Crítica de la película Thor, el mundo oscuro.

Mejor que Thor, me gusta más que Iron Man 3 y es más cercana a Los Vengadores.

Esta segunda película sobre Thor tiene las cosas más claras sobre su identidad como producto Marvel que la primera. Dicho de otro modo: es más cercana a los comics en que se basa en todos sus aspectos. Y conste que la película dirigida por Kenneth Branagh siempre me ha parecido buena, aunque personalmente me divirtiera más viendo la película de El Capitán América. Además Thor el mundo oscuro tiene gran habilidad para administrar el protagonismo de sus distintos personajes en diferentes fases del relato, lo que fue sin duda uno de los mayores aciertos de Los Vengadores y es una característica que define los comics de superhéroes de la editorial Marvel. En éstos los superhéroes propiamente dichos son sin duda los principales protagonistas, pero nunca son los únicos protagonistas. Por eso la película nos propone primero el reencuentro con Loki, antes de saltar a un momento que deja claro que Thor el mundo oscuro es mucho más cercana a las viñetas de la Marvel que la película anterior: la batalla en Vannaheim. Ahí es donde empieza a hacerse patente que Sif va a tener mayor peso en la trama, lo mismo que los compañeros guerreros del protagonista. Esa apertura de carácter épico marca la pauta del resto de la película, que mezcla con habilidad elementos de las historias de Espada y Brujería y el género de aventuras con la ciencia ficción. Además deja claro que estamos ante una visión del universo Marvel en el cine perfectamente conjuntada con las estrategias narrativas y de explotación cinematográfica de los cómics de esa editorial aplicadas en Los Vengadores. Continuidad total que se extiende tanto a una broma visual entre Thor y Loki a mitad de la película en clave de cameo de otro personaje como al primer fragmento post-créditos en el que se deja bastante claro cuál será el tema y el villano de Los Vengadores 2. La continuidad que toma como epicentro del universo Marvel en el cine Los Vengadores es probablemente lo que buscaba la productora cuando cambió al autor de la música de la película propuesto por el director por el compositor de Iron Man 3, Brian Tyler. Otro elemento de continuidad de las claves que propiciaron el éxito de Los Vengadores lo encontramos en el uso del sentido del humor. Tras el comienzo en Asgard con los “dioses”, entra en el relato la Tierra y los humanos aportando la parte más humorística al argumento, antes de convertir a Jane Foster (Natalie Portman) nuevamente en el puente entre el mundo de Thor y nuestro planeta y al mismo tiempo en una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas que pasa al otro lado del espejo.

Thor, el mundo oscuro desarrolla un papel más interesante para Loki, y con un conflicto que da más juego que el tradicional encuentro entre protagonista y antagonista.  En esta película, Loki se confirma como el gran villano o antagonista de las producciones de superhéroes producidas por Marvel. Además los elfos oscuros son más sólidos y tienen más personalidad que los gigantes del hielo de la primera entrega. Frente a la primera entrega, ésta cuenta con más secuencias de acción (la batalla de Vannaheim, las mazmorras, el ataque a Asgard en plan batalla de Inglaterra, el enfrentamiento final …), saca el máximo partido a la misión imposible de Thor y sus compañeros en la línea de explotación del grupo de personajes, cada cual con su momento de protagonismo. Además la película exhibe una gran capacidad para aportar información con un solo plano a modo de viñeta de cómic (por ejemplo el plano de Thor, Odin, Frigga y Jane Foster después del ataque de los elfos a Asgard). Y para completar el trabajo cierra su trama con una batalla espectacular y con un final de cliffhanger imposible de superar que además encaja perfectamente con la personalidad del relato y los personajes del comic en el que se basa la película. El guión se mueve con más libertad y ritmo que en la primera entrega una vez que presentara en aquella a los personajes, los actores están más cómodos en sus papeles, Hiddleston tiene totalmente dominado su papel como Loki y sus secuencias con Hemsworth interpretando a Thor son mejores que las de la primera entrega. Todos los actores del reparto sacan partido del mejor aprovechamiento de sus personajes en el guión, empezando por Stellan Skarsgaard y su breve pero hilarante papel como contrapunto cómico o Idris Elba dando vida a la clave más épica de su papel como Heimdall, el guardián del puente, o Kat Dennings ejerciendo como la chispeante becaria/amiga de la protagonista.  

Aviso: es preciso quedarse hasta el final de todos los títulos de crédito para conocer el verdadero desenlace de este relato. Además del guiño de anticipo para próximos proyectos Marvel, esta es la primera película de los superhéroes de la compañía que termina el arco dramático de su argumento después de los créditos finales. Sospecho que más de un impaciente se va a quedar sin ver el verdadero desenlace de la película.

En cuanto a verla o no en 3D, opino que ésta es una de esas ocasiones en las que merece pagar el sobreprecio por la carga de acción constante que nos propone el argumento. Thor el mundo oscuro tiene más acción y de forma más continuada que cualquier otra película producida por la Marvel, excepto Los Vengadores. Y realmente en las escenas de batalla saca buen partido a la aplicación del 3D.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Plan de escape.

Buena propuesta de cine de acción carcelario con dos pesos pesados frente a frente.

El encuentro de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger como coprotagonistas de pleno derecho en esta película tiene para los aficionados al cine de acción de los 80 y 90 el mismo significado que tuvo para los aficionados al western clásico el encuentro de John Wayne y Robert Mitchum en El Dorado (Howard Hawks, 1966). Ver frente a frente a estos dos actores que durante años compitieron por ponerse la corona de estrellas más taquilleras del cine de acción es sin duda el mayor atractivo de esta película, porque hasta el momento los encuentros de Stallone y Schwarzenegger en la saga de Los mercenarios han situado la contribución del segundo en una clave de cameo alargado en la segunda entrega. Pero lo mejor de Plan de escape es que ofrece mucho más que la simple anécdota de ese encuentro ante las cámaras. No se limita a poner juntos en la misma historia a Stallone y Schwarzenegger, sino que además tiene un buen guión con el que se convierte en una buena propuesta de cine de acción de temática carcelaria. De hecho, es la película más entretenida y sólida que ha protagonizado Stallone en los últimos tiempos. Puro cine de evasión, nunca mejor dicho. Su argumento con ecos kafkianos es un buen punto de partida para lo que se convierte en un interesante híbrido de géneros. Es sobre todo una aventura carcelaria en toda regla, pero en el momento oportuno incorpora elementos propios del cine de ciencia ficción que adornan su embalaje de manera externa: la prisión futurista de máxima seguridad en la que están encerrados los protagonistas aporta un paisaje novedoso para la tradicional aventura de fugas carcelarias. Además funcionan bien las subtramas de intriga, que reposan sobre actores suficientemente sólidos como para que el encuentro Stallone y Schwarzenegger salga reforzado. El casting es uno de los aciertos de la película. Frente a dos iconos del cine de acción de los 80 y 90, la película cuenta con un villano ejemplar que trabaja en un registro completamente distinto y le aporta un estilo siniestro e inquietante a la trama de intriga: Jim Caviezel, a su vez respaldado en lo referido a la acción física por otra figura icónica, Vinnie Jones. Jones habla el mismo lenguaje que Stallone y Schwarzenegger, eminentemente físico y de acción. Pero Caviezel juega en otra liga interpretativa. Brillante protagonista de la serie Person of Interest, es uno de los actores más dotados de su generación y aporta no sólo elegancia y estilo de villano ejemplar, sino que incluso recuerda el excelente trabajo desarrollado por Patrick McGoohan como antagonista de Clint Eastwood en un clásico del subgénero carcelario, Fuga de Alcatraz (Don Siegel, 1979). Añadan a Caviezel los otros cuatro secundarios destacados en las subtramas de la película, Sam Neill, Amy Ryan y Vincent D´Onofrio y entenderán por qué creo que estamos ante una de las películas más sólidas protagonizadas por Stallone y Schwarzenegger en esta etapa de retorno al estrellato en el cine de acción que están llevando a cabo ambos actores en estos dos últimos años. Mejor y mucho más divertida que la otra película carcelaria de Stallone, Encerrado (John Flynn, 1989),y que su asociación con Kurt Russell en Tango y Cash (Andrey Konchalovsky, Albert Magnoli, 1989), que también contaba con su episodio de cárcel y fuga, es una especie de fusión inteligente de ambas mucho mejor construida argumentalmente. En el momento adecuado, con el ritmo y la progresión adecuada de personajes, situaciones y acontecimientos, va incorporando nuevos elementos al puzle en el momento adecuado, de manera que se mantenga el interés del espectador. El descubrimiento del lugar en el que se encuentra la cárcel es un ejemplo de ello. También la presentación de la conspiración del personaje de Caviezel.

La película contiene varios momentos que harán las delicias de los seguidores de ambos actores, pero en los cara a cara, Schwarzenegger saca cierta ventaja sobre Stallone. Ambos tienen sus momentos de lucimiento, pero no cabe duda que los de Schwarzenegger funcionan mejor, porque su personaje es más caricatura, juega con su papel como icono del cine de acción sin tomarse tan en serio el tema como Stallone. Schwarzenegger se muestra más relajado y flexible frente a Stallone, más rígido. Esa rigidez ha estado siempre presente en la carrera de Stallone, empeñado en tomarse demasiado en serio su papel como icónico héroe de acción y en buscar justificaciones para sus personajes. Como si tuviera que seguir demostrando algo después de ser indiscutiblemente una de las estrellas más taquilleras de su generación. El punto más flojo del guión de Plan de escape es precisamente ese intento de justificar y proporcionarle una motivación a su personaje. Un pasado que el personaje no necesita para funcionar, del mismo modo que no necesita justificación alguna. Schwarzenegger siempre ha estado menos atado y ha sido más flexible que Stallone. Siempre ha sido capaz de reírse de su propia imagen como icono del cine de acción. Stallone siempre se ha tomado demasiado en serio esa etiqueta. Quien lo dude puede comparar las comedias de uno y de otro. Comparen Los gemelos golpean dos veces, Poli de guardería, El último gran héroe, Mentiras arriesgadas, Junior o Un padre en apuros frente a Rhinestone, Oscar ¡quita las manos! o ¡Alto o mi madre dispara!

Esa mayor flexibilidad de Schwarzenegger le da ventaja en este duelo de titanes que se traduce en una de las películas más entretenidas que he visto este año.

Espero que sea un éxito y que eso permita más encuentros  entre Schwarzenegger y Stallone, que en Plan de escape han demostrado que pueden ser algo así como los Fred Astaire y Gene Kelly del cine de acción.  

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Crítica de la película Capitán Philips

Capitán Phillips, película de aventuras y suspense ejemplar. Tom Hanks que se postula para ser nominado al Oscar.

“Hay que ser fuerte para sobrevivir”. Así lo aclara en tono premonitorio el Capitán Phillips interpretado por Tom Hanks poco antes de despedirse de su esposa para hacer frente a una nueva etapa de trabajo lejos de casa, en el mar. Un mar lejano. Porque los mares siempre están siempre lejos de casa en la vida del marino. Son lo opuesto al hogar. El último reducto donde la aventura sobrevive tal y como siempre fue en este planeta que las nuevas tecnologías de la comunicación nos hacen pensar que se ha vuelto muy pequeño pero sigue siendo enormemente grande. Paul Greengrass otorga a esos primeros momentos de su historia un tono casi documental que parece sacado de un reportaje para la televisión sobre vidas reales.

Lo mismo puede decirse de los piratas capitaneados por Musa, interpretado por Barkhad Abdi. El director le dedica el mismo tiempo a mostrar el comienzo de su jornada como pirata, el reclutamiento, las barcas en la orilla… Aplicando la máxima sencillez a una narración estilo reportaje nos da un montón de información sobre cómo funcionan las redes de piratería en Somalia. Sus claves. Sus motivaciones. Sus deseos e intereses.

Crítica de la película Las brujas de Zugarramurdi.

Lo más divertido de Álex de la Iglesia en los últimos años con un reparto brillante.

Álex de la Iglesia regresa por sus fueros al cine que mejor le ha sentado en la taquilla en toda su carrera. Es un retorno a las raíces en toda regla que argumentalmente empieza en un Madrid castizo de resonancias infernales y acaba en un País Vasco montañoso, boscoso y de gruta profunda donde se celebran aquelarres dignos de aparecer en las páginas del libro Las brujas y su mundo, de Julio Caro Baroja, en el que además hay capítulo dedicado precisamente a la brujería vasca del siglo XVI y los procesos de la Inquisición de principios del siglo XVII, como el de las brujas de la localidad navarra de Zugarrarmurdi. Ese paseo por las raíces, como avisó el propio director cuando presentó y asistió a la primera proyección de la película en un cine de Madrid, es una especie de antropología del disparate con ecos del esperpento de Valle Inclán sobre todo en sus protagonistas y su arranque.

Y también un grato viaje de recuperación de las claves de su cine más taquillero, del mismo árbol genealógico de su filmografía habitado por películas como Acción mutante, El día de la bestia o La comunidad. Y en su primera parte tiene ese mismo aire de parentesco con los clásicos del humor negro español del que Álex de la Iglesia y el guionista Jorge Guerricaechevarría son dignos continuadores. Me refiero, claro está, al quinteto esencial que todo buen aficionado a la comedia debería haber visto para entender conocer una parte fundamental de cómo somos y respiramos en la piel de toro, para bien y para mal: El extraño viaje, dirigida por Fernando Fernán Gómez sobre una idea de Luis García Berlanga, El Verdugo y Plácido, dirigidas por García Berlanga, y El cochecito y El pisito, dirigidas por Marco Ferreri, las cuatro últimas con guión de Rafael Azcona. Lo que ocurre en Las brujas de Zugarramurdi es que en su primera parte tiene un ritmo y un carácter trepidante en los diálogos que me recuerda más otras señeras colaboraciones entre Berlanga y Azcona, como La escopeta nacional y La vaquilla, donde los personajes disparan sus diálogos unos contra otros, contagiando al espectador y vertiginoso pulso de su fuga mientras nos ponen al día de cómo son sus miserables vidas y cómo han llegado hasta ese punto de ruptura.

2 Guns ★★★★★

Septiembre 20, 2013

Crítica de la película 2 Guns

2 Guns, Posiblemente la mejor y más divertida película de acción policial que he visto este año.

Baltasar Kormákur es un director al que le sigo la pista desde que vi Verdades ocultas, y que ya demostró su capacidad para adaptarse a las exigencias del mercado americano dirigiendo Contrabando. En mi opinión con su trabajo de adaptación de la novela gráfica al cine en 2 Guns demuestra que es uno de los valores en alza entre los narradores del género policial del cine de nuestros días. Además 2 Guns confirma lo que ya se anunciaba en sus largometrajes anteriores, que entre sus cualidades se cuenta la capacidad para desatascar el género de acción policíaco de sus tópicos y reiteraciones y renovarlo con una mezcla cool de estilo setentero bien combinada con una puesta en escena más actual y trepidante. Como ocurría en el cine de los setenta, su principal herramienta, su mejor efecto especial, el mejor resorte para hacer funcionar el guión, son los actores. La química entre Denzel Washington y Mark Wahlberg es como la de una pareja de baile bien conjuntada, una especie de Fred Astaire y Ginger Rogers del cine de acción que ha reescrito las normas de las buddy movies para poner al día este tipo de tramas con renovada vitalidad y sobrados recursos. Una química que se advierte desde la primera secuencia de la película y que automáticamente te engancha como espectador esperando qué es lo próximo que les va a ocurrir a esos tipos. Es el mismo efecto que tenían los grandes clásicos del cine policial de los sesenta y setenta, y ambos actores demuestran la misma eficacia para engancharnos  a la trama que en su momento tuvieron los grandes astros del género, los Lee Marvin, Clint Eastwood, Charles Bronson, Steve McQueen, etcétera. Esos dos tipos ya te caen bien desde que los ves salir del coche y deambular por la cafetería: te caen bien porque son el anticipo de que van a pasar un montón de cosas a su alrededor en la que es sin duda una de las películas más entretenidas que he visto este año en el cine.

A partir de ahí, incluso cuando la película se acerca a los tópicos –por ejemplo Méjico sique siendo el patio trasero de juegos de los Estados Unidos, un lugar para vivir aventuras y retroceder a los paisajes lejanos del western clásico-, el guión y el director se las ingenian para darnos algo distinto, siempre partiendo de la personalidad de sus actores. Es el caso de Papi, el jefe del cartel mejicano interpretado con la solvencia que le caracteriza por Edward James Olmos, o del agente norteamericano que persigue a los protagonistas interpretado por Bill Paxton, o de esa especie de variante latina de Jessica Lange cuando era joven que es Paula Patton en el papel de Deb… ¡Si hasta el habitualmente sosainas James Marsden consigue levantar el vuelo en su papel como oficial de la Marina de los Estados Unidos!

De manera que primer punto a favor de la película, o primera pista de por qué funciona tan bien: construir sobre los actores. Pero, claro, los actores necesitan construir a su vez los personajes sobre un buen guión, y en ese aspecto 2 Guns también está bien servida con un planteamiento argumental que nos mete de cabeza en la trama partiendo de una narración en flashback que bajo su peripecia de enredo policial, persecuciones y tiroteos oculta además una interesante fábula sobre la recuperación de la identidad por parte de los dos protagonistas, y la corrupción y el enmascaramiento como medio de vida y subsistencia para nuestra sociedad.

Pondré un ejemplo de por qué me parece que sobrevive a todos los tópicos por los que transita resolviendo con habilidad situaciones sobradamente vistas: la conversación telefónica que mantienen los dos protagonistas utilizando como puente visual la mira telescópica del arma que empuña Wahlberg. Ese momento de “ventana indiscreta” sirve para ejemplificar cuáles son las claves y cómo opera la mezcla de intriga y acción de 2 Guns. El final de esa conversación no sólo forja con elegancia y eficacia la identidad del vínculo entre los dos protagonistas, sino que además culmina en una secuencia de acción que, como todas las de la película, posee su propia personalidad, su sello frente a otro cualquier momento de acción que hayamos podido ver recientemente en la pantalla: es dinámica y al mismo tiempo interesante, se ve todo lo que tiene que verse, sin montajes rápidos que escamoteen el intercambio de golpes o disparos. Y desde esa secuencia pasamos al picado en la casa del oficial de la DEA, Jessup.

Segundo punto a favor de la película: el dinamismo visual que llega precedido por esa interpretación en clave de coreografía entre los dos protagonistas, más bailarines de la acción que cualquier otra cosa, se combina con un dinamismo igual en la hibridación del género policíaco trepidante con la comedia. Toda la película habita continuamente en ese territorio híbrido, con personajes que se ríen de su papel como lugares comunes del cine de géneros. Un buen ejemplo de lo bien que funciona esa fórmula de autoparodia y de la química entre Washington y Wahlberg lo encontramos en la pelea entre ambos en el desierto, culminando la persecución en los coches, y el momento: “a la de 3 nos soltamos”, que me ha recordado el momento del salto al río de Newman y Redford en Dos hombres y un destino… con su puntito más friqui de comedia disparatada estilo Le llamaban Trinidad con Bud Spencer y Terence Hill.  

Tercer punto a favor: la forma de manejar la narración de la trama de intriga como si fuera una comedia de enredo, ejemplificada entre otros muchos momentos por ese diálogo a tres bandas de Wahlberg, Washington y Patton en la casa de la agente de la DEA… discutiendo por un yogur.

Cuarto punto a favor: diálogos que en dos líneas definen todo un personaje, como el de Bill Paxton cuando afirma: “Es un mercado libre, no un mundo libre”.

Y finalmente la capacidad para cambiar de tono cómico a dramático sin perder por ello la personalidad general de enredo cómico que preside el total del largometraje.

Resumiendo: 2 Guns es un blanco perfecto en todo el centro de la diana del cine de acción, y como he dicho antes, de lo mejor y más recomendable que se puede ver en el género policíaco en estos momentos.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Cazadores de sombras: ciudad de hueso 

Más entretenida que Crepúsculo y con más acción.

El nuevo intento de seguirle la pista comercial en el cine a la saga de Crepúsculo llega a la cartelera arrastrando tras de sí a la habitual legión de fans que han leído las novelas y se saben de memoria algunos de sus diálogos. Fans que, como vengo diciendo, merecen tanto respeto como los que alucinamos con los Jaeger y los Kaijus viendo Pacific Rim o nos convertimos en gorilas gritones (servidor el primero) cantando un gol de Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Diego Costa, Roberto Soldado o Negredo (eso a elegir cada cual). O como los que se sienten trasladados al Parnaso musical escuchando AC/DC o un aria Nessun Dorma de Puccini para el acto final de Turandot. Vamos que friquis somos todos y hay que respetar el friquismo ajeno.

Pero dejando de lado con sus filias y sus fobias a los muchos lectores que ya tienen las novelas de esta saga y comprensiblemente en su mayoría van a interesarse por la versión cinematográfica, disfrutándola desde su afición por personajes y tramas, la pregunta que realmente hay que contestar aquí es cómo funciona Cazadores de sombras: ciudad de hueso para los profanos en la materia. Esto es: para quienes, como yo mismo, nunca han leído una novela de esta saga. Mi impresión en ese sentido es que como película, Cazadores de sombras es más entretenida que Crepúsculo y apuesta por la acción frente al enredo sentimental, aunque obviamente por tratarse del tipo de producto de que se trata, incluya el enredo sentimental de los protagonistas y la extrapolación inevitable de la fórmula de Romeo y Julieta de Shakespeare a parámetros más morbosos para acercarla a los consumidores adolescente de este tipo de producto en nuestros días. No obstante, como lego en la caza de sombras y las ciudades de hueso, aprecio que hayan elegido dedicar más tiempo a la acción y las intrigas que a los momentos románticos, de los cuales sólo hay realmente dos, bastante ñoños, eso sí (lo de las florecillas y el agua y el final del chaval con moto incluida supera mi tolerancia gástrica con el abordaje del romanticismo blanco para adolescentes por la vía del tópico previsible) que ciertamente rompen el ritmo tirando a trepidante del resto del relato.

Seré más claro: esta primera entrega de la saga me parece más entretenida para todo tipo de público y más cuidada en muchos aspectos de lo que nunca lo fueron las entregas de Crepúsculo. Parto de la base de que el 90 por ciento de los grandes éxitos de ficción que se están publicando hoy en día para adolescentes (y lamentablemente muchas de las que se publican para los adultos) son un esencialmente un refrito de esquemas y fórmulas tomadas al vuelo de la mitología popular más reciente, y no tanto de las fuentes que inspiraron los trabajos de clásicos en la materia como Julio Verne, Emilio Salgari, Mark Twain, Charles Dickens, Jonathan Swift… que era la literatura que leíamos los adolescentes en los años 50, 60 y 70 junto con Yo robot de Asimov y la vida del Lazarillo de Tormes que nos metían en la escuela a piñón fijo. Dicho esto, vivimos en un tiempo de imitación de la imitación, y en ese terreno creo que esta primera adaptación cinematográfica de Cazadores de sombras se mueve con singular habilidad y soltura. Me explico: su traducción de la típica historia de la adolescente normalita que encuentra su manera de convertirse en popular al mismo tiempo que intenta sobrevivir a la pubertad y la madurez sexual es la misma de siempre, pero aquí está tejida con una serie de elementos que muy posiblemente funcionen en la taquilla precisamente por no ser novedosos, sino más bien un lugar común repetido en otros éxitos previos que seguramente el espectador reconocerá. De manera que en este tipo de producto no se valora ya la originalidad o la imaginación, sino la capacidad para la reiteración de elementos previos de probado éxito en la taquilla o las audiencias televisivas. Y en ese ejercicio de reiteración, creo que los artífices de Cazadores de sombras andan cinematográficamente algo más finos a la hora de presentar personajes y hacer que el relato funcione que los responsables de la saga Crepúsculo, aunque ambos fagociten con notable desparpajo propuestas y ficciones que les precedieron. De hecho, en su arranque, esta película tiene mucho de Crepúsculo, pero rápidamente empieza a introducir elementos que suenan a Harry Potter, como esa catedralicia mole con reminiscencias de palacio medieval que sirve como epicentro de la trama y surge de manera mágica entre los modernos rascacielos de la populosa urbe para permitirle a los personajes principales revestirse de un protagonismo mesiánico en un mundo donde de otro modo pasarían desapercibidos y serían simplemente otro fulanito más, lo cual no deja de ser una variante de la fórmula del superhéroe aplicada a los ardores hormonales, las inquietudes y el caos de indefinición propios de la adolescencia. Además en ese esquema añade a su trama a modo de sustrato el argumento de la caza de demonios que es el leitmotiv esencial de los protagonistas de una de las más divertidas series de televisión de las últimas ocho temporadas, Sobrenatural, de manera que los protagonistas de Cazadores de sombras emulan de algún modo a los hermanos Winchester de aquella, eso sí, con un look más cercano a los góticos tatuados y siempre angustiados por todo que se aleja del espíritu más optimista y rockero de aventuras de carretera emparentadas con el western que anima los terrores y las fantasías de Sobrenatural. Y si para las peripecias con vampiros y licántropos hay que tirar un poco de Blade y otro poco de Underworld, no pasa nada, todo entra en el puzle de manera fluida, aunque sea tan poco original como esa especie de agujero de gusano para viajar entre dimensiones, épocas y lugares que es tan práctica narrativamente para meter y sacar personajes en la trama y al menos en su traducción cinematográfica es un calco visual de las puertas estelares de las series de la franquicia Stargate… La guinda de todo ello es un sonoro “yo soy tu padre” al estilo de El imperio contraataca… que pone a los protagonistas en un dilema curioso del que me apetece ver cómo salen en la siguiente entrega.

Así que aun con esa falta de originalidad y esa capacidad para fagocitar antecedentes de la cultura popular más reciente, y a pesar del inevitable apunte romántico, como digo, muy dosificado, reconozco que la película me parece entretenida y más completa que las de la saga Crepúsculo.

Miguel Juan Payán

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Elysium ★★★★

Julio 31, 2013

Ciencia ficción para pensar y llena de acción, del director de la excelente Distrito 9. Elysium se erige como una película a ratos compleja y siempre necesaria en los tiempos que corren, sobre todo con los ricos y los políticos haciendo polvo a la población de a pie, mientras la justicia parece no ser capaz de arreglar nada. De hecho a veces parece situarse del lado de los poderosos. Y así el mundo que plantea Elysium no dista tanto del mundo real al que nos enfrentamos cada día. Neill Blomkamp tiene en sus historias un hilo conductor común, algo que hace su modo de ver la ciencia ficción, en tan sólo dos películas, de forma distinta. Más compleja. No perfecta, porque aún está empezando, pero con cosas que recuerdan a trabajos míticos de la ciencia ficción que no sólo pretendían entretener, sino algo más. Contar una historia que enlazase con la actualidad de nuestro mundo. Con nuestras miserias y problemas. Algo visto desde los años 50 a Blade Runner. El género como expresión de algo mucho más profundo. Y la película maneja ambas claves, entretenimiento y mensaje, a la perfección.

Crítica de la película Ahora me ves

Recomendable y entretenida película de acción e intriga con gran reparto y sorpresas.

Piensen en una especie de mezcla de la fórmula argumental del supergrupo aplicada en Los Vengadores, pero con magos en lugar de superhéroes o mutantes, y mezclen eso en la coctelera con una trepidante aplicación de las historias de golpes imposibles de la saga de Ocean´s Eleven, Ocean´s Twelve y Ocean´s Thirteen y tendrán una idea bastante aproximada de lo que nos propone Ahora me ves…

Esencialmente la película es un juego de intriga con el espectador que reproduce las claves de la esencia de los trucos de magia, llevando nuestra atención por el camino y hacia los personajes y tramas que más conviene en cada momento. En ese juego con el espectador, Ahora me ves… es algo así como la celebración de la utilización más festiva de los trucos del cine de suspense de Alfred Hitchcock. Y por ese camino lo primero que hace la película es presentar a dos grupos protagonistas. Por un lado los perseguidos, los magos, los Cuatro Jinetes que se dedican a realizar proezas aparentemente inexplicables, incluyendo el robo a un banco. Por otro los perseguidores, liderados por un agente del FBI al que Mark Ruffalo presta su inconfundible estilo de tipo corriente que se gana automáticamente la empatía del espectador aunque se dedique a perseguir a los héroes. Pero, ¿quiénes son realmente los héroes y los villanos? Sin desvelar nada, hay que tirar del tópico para definir la manera en la que Ahora me ves… plantea su juego de persecución del ratón y el gato con el público, que es de alguna manera el reflejo de ese mismo juego del ratón y el gato que se desarrolla en la ficción de la pantalla. Y así tendremos que advertir que “nada es lo que parece”. Como en un buen truco de magia, que es esencialmente lo que pretende imitar la película en su argumento. Es un truco nada fácil considerando que el espectador ha perdido hace ya muchos años la virginidad frente al cine y teniendo en cuenta que en la actualidad, en una civilización de ocio eminentemente visual, el espectador medio acumula en sus retinas cientos de horas de ficción televisiva y cinematográfica. Cuesta cada vez más torear al público, despistar, confundir, llevarlo a conclusiones precipitadas. Pero ese es el juego al que se entrega Ahora me ves… y si bien entre parte del público puede que el espectador no llegue a ser sorprendido por el desenlace, o sea capaz de advertir el mismo antes de que se produzca, la dosis de entretenimiento y evasión que aporta esta película queda casi íntegra. Dicho de otro modo: no es tan importante si te sorprenden o no, como que te mantengan continuamente pensando en por dónde puede ir la historia, y en eso creo que Ahora me ves… es uno de los ejercicios de cine de intriga y acción más eficaces que he visto este año. Además es uno de los que consiguen ejecutar ese truco tan difícil de cambio de protagonismo, no una, sino varias veces a lo largo de su metraje. Evidentemente en ese ejercicio del “más difícil todavía” argumental tiene un apoyo esencial en los actores. Ver frente a frente en una secuencia de duelo verbal a Morgan Freeman y Michael Caine ya es un regalo en sí mismo. Y la química en el dúo de policías perseguidores formado por Mark Ruffalo y Mélanie Laurent sostiene con poco metraje y reduciendo el asunto a miradas y gestos esa clave romántica que se esconde tras la peripecia de intriga y acción con una solidez impecable desde la máxima economía narrativa. En el ejercicio de su truco de intriga narrativa, la película muestra agallas para jugársela y se atreve a darnos una primera parte de la historia en la que aparentemente los protagonistas son los cuatro magos para dejar que poco a poco vaya creciendo en el seno del relato el papel de estos personajes aparentemente más secundarios. Habrá quien se sienta algo defraudado por esa presencia decreciente de los magos hacia el final de la historia, pero quienes así piensen, deben plantearse lo siguiente: para que esos Cuatro Jinetes funcionen necesitan no desgastarse, y astutamente el argumento los mantiene en reserva, con todo su poder de evocación narrativa casi intacto, merced a esa cesión de protagonismo de los personajes perseguidos a sus perseguidores. Todo esto forma además parte del truco, de la verdadera naturaleza de la película, que como he dicho es sobre todo un juego de engaño constante practicado con el espectador como reflejo de los engaños a los personajes que se van acumulando en la pantalla. Y además, visto el desenlace del relato, esa alternancia de protagonismo es perfectamente coherente con lo que Ahora me ves… nos quiere proponer.

Sus giros de protagonismo entre perseguidores y perseguidos consiguen además mantener nuestro interés, mientras algunos personajes van cambiando de bando y se alternan nuestras inclinaciones y simpatías por unos y otros. Lo esencial en ese trabajo es el talento del grupo de actores que vuelve a demostrar, una vez más en este año repleto de películas con planteamientos similares, esto es, con muchos personajes y protagonismo de carácter más coral, que esa es una buena clave heredada de las producciones televisivas también a la hora de contar historias en la pantalla grande.

Muy entretenida, con buenas secuencias de acción y un argumento curioso en el marco del cine de evasión, Ahora me ves… se desempeña como una perfecta película de verano para disfrutar en familia.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película After Earth de M. Night Shyamalan con Will Smith

After Earth, entretenida peripecia de ciencia ficción en plan aventura de supervivencia.

El encuentro de M. Night Shyamalan con la ciencia ficción en clave épica y aventurera se salda con un aseado empate entre las enormes aspiraciones no conseguidas de Will Smith, productor, promotor y protagonista del asunto, además de padre de la idea argumental (y del protagonista juvenil) y los resultados reales de evasión y entretenimiento que finalmente proporciona After Earth. A pesar de los palos que ha recibido tanto en la taquilla norteamericana como en algunas críticas, lo cierto es que la película funciona más o menos bien como vehículo para pasar el rato en su primera parte. Tiene un despliegue visual de arranque bastante curioso y mantiene cierto nivel de interés aunque sus personajes son algo alambicados, tópicos, y adolece de una alarmante falta de sentido del humor y capacidad de autoparodia. Poner a Will Smith como tipo duro en plan Lee Marvin en 12 del patíbulo era ya todo un reto, pero añadirle a la película el reto suplementario de que aguantemos al hijo de la estrella en plan aventurero en historia de iniciación y maduración sobrepasa comprensiblemente los límites de tolerancia, paciencia y suspensión de la credibilidad del sufrido público. La cosa se complica si sumamos a todo ello la natural inclinación de M. Night Shyamalan por ponerse filósofo y trascendental cuando menos conviene y la confirmación reiterada en sus últimos trabajos de que el hombre siempre ha sido un poco vendehúmos, porque, si me permiten la comparación metafórica con la restauración: en sus historias digamos que pone muy bien la mesa al principio y los entrantes tienen siempre muy buena pinta, pero a medida que los platos del menú van desfilando por la mesa se va desinflando la ilusión del principio y cada vez con más frecuencia tiene tendencia a caer en lo obvio.

Reitero una vez más que After Earth me parece un pasatiempo entretenido con unos valores de producción a tener en cuenta, de ahí las tres estrellas que le he puesto. Pero creo que se queda muy por debajo de lo que podría haber sido principalmente porque Will Smith se ha empeñado en convertirla en un vehículo para interpretar un papel de tipo duro que no le pega ni con cola y en un vehículo para impulsar la carrera de su hijo, al que, dicho sea de paso, no le hace ningún favor, porque creo que la carrera del muchacho está desarrollándose más rápido de lo que le interesaría para formarse un poco más antes de que caiga sobre su espalda todo el peso de un argumento de estas características, que en contra de lo que pueda pensarse a primera vista (y de lo que pueda pensar su famoso padre), requiere mucho más talento dramático y experiencia ante las cámaras del que él tiene en este momento. Pongo dos ejemplos para que quede más claro, dos historias de supervivencia y aventuras: Yuma (Samuel Fuller, 1957), con un gran Rod Steiger como protagonista, y La presa desnuda (Cornel Wilde, 1966), con un no menos enorme Cornel Wilde haciendo doblete detrás y delante de la cámara. Según veía la película y los esfuerzos de Jaden Smith por estar a la altura del asunto, no he podido impedir caer en la idea de que la tarea lo superaba, y posiblemente sólo un Leonardo Di Caprio joven habría sido capaz de sostener ese personaje que, como digo, tiene mucha más clave dramática de la que pueda parecer a simple vista y no es sólo un despliegue físico. Necesita un actor más forjado que Jaden. Pero no pasa nada. No toda la culpa es del joven actor. Insisto en que a su padre el papel de tipo duro, si bien lo maneja con mayor soltura por su experiencia, también le viene algo grande.

Y podríamos decir que el proyecto también supera los intereses y el campo de actuación en el que puede encontrarse más cómodo Shyamalan, que claramente se siente más a su gusto en los flashbacks con la hermana del protagonista que en la propia peripecia de supervivencia e iniciación juvenil en plan novela de Julio Verne mezclada con algo de Robinson Crusoe. A Shyamalan le va más el drama y la intriga que la acción, y por tanto su épica se queda algo distante del espectador. Además este tipo de trama aventurera requiere más tono visceral que despliegue filosófico o cerebral, y el guión de After Earth se empeña en entrar en el detalle y repetir el flashback innecesariamente hasta hacerse algo cansino y sin aportar nada nuevo al progreso de la historia. El argumento está plagado de detalles vistosos de diseño de producción, como el traje que cambia de color, las jeringas con los analgésicos, etcétera, que realmente no aportan nada especial a la historia, son pura parafernalia exterior. Algo más de sencillez en el planteamiento le habría venido muy bien a esta historia de supervivencia y relaciones entre padre e hijo, facilitando una mejor relación con el espectador, que ante tanta parafernalia se pierde en el laberinto de despliegue de curiosidades de la propuesta que nos distraen del tema esencial y central de la propuesta.

De manera que entretenida sí, pero no tan emocionante como debiera. Aunque para ser sincero, me ha parecido mejor de lo que me esperaba.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Los Becarios

Más que simpática comedia veraniega que toca la crisis.

En esta ocasión lo hace desde el punto de vista de dos cuarentones medio acabados, expertos vendedores cara a cara en un mundo completamente digitalizado. Obsoletos, perdidos vendiendo relojes cuando ya nadie los usa y todos miramos la hora en el móvil (muy bueno el chiste con la secretaria). Gente que ve cómo han perdido el tren de las nuevas tecnologías, ese monstruo indispensable para trabajar hoy en día pero que, tal y como andan las cosas, no termina de garantizar nada, mucho menos cuando la competencia es tan exagerada. Pero también nos recuerda, acertadamente la película, que sin personas no hay negocios ni trabajos. Que la clave, al final, está en defender tu trozo de trinchera con tus armas y tus compañeros. Y que un ordenador no siempre te soluciona las cosas.

Dos vendedores de toda la vida ven como su empresa cierra y pierden su empleo y su vida en el proceso. Prácticamente acabados, aceptando trabajos de poca monta, los dos se lanzan a la aventura más descabellada. Conseguir ser parte de una beca en Google. Un trabajo de verano, una competición a muerte en la que sólo los ganadores obtendrán un puesto en la empresa. Y, sí, vale, durante una parte de la película nos encontramos con un anuncio de Google de dos horas de duración. Pero si rascamos un poco la película tiene mucho más que ofrecer.

Sorprende no sólo porque sea un buen bálsamo en los tiempos que corren, porque hace reír más de lo esperado (admitámoslo, mucha gente ya no soporta ni a Owen Wilson ni a Vince Vaughn y sin embargo aquí están perfectos en su papel y divertidos la mayor parte del tiempo). La historia nos presenta al típico grupo de descastados y frikis que acaban juntos por casualidad (casi más interesantes ellos que los protagonistas, muy cuidados los secundarios. Y también muy divertidos) y que deben limar diferencias y aprovechar sus virtudes. Aprender juntos, luchar juntos, defender el corral juntos. Como en cualquier empleo o casi en cualquier empleo.

Y sobre todo funciona la comedia, te ríes, porque tiene ironía y ciertas dosis de mala baba (los adultos rodeados de jóvenes que creen saberlo todo, el partido de quidditch, la fiesta nocturna, los chistes a mala fe sobre gordos…) que te hacen reír y sonreír sin problema. No, no es una gran comedia ni lo pretende. Es efectiva, honesta y funciona. Es sólida al crear sus personajes, cosa poco habitual en el género, y tiene más miga de la que parece. Sí, podían haber aprovechado un poco más el personaje de Jessica Szhor, que aparece poco y casi como florero (una pena, esa chica es más que una belleza), y quizá el tema con Rose Byrne ande forzado, además de que sabemos qué va a suceder a continuación en cada momento. Pero ese aire de fórmula y la larga duración se le perdonan por el respeto que siente por sus personajes y el espectador. Por su humor y a veces su cinismo. Porque funciona, divierte y entretiene. Mucho más de lo que pueden decir otras.

Jesús Usero.

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