de Cruise, humanizándole en la sucesión de torpezas de su colega. El vínculo Pegg-Cruise es clave. Ejemplo: la secuencia en que planifican la incursión en el ordenador para cambiar los datos, nuevamente una alianza perfecta entre espectáculo de acción y solvencia narrativa. De paso sirve para hacer más vulnerable al personaje de Cruise, menos “macho-man”, más dependiente del grupo. Cruise no pierde protagonismo, pero su personaje, Ethan Hunt, mejora mucho en manos de McQuarrie, dejando de ser infalible es más completo y maduro como personaje. Además la película refleja la propia madurez de Hunt y de Cruise.

Al contrario que lo más habitual en el cine de acción de estos días, aquí manda el guión, no el espectáculo circense del más difícil todavía.

Y con el guión, cobran más interés y protagonismo las pinceladas de comedia.

Junto a esto, el otro gran hallazgo que complementa el personaje de Ethan Hunt y a través del mismo la propia saga es la manera en que McQuarrie le busca a Cruise una coprotagonista con la que se reparte al cincuenta por ciento las secuencias de pelea y acción. Rebecca Ferguson es todo un hallazgo en ese sentido. De hecho, es el personaje femenino más interesante de las cinco películas que hasta el momento integran la franquicia. Los aficionados al cine clásico entenderán qué quiero decir cuando afirmo que se da un aire a Joan Bennett, mujer fatal del cine negro clásico en películas como La mujer del cuadro o Perversidad, mezclado con la competencia para las escenas de acción que exhibiera en sus principios Catherine Zeta-Jones. Tanto la actriz como el personaje que ésta interpreta son el contrapeso perfecto para equilibrar el protagonismo de Cruise.

Por último la contribución de Alec Baldwin es bastante competente incluso trabajando a base de moverse dentro del estereotipo inevitable de los personajes secundarios en este tipo de película.

Además McQuarrie lleva mucho cine dentro, cine clásico, buen cine, cine de calidad, y eso se nota tanto cuando hace un guiño a un clásico de Alfred Hitchcock como El hombre que sabía demasiado en la escena de francotiradores en la ópera como en el momento en que elige mantenerse muy cerca del tono de la mejor entrega de la serie, la de Brian De Palma. Es su guía para desarrollar tanto los giros del argumento como la construcción de la intriga, pero también el equilibrio de los momentos de acción con la narración y el enredo de suspense.

Ello arroja una de las entregas con más y mejor cine dentro de todas las de la saga.

Miguel Juan Payán

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Ted 2 ★★★

Julio 27, 2015

Crítica de la película Ted 2

Ted 2. Una gamberrada divertida y salvaje, ligeramente más floja que la primera.

Ted 2 es lo que promete. Un encadenado de gamberradas al estilo Seth MacFarlane, y tiene todo lo mejor de las creaciones cómicas de este humorista, junto con todo aquello que a la hora de saltar al cine le sirve de lastre. Es divertida, tiene muchos golpes de humor gamberro, y uno de los mejores chistes de humor inteligente que vamos a ver este año en un cine: el que se desarrolla en el club de la comedia, poniendo en evidencia cuáles son las fronteras del humor, hasta dónde se puede o no se puede llegar, si hay o no temas tabú… Obviamente es un asunto que le interesa especialmente a MacFarlane y afecta a sus creaciones, así que ha pensado mucho en ello y como resultado le sale un chiste de humor auténticamente salvaje, demoledor, inteligente y que cumple con la función del humor como herramienta de reflexión.

Es en ese momento, con los chistes sobre Gollum, el cameo de Liam Neeson, y en general siempre que MacFarlane consigue apartarse del cómodo territorio del humor más facilón, simplón e infantil, radicado en la escatología y vulgarización del sexo como tema de comedia por la vía de la ordinariez (ya saben, chistes de penes negros, chistes de penes grandes, chicas con pene, penes blancos, penes en mallas, etcétera), cuando la película funciona mejor y muestra que MacFarlane puede, pero no quiere, currarse un humor más inteligente, menos tramposo y facilote, más trabajado e inteligente, con el que podría hacer una disección satírica más eficaz de la sociedad estadounidense. Lamentablemente en esta película ha optado por el camino fácil y rellena toda la primera parte de esta secuela con una ración doble de escatología y chistes sobre sexo bastante tontorrones que casi borran la dosis de buena comedia que tienen otros momentos de la película. Es curioso ver cómo la propia película se enfrenta consigo misma como si fuera bipolar. Como consecuencia de ello, esta segunda entrega es más floja que la primera.

Por otra parte MacFarlane vuelve a encontrarse con el tiempo, su peor enemigo. Nuevamente se hace notar que no tiene del todo controlado el ritmo en el formato de largometraje, especialmente en los fragmentos más narrativos, como los del juicio. Es ahí donde la película se pierde en el tono y el ritmo, interrumpe la comedia, hace un extraño paréntesis de reivindicación, y se anula a sí misma aparcando los chistes. Y en lo referido a guión, el romance y el desenlace son tal zambullida en el tópico metido con calzador que resultan sorprendentes en un director que presume, o al menos así lo parece, de ser tan rompedor en otros aspectos.

Lo cierto es que, en contra de lo que afirma uno de mis colegas, a mí no me parece que ese humor de escatología y sexo facilón y adolescente sea “humor salvaje”. Me parece que es mucho más “humor salvaje” la secuencia en el club de la comedia. Para que quede más claro, les propongo que vean la nueva serie creada y protagonizada por Denis Leary: Sex&Drugs&Rock&Roll. En ella hay chistes de sexo, pero desde un punto de vista no adolescente, sino contemplando el asunto con todo el sarcasmo, el cinismo y la madurez que merece. Prueben a verla, comparen y luego ya me cuentan.

Además lo que ocurre con los chistes de escatología y los chistes de sexo es que, como todo mecanismo del humor, hay que saber administrarlos; bien dosificados son una máquina de risas, pero si se abusa de ellos, pierden su vigor y se corre el riesgo de pegar un gatillazo con ellos.

 

Miguel Juan Payán 

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Ant-Man ★★★★

Julio 10, 2015

Crítica de la película Ant-Man

Ant-Man una muy grata sorpresa que amplía con eficacia y talento la galería de Marvel.

Le pongo cuatro estrellas que son las que merece jugando en su liga de cine de evasión y diversión (yo también leo a Sartre, pero no se me ocurriría hacerlo al mismo tiempo que estoy viendo una película de superhéroes) porque me parece uno de los productos más competentes en su fórmula. Maneja muy bien los elementos esenciales de una trama que podría haber perecido fácilmente presa del encadenamiento de tópicos pero por el contrario saca fuerza de esos lugares comunes sacando el máximo partido a sus principales aciertos, que me voy a permitir enumerar. 1. Han sido suficientemente inteligentes como para entender que no podían desperdiciar a Michael Douglas. Muchos esperábamos, e incluso nos temíamos, otra aplicación de la fórmula Obi Wan Kenobi, con Douglas oficiando como secundario estrella, actor invitado, cameo estelar o similar. En plan Anthony Hopkins en la película aquella del Zorro con Antonio Banderas. Pero no. Muy al contrario. Aquí Michael Douglas es tan protagonista como el propio Paul Rudd. Y está muy bien aprovechado desde el primer momento en que aparece en pantalla hasta el último. Su personaje crece con el relato, demostrando que tiene mucho más recorrido más allá del final de la película, que le quedan muchas cosas por contar. Buena señal. Douglas presenta un Hank Pym sólido y que además, este es otro gran acierto, recrea muy bien la propia mitología del personaje original de los cómics, la idea del científico torturado. Esa secuencia en la que le explica a su antiguo protegido por qué lo eligió como pupilo y por qué decidió cortar ese vínculo resume en una sola frase esa personalidad de hombre en conflicto. Además el guión sabe cómo sacarle el máximo partido a lo que podríamos denominar el “estilo Michael Douglas”, y su Hank Pym cinematográfico se le ajusta como un guante. Una aportación del nivel de Robert Redford en Capitán América, el soldado de invierno, con la ventaja de que aquí no se trata de un personaje secundario, sino como digo de un principal. 2. Evangeline Lilly no es un mero adorno femenino de rigor, ni un simple complemento de los personajes masculinos. Responde por el contrario al tipo de heroína de la Marvel en el cine, independiente, competente y resolutiva. Tanto que me aventuro a apostar que en esta película asistimos a un equivalente de la Viuda Negra de Scarlett Johansson de cara al futuro. La Hope Van Dyne que nos propone Ant-Man funciona además muy bien en ese conflicto con Hank Pym, sacando el máximo jugo a la buena química que tienen Evangeline Lylly y Michael Douglas en la pantalla (en situación similar la relación de Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones en La máscara del Zorro era más tópica y ofrecía menos desarrollo). 3. Paul Rudd se revela como el actor perfecto para moverse con habilidad entre la comedia y el género superheróico dándole verosimilitud a un personaje en vías de redención que en todo momento se desplaza por el filo de la navaja del tópico pero nunca llega a caer, sino que se mantiene  en perfecto ejercicio de máxima eficacia incluso en las secuencias más difíciles en este tipo de fórmula: las que incluyen a la niña. Rudd se las ingenia para darle el toque de pícaro canallesco a su personaje haciendo un trabajo similar al que el año pasado hiciera Chris Pratt en Guardianes de la galaxia, pero con un estilo propio, menos caricaturesco, incluso menos caricaturesco que el del propio personaje del golfo Scott Lang en los comics. De hecho, creo que el Scott Lang que nos propone Rudd es en algunos aspectos mejor que el de los comics, donde siempre me ha parecido que intentaban hacerle pasar por una simple variante de Masacre, el mercenario bocazas, pero con menos gancho, especialmente en sus primeras aventuras. Rudd y la propia película mantienen las claves esenciales que definen a ese personaje, pero mejorando o limando alguna de sus aristas y dándole una personalidad más sólida que la que luce en las viñetas. Así que lo mejoran. 4. Esa especie de trinidad de personajes formada como una especie de protagonismo tricéfalo por Douglas, Lilly y Rudd, me parecen más interesantes en cuanto al buen juego dramático y narrativo que proporcionan que la Visión, la Bruja Escarlata, Máquina de Guerra o el Halcón en Vengadores: la era de Ultrón. Con esto quiero decir que en mi opinión, con Ant-Man Marvel incorpora una nueva franquicia de peso a su abanico de personajes. 5. El aporte de los personajes secundarios tiene éxito esquivando  los riesgos del tópico al mismo tiempo que cultiva la fórmula, algo que no es nada fácil. En el caso de los tres compinches secundarios chistosos de Scott Lang lo consigue a base de una buena administración del humor, consiguiendo que resulten gente familiar para el espectador en tiempo récord, como si fueran habitantes de una serie de televisión. Son el contrapunto cómico  de la clave de humor que está muy bien administrada en el caso de los personajes principales. En el caso del villano, que ciertamente es lo más cercano al tópico de todo el largometraje, se salva porque tiene a un buen actor a los mandos del personaje, Corey Stoll, del que sin duda los aficionados recordaran su gran trabajo en la primera temporada de la serie House of Cards y lo bien que defendió el papel más protagónico de The Strain, en la que era uno de sus puntos más sólidos. Su trabajo interpretando al antagonista en esta película es similar al de The Strain, sin grandes alardes, sin mucho a lo que agarrarse desde el guión, pero a pesar de todo prestándole una gran solidez y convicción al personaje. En cuanto a los personajes más endebles, la ex y el nuevo compañero sentimental de la ex, más la niña, podrían haber sido un agujero en la línea de flotación de tamaño gigante, pero no. Bobby Cannavale y Judy Greer, e incluso la niña, Abby Ryder Fortson, se ocupan de mantener esos personajes de una pieza, firmes como rocas. 6. El último punto fuerte: las hormigas, la manera en la que visual y narrativamente manejan el elemento de las hormigas, esencial para el personaje, y la historia del pasado de la Avispa, son un perfecto homenaje al cómic original sobre estos personajes, pero además constituyen un homenaje a un clásico del cine de ciencia ficción de los años cincuenta, El increíble hombre menguante, nacido originalmente en la novela del mismo título del maestro de la literatura y el guión del género fantástico Richard Matheson.

Todos estos elementos, más unas serie de guiños, cameos y sorpresas que por supuesto no voy a revelar aquí, aunque sí aviso que hay no una, sino dos escenas postcréditos, una al terminar los primeros créditos “adornados”, y otra al final del todo, después de la última de las letras, hacen de Ant-Man una película que personalmente me ha gustado tanto como Iron Man 1,2 y 3, convenciéndome de que en el futuro, este trío de Ant-Man puede dar mucho juego en el Universo Marvel de cine. Creo que es una buena heredera de Guardianes de la galaxia, aunque juega en otro territorio genérico y argumental disinto. Un gran fichaje.

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Terminator Génesis

Terminator Génesis: un buen retorno, más cerca de las de Cameron que la 4 y mejor que la 3.

Eficaz y competente. Respetuosa con las dos primeras películas de la saga dirigida por James Cameron. Con un Schwarzenegger que sabe sacarle jugo a su propia imagen y a su situación actual como retornado al cine en fase de recuperación del estrellato y regreso a sus personajes de mayor éxito, con una Sarah Connor que está a la altura de las circunstancias y a la que Emilia Clarke, de notable parecido físico con Linda Hamilton, le proporciona al mismo tiempo un buen ejercicio de continuidad con su antecedente de la fase Cameron de la saga y una personalidad propia. Esa es la parte buena, junto con un buen ritmo que la convierte en una buena opción de cine de entretenimiento y evasión. Es capaz además de sembrar todo su recorrido de guiños que hacen homenaje a Terminator y Terminator 2: el juicio final. De hecho, si tuviera que definirla, diría que es una especie de pacto entre ambas películas, no tanto una mezcla, sino exactamente eso: un pacto. Juega con el tono y el despliegue visual de la segunda, rodada en un momento en que Cameron contaba ya con respaldo económico suficiente para mostrar en la pantalla todo aquello que había querido mostrar en la primera, pero al mismo tiempo intenta transmitirle al conjunto del relato un tono similar al que tuvo la primera y más modesta entrega, que para quien esto escribe sigue siendo, cinematográficamente hablando, la mejor de la saga. Lamentablemente en este segundo aspecto, lo rendir cierto homenaje intentando seguir la pista de la primera, es donde falla algo más, porque, y esa es la clave de la sensación agridulce que nos deja este Terminator Génesis, la sorpresa está perdida, la novedad ya no es tal, y aunque no caiga en la repetición aberrante y poco original, lo cierto es que este largometraje padece lo mismo que viene padeciendo todo proyecto que intenta sacar partido de un éxito precedente: en lugar de explorar nuevos aspectos de la historia original, prefiere repetir esa historia original, y cae así antes presa del remake que de la verdadera refundación del relato base. Pongo un ejemplo para que quede más claro: lo que aquí en Terminator Génesis han querido hacer es lo mismo que hizo J.J. Abrams en su reboot de Star Trek, y además con la misma herramienta argumental: viajes en el tiempo. No digo más para no hacer spoiler, que bastante atacada ha sido ya Terminator Génesis por el exceso de información visual y argumental vertido en sus trailers y elementos promocionales como para que venga yo ahora aquí a contar más cosas. Tal y como comentamos Usero y yo en el videocomentario sobre la película que se ha subido a esta misma página a finales de la pasada semana, el peor enemigo de Terminator Génesis ha sido ese excesivo despliegue promocional que ha desnudado completamente de sorpresas el largometraje reventando todos los giros interesantes salvo uno, que por supuesto yo no voy a aclarar ahora aquí, pero en el momento en que se estrene el largometraje será seguramente puntualmente reventado y difundido a los cuatro vientos por los adictos a destripar películas en las redes sociales. Volviendo a la comparativa con la dos película de Star Trek de J.J. Abrams, Terminator Génesis no consigue la misma capacidad para reinventar la mitología y el universo con el que trabaja que consiguieron aquellas, y la clave de ello es que carece totalmente de personalidad propia, de elementos realmente potentes y personales e intransferibles que pudieran defender “su” versión de las cosas. Además, por si eso fuera poco, renuncia a explorar e inventar aspectos propios de ese universo, cosa que sí hacía Abrams en las de Star Trek, y prefiere rendir un excesivo tributo a los precedentes de Cameron. Esa naturaleza de “Cameronadicta” cierra todos los caminos para desarrollarse en plenitud e independencia que necesita para brillar por su cuenta tal y como han brillado plenamente los dos largometrajes de Star Trek dirigidos por Abrams frente a su nutrida colección de precedentes televisivos y cinematográficos, y eso a pesar de que ésta es mucho más nutrida que los antecedentes con los que tiene que lidiar Terminator Génesis. Pongo algunos ejemplos concretos para que quede más claro a qué me refiero. 1: Entre el Kyle Reese de Jay Courtney y la Sarah Connor de Emilia Clarke hay química, pero no llega a desarrollarse plenamente por el camino que debería: guerra de sexos, comedia de diálogo galopante, dimes y diretes, enredo… Lo de estos dos en la película debería haber sido una variante de La fierecilla domada de William Shakespeare, que no en vano en el original es La doma de la furia. La historia original de lo Kyle y Sara en la versión Cameron era una tragedia romántica, un drama en toda regla. Terminator Génesis podría haber explotado ese giro a la comedia que habría encajado además a la perfección con el trabajo que hace Schwarzenegger en toda la película, sin por ello perder la parte más seria de todo el asunto. Ese tono de sarcasmo lo aplicó muy bien J.J. Abrams al personaje de Kirk interpretado por Chris Pine en Star Trek y le funcionó a la perfección. De manera que no estoy inventando nada. Es una estrategia de eficacia probada. Por cierto, canta mucho esa bajada de pantalones por intento de ganar el mayor número de espectadores posibles sometiéndose a las exigencias de la calificación por edades a base de disfrazar la componente sexual entre ambos personajes. La sombra en la pared de ella es un intento torpe y tópico de fabricar un sucedáneo del sexo sin sexo que define muy bien la sociedad de pichaflojas asustadizos en que se está convirtiendo nuestro mundo occidental. El otro problema está en el personaje de John Connor, que me temo ha caído víctima de lo que podríamos denominar “Síndrome Annakin”, por el Annakin Skywalker de los episodios 1, 2 y 3 de Star Wars. El error es el mismo: es alarmante la superficialidad  estulta, simplona y puritana con la que trata el cine norteamericano de evasión conceptos tan serios y argumentalmente jugosos como el bien, el mal y el encuentro del hombre con esa especie de paradigma de la bíblica fruta prohibida del jardín del Edén que es la tecnología.  No duden ni por un momento que toda película que simplifica y aplica visiones y conclusiones maniqueas, estereotipadas y estrechas de miras al sexo, el amor, la moral y la muerte, es floja. Podrá ser más o menos hábil para salir adelante como espectáculo de evasión y entretenimiento, como de hecho ocurre con Terminator Génesis, que como ya he dicho funciona muy bien en esa clave de pasarratos entretenido, pero sentiremos siempre que le falta algo, que no llega a donde podría haber llegado, que le falta fuelle, empuje, que no alcanza del todo la épica de sus precedentes. Sumen eso a lo que podríamos calificar como una tendencia  a ser excesivamente complaciente y tributaria de las dos primeras película de James Cameron y una reticencia a arriesgarse por otros caminos y comprenderán por qué pienso que Terminator Génesis es una buena película, pero en definitiva vuelve a contarnos otra vez la misma historia… Y además tiene el peor final de toda la saga de Terminator, en cine y televisión.

 

Miguel Juan Payán 

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Espías ★★★

Junio 17, 2015

Crítica de la película Espías con Jason Statham, Melissa McCarthy y Jude Law

Espías: divertida sátira de 007 y buen pasatiempo de evasión para el verano. Risas seguras. Vehículo claramente concebido para el lucimiento cómico de Melissa McCarthy que además está bien respaldada por Jason Statham en un papel de autoparodia con momentos desternillantes que sacan el jugo hasta las últimas consecuencias a su imagen cinematográfica como tipo duro del cine de acción. La asociación de estos dos actores en principio tan distintos y distantes es lo mejor de esta película que trabajándose la fórmula de Loca academia de policía o Superagente 86, es una sátira más lúcida de lo que podría pensarse en principio por su naturaleza disparatada sobre las frustraciones de la mujer que intenta abrirse paso en un mundo laboral dominado por hombres. De manera que en su superficie es una gamberrada bien trabajada para sacarle al personal algunas risas por la vía de la parodia, pero si uno rasca un poco más se encuentra una crítica a cómo camufla el audiovisual los roles sexuales más tradicionales en el cine de acción. En ese sentido es curioso cómo se acerca al tono –salvando todas las distancias y las obvias diferencias de presupuesto-, de la comedia de James Cameron sobre el cine de espionaje Mentiras arriesgadas, pero desde un punto de vista que la sitúa en las antípodas de aquella otra (nunca me expliqué cómo James Cameron, el director que le había dado tanta cancha a las féminas en su cine, haciendo de películas como Terminator, Terminator II, Aliens el regreso o The Abyss, motores de la instalación en la era blockbuster de las féminas guerreras en el cine de acción, castraba el personaje de Jamie Lee Curtis convirtiéndola en florero de las peripecias de su marido de ficción…).  

Darle la vuelta a la imagen de Statham es sólo uno de los aspectos más divertidos de ese ejercicio de reivindicación de lo que tienen que aguantar las féminas, que se inicia con una caricatura de James Bond eficazmente servida por Jude Law y por unos títulos de crédito que no ofrecen lugar a dudas de por dónde van a ir los tiros. McCarthy encuentra así su papel más divertido y con posibilidades de darle carrete en taquilla, pero con algo más de contenido de lo que suele ser habitual en su filmografía. Statham parece muy relajado cambiando al registro autoparódico. El resto del reparto de secundarios es un buen respaldo para la protagonista, aunque sus apariciones sean tan breves como las de la gran Allison Janney y la de Morena Baccarin (ésta última fichada casi a modo de cameo y poco más).

Obviamente, como suele suceder en toda película de encadenado de gags, unos chistes funcionan mejor que otros, pero en su conjunto me atrevo a decir que me he reído más con Espías que con Superagente 86, por poner un ejemplo. Y que tiene mejor ritmo que aquella. En sus disparates me parece más sólida, no tiene momentos en los que decaiga porque cuando empieza a estancarse entra en funcionamiento el cambio de registro de McCarthy como guardaespaldas del personaje de Rose Byrne, y la combinación de las dos anima el asunto hasta el desenlace, que por otra parte es tan tópico como cabría esperar, pero incluso en esos momentos más obvios consigue seguir sacándole algo al personaje de Statham… hasta la escena postcréditos.

La cosa apunta a posible éxito de taquilla y deja claramente abierta la posibilidad de secuela. Si la ruedan, un consejo para ellos: que saquen más partido al dúo McCarthy-Statham. Aquí no les han dejado volar tanto como podrían, pero pueden ser una pareja ciertamente explosiva.

Resumiendo: entretenida, divertida, con algunos momentos para carcajada.

 

Miguel Juan Payán 

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Poltergeist ★★

Mayo 22, 2015

Crítica de la película Poltergeist (2015)

Remake entretenido, pero no supera al original. Los ochenta pasaron para siempre.

A Poltergeist le falta en su nueva versión tener más gallardía a la hora de plantear su propuesta y arriesgarse más a la hora de apartarse de lo que ya conocemos. En esencia hay poco realmente propio y nuevo salvo lo que mejor funciona, aunque no sea lo mejor aprovechado. Me refiero a ese personaje de investigador de lo paranormal y estrella televisiva que interpreta Jared Harris, y que no obstante no está tan bien aprovechado como podría, aunque le saquen algo de juego por la vía del humor. Empieza como una especie de variante del John Constantine de los comics Hellraiser, y cuando aparece anima la segunda parte de la película. Lástima que no hayan rodado más escenas con él y que le den una resolución al personaje tan chapucera y apresurada, como si tuvieran prisa por quitarse de encima lo más sugerente de este remake que en el resto de sus elementos es bastante anodino, convencional, adicto al tópico, y no obstante todo ello moderadamente eficaz en lo referido a generar cierto nivel de entretenimiento.

No obstante la nueva Poltergeist carece totalmente del poder evocador que tuviera el original, principalmente porque ahora estamos en 2015, y la década de los ochenta nos queda cada vez más lejos. Muchas de las cosas que se hicieron en la misma resultan hoy totalmente superadas por sus herederas. En el caso de esta película por ejemplo encontramos que Poltergeist ha tenido ya su ración de herencia y continuidad por ejemplo en las manos de James Wan en películas como Expediente Warren o en las dos primeras entregas de Insidious. El aporte de estas nuevas aproximaciones al mismo tema, más reciente y mucho más actualizado, deja el remake de Poltergeist desguarnecido de recursos inquietantes si simplemente se limita a reproducir más o menos las distintas fases del original, sin buscar nuevos puntos de vista, aproximaciones visuales o recursos que puedan darle al espectador la sensación de que está viendo algo más que una copia.

Los actores funcionan bien, hacen lo suyo, pero están atados a ese recorrido por lo ya visto, y privados de la posibilidad de sorprendernos que tuviera, con un toque spielbergiano muy marcado, la película ochentera. En el intento por replicar aquella y al mismo tiempo dotarla visualmente con pertrechos del cine de terror actual, la nueva versión de Poltergeist se queda en tierra de nadie, deslavazada y un tanto desnaturalizada, y no consigue reunir momentos realmente inquietantes que sí estaban presentes en la versión anterior.

Desde un punto de vista de aficionado, lo más interesante está en ver cómo han orientado la parte de espectáculo grotesco y tenebroso con algunas buenas ideas que mejoran la película original. Me refiero a la manera de resolver visualmente la secuencia del viaje al otro lado, el mundo de los muertos mal enterrados, que queda unido al nuestro por la cuerda. Es un punto fuerte haber potenciado esa manera de crear un espectáculo de lo grotesco y lo atroz sin caer en el alarde pirotécnico que lucía la película original, muy tocada por el “estilo de lucecitas made in Spielberg ochentero”. Lo que ocurre es que ese otro mundo les ha quedado tan curioso que uno se queda con ganas de que le saquen más partido, especialmente teniendo en cuenta que en lo referido a metraje la película no pasa de los noventa minutos, así que se podría haber permitido una mejor explotación de esa parte asociada a una más amplia parcela de protagonismo para el personaje de Jared Harris, del que no es exagerado mencionar que su participación y trabajo en la crisis, así como su resolución final en la misma es notablemente abrupta y, visto el fragmento post-créditos, incluso algo confusa.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Mad Max: Furia en la carretera

Mad Max furia en la carretera recupera y supera todo lo bueno de Mad Max el guerrero de la carretera. La mejor entrega de la franquicia.

Dos horas de persecuciones imparables y plenas de imaginación. Hemos tenido que esperar unos cuantos años, pero la espera ha merecido la pena: finalmente tenemos en la cartelera una digna heredera de la mejor película de la saga del loco Max, y descartando fatuos y oportunistas arrebatos de nostalgia ochentera que ademas cada vez me parecen más fruto del postureo generacional friqui, lo cierto es que teniendo las más mínimas dosis de sentido común no creo que nadie pueda discutirle a e este trepidante, espectacular y muy oportuno ejercicio de puesta al día de la franquicia cualidades que mejoran la película que toma como referencia principal, la segunda de la trilogía original, aunque en algunos momentos hace guiños a la primera, con ese antagonista de la misma tuneado para la ocasión, e incluso a la tercera, ese fallido ejercicio de lo que pudo ser y no fue, o de lo que solo era realmente Mad Max en su primera parte. Ya el hecho de que Miller haya ido directamente a buscar referente estético y argumetal en la segunda de Mad Max es toda una declaración de principios y hasta una disculpa por lo que hizo en la tercera. Rectificar es de sabios. Pero es que además, con te comentado al principio, creo que mejora algunos aspectos de aquella película. La segunda de Mad Max siempre me ha parecido casi perfecta en su astuto ejercicio de renovación de las claves del western y cruce de las mismas con la ciencia ficción de tono apocalíptico, pero era muy parca en su anécdota argumental. Lo positivo de eso es que te quedaban ganas de ver más. Y ese "más" está ahora en Mad Max furia en la carretera. De hecho ese "más" tiene nombre propio: Charlize Theron. Como digo siempre, cualquier cosa es mejor con mujeres. Y cuanto más completas y resolutivas por sí mismas sean dichas mujeres, mucho más divertido todo. Theron ya por sí misma demuestra aquí, otra vez, que se basta ella solitario para sostener lo que haga falta en una pantalla grande que ademas George Miller agiganta con su peculiar estilo de entender y filmar el cine de acción. Más claro: a mí Theron ya me vale ella solita como variante femenina de Max Rockatansky. Además mis ojos disfrutan más, no voy a negarlo. Por otra parte su personaje introduce en la trama nuevas claves que ampliando el arco de posibilidades dramáticas. Para que quede todavía más claro, George Miller ha hecho aquí lo que quiso hacer y no supo o no pudo hacer Sam Raimi con Sharon Stone y el espagueti western en Rápida y mortal (1995). La diferencia es que Miller trata a Theron y su personaje con más respeto y le da más sentido y contenido que el que le proporcionó Raimi a Stone, que a pesar de las apariencias en esa película era sólo una cáscara decorativa en una trama eminentemente masculina que se repartieron Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo Di Caprio.

Y así llegamos al otro punto fuerte de Mad Max furia en la carretera: Tom Hardy. Si había alguien capaz de estar a la altura de Mel Gibson en las originales era él. Este tipo es una máquina. Intenten ver la película en versión original porque la voz de este actor es única. Si hace un tiempo me hubieran preguntado quien podría heredar el personaje de Max Rockatansky de manera competente habría dicho que Russell Crowe, pero hoy sin duda es mejor Hardy, que con todos mis respetos para el de Gladiator me parece un actor mas completo, capaz de ir más a fondo con el personaje incluso en un vehículo de acción trepidante como el que nos ocupa. Creo que Hardy aporta a Max más matices y una personalidad diferente de la que propusiera Gibson. Hardy no se limita a tunear a Max para a actualizarlo y darle algún toquecillo personal. Hace mucho más. Hace que el personaje crezca, y sin faltar al respeto o renegar de su precedente, algo que no es nada fácil, especialmente teniendo en cuenta que dicha precedente es un icono de la cultura popular. Afirman los rumores que Hardy quiere interpretar al Castigador de la Marvel, y después deber Mad Max furia en la carretera no se me ocurre mejor actor para darle a ese personaje todo lo que merece en la pantalla grande, todo lo que hasta ahora no han conseguido darle ni Dolph Lundgren, ni Thomas Jane, ni Ray Stevenson.

El tercer punto a favor de MadMax furia en la carretera es su capacidad para hacer la evolución desde la personalidad más cercana a la serie b de las dos primeras películas de la trilogía original hasta el producto de era blockbuster que ahora se presenta en la cartelera. Esa evolución quedó fatalmente truncada en Mad Max III porque Miller hizo una serie de concesiones de cara a la galería que desvirtuaban el espíritu de las dos primeras películas, pero en Mad Max furia en la carretera ha sabido gestionar mucho mejor esa evolución hacia lo comercial sin perder por el camino todo lo que perdió en Mad Max III, y además nos propone algo distinto, más sólido y coherente.

Quiero ver más entregas de esta franquicia, y con eso creo que ya está dicho todo. El tope son cinco estrellas pero por diversión y entretenimiento sólido y coherente merece seis.

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Fast and Furious 7

Más espectacular que las anteriores, pero también más floja de ritmo y repetitiva.

La última entrega de la saga de Fast and Furious parece empeñada en superarse a sí misma y a sus antecesoras en un reto que la lleva a apuntarse algunos tantos a favor y algunos  tantos en contra.

A favor tiene una sucesión de secuencias de acción que consiguen darle una nueva dimensión al término “espectacular” en la saga. No hay opción alguna para aburrirse viendo la película porque es un encadenado de secuencias de acción empeñadas en redefinir el término de “más difícil todavía”. El propio guión de la película bromea sobre ello con esa secuencia en la que O´Conner (Paul Walker) le dice a su hijo que los coches no vuelan . Es un anticipo de los alardes visuales y la suspensión de la credibilidad que nos espera en el resto del relato.

A favor tiene igualmente las peleas cuerpo a cuerpo, que son mejores que las de la película anterior. Fast and Furious 7 saca más partido a la contribución en las secuencias de puñetazo y patada del protagonista de Ong Bak, Tony Jaa, y de la aportación de Ronda Rousey, que en mi opinión está mejor explotada en pantalla que la que hiciera en la película anterior Gina Carano. Eso lo han cuidado más. Y nadie podrá ponerle pegas al plato fuerte de esta entrega, que navega a medio camino entre una de Misión imposible y otra de James Bond, con toque al estilo de Los Mercenarios.  Tal y como era totalmente previsible, la acción es el mejor elemento de esta séptima entrega, capaz de ganarse al público incondicional de la saga, desde la primera pelea de Statham con uno de los integrantes de la misma hasta la última.

Sin embargo es significativo que Jason Statham sea el personaje más interesante de esta séptima película, en su papel como villano incuestionable, amenaza temible que es algo repetitiva en sus recursos (me refiero a que sus enfrentamientos con la familia Toretto acaban siempre con un algo repetitivo ¡¡¡ Kabooom !!!, la explosión como  medio expresivo algo reiterativo en esta entrega). Creo que el personaje de Statham merecía más tiempo de metraje y más imaginación en sus duelos con la banda Toretto. No obstante lo cual, Statham es, a mi parecer, lo mejor de esta séptima película, que ayuda a arrancar con ese principio al estilo de Transporter, macarruzo y perdonavidas, que encaja a la perfección en el “Mundo Toretto” y presta un buen juego en este momento clave de la serie en el que ésta debe empezar a buscar nuevos recursos para mantener el aliento ante el lógico agotamiento de sus claves primordiales.

Pero como digo resulta significativo que Statham sea el elemento más interesante de esta nueva entrega. Afirmando eso quiero decir que se percibe un lógico pero no por ello menos llamativo agotamiento de los personajes y situaciones habituales de la saga Fast and Furious, cuyos responsables afirman no obstante que están pensando en hacer de esta película el arranque de una nueva trilogía. Ese  agotamiento se hace notar especialmente en el intento por dotar al guión de diálogos. Si en lo referido a la acción la película cumple sin problemas, en lo referido a los diálogos y las subtramas, Fast and Furious hace aguas por varios orificios en su línea de flotación. Para empezar su guión es flojo, la incorporación del personaje de Kurt Russell no está a la altura del mismo tipo de fórmula de asociación de estrellas que aplica por ejemplo la saga de Los Mercenarios. Por otra parte la subtrama de pérdida de memoria y enlace sentimental conToretto del personaje de Lety suena muy falsa, es muy “love story made in polígoneros”, y no se la cree nadie. Está metida con calzador y mal resuelta con unos flashbacks que no encajan in en tono ni en nada con el tono y el ritmo del resto de la película. Ocurre lo mismo con esas escenas hogareñas de O´Conner y su “churri”. Absolutamente intratables. La saga de Fast and Furious siempre ha hecho aguas por esa parte de “yo no tengo amigos, tengo familia”, que pregona el personaje de Toretto interpretado por Vin Diesel y que no se cree nadie que no esté hasta arriba de psicotrópicos. De hecho, sospecho que ese tipo de consigna sólo es digerible junto con un camión de pastillas de éxtasis asociado a esa música de la banda sonora que no deja de recordarme la banda sonora de los programas más cutres de “reality show” de la cadena televisiva Tele 5. El rollete “familiar” que se traen estos prójimos nunca ha colado, y aquí ver a O´Conner peleándose con un monovolumen o aguantar esa escena de boda metida con calzador en un flashback digno de culebrón televisivo es particularmente hiriente. Testimonia esa falsa premisa de “tipos duros pero familiares” que es el peor lastre de la saga. Lástima que no le hayan echado más narices al asunto y resulte que estos tipos son realmente gente fuera de la ley, y no forajidos domesticados que trabajan para el gobierno y quieren formar familias, o lo que es lo mismo, “malotes” de postal adictos al postureo. Hay mucho postureo visual en toda la película, y aunque nos resulta entretenido y por tanto lo acepto con gusto para pasar el rato, no deja de resultar crispante esa ambigüedad en algunos momentos. Para que quede más claro recomiendo repaso al artículo de antecedentes e influencias de la saga de Fast and Furious que he publicado en la edición en papel de la revista Acción, que puede revelar mejor a qué me refiero cuando aludo a esa contradicción y esa ambigüedad en la saga que nos ocupa. En teoría nos vende un relato de forajidos pero nos los domestican cada vez más (esas escenitas playeras finales, esos rayitos de sol con niño correteando entre la arena con sus papás, esa boda digna de “chonilandia”…).

Total, que la película es espectacular y entretenida, pero empieza a fallar de ritmo después del encuentro con Statham comiendo y sacándole la anilla a una granada, que la acumulación de secuencias de acción se hace algo agotadora,  y que si alguien quiere tener todavía más claro a qué me refiero puede mirarse la manera de tratar un guión plagado de acción, personajes y más acción en Los Vengadores o Capitán América: el soldado de invierno para comprobar que sólo con acumular secuencias de acción espectaculares no se mantiene un buen ritmo o un buen pulso de la acción en una película… de acción.

Miguel Juan Payán

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Focus ★★★

Marzo 30, 2015

Crítica de la película Focus

Entretenida película donde destaca Margot Robbie.

La actriz ha venido para quedarse. Nos robó el corazón en El Lobo de Wall Street junto a Leonardo DiCaprio y aquí resulta al final lo más refrescante y memorable de la película, gracias no sólo a su atractivo animal (la cámara la adora y con ella el público) sino también a ese desparpajo que tiene que le da una naturalidad a todo lo que hace y que, en esta película, aumenta el interés de la misma por su sola presencia. No quiere eso decir que su compañero y protagonista, Will Smith, quede eclipsado o sea borrado por ella (aunque a veces así sea…), simplemente la presencia de Robbie es refrescante. Más que la trama de estafadores y timadores de la película.

Una trama que comienza en Nueva Orleans con un grupo muy habilidoso de carteristas, y que nos lleva hasta Buenos Aires, con un timador veterano que intenta enseñar los trucos del oficio a una novata con mucho potencial. Desde ahí los robos y los engaños se multiplican en ambas ciudades, aunque el problema es que tras el final en Nueva Orleans, la trama se estanca durante gran parte del relato hasta llegar a la gran traca final. Es una pena porque el inicio y su humor, los robos y, sobre todo, lo del partido de fútbol, son realmente ingeniosos, divertidos y enganchan, por cómo consiguen atraparte pensando que sabes lo que va a suceder. Y sin embargo la segunda parte de la película, más centrada en lo romántico por partes, es mucho menos interesante y divertida.

Chappie ★★★

Marzo 09, 2015

Crítica de la película Chappie de Neill Blomkamp

Entretenida pero fallida muestra de ciencia ficción y acción. El director de Elysium y Distrito 9 regresa a la gran pantalla antes de ponerse a los mandos de la quinta entrega de Alien, para traernos una película que es la más floja de las que ha dirigido hasta el momento, pero que tiene sin duda momentos interesantes y nunca llega a aburrir. Entretiene, consigue interesar al espectador y, durante su primera parte, consigue intrigarnos por cómo y hacia dónde se dirige la historia, sobre todo gracias al robot protagonista y sus cuidadores, dos personajes que parecen sacados de una historia ciber punk y que son de lo mejor de la película. Una historia que pretende hacernos reflexionar sobre el alma humana, qué es lo que la define y qué define la vida.

A través de su protagonista, un robot muy particular, en un futuro cercano en el que en la capital de Sudáfrica empiezan a usarse robots policía con excelentes resultados. Pero su creador quiere más. Quiere crear vida. Y lo consigue con Chappie sin ser consciente de que un compañero de trabajo que quiere que su propio robot se contratado por la policía. A eso hay que sumar que Chappie acaba en manos de unos indeseables que se convierten en su familia, buscando beneficiarse del robot que es como un niño… El resultado de la trama es una mezcla entre Cortocircuito y Robocop, algo que se ha mencionado muchas veces ya. No las suficientes, en serio.

Porque hay momentos en los que la película copia literalmente ideas, tramas o escenas de las dos películas antes mencionadas (el robot de Jackman, cómo se comporta Chappie, el ataque de los chavales al ser abandonado, la batería, la batalla en el edificio abandonado…) y uno lo recuerda continuamente. Hay un buen trabajo del reparto, aunque los personajes no estén todo lo desarrollados que deberían, Hugh Jackman, Dev Patel y Sigourney Weaver (que sale menos de lo deseado) hacen virguerías con sus personajes. Y en versión original Sharlto Copley da vida a Chappie de una forma en la que es difícil no acabar encandilado por el personaje. Similar a lo que hace Andy Serkis por César en el Planeta de los Simios.

Así que para combatir la falta de originalidad la trama tiene ritmo, humor, guiños y entretiene todo el tiempo, nos mueve, nos interesa, nos divierte. Pero claro, llega la media hora final y las lagunas de guión se convierten en mares donde la historia, pese a la acción salvaje y trepidante, se hunde por completo. El tema de la batería, el plan del villano, lo de la herida de bala y la solución… Están forzadas para llegar al final que el director quiere. No son naturales. Suceden porque sí, y punto, pese a no tener ningún sentido, lógica o coherencia… Ese es el mayor problema de la película, esos 30 últimos minutos que quitan lustre y la alejan de las dos pelis anteriores de Blomkamp, con las que comparte ese estilo visual único, esa personalidad y ese tipo de ciencia ficción realista, cercana, plausible. Lástima que no sepa redondear la propuesta.

Jesús Usero

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