Edoardo Maria Falcone debuta en la dirección con esta amable comedia, en la que destaca el duelo interpretativo mantenido por Alessandro Gassman y Marco Giallini.

Un padre autoritario, aunque él se las da de liberal; una madre con ganas de rebelarse contra el marido; una hija algo ligera de neuronas; y un vástago cuya obsesión es vestir sotana y alzacuellos. Esta es la familia protagonista de la ópera prima como cineasta de Edoardo Maria Falcone: una crónica consanguínea, en la que también aparece un sacerdote con muchos consejos que dar al clan.

Con el estilo habitual del humor transalpino, plagado de diálogos al borde del surrealismo y muchas situaciones sacadas de contexto, el reputado guionista de ¿Te acuerdas de mí? exhibe los vicios y las virtudes de un grupo de personajes voluntariamente caricaturizados, y que responden a la perfección al prototipo de la clase media alta romana.

Los estereotipos no parecen asustar a Falcone, ya que los maneja con soltura y talento para orquestar la personalidad de los tipos que describe en el guion. Precisamente, esas fisonomías reconocibles por estar reproducidas directamente de la sociedad le sirven al creador para desplegar el enloquecido humor, que impregna el filme de la primera escena a la última; y en el que lucen con especial fulgor los roles de Tommaso (el controlador cirujano al que da vida Marco Giallini) y de Don Pietro (la religiosa parte que le cae en suerte a Alessandro Gassaman).

Giallini y Gassman sostienen la desenfrenada historia de la cinta, con sus continuos enfrentamientos dialécticos y sus inverosímiles escaramuzas para acercarse el uno al otro. Muy en la línea de los clásicos de los cincuenta y los sesenta elaborados en el país de La Bota, EMF inventa constantemente estratagemas argumentales, que hacen más llevadero el mensaje de Si Dios quiere.

En este apartado cabe resaltar el plan del algo excesivo de Tommaso para hacerse pasar por un parado, sólo con el objetivo de entablar una relación con Don Pietro, y descubrir los asuntos turbios que el sacerdote pudiera esconder. Unos trucos que sirven a Falcone para propiciar el lucimiento del plantel de secundarios, en el que sobresale la presencia de la veterana Laura Morante, en la piel de la peleona esposa de Tommaso: la insatisfecha Carla.

Lejos de diseñar un libreto sorpresivo y deslumbrante, el director se contenta con provocar la sensación de entretenimiento, a través del exceso de celo por parte de los protagonistas; algo muy en consonancia con los cómicos italianos. Esta arriesgada pirueta genera una presentación llamativa de los hechos que narra la cinta, aunque muchas veces estos sean percibidos como incongruentes, debido al énfasis con que están orquestados.

Ante lo expuesto anteriormente, el absurdo es el terreno en el que mejor se mueve esta agradable movie, pensada para desencadenar las risas contagiosas mediante los equívocos sainetescos. Sin embargo, la fórmula de los chistes encadenados se agota progresivamente; lo que genera un déficit de efectividad discursiva, cuando la cinta debe adoptar un tono más serio.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Martes, 21 Junio 2016 08:26
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