Mientras duermes ★★★★

Miguel Juan Payán Octubre 11, 2011

Jaume Balagueró le da otra vuelta de tuerca al género de intriga con sus gotas de terror, algo que parecía imposible, o como mínimo muy difícil, consiguiendo que en Mientras duermes nos identifiquemos con la figura del monstruo, la amenaza, el motor del miedo en el relato. Vemos toda la trama a través de los ojos del portero protagonista de esta historia, hombre siniestro,  pero que nos expone sus justificaciones desde el principio y a partir de ese momento no va a dejar que nos escapemos de la trama, obligándonos a seguirle en su tortuosa senda de acoso a sus víctimas.

Balagueró saca petróleo con elementos mínimos y una sencillez elegante al tratar el cine de género, construyendo una trama en la que se dejan ver influencias de los terrores de interior de la filmografía de Polanski, como Repulsión (llevando un poco  más allá en lo sangriento la escena de asesinato en la bañera) o El quimérico inquilino, y a medida que avanza el relato deja que el ritmo se vaya acelerando en unas claves que nos recuerdan el cine de Alfred Hitchcock, y más concretamente Psicosis (salvo que Mientras duermes consigue que nos identifiquemos con el monstruo desde el principio y lo veamos todo a través de sus ojos, incluso temiendo que le descubran en sus miserables maquinaciones, con esos planos bajo la cama de su principal víctima, mientras que nuestra identificación con el temible Norman era más inocente, pues en principio desconocíamos su verdadera naturaleza como amenaza). Incluso estamos atrapados en esa inquietante identificación con el agente del terror a través del humor (su entrada en el apartamento infestado con su fingido desconocimiento del lugar, por ejemplo). De ese modo, nos ocurre algo similar a lo que sucede con el protagonista de un clásico, Pickpocket, de Robert Bresson: nos identificamos plenamente con el protagonista. Sabemos que es un tipo miserable, pero de la misma manera que él no puede escapar de esa ausencia absoluta de felicidad en su vida, nosotros no podemos escapar durante la proyección de sus actos, de manera que en cierto modo somos también un poco sus víctimas.

Destaca también la manera astuta en la que Balagueró dosifica las claves de su fábula, narrada totalmente en interiores en los cuales estamos encerrados con la amenaza y con sus víctimas, como si no pudiéramos escapar. Una clave aplicada, pero con otra fórmula y resultados totalmente distintos, en la saga de REC. La herramienta para ello es la cotidianeidad, elemento esencial para asentar las buenas fábulas de terror, como aquí ocurre. El director nos muestra en varias ocasiones la cotidianeidad de sus personajes a primera hora de la mañana, dejando que nos confiemos en esas vidas ajenas, antes de apretar el acelerador y conducirnos a un ritmo más acelerado hasta los acontecimientos que van a precipitar la tragedia haciendo que se haga plenamente presente la amenaza.

En todo ello tiene Balagueró unos aliados esenciales: los actores. Luis Tosar, Marta Etura y el resto del reparto son las mejores herramientas del director  para sembrar la inquietud  en el espectador, junto con un juego de iluminación y trabajo con el espacio que como he comentado me recuerda los terrores en interior de Polanski.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Viernes, 27 Septiembre 2019 10:16