La víctima perfecta **

Miguel Juan Payán Julio 26, 2011

La víctima perfecta no tiene nada que contradiga su propia naturaleza. Es perfectamente coherente consigo misma. No es un ejercicio de terror puro y duro, sino un juego de intriga con momentos particularmente inquietantes. Por ahí, todo bien. El problema es que tampoco nos da nada nuevo. Se conforma con discurrir por los trillados caminos de dicho género con solvente modestia, pero sin sorprender. El resultado es una película entretenida que saca el máximo partido a su protagonista Hilary Swank, sin duda el verdadero gancho de la película. Ella solita nos mantiene pegados a la trama, esperando lo que ocurrirá a continuación. Pero en las líneas que siguen voy a intentar explicar por qué esta película, bastante digna y suficientemente entretenida, no acaba de despegar volando hasta donde podría haber llegado.

Lo que ocurre es que parte de la gracia de hacer y ver cine consiste en asumir riesgos, y los artífices de esta película no han querido jugársela en absoluto. Han puesto sobre la mesa exactamente lo que esperábamos. Ni más ni menos. Han hecho gravitar todo en torno a una actriz que en mi opinión se merece un aplauso cerrado por muchas cosas, y no únicamente por ser una de las presencias más atractivas en una pantalla que podemos tener hoy en día, como demuestra esta película (por si alguien se había despistado sobre su capacidad para seducir ante las cámaras tras sus trabajos más andróginos en Los chicos no lloran y Million Dollar Baby), sino principalmente porque, repasada su filmografía, e incluyendo La víctima perfecta, puede echarse sobre las espaldas el proyecto más tópico, previsible y escaso e insuflarle vida con su presencia y con su impecable y elegante trabajo como actriz. Después de verla en La víctima perfecta he confirmado lo que ya me sugirió en películas como Premonición, El núcleo, La dalia negra, La cosecha… incluso Amelia, me apunto a ver cualquier otra película en la que aparezca, sea del género que sea, incluyendo comedias románticas. Ella lo vale, y sé que el tiempo que dedique al asunto va a merecer la pena.

El tema es que toda La víctima perfecta recae sobre sus espaldas, porque el resto plantea pocos incentivos. Por ejemplo la idea de utilizar la casa como personaje no está desarrollada suficientemente, aunque sí sugerida. Habría sido un poderoso aliado para la trama, caso de entrar antes con nivel de protagonismo en la misma. ¿Qué hubiera dado de sí la película sin el lugar de tirar del villano de turno, bastante tópico y totalmente previsible, se hubieran ocupado de investigar y desarrollar más esa idea de la propia casa como amenaza, no tanto en clave sobrenatural, que no es necesaria, sino como un laberinto en el que los personajes son como ratones de laboratorio que persiguen y son perseguidos en ese entorno de pasillos a medio descubrir, oscuros fondos de armario y otros secretos ocultos tras las paredes? ¿No era eso mucho más interesante? Algo de ello hay en la parte final de la trama, pero no lo suficiente para cobrar entidad en un desarrollo de la historia que además está algo desequilibrado.

Me explico: la presentación de personajes y situación se prolonga en exceso y llega a despistar respecto al tipo de película que se nos está proponiendo. Ojo que despistar al espectador no es lo mismo que sorprendernos. Algunos cineastas parecen confundir ambas cosas. El espectador despistado acaba saliendo de la película, el que es sorprendido entra más en la película. Despistar no es lo mismo que sorprender. Cualquiera que se haya tomado el trabajo de echarle un vistazo a la filmografía del maestro en estos asuntos, Alfred Hitchcock, sabe de qué va el tema y entiende la diferencia entre ambas cosas.

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Digo que La víctima perfecta despista porque prolonga innecesariamente ese primer movimiento de presentación de los personajes y situación buscando torpemente crear una intriga, una red de incógnitas por un camino que a ratos parece el de una peripecia dramática, más que el de una película de intriga. En eso comete el mismo error y al menos en esa primera parte adquiere la misma naturaleza que esos telefilmes que nos ponen en televisión los fines de semana, después de comer, para sopor generalizado del personal. Tarda en poner sus cartas sobre la mesa más de lo debido, de manera que en toda esa primera parte el tema de la intriga queda expuesto con cierta torpeza. Ya digo que aguantamos porque está Hilary y además tiene el respaldo muy sólido de dos compañeros de reparto capaces de mantener ese pulso con la atención del espectador, Jeffrey Dean Morgan, el “padre” de los Winchester en la serie Sobrenatural y el Comediante de Watchmen, por un lado, y el gran Christopher Lee por otro. Por cierto, el personaje de Lee y el propio actor están algo desperdiciados, porque no le sacan el máximo partido más allá de utilizarlo superficialmente como una presencia supuestamente inquietante, sacando parco rendimiento a un actor que lo ha sido todo en el cine de terror y, como demuestra en esta película, simplemente con aparecer en pantalla incorpora ya una cualidad inquietante al relato. Creo que su relación con el personaje de Jeffrey Dean Morgan merecía más atención y desarrollo.

Alguien me dirá que ese lento desarrollo del que hablaba en principio es preciso  para crear el suspense como estrategia de aplazamiento de la llegada de lo inquietante al relato. En ese caso, les recomiendo que se miren otra vez Psicosis, película con la que ésta tiene algunos puntos en común, y observen cómo Hitchcock no sólo controla mejor el ritmo de su inicial creación de intriga, sino que utiliza el tema del dinero robado por la chica como un elemento para mantener nuestra atención y al mismo tiempo despistarnos haciéndonos pensar que la trama pertenece a otro género. No hay equivalente de ese elemento en esta película, porque el tema del noviete perdido y la relación rota no es igualmente interesante ni evocador, y remite precisamente a ese innecesario despliegue de drama romántico que como he comentado es más un lastre que un apoyo para la intriga.

Otro aspecto curioso que tiene esta película es que, como otras que han estado llegando a la cartelera en estos últimos meses –recuerdo por ejemplo Insidious-, tiene muchos rasgos propios del cine de terror de serie B que se rodó en los setenta. La víctima perfecta recuerda Alguien me está espiando,  dirigida por John Carpenter para televisión en 1978, y tiene el aire de ese cine de intriga de los setenta que se acercaba al terror en su parte final, jugando la baza de la persecución, pero no compartía cama con el gore.

Resumiendo: lenta en su desarrollo inicial, deja que pase demasiado tiempo para abrir la puerta a lo realmente inquietante, pero cuando esto finalmente llega, resulta entretenida.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Miércoles, 10 Agosto 2011 01:22