Rare Exports: un cuento gamberro de Navidad ****

Miguel Juan Payán Diciembre 19, 2011

Un original cuento de navidad que juega con el reverso tenebroso de la figura de Papá Noel en una clave de fantasía que mezcla terror y comedia.

Rare exports, un cuento gamberro de Navidad es una buena compañera de otra serie B recientemente estrenada en nuestra cartelera, Attack the Block, y ambas podrían formar un trío con otra película de la misma especie, Troll Hunter. Haciendo balance, podrían ser éstas las tres muestras más originales de cine fantástico que han llegado en los últimos tiempos a nuestra cartelera. Además Rare Exports, como ocurre con Attack the Block, vuelve a tener a los niños y jóvenes como protagonistas, y da una visión de esa etapa de la vida igualmente gamberra, partiendo del juego con todos los tópicos navideños, dándoles la vuelta y poniéndolos del revés, construye lo que su título en castellano anuncia: una especie de postal navideña gamberra que arranca con un planteamiento casi de Expediente X y progresa hacia  una segunda parte de peripecia de aventuras, pasando posteriormente a desarrollarse como una pesadilla que se acerca al terror con el ataque de los duendecillos acólitos de Santa Claus, que es en sí mismo un espécimen de monstruo muy peculiar cuya naturaleza monstruosa arroja una mirada perversa pero muy madura al relato, extraída del sustrato siempre siniestro y terrible de los cuentos de hadas tradicionales. Ello queda ejemplificado en esa secuencia en la que, haciendo uso del mismo recurso aplicado por Steven Spielberg en Tiburón, el protagonista “descubre” la verdad sobre la criatura que unos conocen como Santa Claus y otros como Papá Noel.

Arropada magistralmente por el paisaje, que como ocurre en los buenos westerns es un personaje más de la historia, con esa nieve y ese hielo que la habilidad del director consigue hacer que trascienda la pantalla, acercando la sensación de frío hasta el público, Rare Exports juega además la misma baza que en su momento esgrimiera la filmografía de John Ford: encontrar lo excepcional en lo vulgar. Esa colección de personajes rurales prácticamente perdidos en la naturaleza, cuya forma de vida casi llega a aportar una pincelada documental que contribuye a darle mayor verosimilitud al relato, acaba protagonizando un duelo épico con criaturas sobrenaturales y edifica además una fábula con protagonista infantil que se despliega como un cuento de lo siniestro sin perder en ningún momento un peculiar sentido del humor que se asienta sobre la farsa. Los personajes de la trama son, junto con el paisaje, otra clave esencial de los buenos resultados de la película en su perpetua construcción de lo imprevisto. Lejos, muy lejos de las colecciones de tópicos que salpican el cine fantástico norteamericano, esta producción consigue mantenernos en una intriga continuada porque no hay forma de saber qué va a ocurrir a continuación. Realmente cualquier cosa puede suceder, y finalmente sucede lo más extremo por el camino de la sátira.

La película transmite además un peculiar sentimiento de optimismo incluso en las circunstancias más extrañas y extremas, algunas de las cuales podrían ser calificadas como flecos del realismo fantástico. De propina la capacidad no tanto para sobrevivir como para aceptar lo imposible y adaptarse a ello de la que hacen gala los personajes, y su habilidad para reciclarse y cambiar de explotación y oficio, son además un mensaje de optimismo que nos viene especialmente  bien en estos aciagos tiempos de crisis.

¿Qué más se le puede pedir a una película?

Miguel Juan Payán

{youtube}vRfuYdxAUjI{/youtube}

Modificado por última vez en Viernes, 23 Diciembre 2011 11:57