Contagio ****

Miguel Juan Payán 11 Oct 2011

Me gusta y convence este ejercicio de cine de catástrofe, variante epidemias, esgrimido como pretexto por Steven Soderbergh para meternos en el cuerpo una ración de miedo milenarista envuelta en el papel de celofán del cine de autor. Imaginen Estallido sin secuencias de acción trepidante, con un ritmo y presentación y uso de personajes que explota la fórmula de puzzle con intenciones de reportajear la fábula a base de protagonismo coral de Traffic, y tendrán una idea muy aproximada de lo que les espera en el cine.

Bien dirigida, con una sobriedad que algunos pueden tener la tentación de calificar como frialdad, pero no es tal. Muy al contrario, es una película con momentos muy intensos que por no estar sujetos al abuso de las fórmulas de sobrepuntuación musical o visual habituales en el cine de nuestros días puede parecer distante en exceso de acontecimientos y personajes pero en realidad no lo es tanto como sus detractores pretenden. De hecho, tiene el mismo tono y ritmo que otra película de Soderbergh que también me gustó, El soplón, y comparte con ella la misma negación a dejarse atrapar en la complacencia del cine de entretenimiento para contar su historia sin ningún tipo de anzuelos fáciles para el espectador. Me gusta esa sobriedad, sustentada en el protagonismo de estrellas que además son actores de probada eficacia, y además me convence la manera de tratar las situaciones y personajes en casi todos los casos, con alguna salvedad. Por ejemplo creo que el personaje de Jude Law, el bloguero, está tratado de manera algo superficial, a pesar de que plantea uno de los temas más interesantes de la trama, la responsabilidad de quienes emiten noticias o difunden rumores o simplemente se inventan su propia realidad a través de internet, sin ser del todo conscientes, o siendo conscientes pero sin que les importe un pimiento, de las consecuencias que tienen sus actos en las vidas ajenas. En relación a ese asunto, la película contiene una de las mejores frases que he escuchado este año en el cine: “un blog es como un grafiti pero con signos de puntuación”.

Pero dejando al margen la superficialidad con la que Soderbergh trata a ese personaje, en otros protagonistas de la historia nos encontramos un tratamiento que personalmente me parece genial, porque con la máxima sencillez y el mínimo de tiempo y gestos, Soderbergh saca el máximo partido además de la forma más elegante. Con una escena de arranque nos define perfectamente el tipo de persona y el conflicto a que se encuentra sometida la ejecutiva interpretada por Gwyneth Paltrow. Con una escena que muestra a la doctora interpretada por Kate Winslet en el baño del hotel, por la mañana, comprobando el termómetro, y luego hablando por teléfono en la ventana, asumiendo lo que le ocurre, consigue marcar la soledad y el aislamiento de los otros que muchas veces acompaña a la enfermedad, idea reforzada con esa imagen de Winslet en el polideportivo que va a servir para atender a los infectados. Con una escena como la de Matt Damon recibiendo la información del médico marca un intenso dramatismo sin el menor atisbo de exceso melodramático, lo cual convierte ese momento en algo mucho más brutal.

Admito que otros personajes y tramas son más endebles, como los interpretados por Laurence Fishburne o Marion Cotillard, y que en el caso de ésta última la parte de la trama que protagoniza parece algo fuera de juego con el resto de las piezas del puzzle, e incluso desaparece de la trama en su columna vertebral. Pero esos desequilibrios no me molestan, por tratarse de una película que funciona como un  edificio complejo y con múltiples puntos de interés.

Después de ver la película sale uno del cine con la idea de que se le puede haber ido la mano un poco metiendo miedo con el tema, pero lo cierto es que esta película es un producto de los inquietantes tiempos que vivimos, y emplea el lenguaje atemorizador y poco objetivo que estamos viendo cada día en algunos informativos televisivos y no pocos titulares periodísticos, de manera que Soderbergh no hace sino ser un testigo de nuestros tiempos de ciudadanos atemorizados por casi todo, y especialmente por el audiovisual.

Es cosa nuestra no ser tan acojonados, por mucho que quieran acojonarnos. La película no tiene la culpa de que seamos fáciles de asustar como colectivo. Y no olvidemos que la película deja bien claro, desde su cartel, que su tema central no es la epidemia, sino lo fácil que es asustarnos, esto es, el miedo como constante social que nos acosa, porque nos dejamos acosar.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 24 Octubre 2011 16:34
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