El origen del planeta de los simios ****

Miguel Juan Payán 02 Ago 2011

Muchos de los seguidores de la saga original de El planeta de los simios podíamos tener dudas sobre la viabilidad de retomar la serie tras el resbalón de Tim Burton y cambiando las máscaras y el maquillaje de los actores humanos por las técnicas de animación por captura de movimiento, pero El origen de planeta de los simios ha borrado de un plumazo todas esas inquietudes y se convierte en una de las mejores propuestas de cine de ciencia ficción retomando con gran habilidad y solvencia narrativa las claves de la saga original, al tiempo que impone con notable eficacia sus propias aportaciones para modernizar la trama y los personajes y hacer que todo el asunto sea mucho más creíble y plenamente actual. El resultado es una película que puedo recomendar a cualquier aficionado al cine, le guste o no la ciencia ficción y conozca y le guste o no la saga precedente. A Tim Burton le han dado una lección de cómo abordar el asunto.

Lo primero es dejar claro que la captura de movimiento funciona a la perfección, haciendo que a los cinco minutos de ver a los simios en pantalla nos olvidemos totalmente de que son animaciones por ordenador sobre la interpretación de actores. De hecho, no echamos para nada de menos las máscaras de otras ocasiones. Al contrario. Y el asunto tiene importancia,  porque, ésta vez sí, la historia que se nos cuenta nos llega esencialmente a través del protagonismo del simio César. Hay personajes humanos en la trama, sin duda, pero uno de los aciertos de la película es elegir narrar todo el tema consiguiendo que nos identifiquemos con el chimpancé protagonista. De hecho por eso la parte de la película que se centra en la reclusión del mismo tiene muchas características de las películas de cárceles, y en la escena en que se reparten las galletas, César se nos antoja como una especie de Bogart organizando un motín en la prisión de San Quintín o en Alcatraz.

La película dedica astutamente su primera hora a asentar bien la historia y los personajes desde claves creíbles y cotidianas que nos resultan cercanas, tan cercanas que acabamos asumiendo la trama de la película en una curiosa evolución de protagonismo: el científico interpretado por James Franco irá cediendo mayor protagonismo a al simio César, lo cual es interesante, porque pone al espectador en una situación ambigua: somos humanos, pero nos identificamos con los simios.

Otro asunto que me ha gustado mucho de la película es su manera de explicar cómo es posible que la sociedad humana acabe sometida por los simios, abriendo la puerta a secuelas en una escena que aparece casi de inmediato poco después de que finalice el relato principal, a modo de sorpresa final que saca el máximo partido a los títulos de crédito para hacer avanzar lo que podemos esperar en la próximas entregas. Toca por tanto quedarse en la butaca, pero tranquilos, con gran elegancia, y al contrario de lo que hacen en las producciones de la Marvel, aquí no nos tienen esperando durante siete minutos de crédito para avanzar esa escena, sino únicamente durante dos minutos, más o menos. Como digo: cuestión de elegancia. Igualmente elegante es la manera de introducir el guiño o pista sembrada para hacer progresar la saga en largometrajes posteriores con esas escenas del lanzamiento de la nave a Marte, apenas una pincelada perfectamente integrada en la trama, y el posterior titular de periódico donde se anuncia que dicha nave espacial se ha perdido. Una maniobra muy sutil y fluida pero esencial para recrear la mitología de la saga bajo las nuevas claves sobre las que se asienta la misma.

Luego está la segunda parte, el desarrollo de la rebelión de los simios, con el mítico momento en el que César dice por primera vez “¡no!” a un humano, junto a otros muchos elementos de la mitología clásica de El planeta de los simios que aquí están mucho mejor defendidos que en la anterior película de Tim Burton. En esa segunda parte del relato, asistimos por un lado al desenlace de la película de cárceles y a una forma de mostrar la rebelión de los simios que ciertamente demuestra que, por una vez, los efectos visuales incorporados a la película no sólo resultan espectaculares, sino que además cumplen su cometido como herramientas esenciales al servicio de trama y personajes, y no al revés. Quienes hayan visto las películas clásicas van a entender mejor a qué me refiero cuando digo que ésta sí me parece una rebelión de los simios verosímil, más respaldada de presupuesto, y con un momento épico genial de batalla en el célebre puente Golden Gate de San Francisco.

En lo referido a las escenas de acción, afortunadamente podemos ver lo que ocurre en la pantalla, incluso cuando las persecuciones, carreras y ataques de los simos caen en lo más frenético, y contiene algunos momentos que ciertamente consiguen transmitir al espectador la sensación de peligro que viven los personajes dentro del plano.

Un buen ejemplo de lo bien que está construida la película lo encontramos en uno de sus personajes aparentemente más secundarios, el vecino afectado por las peripecias de los protagonistas, que se convierte en un factor a tener muy en cuenta tal y como se desarrolla la trama, de manera que finalmente resulta no ser secundario en absoluto.

Otro punto a defender de la película es su habilidad para esquivar todo alarde de sentimentalismo gratuito, renunciando a la lágrima fácil de conseguir y por tanto de baratillo. Eso honra tanto a la película como a sus artífices. Piensen por ejemplo en el personaje del padre del científico, encarnado por John Lithgow, un enfermo de Alzheimer que tenía todas las  papeletas para convertirse en un recurso para el melodrama facilón pero en cambio está desarrollado con extremo respeto por el actor, por el personaje, por el público y por esa terrible enfermedad. La manera en la que está abordado el drama de ese tipo de enfermedad a través de un personaje que conserva su dignidad en todo momento sin convertirse en marioneta de ningún discurso llorón, es buena muestra de la solidez y madurez con que está construida esta película. Lo mismo puede aplicarse a la relación sentimental de los personajes, que en ningún momento se pone por delante de la verdadera trama de la película, que es básicamente la historia de César.

Armada con toda esa madurez, sutileza y elegancia, El origen del planeta de los simios es la mejor película de toda esta franquicia después de la primera entrega que protagonizara Charlton Heston, y sin duda merece figurar en las listas de lo mejor que nos ha ofrecido el género de ciencia ficción en el cine este año.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Domingo, 14 Agosto 2011 01:03
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