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Aquí tenéis los jugosos contenidos de este mes de octubre. Como podéis leer más abajo cargado de contenidos.

Como siempre sabéis que podéis adquirirla en los kioscos al precio de 2,80 euros (España)

Ahora también podéis adquirir la versión online a través de Zinio que podéis leer en cualquier ordenador e Ipads, pinchad aqui para acceder

EN PORTADA:
Reportaje: Machete

Tras estrenar Predators como productor, Robert Rodríguez vuelve ahora como director con Machete, basada en uno de los tráilers falsos que aparecían en Grindhouse, con Danny Trejo como protagonista, acompañado por Robert De Niro, Michelle Rodríguez, Jessica Alba, Jeff Fahey, Cheech Marin, Don Johnson, Lindsay Lohan… y Steven Seagal en un memorable papel de villano ¡mexicano! Mucha acción, violencia y sentido del humor para animar la cartelera.

Entrevista: Michelle Rodriguez
Lo suyo son las tías duras, tal como pudimos ver con su paso por la pequeña pantalla en Perdidos. La acción no la asusta, como ha demostrado repetidamente en la saga de A todo gas o jugándose el cuello por salvar Pandora en Avatar. Michelle Rodríguez vuelve ahora a lo que mejor se le da con Machete, en la que Robert Rodríguez le ha reservado un papel que ni hecho a medida

Entrevista: Jessica Alba
Tiene una belleza difícil de ignorar que le dio un protagonismo absoluto en Sin City, su primera colaboración con Robert Rodríguez. Desde entonces se ha hecho un nombre gracias a la saga de Los Cuatro Fantásticos y a comedias románticas como El gurú del buen rollo o Historias de San Valentín. En Machete, Jessica Alba repite con Rodríguez y comienza la temporada con buen pie, en un año en el que también podremos verla en Ahora los padres son ellos y preparando Spy Kids 4.

Reportaje: Wall Street
El Oscar ganado hace poco más de dos décadas por Michael Douglas parece haberle sabido a poco. El hijo de Kirk echaba de menos al inversor que puso su carrera en la órbita de los pelotazos mediáticos. Por eso no ha dudado en agarrar nuevamente el maletín de piel y amoldar su pelambrera a la gomina de marca. The devil has come back!

Entrevista: Shia LaBeouf
Saltó a la fama con el primer Transformers de Michael Bay y, con tan sólo 23 años, ha conseguido trabajar con Steven Spielberg y Harrison Ford en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, repetir con Bay y convertirse en una de las promesas de su generación. Con Wall Street: El dinero nunca duerme, Shia LaBeouf interpreta a un ambicioso agente de bolsa involucrado sentimentalmente con la hija del mítico personaje Gordon Gekko, en la segunda parte de la celebrada película financiera de Stone, 22 años después del estreno de la primera.

Entrevista: Oliver Stone
Hasta ahora se había mantenido alejado de las secuelas, aunque siempre ha tenido predilección por las series de películas temáticas. El a menudo polémico Oliver Stone vuelve al mundo de las finanzas con Wall Street 2: El dinero nunca duerme, dirigiendo y produciendo la segunda parte de su celebrada película sobre la mítica calle de Nueva York. Lo hace coincidiendo con una crisis económica a nivel mundial y mostrándonos una vez más cuán buena, o no, puede ser la avaricia.

Reportaje: Déjame entrar
El bullying y el vampirismo se entremezclan en esta historia de un chico solitario que conocerá la amistad en la persona de una niña un tanto peculiar, cuya aparición traerá consigo una serie de sangrientos asesinatos a la ciudad.

Entrevista: Chloe Moretz
Tiene sólo trece años y su Hit Girl en Kick-Ass. Listo para machacar la ha convertido en la actriz adolescente del momento. Ahora podemos verla en Déjame entrar interpretando a Abby, una vampiresa en las antípodas de Crepúsculo. ¿Lo próximo para Chloe Moretz? El papel protagonista en la nueva de Martin Scorsese, Hugo Cabret. Además de una lista literalmente interminable de otros proyectos y Kick-Ass 2, claro.

Entrevista: Matt Reeves
??Es íntimo amigo del rey Midas JJ Abrams y junto a él participó en proyectos como la creación de la serie Felicity. Abrams fue precisamente el productor de su primer largometraje, Cloverfield. Matt Reeves nos trae ahora Déjame entrar, un remake del filme sueco del mismo título, basado en la novela Let me in de John Ajvide Lindqvist. Una historia a medio camino entre el cine de terror vampírico y el paso de la infancia a la adolescencia

Reportaje: Enterrado
Rodrigo Cortés nos traslada a una nueva dimensión del terror con Enterrado, una película de intriga y tensión creciente concebida al estilo de las obras maestras de Alfred Hitchcock con la que espera conseguir que “la gente abandone el cine lanzándose inmediatamente al exterior para respirar profundamente aire fresco y recordar que están vivos, y para eso tenía que hacer una película muy física, muy tangible, muy real…”. En opinión de quien esto escribe, lo ha conseguido totalmente.

Entrevista: Rodrigo Cortés
Nacido en Pazos Hermo, Galicia, España, en 1973, Rodrigo Cortés reescribe el cine de intriga y terror con una pesadilla claustrofóbica de nuestro tiempo que es también un pulso con la narración cinematográfica y una pequeña escuela de cómo contar historias con una cámara.

OTROS ESTRENOS DEL MES
Sucker Punch, Piraña 3D, The Green Lantern, Cowboys vs. Aliens ...

AVANCES
Capitán América, Thor...

SERIES TV.

Reportaje: The Walking Dead. Los muertos vivientes
La sinergia que preside en los últimos tiempos el paisaje de entretenimiento audiovisual alcanza un nuevo significado con la adaptación a la pequeña pantalla de la serie de cómics Los muertos vivientes, obra maestra de la narración en viñetas en clave de novela gráfica que pasa a la televisión con planteamientos claramente cinematográficos. Fox International Channels estrena la serie este otoño simultáneamente en 120 países, incluida España, en 33 idiomas, siguiendo las pautas de los mayores estrenos cinematográficos. Prepárense para una de las mejores versiones del tema de los zombis.

Reportaje: Las nuevas series
El tiempo de espera ha terminado. Llevamos varios meses hablando de las nuevas series que, principalmente por parte de las networks, van a ser estrenadas este otoño. Como siempre hay de todo y para todos, pero sólo unas pocas sobrevivirán hasta llegar a tener una segunda temporada. De hecho, más de una no llegará a Navidades, como sucede cada año. Las apuestas de productores y cadenas son variadas y, en algunos casos, originales. ¿Revisamos algunas de ellas?

Reportaje: Las nuevas temporadas
Llega el nuevo curso televisivo y nuestras series favoritas regresan como cada septiembre para empezar las clases. Un nuevo año en el que tendrán que superar el examen de una audiencia cada vez más exigente y unos rivales cada vez más fuertes, sin contar las nuevas series que llegan y que quieren arrasar con las que ya estaban. No lo tienen nada fácil, pero sus millones de seguidores las apoyan. De momento.

FICHAS ACTORES TV:
Miley Cyrus, Paul Michael Glaser, Ben McKenzie, Marla Sokoloff

FICHA SERIES DE TV: NCIS

COLECCIONABLE HISTORIA DEL CINE
Capítulo LXIX
Año 2000. El nuevo siglo
?Llegamos con esta entrega al final del coleccionable sobre historia del cine que hemos venido publicando mensualmente en la revista ACCIÓN. Como escritor del mismo, me marqué dos objetivos esenciales cuando Héctor Alonso, actual director de esta publicación y coautor de este proyecto en toda el área gráfica, me propuso zambullirnos en este recorrido por la historia del séptimo arte. El primero de ellos era el mismo que me anima a ponerme a golpear teclas y escribir sobre cualquier asunto: aprender y descubrir. Debo decir que he aprendido mucho y he descubierto muchas cosas nuevas, en ocasiones con la ayuda de los propios lectores, trabajando en este recorrido histórico por el tema que nos apasiona a todos los que leemos y escribimos ACCIÓN. Lo primero que aprendí fue que la historia del cine es un paisaje muy vasto, interminable, algo así como un diamante con múltiples facetas ante cuya contemplación es imposible no llegar a la conclusión de que cuanto más vemos y sabemos de él, más nos queda por descubrir.

SECCIONES FIJAS

16 FICHAS CRÍTICAS
Adele y el misterio de la momia, Bright star, Conocerás al hombre de tus sueños , El americano, El aprendiz de brujo, Enterrado, Gru. Mi villano favorito, Hincame el diente, Lope, Los mercenarios (The expendables), Phillip Morris ¡te quiero!:, Predators, Resident evil: Ultratumba, Salt, The Runaways, Todo sobre mi desmadre

4 FICHAS CLÁSICAS
Carmen (1926), El Monumento (1970), High Sierra (1940), Miss Annie Rooney (1942)

4 FICHAS SERIE B
2000 Maníacos (1964), Maniac Cop (1988), Plan 9 From Outer Space (1959), Teenage Doll (1957)

FICHA CLÁSICO: Patricia Neal

PELÍCULA MÍTICA: Wall Street (1987)

OTRAS SECCIONES
Noticias, Correo del lector, Mundo fantástico, Novedades Novedades DVD

2 POSTERS GIGANTES
Machete y Enterrado
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http://www.ciao.es/guetesiegel.php?Ref=prod_siegel&ProductId=153192&Type=5
www.ciao.es

Crítica de la película Resident Evil: Ultratumba

La principal conclusión que he sacado tras salir del pase de prensa de Resident Evil: ultratumba es que los responsables de la saga tienen que currarse más los guiones, y si bien es una entrega muy entretenida, con el aderezo circunstancial del 3D, me ha dejado un tanto insatisfecho con sus resultados.

Como fanático seguidor de la saga que espera ansiosamente cada nueva entrega para pasar un buen rato viendo a Alice repartiendo cera, yo estaba dispuesto a empezar este comentario provocando al personal y soltando la exageración de que Milla Jovovich es la Lauren Bacall del cine de acción actual, pero la verdad es que he salido algo chafado de la proyección.

Paso a explicarme: no nos cuentan nada. Cada vez se lo curran menos a la hora de desarrollar personajes e historias, lo cual que a este paso si queremos tener un mejor tratamiento narrativo de la saga en su versión cinematográfica vamos a tener que tirar de los videojuegos, los libros o los tebeos, porque está claro que en el cine, al menos en esta entrega, sólo nos disparan imágenes impactantes, piruetas imposibles (y precisamente por ello poco verosímiles, esto es, de las que son capaces de sacarnos de la película) y un amontonamiento paulatino de escenas de acción sin demasiado ritmo, orden o concierto.

Se diría que, entontecidos con el juguete del 3D y las posibilidades visuales que permite (aunque no necesariamente interesados en ampliar las mismas o sus posibilidades narrativas jugando con la profundidad de campo o similar, insistiendo no obstante en disparar objetos varios contra el espectador de manera, eso sí, muy lograda), los artífices de la película han perdido interés por desarrollar los personajes que la habitan.

Prueba de ello es la facilidad con la que prescinden de los mismos. No voy a revelar aquí spoilers innecesariamente, pero cuando vean la película reparen en cómo se quitan a los personajes de encima como si fueran despojos narrativos, sin llegar a desarrollar mínimamente sus posibilidades, algo así como parte del decorado, poco más que las sillas, mesas, ordenadores y paredes dispuestos para recibir balas y permitir mayor lucimiento de las acrobacias de Milla y en menor medida de Ali Larter. A Sergio Peris Mencheta apenas le dejan presentarse, decir soy fulanito, y poco más. Y lo mismo se aplica al resto de los nuevos personajes, incluyendo a Wenworth Miller, que para ser la incorporación destacada de esta entrega en el papel de  Chris Redfield, hace poco más que apretar el gatillo (si obviamos el guiño a modo de eco de Prison Break de su presentación… suponiendo que sea un guiño… igual ante el páramo de propuesta argumental andaba yo a la caza y captura de algo mínimamente curioso, porque los chistes de revancha contra los productores a costa del personaje de Kim Coates o la bobadita de que aparezca una campeona de natación en el instituto justo cuando hace falta poner se a bucear se me quedaban cortas como propuesta humorística).

Ya digo que no me he aburrido. En absoluto. Es una entrega entretenida, con algunos momentos que recuerdan lo mejor de episodios anteriores. Pero por ejemplo al principio esperaba más del ataque de los clones (espero que Lucas no me denuncie por utilizar el término, igual lo tiene registrado como todo lo demás). Es espectacular, pero el amontonamiento de acción llega a abrumar y hasta despertó fantasmas en forma de ecos de Ultravioleta, otra de la Jovovich, notablemente más aburrida que ésta, o de lo más cansino de las secuelas de Matrix. Ya digo que el rollito destroyer funciona, pero la saturación de la maquinaria continua de demolición, disparos, machetazos, patadas y piruetas con cables pasa factura si no hay algo detrás desde el punto de vista de arco dramático y desarrollo de personajes que la sustente. Además, es un tanto reiterativa en algunos momentos.

Tampoco me ha convencido esa especie de innecesario, cansino y totalmente caduco tributo u homenaje a la saga de Matrix, con el villano de turno convertido en una especie de agente Smith inflado con esteroides “made in Umbrella” mezclados con el imprevisible Virus T. En ocasiones anteriores los villanos de la saga eran más elaborados e interesantes. Aquí, por aquello del ritmo,  incluso anticipan demasiado el enfrentamiento con el supermonstruito de turno (el pavo del hacha), que está bien, pero merecía más protagonismo y haberlo reservado para el final, en lugar del “hombre Martini” armado como si fuera un reportero del programa “Caiga quien caiga”.

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El desaprovechamiento del tipo del hacha afecta también a los otros elementos nuevos aportados a la saga en esta entrega, desde los zombis tuneladores hasta los dóberman tuneados, e incluso se hace notar en lo poco que aparecen los zombis, cuya contribución al total del metraje se queda ciertamente por debajo de las entregas anteriores. Y Resident Evil es sobre todo una saga de muertos vivientes, no lo olvidemos.

Por último tenemos un final que más que abierto o hijo del cliffhanger televisivo es más bien dejar la película inconclusa.

Resumiendo, que no progresan en la mitología de lo que podríamos denominar el Universo Umbrella o la saga de Resident Evil, aunque es entretenida y ciertamente el tiempo pasa volando viendo a Milla y Ali  repartir cera limonera a diestro y siniestro, aunque se repitan un poco y nos dejen con la sensación de que no nos han contado nada.

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Por otra parte, con esta entrega, y armándose con el 3D, el camino de la mutación del videojuego al cine se completa, en detrimento del cine, me temo, y consigue la hibridación total: estamos ante una película-videojuego, con la pega de que, al contrario que en un videojuego convencional, no podemos jugar porque el mando lo tiene en exclusiva el director.

Así que como peripecia de acción trepidante está bastante completita de escenas espectaculares, pero a estas alturas, en la cuarta entrega, incluso los más incondicionales seguidores de la saga queremos que bien abran nuevos caminos, o simplemente se lo curren más para desarrollarnos la línea narrativa, porque lo de la acción trepidante y visualmente impactante ya se le supone a toda película de Resident Evil.

Conste no obstante que digo todo esto pero, como frikiadicto al asunto y apuntando maneras para masoca, la msima tarde del día del estreno iré a verla otra vez con mi hija y otra gente, porque es un rato entretenida, aunque contar, lo que es contar, no cuente casi nada.

Y pensar que al principio, con los paraguas (umbrella) y la lluvia en la calle japonesa parecía que iba a ser otra cosa…

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Origen (Inception) de Christopher Nolan

Origen (por motivos del propio argumento me cuesta no llamarla por su nombre real, Inception), es sin duda la joya de la cartelera del verano. Una lección de cine total y envolvente que reinventa los códigos del relato de intriga y supera cualquier otra película de acción que hayamos visto este año. Origen es original, inteligente y sorprendente, y demuestra que Christopher Nolan es un cineasta imprescindible en estos tiempos en los cuales tantos de sus colegas se limitan a prodigarse en la repetición, la falta de originalidad y el exceso visual sin contenido.

Nolan no. Nolan sabe lo que hace. Es un maestro, como demostró con El caballero oscuro, y ésta película es una nueva prueba de ello. Habrá algunos desnortados y desnutridos de ideas propias que dejándose guiar cual rebaño de borregos por sus “guías espirituales” de la caverna “progre” e intelectualoide caigan en la misma trampa en la que ya cayeron a la hora de juzgar El caballero oscuro, y no viendo más allá de sus narices, se despisten y obvien todo el gran cine que lleva dentro esta maravilla de película  simplemente porque es una producción norteamericana.

Crítica de la película El equipo A

Nunca fui seguidor de la serie El equipo A pero creo que todos los que se confiesan incondicionales de la misma sabrán reconocer como una de sus principales virtudes el sentido del humor, que incluso devoraba a los momentos de acción, siempre tan criticados porque allí se disparaba mucho y no se mataba nada ni a nadie. El personal no seguía El Equipo A esperando ver una variante televisiva de Acorralado, Rambo, La presa de Walter Hill o las de Desaparecido en combate de Chuck Norris,  que más o menos por esas mismas fechas hacían furor en los cines. Lo que esperaban (esperábamos, que yo también la veía de vez en cuando, sobre todo la primera temporada y algunos capítulos de la última, cuando modificaron el guión y les metieron a currar en operaciones especiales) era ver la siguiente pirada de pinza de Murdock, el piloto loco, o cómo conseguirían meter a M.A. Baracus en el avión, o de qué manera Hannibal trazaría un plan de esos que siempre le gustaba que salieran bien, ayudado por el caradura de Fénix.

Quienes criticaban que allí se mataba poco deberían haber tenido en cuenta que sobre todo el asunto era una comedia de acción para toda la familia, y si dudaban bastaba con echarle un vistazo a la presentación, que no engañaba a nadie. En la misma aparecía George Peppard encarnando a Hannibal con su puro en la boca ¡y disfrazado de primo de Godzilla, como si de Mortadelo se tratara! ¡Y qué me dicen del guiño con Dirk Benedict, alias Fénix, a quien le pasaban por delante de las narices a un cylon de Galáctica, la serie que protagonizó interpretando al teniente Starbuck! ¡Y Dwight Schultz, alias Murdock, vestido de novia!

No cabía llamarse a engaño: todo aquello era coña limonera, cachondeo puro y duro moderado por las limitaciones de censura del medio televisivo en aquel momento, pero tan gamberro como era posible dadas tales circunstancias.

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Lo que han hecho en la película de El equipo A es respetar ese espíritu de cachondeo y juerga y conseguir la que no dudo en calificar como una de las películas más entretenidas del verano. Ahora sólo cabe esperar que nadie se llame a engaño y se meta en la sala esperando ver una de Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni, y luego salga todo indignado del cine porque esta película tiene la osadía de ser nada menos que un vehículo de entretenimiento, en lugar de internarse en las más profundas y procelosas incógnitas del alma humana para revelarnos el verdadero sentido de la vida. Sería bastante absurdo, porque además como todo buen cinéfilo amigo de divertirse en el cine sabe, el verdadero sentido de la vida no está en los paseos sadomasocas por la angustia, sino en comedias como El guateque de Blake Edwards, cualquiera de los Hermanos Marx o la propia El sentido de la vida, de los Monty Phyton, por mucho que se empeñen en lo contrario los de la caverna intelectualoide.

Así pues, aclarando, que es gerundio: El equipo A, la película, es una comedia de acción con los mismos mimbres de aquella serie que tanta gente veía y algunos veíamos a ratos en la tele hace años, pero actualizada con argumento y personajes más cercanos a nuestros tiempos (Vietnam se ha convertido en Irak y la CIA y el ejército privado de  Blackwater son las nuevas amenazas). Es la hermana mayor de la serie de televisión, concebida argumentalmente en clave de precuela, y comparte con aquella la característica esencial que le proporcionó el éxito: la capacidad de sus protagonistas para meterse al espectador en el bolsillo consiguiendo que ya desde el principio estemos dispuestos a seguirles allá a donde vayan, hagan lo que hagan, por absurdo que parezca, y sin poner pegas o  montar una pataleta pretenciosa de tontosopas adicto a escucharse a sí mismo y subirse al púlpito pidiéndole peras al olmo. Habrá alguno que  exija aquí una tesina sobre el existencialismo o  un opúsculo sobre Jung versus Freud, pero si quieren profundizar en los recovecos de la naturaleza humana yo les recomendaría que mejor se abran un libro y hasta les paso el título de uno de bolsillo facilito y muy propicio para que se inicien en el asunto (que por algunas sandeces que escuché el otro día en la rueda de prensa de esta película a algunos tampoco les va a venir nada mal): Concepciones de la naturaleza humana. Una introducción histórica, de Roger Trigg, Alianza Editorial. ¡Hala, ahí tienen a Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Hobbes, Locke, Hume, Kant, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud… y hasta Wittgenstein!

¡No me digan que no les mola mazo, como diría Camilo Sexto!

Aquí en El equipo A, como afirma la publicidad, no hay plan B, sólo nos proponen un rato de trepidante cachondeo y aventuras francamente poco creíbles, aunque no nos importa. Tenemos a Hannibal Smith, personaje que queda reforzado por Liam Neeson, como ocurre con el Fénix de Bradley Cooper, aunque lo de Sharlto Copley con Murdock frente a Dwight Schultz lo vamos a dejar en un empate técnico (con cierta ventaja para el segundo), y en lo referido a Baracus, ahí sí que gana la versión televisiva de Mr. T.

Señores, no nos pasemos de listos que luego hablamos de más y acabamos haciendo el ridículo. ¿Qué esperaban cuando les dijeron que iban a ver un largometraje de El equipo A? ¿Una reedición de Persona de Bergman? ¿El desierto rojo de Antonioni? ¿Una reedición anotada de las obras completas de Kierkegaard con prólogo de Unamuno? Es que, francamente, manda narices lo que tiene uno que oír y leer a veces.

Cada vez somos más bobos pretendiendo ser más listos.

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El equipo A no engaña. No pretende ser lo que no es. Al contrario, es justo lo que se proponía: un rato de evasión con unas cuantas escenas espectaculares y un tonillo de optimismo juerguista en su argumento general. Vamos lo que viene siendo una especie de refresco en plan “tinto de verano” que se desenvuelve como un entretenimiento bastante digno. Siempre que uno tenga claro lo que va a ver, no aburre y merece estar entre lo más divertido que  vamos a ver en el cine este verano. Y su coherencia es tal que no cabe sino considerarla película muy conseguida en su género.

Insisto: en su género, en su liga, entre las que sacan lo mejor del concepto del blockbuster, como estreno veraniego, para pasar el rato con colegas y parientes… Ustedes ya me entienden.

Pero vamos, que si alguien quiere que se lo diga con música puede recordar la sintonía de la serie de televisión.

He escrito divertido porque me lo pasé como un crío viéndola, y porque me apuntaría sin dudar a otro viaje con estos cuatro pájaros.

Ahora bien, si alguien después de ver el tráiler y leer esto sigue pensando que le engañan porque no es un sesudo testimonio de la angustia humana o similar, le recomiendo que se lo haga mirar.

En mi opinión da lo que promete y a mí me merece la pena gastarme la pasta para echar de vez en cuando un rato entretenido en el cine sin comerme el coco, algo que lamentablemente no suele ocurrirme con todas las películas de acción que se vienen estrenando. Más bien al contrario. Por eso ésta, sin embargo, me dejó bastante satisfecho.

Más claro el agua.

Un aviso final: no se pierdan lo que viene detrás de los créditos aunque en el cine les enciendan las luces, porque es ahí donde están los cameos.

Y no digo más, que luego todo se sabe, aunque como despedida cariñosa a los aficionados a subirse al púlpito y pedirle peras al olmo, ahí les dejo una frase de Séneca: “A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”.

Miguel Juan Payán

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Noche y día ★★

Julio 15, 2010

Crítica de la película Noche y día

Sanfermines y patios andaluces. Así podría haber titulado este comentario de la locura de verano que protagonizan Tom Cruise y Cameron Díaz con el título de Noche y día. El astro de Hollywood vuelve a vérselas con la acción en una película donde la geografía española queda empaquetada en un “todo en uno”, o “todo a la vez”, en plan puzzle con las piezas cambiadas de sitio, como ya le ocurriera cuando mezcló fallas valencianas y Semana Santa sevillana en Misión imposible II, pero eso no es sino una anécdota en el esquema de esta colección de secuencias de acción levemente adornado como relato romántico que funciona como una especie de sucesión de trailers trufados de momentos espectaculares.

He escrito a propósito “locura de verano” porque creo que este término define muy bien un tipo de cine de acción cocinado específicamente para estas fechas de evasión y descanso que en el calendario vienen marcadas como vacaciones y en las que el tiempo libre cobra un protagonismo muy especial sobre todo entre el público infantil y juvenil.

Siguiendo la tradición de películas como Tras el corazón verde, La joya del Nilo, Señor y señora Smith o Seis días y siete noches, lo que propone Noche y día es simple cine de evasión, sin complicaciones, ni siquiera en su argumento. Los artífices de la película han citado como influencia referentes más “ilustres”, por decirlo así, como Charada o Arabesco, clásicos del cine de espías (mejor la primera que la segundas), pero están más cerca de estas otras propuestas más sencillas. Algo de su argumento puede hacernos pensar también, salvando todas las distancias que ustedes quieran, en una especie de eco lejano a modo de versión resumida y acelerada de Con la muerte en los talones, pero con Díaz en el papel de Cary Grant.

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En  todas las películas citadas la clave son los actores más que la acción, y más concretamente la química que sean capaces de desarrollar entre sí los integrantes de la pareja protagonista. Eso se da también en Noche y día. Cruise y Díaz tienen buena química, no cabe dudarlo, mejor por ejemplo de la que se daba entre Harrison Ford y Anne Heche en Seis días y siete noches o la que se estableció entre Gregory Peck y la reina mora Sofía Loren en Arabesco, pero les falta algo para llegar a alcanzar las cotas de complicidad que se daba entre Michael Douglas y Kathleen Turner en Tras el corazón verde, y andan más distanciados de lo conseguido por el dúo absolutamente mágico que formaron Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada.

Quizá no se trata tanto de la química de los dos actores, como de la manera en que ésta es explotada por el guión y el diálogo, que no acaban de sacar el mejor partido posible de sus dos protagonistas. En todo caso, hay que decir que, también a consecuencia del guión, Cameron Díaz tiene un papel que le permite desenvolverse de manera más completa que Cruise, más atado al tópico y que por ello realiza un encomiable esfuerzo por darle un aire algo enloquecido y bromista a su personaje, luchando contra un guión que comete el error de no explotar convenientemente esa faceta más gamberra del mismo. Algo más de caos y locura le habría sentado bien a este espía, que no obstante Cruise intenta implementar a través de su interpretación con algunos toques que le alejen siquiera un  poco de sus antecedentes en la saga Misión imposible, si bien persisten en la película algunos elementos visuales cogidos sobre todo de la tercera entrega de la misma, dirigida por J.J. Abrams (un ejemplo: la toma que muestra la pelea dentro del avión a través de las ventanillas del mismo nos trae ecos de numerosos planos similares en la serie Alias, creada por ese mismo director, guionista y productor, lo cual, dicho sea de paso, nos da una idea de por dónde pueden ir los tiros en la próxima entrega de Misión Imposible que Cruise prepara para 2011 con Abrams).

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Desde el punto de vista del argumento estamos ante una variante de la típica fábula de féminas solteras y profesionalmente competentes que buscan la pareja perfecta atacadas por el síndrome del reloj biológico y convencidas de que se les pasa el arroz,  y por ello comparte muchas características con las comedias románticas que responden a esa misma fórmula. Esa clave es la que quizá ha llevado a hacer convivir secuencias de acción más habituales en el cine para público masculino con un planteamiento de comedia romántica no del todo desarrollado que atiende más al público femenino (la escena con los padres que referencia al espía como “buen chico” es muy reveladora en ese sentido). Quizá por eso se desaprovecha la introducción de algo más de humor gamberro, y aunque Cruise conserva el protagonismo en las secuencias de acción pierde fuerza como personaje (algo que queda demostrado claramente en el momento en que desaparece de la trama dejando paso a un fragmento de protagonismo en solitario de Díaz).

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En este sentido es interesante recordar que algunos miembros del equipo creativo de la película hacían hincapié en cierto nivel de inspiración sobre la misma ejercido por las películas protagonizadas por Jean-Paul Belmondo en los años 60 y 70, entre las cuales yo destacaría El hombre de río, una farsa de espionaje y aventuras co-protagonizada por la hermana mayor de Catherine Deneuve, Françoise Dorléac, donde queda claro cómo y por qué al personaje de Cruise le habría sentado muy bien una dosis mayor de chulería y gamberrismo sano y algo más de farsa del tópico del espía cinematográfico, si bien queda en la película el guiño genial del actor saliendo del agua al estilo de Ursula Andress en 007 contra el doctor No o Halle Berry en Muere otro día

Es entretenida, pero creo que no explota todas su posibilidades, incluso desde el punto de vista de las claves del blockbuster veraniego.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Kick Ass: Listo para machacar

En uno de esos movimientos de cartelera de última hora que a veces hacen las compañías y que casi nadie entiende, muchos de vosotros habréis notado que la película Kick-Ass que tenía previsto estrenarse el próximo 4 de Junio, ya se encuentra en la cartelera de toda España, en las llamadas sesiones golfas, en la mayor parte de cadenas de cine del país. Imagino que los motivos tendrán que ver con darle algo de cancha a la película antes de su estreno, previsto justo antes del Mundial, una mala época para un género como éste. Así que durante este fin de semana y el próximo, todos aquellos que quieran o puedan acercarse a su cine a ver esta gamberrada sin mucha vergüenza y con todo el descaro del mundo, pueden hacerlo.

Digo que es una gamberrada sin vergüenza y con descaro, pero lo hago con todo el cariño del mundo, porque es lo mejor de la película. Su falta de pretensiones, su mala uva, su descarada explotación del género de superhéroes y de la violencia más alocada y canalla que uno pueda echarse a la cara. Desde su inicio hasta los últimos momentos la película no duda de hacer de la sangre, los golpes o las palizas, los asesinatos o la justicia por cuenta propia y ajena, su canto de sirena para encandilar al público. Y lo hace con frescura y naturalidad, como si ver a una niña de diez años soltando salvajadas y destripando o desmembrando seres humanos fuese lo más natural del mundo.

Porque esto es un tebeo y aquí nada es real, nada debe tomarse en serio. Todo es tan superlativo que deja sobre todo una sonrisa o carcajada en el espectador, no es creíble, no es una violencia real. a película sabe hacer reír porque sabe reírse de sí misma. El protagonista es un lerdo de padre y muy señor mío, al que de tanto leer tebeos de superhéroes se le cruzan los cables y decide meterse en un oficio para el que no tiene no sólo preparación, sino las mínimas luces que le hagan sobrevivir. Os podéis imaginar con esos mimbres cómo sale su primer enfrentamiento con unos criminales.

Kick-Ass es un antihéroe, que, como él mismo dice, “mi mayor superpoder es soportar palizas como nadie”. Friki, medio bobo y recibiendo más palos que una estera. En ese contrapunto que suele existir entre villano y héroe, está bien que quien se opone a él sea de su misma calaña, mientras que Hit Girl y Big Daddy son dos profesionales en el arte de acabar con los villanos por la vía rápida, sin juicios y sin preguntar a nadie. Obviamente es en esa dualidad entre la incompetencia del priemro y la efectividad de esa niña que habla como un camionero y asesina como una profesional, donde reside la gracia del invento. Kick Ass es muy friki, con o sin ropa. Los otros no lo son. Kick-Ass-movie-image

Es ahí donde Kick-Ass hace cómplice al espectador, que con poco que sea seguidor del mundo del cómic seguro que se ríe aún más, por su sano giro en los tópicos habituales de estas producciones hacia un camino más salvaje. Y bastante entretenido. Matthew Vaughn deja entrever las claves de lo que será su X-Men: First Class y lo que podía haber sido X-Men 3 de haber caído en sus manos. Al menos, una aventura sin complejos ni complicaciones, con un humor bastante negro (el chiste inicial sobre la muerte de la madre del protagonista o cómo les atracan continuamente a él y sus amigos, son demenciales) pero poca enjundia, poca chicha.

 

Porque desprovista de artificios y de su sentido del humor, la película no cuenta nada del otro mundo, ni contiene una doble lectura, un mensaje, una razón de ser. Es una sucesión de momentos más o menos divertidos, que además requieren a veces de ciertos conocimientos sobre el cómic en general y Kick-Ass en particular, que la pueden hacer inaccesible al público general. La historia tarda mucho en arrancar y se acaba plagando de tópicos y situaciones reiterativas (¿cuántas veces necesita alguien ser salvado en el último suspiro?) sin nada original en sus vértebras. A veces incluso peca de pastel y ñoña, y deja claro un mensaje de “estos chicos son así porque no tienen sexo”, tan simple como poco elaborado. Porque si de algo carece la película es de un mínimo de erotismo.

Como suele ser habitual en USA, toda la fuerza la lleva la violencia, no el sexo. Así, historias tan interesantes como el pasado de Big Daddy y su relación con la policía, la relación padre hijo entre Niebla Roja y el gángster Frank D'Amico o la de Kick Ass y su padre (perfectamente desarrolladas en el tebeo) quedan cojas y abandonadas, sosas. Siendo lo más interesante, argumentalmente de la película. Por no hablar de un pequeño bache narrativo a la mitad de la cinta, que llega a desesperar... kick-ass-movie
Con todo y con eso el reparto está sembrado (sobre todo Mintz-Plasse, Strong y Moretz, una niña que roba todas las escenas sin despeinarse). Y aunque a veces uno desearía que se viesen mejor las coreografías de los tiroteos o peleas, las escenas de acción están bien dosificadas. Y reírte te ríes sin problemas cada par de minutos. Tiene suficiente mala leche como para encandilar con su humor al más pintado. Pero no acaba de rematar la faena. No termina de asimilar toda la carga del tebeo, sólo rasca la superficie.

Ser subversivo no es decir muchos tacos y mostrar mucha sangre. Es contar una historia con dureza y sin reparos, como nunca ante se había contado. En Kick Ass la clave está en las relaciones, que parecen interesar poco al director y guionista de la cinta. Prefiere quedarse con la violencia y los chistes. Una pena, porque esta historia daba mucho más de sí. Quizá en la secuela sepan aprovechar algo mejor ese potencial latente de este peculiar superhéroe. Mientras, tampoco está nada mal para echar un rato, mejor aún en compañía.

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Crítica de la película Prince of Persia. Las arenas del tiempo

Prince of Persia, las arenas del tiempo es lo que podríamos denominar una revientataquillas muy completa y conseguida. Quiere esto decir que sus artífices cumplen sobradamente con las perspectivas generadas en torno al proyecto, y será raro que los aficionados a ir al cine a entretenerse y pasar un rato divertido se sientan defraudados por el espectáculo que se les ofrece.

Lo cierto es que mientras veía la película experimentaba la misma sensación de estar recuperando una parte de mi infancia que me asaltó cuando vi por primera vez La momia, La momia 2 o Piratas del Caribe, e incluso, para ser sincero, y a título exclusivamente personal, me lo pasé mejor viendo ésta que Piratas del Caribe, quizá porque es más descarada en sus planteamientos y en ningún momento intenta venderme otra cosa que lo que es: un producto para explotación masiva en todo el planeta, con escenas de acción trepidante, una intriga competente, personajes que rápidamente adoptas como espectador y a los que te apetece seguir viendo las sucesivas peripecias que te proponen los guionistas y paisajes y entornos de carácter legendario, que encajan tanto en una imagen actualizada a los usos, gustos y costumbres actuales de las típicas aventuras de las Mil y un noches rodadas en Hollywood en los años 40 y 50 como a las recreaciones de entornos propios del género de Espada y Brujería tan habituales en el mundo de los videojuegos.

No es que Dastan sea Conan, ni tampoco lo pretende, pero algunas de sus aventuras nos recuerdan los escritos de Robert E. Howard, y por lo que se refiere al videojuego, parece que en líneas generales la adaptación cinematográfica cumple bastante fielmente con las situaciones y personajes allí utilizados, si bien han cambiado algunos nombres y han realizado los pertinentes ajustes en la historia para facilitar su traslado a la pantalla grande.

De hecho, mirando el asunto desde la eficacia y calidad de su reparto (encabezado brillantemente por ese más que competente actor que es Jake Gyllenhaal, que se lleva metiendo al espectador en el bolsillo desde Donnie Darko y tras dar la campanada internacionalmente con Jarhead y Brokeback Mountain, se ha establecido como referente en su generación con Zodiac), y  valorándolo también por los medios de producción aplicados (de hecho una infraestructura de superproducción que recuerda el despliegue visual de Piratas del Caribe), cabe concluir que es una de las más competentes y serias adaptaciones de videojuego al cine que hemos conocido hasta el momento.

Todo lo anterior podría resumirse en dos ideas claves. Al cine la mayoría del personal va a disfrutar, a olvidarse de su vida cotidiana y pasar un rato entretenido entrando en la fábula. Bajo esa perspectiva, Prince of Persia es sin duda una película perfecta.  Ahora bien, si lo que vamos buscando es reflexionar sobre las tragedias cotidianas que tanto suben la audiencia de los informativos, o si buscamos refocilarnos en las miserias que  nos rodean por el mero hecho de ser humanos, recomiendo otra elección en la cartelera, porque esta película es un muy digno espectáculo de evasión, lo que por otra parte la hace interesante, ya que replica fórmulas que llevan aplicándose en el cine desde los tiempos de la etapa muda, cuando la primera gran estrella del cine de acción de Hollywood, Douglas Fairbanks, daba saltos por los decorados de El ladrón de Bagdad, Robin de los Bosques, Los tres mosqueteros, La marca del Zorro o El pirata negro. Sería absurdo y totalmente incongruente pedirle a este largometraje producido básicamente para entretener de manera digna y sin ofender al espectador que se ajustara a suscitar planteamientos de otro tipo. Ninguna película debería ser analizada lejos y al margen de sus objetivos primarios. Contemplada según dichos objetivos,  Prince of Persia es una buena película, en su terreno. Quiere esto decir que aplica la fórmula argumental y narrativa a la que se acoge con habilidad, astucia y gran solvencia, metiéndonos de lleno en el seno de sus intrigas palaciegas, sus trepidantes escenas de acción y su historia romántica, que por ejemplo al contrario de lo que pasaba con  Furia de titanes (me la ha recordado porque comparte con la misma su protagonista femenina, así que al comparación, si bien odiosa, viene al pelo), es suficientemente competente como para que nos la creamos, sin pensar demasiado en ella, como ocurre con todo el resto de lo que ocurre en la película.

No se trata en suma de hacernos pensar sobre nada, porque su objetivo es operar sobre el espectador del mismo modo que una montaña rusa. No en vano su productor, Jerry Bruckheimer, es entre otras cosas el principal valedor de lo que los críticos, han dado en llamar “cine de montaña rusa”. Yo prefiero calificar este tipo de películas como “cine de atracciones”, que es un término que me recuerda los primeros pasos de la historia del cine, aquella época en la que todo estaba todavía por descubrir, pero la norma esencial era deslumbrar al público con momentos fantásticos imposibles como los que proponía George Méliès con su Viaje a la Luna, pero también Giovanni Pastrone con su retroceso hasta los fastos de la antigüedad  de la guerra de Roma contra Cartago en Cabiria, o David Wark Griffith con Intolerancia.

Se trata aquí por tanto de recuperar una de las más dignas funciones del arte industrial que es el cine: divertir y entretener de forma competente y sin insultar la inteligencia del espectador.

Miguel Juan Payán

Luc Besson vuelve a facturar esa especie de subgénero raro que se ha inventado y que son las películas de género estilo Hollywood pero cocinadas a la francesa. Es lo que viene haciendo tanto en su faceta como productor como cuando decide situarse detrás de las cámaras. Aquí ejerce como guionista y productor y deja que se ocupe de la dirección uno de sus acólitos más capaces, Pierre Morel (realizador de Distrito 13, Venganza y próximamente la nueva versión de Dune anunciada para 2012). Y el resultado es entretenido.

Tras un arranque que por su ritmo pausado y por el hecho de tomarse su tiempo para presentar a uno de los protagonistas parecía ir a tirar por la vía del cine de espionaje con reminiscencias del que se facturaba en Hollywood en la interesante década de los setenta, Morel no tarda en poner las cartas sobre la mesa y entregarse al desarrollo de una serie de secuencias de acción inevitablemente vinculadas a la aparición del personaje de Travolta. Éste llega al asunto caracterizado con las pintas de una especie de Vin Diesel algo más talludito, más hortera y con los modos y maneras de Vincent Vega, el papel con el que Tarantino le sacó del olvido en Pulp Fiction. De hecho y por si alguien no lo pilla así por las buenas, incluso se permiten un chiste con la hamburguesa Royale con queso que la primera vez hace gracia pero la segunda, ya en el desenlace, no tanto (un consejo: por bueno que os parezca, nunca repitáis un chiste, es como hacer desandar camino a los personajes).

El  chiste de la Royale con queso  es bastante clarificador sobre cómo se construye la película, que no es otra cosa que un entretenido ejercicio de imitación del cine de acción estadounidense cocinado en las calles de la capital francesa por unos admiradores del cine de Tarantino y de las buddy movies. Inicialmente salen bien parados del intento pero en su empeño por tocar demasiados palos a la vez acaban bastante despistados y finalmente se entregan a una sucesión de secuencias de acción encadenadas sin demasiado orden ni concierto donde los personajes desaparecen para convertirse en marionetas.

Le ocurre tanto al personaje de Rhys Davies como al del propio Travolta, que no obstante es el que sujeta la historia, porque de no ser por sus salidas de tono y su chulería, el resto sería bastante monótono y previsible. Digamos que Travolta con su topicazo de personaje y con una caracterización que compite en lo más hortera que le hemos visto con el rastafari extraterrestre de Campo de batalla: la Tierra, es no obstante lo más entretenido de la película, mayormente porque se la pasa disparando contra alguien, soltando exabruptos y repartiendo cera limonera a todo el que se le pone por delante en una especie de sátira-homenaje (más homenaje que sátira, me temo) al héroe de acción estilo yanqui años 80 y 90, empeñado en salvar el mundo en plan Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger… aunque para ser sincero creo que el estilo Steven Seagal le pilla más cerca que el de las criaturitas de Tarantino.

Vamos que la supuesta sorpresa sobre la verdadera identidad y función en la trama de algunos personajes no es en modo alguno tal sorpresa y al menos yo me la veía venir desde la primera escenita romántica (por cierto, bastante aburrida de puro tópica).

En las escenas de acción la cosa se anima y vuelven a aplicar la fórmula de Venganza, pero como dice mi colega, y sin embargo amigo, Jesús Usero, en ésa otra lo gracioso era ver al gran Liam Neeson ejerciendo de quebrantahuesos al estilo Steven “Stopa” Seagal, y en ésta otra es menos gracioso ver a Travolta ejerciendo como Vin Diesel pero igualmente nos conformamos porque al menos hasta que intentan resolver la trama y acaban empantanados en un huerto de intriga que claramente les supera, la cosa tenía su gracia.

Pero vamos que ver saltar a Travolta por los tejados de Frenético y pasearse a tortas por París como Jet Li en El beso del dragón, tiene cierta gracia, así que, como decían en el anuncio aquél de un célebre juego de mesa: “Aceptamos barco como animal de compañía”.

Eso sí, la persecución por carretera con el lanzacohetes en ristre les ha salido más tipo película chunga de acción de Eddie Murphy en sus peores tiempos, estilo El negociador (supongo que porque no tenían tanta pasta como para marcarse un clon de Morfeo  repartiendo leña en la segunda entrega de Matrix), y más que realista resulta algo pobreta de medios para lo que se supone que quiere conseguir. La falta de medios no cuela como intento de realismo, porque además a esas alturas y en una historieta tan pasada de vueltas, el realismo no pintaría absolutamente nada.

Y por supuesto la exhibición de pistolas en la última escena suena a duelo infantil para medirse la minga en los retretes del jardín de infancia.

Lo dicho: moderadamente entretenida, pero con un tramo final francamente torpe. Sus ambiciones de clonación de Tarantino se quedan en una de “Stopa” Seagal con más dinero de lo habitual y Travolta parodiando a Vin Diesel.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película King Kong de Peter Jackson

El estreno, a principios de este 2010, de The Lovely Bones, la última película de Peter Jackson, me hizo caer en un detalle curioso, que se repitió en la gran mayoría de medios de comunicación que se hacían eco del estreno. King Kong, la anterior película del director, estrenada en todo el mundo el 14 de diciembre de 2005, no existía. En otras palabras, The Lovely Bones era el siguiente trabajo de Jackson tras su exitosa trilogía de El Señor de los Anillos, o al menos eso era lo que cualquier aficionado al cine poco espabilado podía concluir.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de los motivos de semejante indiferencia hacia aquella revisión de la mítica película de 1935 que Jackson abordó con desmedido entusiasmo. La película no gustó, no fue bien tratada por el público, y mucho menos por la crítica. El director neozelandés pasó de la gloria absoluta con su adaptación de los libros de Tolkien, a las críticas más severas con su Kong. Y, como en el anterior artículo del blog dedicado a Superman Returns, aquí estoy yo para llevar la contraria a tantas opiniones negativas. Porque, en mi opinión, el King Kong de Peter Jackson tampoco era tan malo...

Si Bryan Singer había apostado por ignorar absolutamente la tercera y cuarta películas sobre Superman, Jackson hizo lo propio respecto a aquel despropósito que el prolífico Dino de Laurentiis perpetró en los 70 con el simio gigante. John Gullermin, eficaz artesano, había dirigido en 1976 una versión horrible protagonizada por Jeff Bridges y Jessica Lange, que para colmo de males había tenido una infecta secuela diez años después. Jackson hizo hincapié en su intención de homenajear al Kong original, al de 1933, aquel que él había descubierto, como yo, en recordadas veladas televisivas cuando era niño, y que nos permitió otorgarle otro sentido al término “aventura”. Y es que el King Kong de Schoedak y Cooper era, sin duda, la aventura más grande jamás contada. Por eso  el proyecto de Peter Jackson despertó tanto interés desde que fue anunciado, y por eso, la decepción fue tan grande.

Han pasado casi cinco años del estreno, y vista hoy, resultan evidentes los motivos del descalabro. Pero ojo, que el Kong de Peter Jackson sí obtuvo beneficios, aunque todos sabemos ya cuál es la manera de proceder de los grandes estudios: no te gastas 200 millones de dólares para recaudar 550 (sólo 218 en territorio estadounidense). Semejante presupuesto requiere una taquilla mucho más basta, para que la película se considere rentable. Lo que ocurrió fue que la cinta se enfrentó a problemas que hubiesen sido fácilmente evitables, ya que provenían de la misma concepción del proyecto. Puede decirse que Peter Jackson murió de éxito, el que le había proporcionado su maravillosa trilogía de los anillos, venerada por todos, crítica y público. Aprovechó la descomunal repercusión de aquellas tres películas para darse un festín con su mito cinematográfico de la infancia, y, sencillamente, se pasó.

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Peter Jackson no era un director mediático antes de El Señor de los Anillos. Era un cineasta muy reconocido en los ámbitos del cine de género, el irreverente neozelandés que había divertido al personal con aquellas pequeñas películas gore a finales de los 80, y que había cambiado de rumbo con Criaturas Celestiales ya en los 90, justo antes de acogerse a los preceptos del sistema de grandes estudios con la divertida Agárrame Esos Fantasmas, un proyecto personal con el que Universal le acogió en su seno. Pero la película, protagonizada por Michael J. Fox, sólo gustó a los fans del Jackson de siempre, los mismos que habían disfrutado con Mal Gusto y Braindead. Peter Jackson no contaba con ningún taquillazo, era relativamente poco conocido, muy lejos, para entendernos, del nivel de popularidad de tipos como Spielberg, James Cameron o Tim Burton. Pero se le puso a tiro la obra de Tolkien, y lo bordó. Y de ahí, claro, a King Kong, el tipo de proyecto que Universal no pone en manos de cualquiera. En Hollywood vales lo que haya recaudado tu última película, y la última de Jackson (o mejor, las tres últimas) habían recaudado muchísimo…

Con semejante status, el director podría pedir lo que quisiera. Y no se quedó corto. Uno puede entender a priori el planteamiento: te dedicas a hacer películas, y una major pone en tus manos la posibilidad de hacer un remake de uno de los personajes más famosos e icónicos de la historia del cine, personaje que, por otra parte, forma parte de tu imaginario particular desde tu infancia, esa película que te sabes de memoria y con la que, muy probablemente, has descubierto el cine y por la que has decidido dedicar tu vida a este oficio. Como seguro haríamos cualquiera de nosotros, nuestra nueva versión sería grande, ambiciosa y excesiva. Y de eso pecó este King Kong.

El exceso llegó en dos aspectos fundamentales. El King Kong de 1933 duraba 100 minutos. Peter Jackson, y sus colaboradoras habituales en las tareas de guión, Fran Walsh y Philippa Boyens, escribieron un libreto que dio como resultado una película de 187 minutos. Más de tres horas para contar exactamente la misma historia. Es cierto que tampoco ayudaba la irregularidad narrativa, con momentos ágiles que se alternaban con otros algo plúmbeos, pero las aventuras en Isla Calavera requerían menos metraje que, por ejemplo, las películas de El Señor de los Anillos, que superaban también las tres horas, pero se debían al extensísimo material que adaptaban, que les permitía además, una importante fluidez narrativa. Es muy complicado que una película arrase en taquilla sobrepasando las tres horas. Si damos por hecho que Jackson buscaba jugar en la liga de las grandes, de las más rentables, habrá que convenir que se equivocó con semejante duración: Avatar duraba 162 minutos, la tercera entrega de Piratas del Caribe 151, El Caballero Oscuro 152, el primer Harry Potter 150, La Amenaza Fantasma 136…Son algunas de las películas más taquilleras de la historia del cine, muchas de ellas bastante más aburridas que King Kong, pero con el tirón que proporcionan las sagas populares. Y hay que tener en cuenta que la versión que finalmente pudimos ver en los cines no era la que Jackson tuvo en mente desde el principio, sino una recortada que tuvo que aceptar por exigencias del estudio. Efectivamente, el Kong de Peter Jackson era demasiado largo…

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Y, como no podía ser de otro modo, la película estaba repleta de efectos visuales. Es probable que en los últimos años hayamos visto cintas con un número de planos virtuales parecido (la reciente Furia de Titanes es un claro ejemplo), pero yo, que voy al cine una media de cuatro veces por semana y veo todo tipo de cine, blockbusters incluídos, tuve la sensación viendo King Kong de que no había visto nada igual en mi vida: cada escena, cada plano tenía algún tipo de efecto visual. El abuso de la infografía fue, en mi opinión, un error clamoroso. Desde la primera parte de la película, en la que los ordenadores ayudaban a recrear la Nueva York de los años 30, hasta el grueso de la trama, en esa Isla Calavera rebosante de bichos mastodónticos. Todo era demasiado virtual, demasiado tecnológico. Nuestro querido Kong estaba hecho de forma sublime, le notábamos respirar, le notábamos sufrir y amar a Naomi Watts, pero esa perfección se convertía en abrumadora cuando le veíamos interactuar con los dinosaurios o con la tribu de la isla. Algo chirriaba, algo se “salía de madre”. Los 200 millones de presupuesto tenían que notarse en algo, y se notaba, sobre todo, en los abundantes efectos visuales. Eran buenos, pero eran demasiados…

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Pero yo no puedo olvidarme del cásting, en mi opinión, uno de los más fallidos de los últimos tiempos. Y mira que el director había acertado de lleno en el amplio reparto de El Señor de los Anillos, pero aquí metió la pata. Uno no logra identificar a Jack Black con ese espíritu libre y aventurero que era Carl Denham en la película de 1933, en la que le puso cara y cuerpo Robert Armstrong. Tampoco Adrien Brody era el más adecuado para el papel de Jack Driscoll, un galán que a fin de cuentas pugnará con el simio por el amor de Anne, encarnada aquí por una Naomi Watts que cumplía sin más, pero que carecía del encanto de aquella intrépida Fay Wray. Individualmente no eran los más adecuados, y en conjunto tampoco lograban encandilar.

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Y vamos ya con lo bueno. El King Kong de Peter Jackson era una delicia, como comenté en mi artículo sobre Superman Returns, desde el punto de vista de la nostalgia y el homenaje a aquella maravilla de 1933. Si la versión del Hombre de Acero de Bryan Singer se deshacía en elogios y recuerdos a la película anterior, este Kong multiplicaba por mil el espíritu de Schoedak y Cooper. Se buscaba la AVENTURA, con mayúsculas, y por ello no se reparó ni en gastos ni en metros de celuloide. La película comenzaba como comienzan las grandes aventuras, con unos personajes sin oficio ni beneficio, de vidas vacías que embarcan en un viaje de desconocidas e inesperadas consecuencias. La primera hora de película era de una belleza memorable, con esa recreación de la ciudad de Nueva York justo después de la gran depresión, que parecía cebarse con los artistas, con los creadores, gentes como la actriz Anne o el guionista Jack. La llegada a Isla Calavera era también grandiosa, así como el descubrimiento del simio gigante. Después nos adentrábamos en un festival de imágenes generadas por ordenador, hasta un final emotivo, espectacular y sobrecogedor, con Kong en lo alto del Empire State. No tenía, claro, en encanto de la antigua, pero le rendía un sentido homenaje.

A mi me pasa algo curioso. Comprendo que es difícil mejorar un original, y menos uno con la grandeza de aquel King Kong de 1933. Todos tendemos a despreciar las nuevas versiones, los remakes de películas que amamos, porque consideramos que es imposible mejorarlas. Pero yo no puedo evitar emocionarme cuando veo estos lavados de cara de alguna de mis obras favoritas, aunque soy consciente de que empequeñecen en la comparación con las primeras. Evidentemente no me ocurrió con El Planeta de los Simios de Tim Burton, ni con la Psicosis de Gus Van Sant, pero cuando me ofrecen un poquito de entretenimiento mezclado con un venerable respeto al original, me ganan para su causa…

King Kong llegó a finales de 2005 nuevamente, pero no se quedó…Y estoy convencido de que tardaremos mucho tiempo en volver a verle en la gran pantalla. De hecho creo que nunca volveremos a verle. En los 70 más que un homenaje sufrió un insulto, y treinta años más tarde Peter Jackson le trató con cariño, con mimo, pero le atiborró de tecnología. Y Kong es un niño, tanto como lo éramos nosotros cuando le descubrimos, y no debe de ser mal criado. Las intenciones eran buenas, pero las expectativas no se cumplieron. Pero yo agradezco a Peter Jackson su intento por devolvernos a Isla Calavera, para vivir la aventura más grandiosa que el cine nos ha contado. Yo disfruté con este King Kong, por lo que tuvo de respetuoso y porque me hizo recordar que sólo el cine puede contarnos historias como ésta. Y qué vértigo pasé en lo alto del Empire State…

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Crítica de la película Green Zone: Distrito protegido

En principio lo que hace Paul Greengrass en Green Zone: Distrito protegido no es otra cosa que trasladar las claves de su replanteamiento del cine de espionaje en la saga de Jason Bourne a los primeros tiempos de la invasión de Irak, cuando el tema de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenían los iraquíes preparadas para conquistar el planeta, cual marcianos de Tim Burton, se convirtieron en el McGuffin más buscado de la era Bush. No era para menos, ya que si hacemos memoria tal asunto fue la excusa esgrimida por los Estados Unidos y sus aliados para invadir el país… y luego no aparecieron las dichas armas por parte alguna.

Pero hay más cosas interesantes en la película.

Habría resultado no obstante muy fácil para el director zambullirse gustosamente en un espectáculo de acción sin trabas o ponerse panfletario con el tema de la conspiración, pero ése no sería el estilo Greengrass. Lo que más interesa de esta película es precisamente esa otra vuelta de tuerca que se le da al tema central: la manipulación de la verdad y la execrable sumisión de los medios de comunicación al poder, alentada por el terror desatado por los atentados del 11-S y amparada bajo la sombra de la resurrección del estado como paternalista sobreprotector de los ciudadanos totalmente liberado de las trabas morales y los controles de rigor.

Ese “papá estado” del “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, al que solemos invocar cuando la realidad nos impone el zarpazo del miedo, inoculado en esta ocasión en las venas de nuestra sociedad autocomplaciente a través de los ataques terroristas, es el verdadero Kraken que se ha adueñado de la historia reciente, más temible que el bicho que aparece en Furia de titanes. Porque, señores, conviene no olvidarlo: vivimos en estado de guerra.

Simplemente, estamos en guerra, no en “misión de paz”, como pretenden algunos de nuestros políticos en un impúdico alarde de optimismo injustificado en cuanto a su limitadísima capacidad para vendernos humo.

Greengrass es más cauto a la hora de hablarnos del asunto, y disfraza astutamente el posible mensaje que pudiera tener su película, en definitiva una trama de denuncia de la conspiración bastante fiel a la fórmula de este tipo de relatos, con los abalorios más elaborados y brillantes del cine de acción, llevándonos al epicentro de la invasión de Iraq, el distrito protegido que se cita en el título elegido para acompañar a la película en la cartelera española.

Su intriga en pleno entorno bélico tiene toda la capacidad de evocación y seducción que exhiben los mejores ejercicios de hibridación de géneros del cine reciente y además da muestras de una coherencia y equilibrio ejemplar en las dos historias principales que centran el relato.

La historia principal es obviamente la búsqueda de las armas de destrucción masiva, que evoluciona hacia una búsqueda de la verdad por parte del protagonista. Pero la película no está completa y sería menos brillante sin el punto de compensación y equilibrio que aporta la subtrama, no menos importante. Nace ésta en esa especie de isla en el paisaje bélico que es el distrito protegido. En ella reina el político manipulador y sinvergüenza interpretado por Greg Kinnear, cuyo pulso con la periodista-mascota y “domesticada” a la que da vida Amy Ryan va creciendo a medida que avanza la trama, mostrándose finalmente incluso más importante como tema central de la misma que la búsqueda de la verdad por parte del héroe, toda vez que dicha búsqueda se salda con el descubrimiento de una trágica mentira que se despliega como una especie de rosario de engaños y corrupción, recordándonos la frase “planes dentro de planes” que pronunciaba la bruja Bene Gesserit en la novela Dune de Frank Herbert.

En el desenlace entendemos que el verdadero corazón de la historia está representado por esa doble búsqueda de la verdad que llevan a cabo los personajes del soldado y la periodista, el primero esperando encontrar respuestas y la segunda temiendo encontrar las respuestas que ya se ha dado a sí misma. Y ambos representan el desengaño que preside el acto final de toda la trama y nos alcanza doblemente como espectadores de la película y como espectadores en la vida real de esta lamentable representación de la mentira que forma ya parte vergonzosa e indeleble de nuestra historia reciente.

Pero no teman. Para llegar a todo ello Greengrass no cocina un paseo panfletario y aburrido desde el púlpito de la tragedia, sino que nos sube a un trepidante tren de secuencias de acción lanzado a toda velocidad por las calles de Bagdad, en una trama de intriga con tensión creciente a la que se van incorporando nuevos personajes y situaciones con la narrativa reportajeada de que hacen gala las mejores series de acción facturadas por la pequeña pantalla en nuestros días y que tan buenos resultados suele dar cuando se aplica con coherencia y eficacia en las películas concebidas para la pantalla grande.

Quiere esto decir, para ser aún más claro, que Greengrass nos sitúa en el mismo centro de la acción, justo tras los talones del protagonista, dando como resultado una de las mejores películas de acción del año.

Visualmente intensa y narrativamente muy clara en su manera de exponer la trama de conspiración, Green Zone pone sobre la mesa uno de los principales talentos de su director: facturar eficaces películas de acción sin poner en duda ni ofender la inteligencia del espectador.

Llama además la atención lo hábil que es para hablarnos de la prostitución de los medios de comunicación sin cargar las tintas, a través de ese personaje de la periodista que pasa casi como una sombra por el relato arrastrando sus miserias de un modo más sobrio y contenido e incluso más demoledor, por ser menos obvio y no tirar de justificación personal alguna, que el que en su momento exhibiera el personaje interpretado por Meryl Streep en Leones por corderos, otra interesante película que se planteaba la sumisión de la prensa al poder. El duelo que en aquella mantuvieron Streep y Tom Cruise como periodista y político alcanza nuevas cotas y una plasmación en pantalla más verosímil y menos hollywoodiense en el que en esta otra película mantienen Amy Ryan y Greg Kinnear.

Miguel Juan Payán