Paul ★★

Miguel Juan Payán Julio 19, 2011

Crítica de la película Paul de Greg Mottola con Simon Pegg y Nick Frost

A medio camino entre Zombies Party y Arma Fatal, Paul es una buena diversión veraniega en clave de sátira del género de alienígenas que llega a la cartelera antes que los dos pesos pesados de las invasiones veraniegas en ese terreno, Super 8 y Cowboys & Aliens, pero coindice con ellas en su tratamiento de homenaje (en su caso a base de guiños frikis) a una forma de entender este tipo de historias que se aplicaba ene el cine de los años setenta y ochenta. No se asusten, no es nostalgia, sino más bien celebración. No es casualidad que en su banda sonora tenga, como Super 8, un tema de la Electric Light Orchestra (la mítica ELO) que ayuda a marcar la pauta eminentemente optimista y de celebración del cine y la propia existencia que comparten estas tres producciones.

Cierto es que no me he reído tanto como con Zombis Party, pero Paul tiene unos cuantos golpes desternillantes y una manera de entender la comedia como mezcla del chacarrillo más obvio, el gag visual más  simple y al mismo tiempo salpicar todo eso con el humor inteligente y pícaro que caracteriza habitualmente los trabajos de sus dos protagonistas, el dúo cómico británico formado por Simon Pegg y Nick Frost, aquí bien adaptado a las claves del cine de evasión norteamericano y con muy buena química con su protagonista femenina, Kristen Wiig.

El objetivo es poner en solfa, satirizar ese cine de los setenta y ochenta, desde Encuentros en la tercera fase o E.T. hasta Men in Black, tomando como epicentro del relato a un alienígena macarrilla que aporta un aire claramente gamberro a la historia. Aunque no le han sacado el máximo jugo a Paul, imagino que porque en algún momento debieron temer que les cerraran las puertas de la calificación por edades, dejando fuera del cine en Estatados Unidos a su público esencial, los jóvenes, la película consigue colar algunos momentos hilarantes, como el de la resurrección del pájaro, la atracción morbosa que siente uno de los dos protagonistas por las chicas disfrazadas de Ewoks o la explicación de por qué los policías británicos, al contrario que los rurales norteamericanos, no llevan armas, que nos dejan ver lo que podría haber sido todo el asunto si hubieran tenido algo más de agallas para entrar a fondo en el tema. No es algo que les podamos reprochar. La comedia comercial estadounidense actual es más flojeras que la de décadas anteriores, por eso ya no hay un Blutarsky como el interpretado por John Belushi en Desmadre a la americana y el desternillante chiste del burro en Despedida de soltero con Tom Hanks se nos ha convertido en el chiste del tigre o el mono en las dos partes de Resacón en Las Vegas (aunque la segunda le eche más narices al asunto).

Paul tampoco es, como podría haber sido, el equivalente de Los cazafantasmas en el terreno de las películas con extraterrestres, pero es suficientemente divertida y moderadamente gamberra como para que pasemos el rato con ella agradablemente, especialmente cuando navega por la autoparodia, citando clásicos del cine de Spielberg, convocando a heroínas esenciales del cine de ciencia ficción o paseándonos por esa convención de cómic que en mi opinión tampoco ha sido del todo bien aprovechada y a la que podrían haberle sacado más jugo, en lugar de caer en la trampa de la parodia facilona de los fundamentalismos religiosos, que además es mera caricatura simplona e ingenua del fanatismo desaforado, en plan chiste de jardín de infancia tipo “caca-culo-pedo-pis”, como dice mi colega Jesús Usero.

Resumiendo: que Paul podría haber dado de sí más risas, pero me ha resultado más simpática, por su friquismo y su nostálgica mirada al cine cocinado en los setenta y ochenta, que Arma fatal, así que le daría un aprobado aseado como palomitero entretenimiento de cine de verano complementado con un polo o un helado bien frío o mejor aún con un par de cervezas, si bien ese final que se marcan en plan dulzón estuvo a punto de saltar de la butaca, porque es un desenlace que reniega del supuesto gamberrismo de su principio. Le falta un hervor en lo referido a gamberra, pero al mismo tiempo me temo que para algunos espectadores será ofensiva por la imagen de las creencias religiosas que utiliza de forma algo torpona y con dibujo de trazo grueso, poco estilizado. Mejor habrían invertido ese metraje en sacarle más jugo a las peripecias de los dos protagonistas perseguidos por los dos siniestros lugareños, que entran y salen de la historia precipitadamente y son malgastados en un par de chistes simplones.

Luego me hace mucha gracia a nivel personal lo ingenua que resulta en su sarcasmo en referencia al tema religioso. Dos minutos de Flanders en la serie Los Simpson superan de lejos cualquiera de las bromas que construyen los artífices de Paul sobre la religión en su forma más extremista e intolerante.

Miguel Juan Payán

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