Happy Feet 2 ***

Jesús Usero Noviembre 30, 2011

Interesante propuesta de animación, bastante distinta a lo que Hollywood suele estrenar en estas fechas. Inevitablemente deudora de la primera entrega, de la que repite no pocos elementos, sustituye la frescura de la original por una propuesta mucho más adulta y filosófica de lo que uno espera encontrarse en una película de animación protagonizada por pingüinos, llegando al punto de que hay momentos en los que uno no tiene claro si la propuesta va dirigida a los niños o si es más un intento por dar a los padres algo que mascar mientras llevan a la chavalería al cine, lo que la sitúa en un peligroso territorio en mitad de ninguna parte que, aun así, consigue sortear con bastante elegancia.

La historia nos lleva en esta secuela a la aventura que vive Mumble, el protagonista de la original, con su hijo Erik, que al igual que él cuando era niño, no es capaz de encontrar su lugar en el territorio de los pingüinos emperador. Al igual que en la primera entrega, la colonia tiene que ser salvada de un peligro inminente, en este caso de haber quedado encerrada por un iceberg suelto en el agua, y padre e hijo junto a viejos y nuevos amigos, intentarán contrarreloj evitar que sus familiares y amigos mueran de hambre y alcancen la libertad.

Cuesta entrar en la narración de Happy Feet porque entre números musicales y un inicio algo errático uno no sabe bien realmente a qué se enfrenta. Despista un poco durante su primera parte de metraje, hasta que el peligro principal queda expuesto y uno ve claramente de qué va la película. Visualmente sigue siendo tan impresionante como la primera, con esos momentos que van de las manadas y grandes extensiones de hielo, a los viajes bajo el agua, llenos de peligros y soledad aterradora. Con un buen uso del 3D (aunque El Gato con Botas, por ejemplo, lo aprovechaba mejor) y la música para toda la familia, el entretenimiento para los niños parece bien servido.

Es la sorprendente y madura parte de la película para los padres la que sorprende. Con una parte casi filosófica (esos dos krills buscando el mundo fuera del banco al que pertenecen para darse cuenta de que hay sitios a los que uno pertenece), pero también con las charlas entre padres e hijos, las relaciones entre estos, la aparición de falsos héroes que reemplazan a los padres, el orgullo de un hijo… Todos esos temas se tratan, a veces con demasiada gravedad (la película no juega demasiado con el sentido del humor y opta por la aventura) y, a veces, como una especie de manifiesto comunista, por muy raro que suene (alguna de las canciones o los propios krills).

En definitiva, una película para toda la familia entretenida, simpática, llena de baile y música, con aventuras para todos y diferente, bastante diferente, lo que a veces juega en su contra. Pero eso no quita que merezca la pena echarle un vistazo y descubrirlo por nosotros mismos.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Jueves, 01 Diciembre 2011 08:56