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Javier Fesser repite experiencias profesionales, con el universo caótico e hilarante de la pareja de agentes creados por el genial Francisco Ibáñez. No obstante, el filme no logra transmitir la riqueza de matices humorísticos que concitaban las inolvidables historietas.

Hace once años, Javier Fesser dio rienda suelta a sus sueños infantiles, y puso en marcha una producción titulada La gran aventura de Mortadelo y Filemón. Con actores de carne y hueso y unos efectos fieles a los tebeos originales, el cineasta contó un argumento lleno de nostalgia desbordada, compuesto por una comicidad surrealista y explosiva. A pesar de que la identificación de los personajes de dibujos con los rostros de Benito Pocino (Mortadelo) y Pepe Viyuela (Filemón) no consiguió enraizar especialmente fuerte entre los seguidores de Ibáñez, sí que animó a muchos espectadores a visionar la traslación de los libros de FI; efecto que contribuyó al éxito comercial de la cinta.

Debido a los cuantiosos beneficios en taquilla, los responsables probaron con una secuela cinco inviernos después, bautizada Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra. Sin embargo, Fesser no repitió en la segunda entrega, y su puesto lo ocupó Miguel Bardem. Por su parte, Viyuela sí que regresó en la piel de Filemón, mientras que Mortadelo exhibió el físico de Edu Soto. Pero aquí sí que se notó la pérdida de feeling entre las tiras cómicas y su traducción al cine de personas reales.

Tras estas experiencias, Fesser parecía tener claro que la nueva cinta de los desastrosos agentes de la TIA debía ir por el terreno de la animación. Y así, el director apostó por un lavado de cara a base de tecnología propia del siglo XXI, capaz de recuperar el espíritu impreso en la obra de don Francisco. En este aspecto, el responsable de la eléctrica y entretenida El milagro de P. Tinto acertó de lleno, y eso se puede notar nada más sentarse en la butaca para degustar Mortaledo y Filemón contra Jimmy El Cachondo: cinta que sale beneficiada de la estética extravagante, que tantos buenos momentos ha hecho –y sigue haciendo- pasar a miles de lectores.

Javier Fesser es consciente de que su estilo se amolda a la perfección con los argumentos ideados por Ibáñez, pero su error está en estirar demasiado el molde; en quedarse en una simple concitación de sensaciones pretéritas, sin apoyarla con una aventura a la altura de unos espías tan estimables y divertidos.

Salvo algunos chistes realmente brillantes (la parodia de Mercedes Milá es de lo mejor de la película), el largometraje no consigue montar el necesario espectáculo. JF realiza piruetas circenses en una sucesión continua de ruido, chascarrillos hilarantes, golpetazos a mansalva y situaciones cómicas previsibles y descafeinadas; lo que conlleva a una sensación de cansancio acumulado.

Pese a contar con una fauna variada y colorista (Jimmy El Cachondo, El Tronchamulas, el incompetente jefe de la TIA, los gemelos siameses, el alocado Bacterio…), el filme no consigue emular el contagioso humor made in Spain de su modelo en papel.

Jesús Martín

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©accioncine

Modificado por última vez en Lunes, 22 Diciembre 2014 09:27
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Jesús Martín

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