El Futuro ***

Jesús Usero Diciembre 16, 2011

 

Cine independiente americano, para narrar un drama con tintes fantásticos. El Futuro es una de esas pequeñas apuestas del cine independiente made in USA que nos llega con retraso, con tintes de Sofia Coppola, pero sin el humor ni el refinado talento por el detalle de la directora hija de Francis Ford Coppola. Lo que no cabe duda es que es una película diferente, extraña por momentos, evocadora en otros, corrosiva muchas veces, alejada de lo que Hollywood suele estrenar cada semana en nuestro país. Una mezcla de ácida crítica a lo que somos y mirada agria a ese futuro que nos indica el título, lugar incierto donde todo y nada puede suceder.

La película dirigida, escrita y protagonizada por Miranda July, que basa toda su interpretación en su las posturas de su cuerpo y la mirada, narra cómo una pareja con aires de gafapastismo, modernos y liberales, ven su vida desvanecerse ante sus ojos cuando deciden adoptar un gato abandonado, algo que les llevará a experimentar una ruptura en las reglas del tiempo y el espacio, en un singular juego de la película por mostrarnos lo que es, lo que será y lo que nos gustaría que fuese pero nunca llegará a suceder. Ante nuestros ojos y con un triple salto mortal la pareja se desmorona, llena de miedos, huidas, regresos e intentos por parar el tiempo.

Es elegante y sobria desde la puesta en escena a las interpretaciones, donde July se acompaña de un excelente Hamish Linklater como su compañero y pareja que acaba abandonada. Y es curiosa cómo la broma inicial de los poderes de cada uno, cuando él asegura que puede parar el tiempo, acaba convirtiéndose en uno de los mantras de la película, el control del tiempo, los saltos al futuro, nuestras ansias de detenerlo e impedir que lo inevitable nos desborde. Ese punto fantástico ayuda a la historia y nos proporciona alguna escena más que brillante, como Linklater en la playa, tratando de detener las olas y de ponerlas de nuevo en movimiento, incapaz de aceptar que si el tiempo vuelve a correr todo se perderá. O las amigas embarazadas en el mostrador del centro cultural, cuando la protagonista empieza a comprender su error.

Porque al final estos dos jóvenes liberales que salvan árboles y animales y son capaces de pasar un mes sin internet (o mejor dicho no son capaces) en realidad son dos inmaduros incapaces de asumir sus responsabilidades y de crecer. O de asumir lo que supone hacerlo. Como la charla con el anciano que hace postales para su mujer. Otra cosa es que a veces la película peque de pedante, aunque luego destroce a sus personajes, y que las escenas del gato hablando con voz en off desde la jaula resulten insoportables de puro obvio. Eso es lo que aparta a la película de ser un gran drama. Creerse muchas veces más listo que el espectador. Intentar enseñarle. Adiestrarlo.

Ahí la película se aleja de su interesante punto de partida y de su sobriedad para hacerse tan intelectual como sus personajes. Es decir, puro artificio. El resto, funciona muy bien para aquellos interesados en un tipo de cine completamente diferente.

Jesús Usero.

Modificado por última vez en Viernes, 16 Diciembre 2011 10:55