Los Muppets **

Miguel Juan Payán Enero 30, 2012

Los teleñecos nos proponen una aventura sin sorpresas para nostálgicos en busca de la infancia perdida.
El nuevo largometraje de los célebres personajes de la televisión transita entre el musical y la comedia acudiendo al siempre socorrido argumento del montaje de la obra para salvar el teatro de la rana Gustavo, la cerda Peggy, el oso Fossy, Gonzo, Animal y compañía. Pero nuevamente incide en los mismos errores que tenían las películas anteriores de esta franquicia de los Teleñecos. Para ser una película de animación es, como sus predecesoras, demasiado larga. Además la asociación entre personajes de carne y hueso, famosos incluidos, y marionetas no funciona tan bien ni es tan fluida y natural como lo fuera en la serie de televisión. No dudo que muchos espectadores, críticos inclusive, puedan gozar recordando con cariño las horas de infancia dedicadas a seguir las andanzas de estos personajes.  Así parece a juzgar por las reacciones de arrobada admiración expresada por algunos de los más exigentes y sesudos representantes de la crítica cinematográfica a los que juro que he visto haciendo movimientos de cabeza acompañando las canciones y soltando risitas cómplices como coro a los chascarrillos y ocurrencias de la película. Risillas de éstas que esperan dejar claro al resto del personal presente en la sala que ellos son iniciados en el asunto, y tú no, así que te fastidias.
Y sí, vale, me fastidio. Me fastidio porque no aguanto las babosillas cancioncillas sonrrojantes y un tanto pasadas de fecha, las cosas como son, que acompañan a los personajes de trapo y a los de carne y hueso en esta peripecia. Me fastidio porque, al contrario que otros colegas, no me da la risa floja simplemente por ver asomarse a la pantalla a Mickey Rooney. Me fastidio porque los integrantes humanos del reparto no tienen la menor gracia: Jason Segel cantando para discernir si quiere ser un Muppet o un humano mientras Jim Parsons ejerce como versión de carne y hueso del protagonista de trapo Walter no me emociona, por mucho que hayan nominado la canción al Oscar, y Zach Galifianakis como vagabundo o Jack Black como estrella invitada a la fuerza al show de los Teleñecos no me parece que estén muy aprovechados.
Me fastidio porque el papel de Chris Cooper me parece una caricatura de villano bastante limitada, tópica y menos divertida de lo que se le supone.
Me fastidio porque creo que todo eso, ese desfile de rostros conocidos, no está equilibrado con el rendimiento de los Teleñecos propiamente dicho. La serie funcionaba bien con una duración de episodio televisivo, y con los muñecotes de trapo como principales protagonistas. Al alargar el metraje a base de canciones y con chistes que tienen la rara cualidad de resultar menos divertidos de lo que pretenden, incorporando una trama esquemática de conspiración e intriga que no presenta nada nuevo, y jugando con los muñecos de siempre sin añadir nada realmente nuevo, la película queda lejos de su antecedente televisivo, tan entrañable como quieran sus incondicionales, pero poco novedosa y claramente exagerada en metraje.
Resultado de todo ello: menos entretenida de lo que cabría pensar, con una dosis de musical francamente ñoña y otra de comedia que no resulta tan divertida como debiera. Si además llega a la cartelera acompañada por el cortometraje de Pixar con los personajes de Toy Story que nos pusieron en el pase de prensa, tiene al enemigo en el programa, porque, como suele ser habitual, las creaciones de Pixar son desternillantes y modernas frente a la más pasada de fecha oferta de humor que nos proponen los Teleñecos, por muy míticos que sean para algunos de mis colegas entregados a la causa del “Maná maná, na-na-na-na-na…”
Si hacen más que sean más cortas, y eliminen a los protas humanos. Sobran. Los divertidos son los de trapo.
Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 31 Enero 2012 15:15