A la venta en quioscos

A la venta en quioscos

También podéis ojear la revista, incluso desde desde dispositivos móviles:

o bien pinchad aqui para verla a pantalla completa

Síguenos en

Crítica de la película El mensajero.

Interesante historia de padre coraje al estilo americano con un buen reparto bien aprovechado.

Dwayne Johnson no es aquí La Roca, el personaje que creó en su etapa como estrella de la WWE y luego arrastró al cine con sus trabajos en La momia 2, El rey escorpión o más recientemente Fast and Furious. Aquí encontramos al Dwayne Johnson más actor en un papel totalmente distinto del que le conocemos, un personaje que se define por el drama y no por la acción, como demuestra la escena del encuentro con el hijo en la cárcel, una pesadilla para todo padre, que Johnson interpreta con solvencia, sin exceso melodramático, sin adornar el personaje. Las secuencias de acción son demasiado embarulladas, como las de la persecución del hijo del protagonista al principio o la paliza por la noche poco después. Pero el resto de la realización es bastante competente buscando crear estilo propio relacionado con el tema de la película, ese “basado en hechos reales” que queda respaldado por un tratamiento visual de cámara al hombro y pieza televisiva, con la cámara moviéndose entre los personajes en clave reporteril. Lo bueno es que eso lo hace sin renunciar a la naturaleza puramente cinematográfica de la propuesta, como demuestra la secuencia de la charla con el ex convicto en el bar, jugando con el espejo como elemento de ruptura para lo que con otra planificación habría sido una escena más convencional resuelta en plano contra plano. Además después de esa conversación, el personaje de John Bernthal (el Shane de la serie The Walking Dead, que después de dicha serie y este trabajo junto a La Roca está pidiendo a gritos más trabajos en el cine), cobra mayor protagonismo abriendo la trama a ese personaje del mundo criminal que se complementa a la perfección con el trabajo de Dwayne Johnson, prestándole respaldo. De hecho, Bernthal tiene una presencia de actor clásico del cine negro que recuerda a John Garfield.

El reparto se refuerza en sus recursos secundarios con valores seguros entre los que destaca Susan Sarandon como la política ambiciosa, Barry Pepper como el policía antidroga, Benjamin Bratt como el traficante y Melina Kanakeredes, la co-protagonista de CSI: New York, como la preocupada madre. De todos estos elementos sale un equilibrio incluso en las escenas más convencionales que sacan partido a sus actores esquivando así la siempre peligrosa proximidad a planteamientos más propios del telefilme, un territorio en el que este tipo de historias basadas en hechos reales suelen naufragar en el tópico y la repetición melodramática propia de la programación de sobremesa del fin de semana. El reparto y un trabajo de guión y dirección bien orquestado alejan la película de esa posibilidad y la mantienen en un terreno intermedio entre la trama policíaca en clave de cine negro vertiente crook story, representada por el personaje de Bernthal, y la peripecia de padre coraje abnegado que como he dicho constituye una grata sorpresa en la filmografía de Dwayne Johnson y es su trabajo más sólido como actor hasta el momento.

Inspirada en el documental Snitch, que abordaba los sucesos relacionados con esa peripecia del padre coraje interpretado por Johnson para esta reconstrucción en clave de ficción, la película está construida como una sólida y creíble historia de intriga en la que las secuencias de acción no llegan hasta el final, están bien administradas y contribuyen a un buen desenlace de la tensión creciente que las precede. En todo momento podemos vivir la historia de los protagonistas con la sensación de que nos acercamos a esos enfrentamientos violentos al final del camino que tan bien ha dosificado el guionista y el director. En lugar de tirar por el camino más fácil, que habría sido explotar el argumento a modo de punto de partida para montar una fábula de acción más o menso convencional, los responsables de este proyecto han decidido ir por el camino más serio y también el más difícil, planteando una película que sigue los acontecimientos en esa clave de cámara al hombro, cierto es que en algunos planos movida en exceso, algo loca para mi gusto, pero en cualquier caso eficaz para ir desvelando las claves de una historia que también tiene su lado de denuncia, plenamente expresado en esa frase final que antecede a los créditos, sobre las penas aplicadas a distintos delitos en la legislación estadounidense, bastante farisea en estos asuntos. De hecho, lo que cuenta la película es cómo las fuerzas de la ley trasladan la responsabilidad de infiltrarse en las organizaciones criminales para combatir el tráfico de droga a un padre de familia absolutamente ajeno a ese mundo sometiéndolo a un chantaje en toda regla que mediante un truco legal les permite retener a su hijo como rehén hasta que el padre consiga facilitarles una detención que puedan explotar promocionalmente ante la prensa.

Un paisaje temible, pero sin duda real, que hace reflexionar sobre hasta qué punto los Estados Unidos mirados como el país de la libertad están empezando a convertirse en una pesadilla edificada sobre las ruinas de su propia mitificación.

Así pues, además de una buena trama de intriga, un eficaz trabajo de dirección y de interpretación, con alguna que otra grata sorpresa en el reparto (como digo Bernthal pide a gritos papeles protagonistas, esperemos que su físico con nariz de boxeador no le impida alcanzarlos o le deje encasillado en papeles de acción o tipo siniestro, sería un desperdicio de su talento), El mensajero tiene también su buena dosis de denuncia. Su mejor compañía serían títulos como la miniserie española Padre coraje (2002), dirigida por Benito Zambrano con Juan Diego como protagonista.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Resacón 3

Divertida y con algunos momentos desternillantes, pero más floja que las dos anteriores.

El cierre de la trilogía de Resacón en Las Vegas se me antoja agridulce. Por un lado esta tercera entrega sigue teniendo algunos momentos hilarantes que reposan esencialmente en los personajes del señor Chow (Ken Jeong) y Alan (Zach Galifianakis), tiene el chiste de la jirafa y un epílogo totalmente gamberro. Por otro se ha quedado lejos del grado de hilaridad conseguido por el viaje de los protagonistas a Tailandia en la segunda entrega, la mejor de la saga, y privada de la sorpresa y algo más domesticada, tampoco alcanza el nivel de la primera. Es por tanto la entrega más floja de Resacón, lo cual no es óbice para que, comparada con otras comedias que nos llegan a la cartelera, siga siendo mejor que la mayoría de ellas. Lo que ocurre es que no da la talla ante sus dos predecesoras. Pero no debemos olvidar que tanto la 1 como la 2 pertenecían a otra galaxia por comparación con las humoradas del cine americano que llegan a nuestras pantallas.

Dicho de otro modo más claro: que te ríes en casi todo el metraje, pero está algo por debajo de las dos entregas previas. Esa sensación se acentúa por varios aspectos. El primero es que los personajes de Stu (Ed Helms) y Phil (Bradley Cooper) parecen una versión más domesticada de los que conocimos en las dos entregas anteriores. En ellos se refleja cierto agotamiento de la fórmula que no tiene mucho sentido, porque otro aspecto es que la película tiene algunos chistes y elementos que quedan algo desperdiciados. Ejemplos para que quede claro: los perros, que parecen prometer más juego pero quedan sin chiste, el personaje de Melissa McCarthy (su choque de titanes con Galifianakis merecía más desarrollo y más aprovechamiento a golpe de gag), ese mazo rompeparedes, el encuentro de Alan con el niño, que se deriva en momento entrañable cuando debería buscar el disparate, como en la primera entrega), la fiesta de Chow en el hotel de Las Vegas, el asalto a la misma desde la azotea, la persecución por las calles (¿recuerdan la trepidante persecución de puro disparate en la segunda?), John Goodman tampoco está bien explotado, como los personajes del niño y el amiguete heavy invitados a esa charla inicial para convencer a Alan, que están pidiendo a gritos más juego humorístico… Además la película lucha consigo misma, o mejor dicho, con su desternillante gag de la jirafa, un principio prometedor, uno de esos arranques que nunca debes meter al principio de la película a menos que estés seguro de que tienes más munición y mucho más poderosa para poder equilibrar y mantener las carcajadas del público al mismo nivel. Eso no ocurre en esta ocasión. Es lo que me lleva a pensar que en primer lugar la película anda algo falta de ritmo y por otra parte no tiene ni la frescura de la primera ni esa vocación por instalar el caos y el disparate de la que hizo gala en la segunda entrega… al menos hasta llegar a esa píldora final después de un primer arranque de títulos de crédito, un fragmento absolutamente genial, perfectamente a tono con las dos entregas anteriores, del nivel de caos disparatado de la segunda entrega, o lo que es lo mismo: del nivel de la apertura con la jirafa. Se echan además en falta fotos finales, un chiste recurrente en las dos películas anteriores que te hacía salir del cine con una sonrisa de bobo optimista en la boca y la sensación de haber participado realmente en la despedida de soltero como uno más de la Manada de Lobos pringados que protagonizan la saga. Otro tema a tener en cuenta es la reiteración de chistes relacionados con los afectos de Alan por Phil, que son un mecanismo de eco repetitivo de las dos películas anteriores y deberían haber encontrado ya en esta tercera entrega alguna fórmula para sorprendernos algo más o romper en algún gag. Frente a estas carencias hay que decir que, como presagia el arranque carcelario de esta tercera entrega, Kim Jeong se echa sobre las espaldas toda la película y en mi opinión se ha ganado a pulso su propia saga como protagonista absoluto, participando en casi todos los momentos más hilarantes de esta tercera entrega. Jeong sí hace honor a su naturaleza en las dos entregas anteriores y merece tomar las riendas de su propia historia, que promete sería incluso más disparatadas que las entregas de Resacón que conocemos hasta el momento. Se necesita de urgencia un spin off ya mismo para este actor y este personaje, por favor. Lo está pidiendo a gritos y se lo ha ganado a pulso, aunque los guionistas no hayan estado tampoco muy afinados a la hora de sacarle todo el jugo a su volcánica e imprevisible naturaleza como agente del caos. Pero lo cierto es que la película está ya vendida simplemente porque los seguidores de las dos entregas anteriores no creo que puedan pasar sin disfrutar algunos hilarantes momentos de Jeong o perderse el desenlace del gag de la jirafa o ese epílogo que me ha hecho pensar que realmente lo que quiero ver es lo ocurrido con estos personajes que tanto me han hecho reír en estas tres entregas para haber llegado hasta ese disparatado desenlace. Así que incluso con su nivel de hilaridad algo por debajo de las dos anteriores, Resacón 3 me sigue pareciendo una excelente propuesta para ir a echarse unas risas al cine este fin de semana, y tal como está la vida, eso es decir mucho. Las risas están garantizadas. Y aprovecho esta última línea de texto para insistir en mi petición de que el señor Chow tenga su propia película cuanto antes. Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Objetivo la Casa Blanca

Objetivo: la Casa Blanca: pirada de pinza ochentera entretenida y disparatada. Leónidas en la Jungla de Cristal.

Gerard Butler produce y protagoniza esta especie de reciclaje intensivo de la fórmula de Jungla de Cristal con algunos toques de Air Force One dispuesto a mantener el estatus de héroe de acción que consiguió resistiendo en las Termópilas de 300 como Leónidas. El entretenimiento está garantizado, dado que las batallas contra todo pronóstico siempre han sido un argumento infalible para meterle mano a la simplificación del acto heroico en el cine y que el director, Antoine Fuqua, siempre ha sido un tipo competente rodando cine de acción. A los que ven el cine como una prolongación de la filosofía no les hace mucha gracia, pero a quienes pensamos en el cine como el brazo armado de nuestro entretenimiento más irreflexivo y procaz su Asesinos de reemplazo nos parece una pirada de pinza muy conseguida en lo referido a coser la pantalla de tiros y poner la cámara al servicio de lo trepidante; su Día de entrenamiento es una impecable muestra de cine de intriga policial; su Rey Arturo no era Gladiator pero tenía suficiente despliegue épico para mantenernos pegados a la butaca, especialmente teniendo en cuenta que el buen cine de acción épica y espectáculo se murió cuando Sam Peckimpah reventó a tiros el cuartel del General Mapache en el final de Grupo salvaje. Desde ese momentos supremo de muerte en tres tiempos y “si se mueven mátalos”, como diría Pike Bishop (William Holden) en esa obra maestra del maestro del western crepuscular, no nos estamos comiendo más que acción orca y descerebrada con algunos momentos brillantes como los tiroteos del cine asiático patrocinados por la empresa de demolición de John Woo y sus imitadores, los momentos destroyer de Bruce Willis en la saga Jungla de cristal, el anacoreta forzoso de Old Boy dándole gusto al martillo al salir del ascensor, algún que otro mosqueo de Stallone ejerciendo de Rambo, la segunda visita a la comisaría de Schwarzenegger en Terminator, el destrozo del garito de vampiros perpetrado por los hermanos Gecko en Abierto hasta el amanecer, Neo y Trinity haciendo diseño de interiores a tiros en Matrix, la danza de la espada de Uma Thurman en Kill Bill 1, que habría hecho palidecer al mismísimo Syrio Forel, maestro de esgrima de Juego de tronos, y los disparates de videojuego de Jason Statham en la saga de Transporter y la primera entrega de la cachondísima y muy gamberra Crank, que tampoco es precisamente un tratado de filosofía ni lo pretende, aunque como ejercicio de nihilismo hiperactivo y onanista tiene su chispa.

Frente a esos ejemplos, Objetivo: la Casa Blanca le roba la cartera y el guión a Jungla de cristal y tiene sus mejores momentos en un ataque a la Casa Blanca perpetrado por terroristas de Corea del Norte (hay que cambiar de villano de vez en cuando, porque al parecer el terrorismo árabe está ya muy visto en la pantalla grande y como motivación patriótica va perdiendo gas frente a los últimos desvaríos de la geopolítica, lo cual que además argumentalmente la fábula de la película está de rabiosa actualidad). Ignoro, porque todavía no la he visto, lo que habrá hecho Roland Emmerich en su ataque a la Casa Blanca para Asalto al poder (White House Down), que por otra parte tiene muchos puntos en común argumentalmente hablando con Objetivo: la Casa Blanca, pero garantizo que la ensalada de tiros montada por Fuqua en ésta última es notable como espectáculo de caos y destrucción, y en todo lo referido a acción el invento está bien servido.

Lo raro es que a la hora de tomar prestada la fórmula de Jungla de cristal no se hayan percatado del verdadero secreto de su éxito, que no es otro que el sentido del humor y la autoparodia del acto heroico ejemplificados por el personaje de John McClane. Al héroe de esta nueva maniobra de rearme moral estadounidense por la vía del cine de acción le falta el puntito gamberrete que tan bien definía al personaje de Bruce Willis y lo ha mantenido como referente constante en el cine de acción desde finales de los ochenta hasta ahora. Y lo raro es que Butler ha demostrado ser perfectamente capaz de montar en el caballo galopante de la comedia si se lo propone y puede llegar a ser tan gamberro como sea preciso. Con un puntito de la mala leche que se gastaba en el arranque de La cruda realidad podría haber compuesto un nuevo héroe de acción perfecto para esta peripecia que sin embargo se inclina hacia la mitificación de las instituciones estadounidenses por el más transitado camino de comparación de la presidencia con el consulado de la antigua Roma republicana, y ya de paso ajusta cuentas con un pasado ya no tan reciente trazando una línea de puntos visual entre el obelisco atacado y las Torres Gemelas derribadas en el cada vez más remoto 11 de septiembre de 2001, por aquello de mantener en la memoria de los espectadores el reclamo patriótico de la tradición del Día de la Infamia iniciada con el ataque japonés a Pearl Harbor en la mañana del 7 de diciembre de 1941.

La otra pega que hay que ponerle a la película es que no saca el máximo partido a sus secundarios, Morgan Freeman, Radha Mitchell, Angela Bassett, Robert Forster… algo que hizo mucho mejor, por ejemplo con el personaje de Glenn Close, Air Force One.

No obstante es un buen entretenimiento de acción para pasar el rato, con cierto espíritu ochentero.

Recomendación de películas afines: todas las de la saga Jungla de cristal, Air Force One, y en claves de temática, Invasión USA y Domingo negro.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Oblivion

Una propuesta interesante de ciencia ficción, visualmente de calidad pero con menos acción de la prevista en el tráiler.

Imaginen que la secuencia final de El planeta de los simios, con Charlton Heston frente a la Estatua de la Libertad, puede prolongarse durante unos 130 minutos de metraje y tendrán la clave visual que preside Oblivion. Esta nueva incursión de Tom Cruise en el género de ciencia ficción me ha recordado muchos de los elementos que presidieron la clásica e imprescindible trilogía protagonizada por Charlton Heston en este género: El planeta de los simios (1968), El último hombre… vivo (1971) y Soylent Green, cuando el destino nos alcance (1973). Su argumento me ha recordado también las fantasías paranoides de Philip K. Dick que envuelven al personaje protagonista como una especie de manto de incógnitas y revelaciones. Me gusta que esta fábula de ciencia ficción se centre más en los personajes y en sus conflictos personales que en el despliegue de efectos visuales o secuencias de acción trepidante. Tiene momentos de acción y el despliegue del paisaje como protagonista de la historia es espectacular. Tan espectacular que recomiendo a los espectadores que intenten disfrutar de este paseo por las ruinas de la Tierra en la pantalla más grande que les sea posible, para sacarle el máximo de rendimiento. Pero la acción con los temibles drones (¿una reflexión sobre la frialdad asesina de la guerra electrónica y a distancia de las superpotencias frente a enemigos más débiles en lo referido a su industria armamentística?), las persecuciones y los disparos no son la parte más interesante ni abundan tanto en la película como podría deducirse viendo el tráiler. Creo que eso puede despistar a algunos espectadores, así que me merece la pena aclararlo. La ciencia ficción que nos propone Oblivion está lejos de los espectáculos de acción continua. Su espectáculo está en el conflicto entre los personajes y en una reposada exposición de su argumento que se toma su tiempo para ir desvelando las claves del mismo, de manera que el ritmo no es el frenético a que podríamos aspirar si viéramos películas como La guerra de los mundos o Minority Report, protagonizadas también por Tom Cruise.

Lo más interesante de Oblivion es que la odisea del héroe se desarrolle al estilo de esas fábulas de Philip K. Dick en las que el protagonista se va descubriendo a sí mismo a través de su viaje por el ruinoso paisaje futurista que le rodea y las relaciones con las dos co-protagonistas femeninas de la película. La trama que se nos cuenta bien podría ser la versión más adulta y menos trepidante del argumento de Desafío total: nuevamente un operario de nivel medio que se dedica a reparar herramientas averiadas tiene sueños y aspiraciones que no quedan satisfechas con su vida diaria con la cónyuge con la que convive. Los sueños están asociados a otra fémina que es el puente hacia una revelación, quizá onírica o quizá real, sobre la verdadera identidad del héroe y le revelan su papel esencial en un esquema de las cosas de escala muy superior a sus aventuras como reparador de mecanismos defectuosos. Si a todo ello le añaden un planteamiento visual de futurismo en la torre de vigilancia que habita el protagonista junto con su compañera que me ha recordado el de clásicos del género de ciencia ficción como Fahrenheit 451 de François Truffaut, la primera versión de Rollerball dirigida por Norman Jewison, THX 1138 de George Lucas o Solaris de Andrei Tarkovsky, entenderán por qué me parece que debo ponerle cuatro estrellas a esta interesante producción que no obstante tiene algunos puntos débiles que voy a comentar ahora.

El primero es ese final feliz que se impone a la trama y la desvirtúa totalmente, renegando de lo que hemos visto previamente en aproximadamente 120 minutos de proyección. La motivación del héroe es el sacrificio épico en el puente, ante el enemigo, en el momento supremo de su viaje heroico, que ha sido un viaje en el que además se conoce a sí mismo, porque Oblivion incluye unos curiosos elementos de road movie. El héroe se enfrenta a su destino mientras cita la poesía épica de la gesta de Horacio. Pero el final maquillado parece privarle de ese sacrifico. Es un maquillaje cuya torpeza no encaja en el resto del puzle, un cambio innecesario del único desenlace posible para la trama: la muchacha en el césped frente a la casa y el plano del cuadro de la mujer.

El segundo punto débil que destaco es el poco rendimiento que le sacan a los personajes de la resistencia. Morgan Freman está muy bien en su papel, como tiene por costumbre, y junto con Andrea Riseborough en el papel de Victoria, la compañera del protagonista, son lo más sólido del reparto. Pero el personaje de Olga Kurylenko les ha quedado bastante tópico y por otra parte no aprovechan como debieran el personaje interpretado por Nikolaj Coster Waldau, el Matarreyes de la serie Juego de Tronos. En cuanto al trabajo de Tom Cruise tengo que aclarar que en mi opinión es mucho mejor de lo que sus habituales detractores van a permitirse reconocer. Lo cual me lleva de vuelta al comienzo de este artículo, recordando que a Charlton Heston también lo calificaban como inexpresivo en esa trilogía de películas de ciencia ficción que he mencionado, hoy consideradas clásicos del género. Cruise no es uno de mis actores favoritos, pero creo que con este trabajo completa eficazmente su propia trilogía de ciencia ficción, Minority Report, La guerra de los mundos y Oblivion. De las tres, la primera es la más afín y por lo tanto más cómoda para el actor, más cercana al tipo de cine estilo Misión imposible. La segunda es en mi opinión la más floja del trío, un intento fallido. Oblivión sin embargo me parece la más difícil de las tres para el actor, muy alejado en este paisaje de lo que suele ser habitual en su filmografía, y su trabajo me parece bastante convincente.

Finalmente insisto una vez más en que el ritmo de esta película no es el de las fábulas trepidantes de ciencia ficción a que nos tiene acostumbrados el cine más reciente, sino otro muy distinto que debería satisfacer a los aficionados a la literatura de ciencia ficción más que a quienes esperen ver un sucedáneo de Matrix o Las crónicas de Riddick, por poner dos ejemplos que me gustan pero evidentemente juegan en otra liga distinta a la que pertenece Oblivion.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Una bala en la cabeza

Buena alianza de dos grandes del cine de acción, Stallone y Walter Hill.

Walter Hill es una auténtica institución en el cine de acción, con una filmografía que aporta un buen puñado de títulos esenciales para definir el cine de acción de varias décadas, como Forajidos de leyenda, La presa, The Warriors, Limite 48 horas, Calles de fuego, Danko: calor rojo, El último hombre. Si añadimos a ello su faceta como guionista de La huida, de Sam Peckimpah y su papel en la creación de Alien, queda claro que es uno de los pilares del cine americano desde hace varias décadas. Por eso los aficionados al buen cine de acción esperábamos con interés su encuentro con Sylvester Stallone, que en mi opinión da como resultado un sólido largometraje de acción capaz de suscitar cierta nostalgia ochentera y respetar las claves de autoría del cine de Hill al tiempo que le proporciona al actor uno de los personajes más sólidos que ha interpretado en la pantalla.

Los aficionados al cine policíaco encontrarán en Una bala en la cabeza un esquema argumental con el que sin duda podrán reconocer la fórmula aplicada en otras películas de Walter Hill, que fue el encargado de poner de moda las buddy movies, o películas de amiguetes, en el cine de los ochenta con Límite 48 horas, contribuyendo de paso a que Eddie Murphy pudiera poner el primer ladrillo para su estrellato incluso antes de protagonizar Superdetective en Hollywood. Basado en la improbable amistad entre dos tipos muy distintos sometidos a una situación de peligro relacionada con su arriesgada actividad profesional y obligados a aliarse para sobrevivir, una fórmula que Hill extrajo de la filosofía del cine de acción y evasión de Howard Hawks, John Ford, John Sturges o Robert Aldrich (podríamos rastrearla en clásicos como Dos cabalgan juntos, Duelo de titanes O Comando en el mar de China, entre muchas otras), ese planteamiento argumental ha sido aplicado por el director, heredero de todos estos grandes cineastas, en varias ocasiones, por ejemplo en Danko: Calor rojo y regresa, ligeramente actualizado y algo más oscuro y menos festivo que en películas anteriores, para convertirse en el pretexto argumental de Una bala en la cabeza.

La película podría ser definida como un eficaz entretenimiento con una trama argumental sencilla y ligera, poco más que un boceto acomodado a las características de revival nostálgico del cine de evasión producido en la década de los ochenta que grandes figuras de aquellos tiempos como Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone o Bruce Willis han elegido para mantener viva su carrera en su madurez. No es, evidentemente, Los mercenarios, pero los que en su momento disfrutaron del cine de acción protagonizado por Stallone o dirigido por Hill pueden reencontrarse aquí con un esquema que les resultará tremendamente familiar. Por ejemplo a través del personaje del villano, interpretado por Jason Momoa, el Karl Drogo de la serie Juego de tronos y el Conan del largometraje más reciente estrenado sobre el personaje que creara Robert E. Howard. El hombre es un derivado de todos esos otros villanos de la filmografía de Hill, tipos siempre imprevisibles, físicamente hipertrofiados, más siniestros porque uno nunca sabe por dónde le van a salir y en general, como afirma una línea de diálogo, no parecen interesados por el dinero. Físicamente próximo al villano Billy Oso que encarnara Sonny Landham (el indio de Depredador) en Límite 48 horas y psicológicamente tan pirado e individualista como sus villanos más sádicos: el Raven al que diera vida Willem Dafoe en Calles de fuego o el Hickey encarnado por Christopher Walken en El último hombre. De manera que por estos y otros detalles de estilo y planteamiento hagan el favor, señores críticos de alto standing de no negarle las características de autor a Walter Hill por el mero hecho de que el buen hombre tenga como objetivo prioritario contar historias que nos entretengan.

Una bala en la cabeza puede no ser una de las mejores películas del director, pero sigue siendo eficaz como producto de evasión en el seno del cine policíaco, es muy seria en su planteamiento visual, no cae en la trampa tan habitual del cine actual de acción de hinchar el perro para prolongar el metraje innecesariamente, sino que siguiendo la pauta de honestidad que siempre ha aplicado a sus obras Walter Hill va al grano sin inventarse personajes innecesarios ni subtramas totalmente artificiales y ajenas al relato principal.

Lo que sí es, insisto, es una de las mejores películas y uno de los mejores trabajos que nos ha ofrecido Sylvester Stallone en su etapa más reciente como actor. El argumento y el personaje se ajusta como un guante a Stallone para sacarle el máximo partido a su imagen cinematográfica, y los degustadores del buen cine policíaco pueden pasar un muy buen rato con este largometraje.

No obstante echo en falta un mayor desarrollo del personaje del policía asiático que acompaña al protagonista. En lugar de dirigirse a un protagonismo bicefálico que es lo más habitual en la explotación de la buddy movie, Hill ha optado por darle mayor peso en la trama a Stallone sin dejar que su joven compinche de aventuras pueda acercársele o hacerle la menor sombra. Eso obra en contra de una mayor química y tensión dramática entre ambos, al estilo de la que desarrollaron Nick Nolte y Eddie Murphy en Límite 48 horas. Me ocurre otro tanto con el personaje femenino de la tatuadora, al cual creo que le podrían haber sacado mayor partido.

Sin embargo insisto en ponerle cuatro estrellas porque me parece un producto muy sólido en el marco del cine policíaco y además creo necesaria la vuelta de un estilo más reposado y clásico a este tipo de historias que han tirado en los últimos tiempos por el camino de lo trepidante y precisan un urgente retorno a sus fuentes más reposadas y narrativas, sustentadas sobre un guión competente y un buen trabajo de los actores, más que sobre un puñado de secuencias supuestamente espectaculares que por su abuso han acabado por convertirse en repetitivas.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Jack El Cazagigantes

Cine de aventuras y familiar con un punto oscuro y siniestro marca de la casa. Me refiero a la casa de Bryan Singer, uno de esos directores privilegiados que son capaces de adaptarse casi a cualquier género y añadirle gotas de personalidad propia que la hacen destacar sobre otras piezas similares. Películas como las dos de X-Men que dirigió (qué ganas hay de ver la nueva entrega que está rodando), Sospechosos Habituales o incluso trabajos menores dentro de lo que cabe como Valkiria, son ejemplos perfectos. Hasta su despreciado y atacado Superman Returns tenía apuntes visuales interesantes. Quizá el mayor problema de ésta última es que siendo Singer y habiendo firmado las películas de los mutantes de la Marvel, la gente esperaba mucho más de ella. Pero tenía un par de momentos… realmente buenos. Y en el tema de superhéroes nos hemos tragado películas muy inferiores a Superman…

Ahora llega Jack El Cazagigantes, película de aventuras a la antigua usanza, con tema familiar, destinada a todo tipo de edades (más o menos, los más pequeños de la casa puede que se asusten con alguno de los momentos más sombríos o con los gigantes), y de nuevo Singer da muestras de un talento y una capacidad narrativa que convierten cualquier historia en interesante. Aunque sea un tema tan trillado y tantas veces visto como el cuento de Jack y las Habichuelas mágicas, que hasta recientemente ha tenido adaptación en la serie Érase una Vez… con Jorge García dando vida al gigante. Aquí aprovechan para darle una vuelta de tuerca al cuento y convertirlo en un relato épico, divertido, muy entretenido y muy bien narrado, que intenta evitar algunos tópicos o que, cuando cae en ellos, suele tener una solución elegante para los mismos. Vamos, que si cae en un charco se levanta rápido y sigue adelante. Con todas las claves de los cuentos y leyendas tradicionales. Pero con un punto perverso superior al visto, por ejemplo, en Blancanieves (cualquiera de las dos últimas versiones americanas) o en Oz. Y eso se agradece para espectadores adultos. Y también más coherente que la salvaje a ratos (y bastante divertida) Hansel y Gretel.

La clave está en llevar la historia un paso más allá, al menos a nivel argumental y de desarrollo de personajes, con un tercer acto que bien podría (y seguro que con otros lo haría) terminar en el momento en el que se regresa de la tierra de los gigantes como héroes. Pero es ahí donde Singer lleva la historia un paso más allá. Un poquito más lejos, para dejarnos sin aliento durante los últimos veinte minutos de proyección. Dejando claro que aquí no hay muchas novedades en cuanto a la historia. Poniendo por delante que el tema principal sigue siendo la historia del joven Jack que cambia un caballo que tenía que vender, por unas supuestas habichuelas mágicas (aunque los motivos cambien para que, inteligentemente, Jack no parezca un memo. Un tipo algo soñador sí, pero no alguien que se dejan engañar de buenas a primeras… las circunstancias le obligan), esas habichuelas crecen y crean una mata que sube más allá de las nubes, a una tierra de gigantes.

Lo que cambia son los motivos, los medios y las razones. Aquí no hay sólo un gigante, sino toda una raza de ellos (curiosamente todos hombres…), que mantuvieron una guerra con los humanos hasta que apareció una corona mágica que los controlaba. Hay un villano con los rasgos de Stanley Tucci que quiere dominar el reino y pone en marcha la historia. Hay una princesa que se ve atrapada. Y hay un joven aventurero y los caballeros del rey que emprenden una aventura llena de peligros para rescatarla. Y cuando digo peligros me refiero, ante todo, a esos gigantes terribles, terroríficos y violentos, que descabezan de un bocado a cualquier humano que se les ponga a tiro. Que son demasiado evidentes como generados por ordenador (algo no encaja en ellos pese a lo entretenida que es la película) y que tienen un aspecto entre cómico y fiero.

Luego para que la aventura sea más interesante, Singer no nos trae a un reparto de gente muy conocida pero con nula capacidad interpretativa. No hay estrellas en esta película. Hay actores, una selección de talentos del Reino Unido con nombres como Ian McShane, Ewan McGregor, Eddie Marsan y el protagonista, Nicholas Hoult, que vimos en X-Men Primera Generación y que acaba de estrenar allí con bastante éxito Memorias de un Zombie Adolescente. Perfecto protagonista para el tono de la historia y el personaje. Un joven ansioso de aventuras que se encuentra con la mayor de todas y debe enfrentarse al peligro real, no a los cuentos que su padre le contaba de niño. Y ese Stanley Tucci, villano que se lo pasa en grande en la película.

Todo ello nos lleva a un final épico, portentoso y memorable, en una película que apenas ofrece un respiro al espectador y que está llena de humor y buenos momentos. Llena de aventuras, como en los mejores clásicos del género. Y llena de fantasía e imaginación visual. Desde la escalada a la mata gigante, a lo que sucede en tierra de gigantes, pasando por el descenso y lo que sucede abajo mientras rescatan a la princesa… Para concluir con esa batalla final magnífica. No sabía yo que abrir o cerrar una puerta pudiese tener tanta épica.

Le sobra el 3D, sin duda, y es demasiado edulcorada en la relación romántica, como cualquier cuento de hadas. No es perfecta. Pero sí entretenidísima. Y tiene puntos, momentos, pese a la ausencia de sangre, que son chocantes, violentos, oscuros… El villano de la función es… siempre inquietante. Y eso se agradece. Como se agradece el buen rato que nos hace pasar. No va a ganar premios, ni a revolucionar nuestro modo de pensar. Pero es una película de aventuras muy bien construida. Y eso en los tiempos que corren, es motivo para ir a verla al cine.

Jesús Usero

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Parker 

Parker, buena propuesta de cine de tema criminal con Jason Statham en su salsa frente a una J.López tan floja como siempre.

Todo lo referido al personaje de Parker (que le encaja a Jason Statham como un guante hecho a medida), y a la trama criminal que protagoniza, está bien en esta película. Atendiendo a esos elementos es para mí una película de cuatro estrellas. Eso incluye el trabajo de actores de reparto en personajes secundarios, como Michael Chiklis, Nick Nolte y Emma Booth en el papel de Claire, la abnegada novia del protagonista, cuya relación con él queda descrita a la perfección con el mínimo de gestos, diálogo y metraje… Mucho mejor descrita que la relación entre el personaje de Parker y la ansiosa agente de ventas de casas interpretada por Jennifer López, a pesar de que ésta última tiene mucho más tiempo en pantalla e incluso llega a robarle el protagonismo al propio Statham en un momento del relato, concretamente cuando vive esa secuencia de desengaño sentimental que no pega absolutamente nada con el resto de la trama y parece escapada de cualquier otro engendro romanticoide dirigido por el mismo realizador, Taylor Hackford.

Así que lo que tenemos en esta ocasión es más o menos una buena película policíaca basada en el personaje y la novela de Donald E. Westlake (firmando con el seudónimo de Richard Stark)… y por otro lado otro de los engendros que nos caen encima cada vez que la López decide ejercer como actriz, circunstancia cada vez más lamentable. Quien lo dude que repase esa escena con Statham en la terraza en la que la co-protagonista descubre que el objetivo de Parker es cargarse a los tipos que le robaron su botín: ese gesto de asombro impostado propio de un anuncio de champú que parece decir “Oh my goooodd, umbelievable!!!”

López no es buena actriz. Nunca lo ha sido. Y en esta película tan buena en todo lo demás, esto es, en todo lo referido a la historia policíaca, que recomiendo sin dudar, la cantante da la nota discordante que casi (he dicho casi, no se alarmen) se carga la credibilidad de toda la propuesta.

Comienza el asunto muy bien, con un golpe criminal al estilo de La huida, de Sam Peckimpah, luego la traición, la fuga, el comienzo del ajuste de cuentas de Parker (un elemento esencial en los relatos protagonizados por este personaje)… Y todo va como la seda. Statham está tremendamente cómodo con el personaje y sabe cómo darle vidilla con su propio estilo, manteniéndose al nivel de otros grandes que lo han interpretado previamente, como Lee Marvin, Robert Duvall, Mel Gibson…

No hay nada que criticarle a la película en lo referido a esa faceta, la más interesante de su argumento. Tiene buenos diálogos, secuencias de acción competentes, intriga bien planteada… En serio, recomiendo la película por toda esa parte y ya les digo que merece la pena que se gasten los cuartos en verla.

Lo que ocurre es que no acierto a explicarme por qué disparatado razonamiento llegaron los artífices del invento a empeñarse en: a/ que López interpretara a la protagonista femenina; b/ que la trama de soledad sentimental y caza de maromo de dicho personaje femenino le restara metraje a la trama criminal propiamente dicha, rompiendo el ritmo de la narración que iba muy bien hasta ese momento (concretamente hasta que aparece el personaje de López, el policía que le tira los tejos, la mamá adicta a los culebrones y el perrito abominable y llorón), y c/ que para captar al público femenino tuvieran que meternos esa morcilla estilo comedia romántica en la línea de las abominaciones que suelen interpretar Jennifer Aniston y la López cada vez que algún temerario decide ponerlas delante de una cámara.

Insisto: toda la trama de la López, el asunto de comedia romántica, no aporta absolutamente nada a una historia policíaca muy bien planteada y que saldría ganando en calidad prescindiendo de todo lo relacionado con lo que podríamos denominar el “mundoLópez”. Además estoy seguro de que en manos de otra actriz ese personaje femenino quedaría mucho más convincente. Como ejemplo les propongo una mezcla similar manejada con mejores resultados en Jack Reacher. Y por si alguien quiere ponerse todavía más exquisito, les propongo que recuerden la magistral forma de incorporar las tramas románticas a dos clásicos cercanos a esta propuesta, Bullit y La huida. La relación entre el policía interpretado por Steve McQueen y la arquitecta encarnada por Jacqueline Bisset en la primera es una de las más elegantes y sutiles historias de amor del cine policíaco. La relación entre el personaje interpretado por McQueen y la esposa de éste ex convicto interpretada por Ali MacGraw en la segunda es una de las más bellas historias de amor del cine de temática criminal. Por eso pienso que había materia prima en el encuentro entre este nuevo Parker interpretado por Statham y el personaje femenino interpretado por López. Pero la cantante se carga el invento con su exceso gestualizante y su torpe manoteo dramático. No es algo nuevo en su filmografía, ya le pasó algo parecido en Un romance muy peligroso, pero en aquella Steven Soderbergh consiguió atarla más en corto de lo que la ata en Parker Taylor Hackford. Hackford no es mal director, pero es igualmente propenso a perderse en la mezcla de los géneros de sus películas, y pongo otro ejemplo para que quede más claro: Prueba de vida sería mucho más interesante y equilibrada si no hubiera metido en la trama con calzador una poco creíble relación sentimental entre el personaje del negociador-rescatador interpretado por Russell Crowe y la esposa del rehén, encarnada por Meg Ryan. No le salen las mezclas de géneros a Taylor Hackford. O al menos no le salen tan competentes como al resto de los directores y películas citados. Por cierto, reparen en que el en fondo nos encontramos en universos narrativos muy cercanos, pues la mayoría de las películas que menciono son adaptaciones de novelas de Jim Thompson, Elmore Leonard y Richard Stark, que operan en una onda muy cercana de relato criminal.

Resumiendo: insisto en que la película es totalmente recomendable por lo referido a su trama criminal, que además ocupa aproximadamente el 80 por ciento de su metraje. Así que toleren como mejor puedan el 20 por ciento restante dedicado a los aspavientos de la señora López, a quien muchos le agradeceríamos que prosiguiera con su brillante carrera musical y se tomara un largo descanso en el cine. Sin ella esta película sería de cuatro estrellas. Con ella y por su culpa se queda en tres estrellas y media.

Así que vayan a verla. El Parker de Statham lo merece, aunque la López no lo merezca.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Hansel y Gretel cazadores de brujas

Entretenida revisión de los cuentos de brujas en clave de comedia de acción.

Los cuentos infantiles siempre están ahí, agazapados por alguna esquina de los argumentos universales del cine, con sus facetas más imaginativas y siniestras. Está demostrado que quien mejor sabe lidiar con ellos es Guillermo del Toro, ya sea desde el punto de vista de la dirección o de la producción (de hecho, Mamá empieza como una variante del molde argumental de Hansel y Gretel, sin ir más lejos, aunque luego evolucione por otro camino), pero lo cierto es que el cine de los últimos años nos proporciona numerosa revisiones de los cuentos más significativos de nuestra infancia, intentando acoplarlos a los intereses e inquietudes del público adolescente actual.

Hansel y Gretel va por ese camino, pero como no podía ser de otro modo estando dirigida por Tommy Wirkola, realizador de la genéricamente irreverente Zombis nazis, se desarrolla en una clave de satírica que la instala muy cerca de la comedia de acción. Esa parte de sátira, esas pinceladas de humor (los dibujos de los niños desaparecidos en el bosque en las botellas de leche), esa capacidad para revisitar los tópicos de este tipo de historias y leyendas dándoles un aire más moderno, es la mejor baza con que cuenta la película para mostrar alguna personalidad en la pantalla. Lástima que no hayan elegido tomarse todavía menos en serio y jugar con más libertad con el disparate, asumo que siguiendo la pauta marcada por el estudio de que en definitiva la acción debía ser la parte más importante del producto.

Porque la película es eso: un producto de evasión, y no pasa nada por ello. Es entretenida, tiene algunos golpes de humor que funcionan, y hay acción. Además tanto Jeremy Renner como Gemma Arterton, plenamente conscientes de que han sido fichados más como maniquíes de acción que como actores propiamente dichos, realizan un trabajo tan convincente en su faceta como protagonistas como el que lleva a cabo en su papel como antagonista Famke Janssen, con la que se confirma la tendencia más reciente de poner en el papel de villana a brujas mucho más seductoras y atractivas que las propias protagonistas, marcada por Julia Roberts en Blancanieves, espejo, espejo y por Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador, y confirmada por el papel de Rachel Weisz en Oz, un mundo de fantasía.

No hay pegas que sacarle a la propuesta desde ese punto de vista.

El problema es que quizá a estas alturas se le puede exigir más a este tipo de planteamientos de revisión de los cuentos clásicos. No soy precisamente un seguidor de la nueva ola de películas y series que adaptan los cuentos infantiles, quizá porque recuerdo como ejemplos mejores de tal ejercicio narrativo películas como En compañía de lobos, de Neil Jordan, y al compararlas con las fallidas El secreto de los hermanos Grimm o Caperucita Roja ¿A quién tienes miedo? comprenderán ustedes que no me sienta particularmente entusiasta.

De este nuevo intento de Wirkola esperaba o más gamberrismo desatado en clave de comedia disparatada, algo realmente poco probable tratándose de producción de gran estudio, las cosas como son, ni siquiera culpo al director, o bien una acción trepidante capaz de reescribir las claves del clásico con un tono épico que en Blancanieves y la leyenda del cazador sólo se asomó esporádicamente.

No hay nada de ello en Hansel y Gretel, que tiene una buena presentación, pero en el momento en que empieza a desarrollar su segundo acto parece conformarse en exceso con lo mínimo exigible y aún entreteniendo no consiguió emocionarme o sorprenderme. Después del encuentro de Hansel Renner con la bruja blanca en el lago, una trama romántica metida apresuradamente en el relato y con calzador, el argumento entra en el territorio de lo previsible, desperdicia el personaje del troll, y camina con paso apresurado hacia una conclusión que se me antoja prematura. Creo que es una buena idea el tema del aquelarre de brujas, pero no está del todo bien aprovechada como escena final de desenlace, especialmente si la comparamos con el desparrame de vísceras que organiza el amigo Wirkola en Zombis nazis. Inevitablemente más controlado por una producción de carácter más comercial y de gran estudio, llega hasta el límite de donde le permiten los usos y costumbres de Hollywood, lo cual le condena a no sacar el máximo partido a una escena que para funcionar debería haber sido, como mínimo, algo parecido a un final estilo Grupo salvaje en versión aquelarre y cazadores de brujas. Ese desenlace, aun siendo entretenido, llega demasiado pronto y no acaba de ser el acto final potente del drama que debería ser. Curiosamente incluso el epílogo en las arenas del desierto consigue ser más sugerente y hasta hizo que me apeteciera ver alguna entrega más libre, flexible e imaginativa de las aventuras de los hermanos cazadores de brujas y su nuevo equipo de auxiliares.

Creo que eso ocurre porque en el metraje falta un despliegue algo más amplio de narración en la segunda mitad del segundo acto, le falta algo más de metraje.

Verán ustedes, le pongo tres estrellas porque me parece muy entretenida, pero creo que a este tipo de producto debemos exigirle, como mínimo, que nos resulte además tan divertido como, por poner dos ejemplos, La momia 1 y La momia 2. O en otra línea de trabajo, algo del estilo de Sleepy Hollow.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película El último desafío.

Arnold Schwarzenegger regresa a la acción con una potente propuesta en clave de western moderno

Lo primero que se me vino a la memoria cuando empecé a ver El último desafío fueron las películas del oeste que protagonizó John Wayne en la última etapa de su carrera, títulos como Los indestructibles, Chisum, La soga de la horca o Ladrones de trenes, en las cuales el veterano astro del cine de acción explotaba su imagen como icono del género en historias argumentalmente muy sencillas, pero con una clara competencia para entretener. El último desafío copia esa fórmula de las películas de la última época de John Wayne con el esquema de Río Bravo pero el espíritu del remake de ésta, El Dorado. Schwarzenegger ocupa aquí, salvando las distancias, el lugar de epicentro de la trama que ocupara en aquellas Wayne, sosteniendo su personaje con su sola presencia, con la veteranía que da la carrera que tiene a sus espaldas, capaz de garantizar que algunas de sus escenas funcionan simplemente porque él es quien es, y seguramente no funcionarían en manos de otro actor con menor carga de popularidad.

Forma también parte de esta fórmula que vimos en las últimas películas de John Wayne rodear al astro icónico que un competente reparto de actores que sustenten a los personajes secundarios envolviendo e incluso arropando al actor principal. En dicha función encontramos a otro veterano como Forrest Withaker, que aporta todo su talento al sencillo esquema argumental otorgándole mayor solidez desde el punto de vista interpretativo junto con el trabajo como villano étnico al que el español Eduardo Noriega consigue llevar más allá del carácter tópico con el que ha sido concebido inicialmente. Habrá quien mirando esta película desde la superficie, con prejuicio por tratarse del retorno del hiperactivo Schwarzgenegger a los papeles protagonistas en el cine se precipite en sus conclusiones y no valore como debiera el notable trabajo de construcción de personajes secundarios realizado por ese reparto, que sin duda aporta calidad al producto final. Junto a los citados hasta el momento encontramos en papeles de reparto a Jamie Alexander, actriz cuya carrera debería ir en ascenso y que esperamos tenga mayor papel en la segunda entrega de Thor, Peter Stormare en un papel de villano característico al que presta unos matices que sólo son posibles en actores de su experiencia, Luis Guzmán, Rodrido Santoro, Johnny Knoxville, Zach Gilford o Génesis Rodríguez, habitan con una personalidad muy especial sus aportaciones al relato, hasta conseguir que sea algo más que el simple reencuentro de Schwarzenegger con su público incondicional apretando el gatillo en un retorno con su punto de nostalgia por el cine de los ochenta, aunque en algunos momentos pueda parecer que estamos viendo una secuela de Commando en la que el protagonista ha conseguido reciclarse como sheriff de un pequeño pueblo norteamericano.

El otro elemento a tener en cuenta es la personalidad del directo encargado de orquestar visualmente este retorno de Arnold Schwarzenegger. Kim Jee-Won es una excelente elección para que El último desafío adquiera entidad propia como película de acción más allá de su naturaleza como proyecto concebido para el lucimiento de su protagonista. La primera noticia que tuvimos de este director coreano en la cartelera española fue su curiosa aproximación al género de fantasmas en una clave de intriga inquietante en Dos hermanas, pero luego nos ha regalado una de las más divertidas, originales y gamberras muestras de reciclaje y homenaje del espagueti western en El bueno, el malo y el raro y otro viaje a lo siniestro y lo inquietante con Encontré al diablo. Estas tres películas dejan claro que el responsable de El último desafío es un todoterreno capaz de sacar cosas interesantes incluso cuando se aplica a la repetición de una fórmula genérica muy explotada, y es eso precisamente lo que hace con gran eficacia en este nuevo trabajo, el primero que rueda paras el cine estadounidense. Sin apartarse de los códigos del traje a medida para explotar la imagen de Arnold Schwarzenegger consigue incorporar elementos que apartan la película de lo que podría haber sido un monólogo más previsible y menos dinámico del actor.

A título más anecdótico quedan las críticas que puedan llegar contra la película por la exhibición e incluso el carácter casi promocional de la posesión y el uso de armas de fuego que incluyen algunas de sus escenas, y más concretamente un chiste con anciana bien armada, la señora Salazar “haciendo justicia”. Estas secuencias hay que ponerlas en el contexto de la verdadera naturaleza de la película, que es eminentemente un western cronológicamente desubicado, contemporáneo. Es cine de acción con todas las consecuencias, entre las cuales destaca esa especie de culto por las armas que forma parte del género desde los primeros tiempos del cine mudo. Pero eso quizá no sea suficiente para impedir que la película suscite algún comentario negativo desde las filas de la corrección política o sea presa de algún tipo de polémica en un momento en que el tema de la regulación del uso y posesión de armas de fuego está de máxima actualidad en la sociedad estadounidense.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Django desencadenado

Casi tres horas del mejor cine de Quentin Tarantino mezclando el western mediterráneo con la blaxploitation.

Más que de Django desencadenado, hay que hablar de Tarantino desencadenado. Claramente superior en sus resultados a Malditos bastardos, la revisión del mítico personaje de Django, clave en la historia del western europeo, permite al director de Reservoir Dogs lucir la panoplia completa de sus recursos narrativos, jugando mejor que nunca con esa fórmula de reciclaje cinematográfico que tan buenos resultados le ha rendido durante toda su carrera.

En Django desencadenado ese juego con lo que ya existe previamente en forma de guiño, nunca de plagio descarado, aunque como siempre el descaro y el gamberrismo forma parte de la fórmula Tarantino, arranca con la música original compuesta por Luis Bacalov para la película original dirigida por Sergio Corbucci en 1966. A partir de ahí, Tarantino va acumulando distintos elementos y características de las historias originales del western mediterráneo, tanto en situaciones como en personajes, diálogos, paisajes e incluso expresión plástica (los primeros planos o esos zoom en momentos clave, la presentación del villano encarnado por Di Caprio…). Incluso demuestra que entiende el western mediterráneo en sus claves esenciales como variante europea del western clásico americano incorporando a su relato la mezcla de los personajes y paisajes del lejano y salvaje oeste con la mitología clásica europea. Si el western mediterráneo incorporaba personajes y argumentos universales desde la mitología griega y romana, Tarantino hace lo mismo pero añadiendo al relato una leyenda nórdica, la de Brunhilda, hija de Odín, rescatada de la vigilancia de un dragón por el héroe. La escena de justificación de la venganza en flashback o la paliza y maltrato del héroe a manos de los villanos como paso previo a su retorno de redención por el camino de la venganza, una especie de ceremonia de resurrección vinculada al argumento universal del mesías que regresa de la muerte para imponer justicia, son también dos elementos clásicos del western mediterráneo que Tarantino incorpora hábilmente a su Django desencadenado.

Naturalmente el director no se queda sólo en ese trabajo de emulación o réplica de las claves del western mediterráneo, sino que las transforma en materia prima esencial para su propia fábula, añadiendo sus propias notas y estilo al relato (como las largas secuencias de diálogo, la verborrea de sus personajes, sobre todo en el personaje del dentista reciclado en cazador de recompensas interpretado por Waltz, y el contrapunto de esas secuencias de diálogo con estallidos de violencia brutal copiosamente regada con sangre).

En Django desencadenado Tarantino encuentra un mejor equilibrio en esa hibridación de las características del western mediterráneo que toma como inspiración y sus propias constantes de estilo como director-autor del que presentaba Malditos bastardos. De hecho, explota con más habilidad y solvencia en la dirección de actores a Christoph Waltz, que fue la gran baza de Malditos bastardos pero aquí puede lucirse aún más potenciando esa faceta de pícaro parlanchín que se convierte en el guía o maestro del héroe. La relación y la química entre Waltz y Jamie Foxx (Django) es mucho más interesante que las episódicas secuencias de diálogo con distintos personajes que mantenía el nazi cazador de judíos en Malditos bastardos. Igualmente Waltz brilla mucho más en su duelo interpretativo con el gran villano que compone Leonardo Di Caprio de lo que pudo brillar frente a Brad Pitt.

Otra característica habitual del cine de Tarantino, el humor socarrón que aparece inesperadamente en los fragmentos menos previsibles y jugando con la incorrección política como quien se mete en un campo de minas voluntariamente está también en Django desencadenado. Lo encontramos por ejemplo en su sátira sobre el Ku Klux Klan, un momento cómico perfecto. Tal y como suele hacer, Tarantino construye ese momento de comedia sobre un elemento mundano, los sacos con los que los asesinos de la horda de linchamiento se cubren la cabeza, convirtiendo lo terrorífico en cotidiano y por tanto a los monstruos en imbéciles. Es una sabia manera de introducir un elemento dramático desde el humor y superar el miedo a través de la risa. Resulta lamentable que una maniobra tan astuta haya sido malinterpretada por algunos despistados que acusan a Django desencadenado y a su director de racismo. Grave despiste. Muy al contrario: Djando desencadenado no sólo no es racista, sino que desde su tratamiento del asunto desde el punto de vista de los géneros y el cine de evasión, dibuja un paisaje del racismo mucho más temible, inquietante y menos maquillado del que nos vende, por poner un ejemplo, Steven Spielberg en su Lincoln. El motivo es claro: Tarantino desciende al infierno del racismo como en su momento hiciera Spielberg con el genocidio en La lista de Schindler, y aunque lo haga desde una perspectiva de cine de evasión, su película contiene momentos tan descriptivos sobre la esclavitud y la situación de los negros en Norteamérica como la cuerda de esclavos del principio, los flashbacks que introducen en el relato los recuerdos del protagonista, las escenas de negros encadenados con dogales en el cuello, los latigazos, el ataque de los perros, la secuencia de los luchadores (que astutamente el director organiza jugando a contracorriente de lo más habitual para este tipo de escenas, optando por una pelea en una habitación, en lugar de montar un gran despliegue al estilo de las secuencias de lucha callejera de la primera película de Sherlock Holmes dirigida por Guy Ritchie). Y, junto a esos elementos, un personaje, el interpretado por Samuel L. Jackson, que refleja a la perfección la idea del Tío Tom, el negro partícipe del racismo, la figura activa del ataque contra la gente de su propia raza, que tanto el director como el actor encargado de interpretar el papel consiguen resumir lo más inquietante del racismo, incluso con unos chistes de mal gusto (Négrules por Hércules Negro).

Ese tono decadente que impera en la mansión racista de Candyland acompaña la segunda parte de la película, que es un auténtico viaje a un mundo de pesadilla.

Pensar que eso es trivializar el racismo es un grave error.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
Telf. 91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp