Viaje al centro de la Tierra 2: la isla misteriosa ★★★

Miguel Juan Payán Febrero 14, 2012

Crítica de la película Viaje al centro de la Tierra 2

La isla misteriosa saca el máximo partido al 3D en una aventura familiar  muy entretenida.

Antes de nada, creo que voy a tomar la costumbre de explicar la calificación de estrellas al principio para evitar despistes y agravios. En este caso las tres estrellas van porque me he plantado en la fila siete u ocho del cine, me he puesto las gafas y me lo he pasado como un crío viendo la película. De manera que primera estrella por entretenida. La segunda estrella es porque creo que cumple con su función y objetivos. No engaña. Es exactamente como esperaba. Se queda algo por detrás o por debajo de la entrega anterior, pero creo que sigue funcionando como cine de evasión espectacular para entretener un rato del fin de semana.  Especialmente recomendado para padres con hijos que ya no se tragan los dibujos animados más sencillos y empiezan a exigir peripecias algo más elaboradas. La tercera estrella es porque creo que ha sacado un excelente partido a la aplicación del 3D. Como saben los lectores, no soy un fanático del tema y en cualquier momento podrá salir algún experto en el asunto tridimensional y llevarme la contraria, pero como lego en la materia, esto es, como fulanito que va al cine a que le entretengan, me siento bastante satisfecho con este 3D usado para meterme en la tormenta, que me hace guiñar cuando salen disparados los trozos del helicóptero atrapado por el tornado y que poner en acción a una sabandija gigante que creo es un digno descendiente de las criaturas más artísticas diseñadas y animadas por Ray Harryhausen. Los planos finales del ataque y fuga bajo el mar también me han convencido. Ya digo que no soy de los que le pasan la ITV a lo tridimensional, pero en esencia creo que aquí, como ya ocurriera en la primera entrega, es una herramienta bien utilizada que añade más espectáculo circense al conjunto.
De manera que ahí tienen ustedes la explicación de las tres estrellas. Además está Michael Caine, y como remate admito que soy lector asiduo todavía hoy de las novelas de Julio Verne. No me llamaría “verniano”, pero me gusta mucho ese homenaje a la literatura que hay al principio de la película y de algún modo constituye una parte esencial del espíritu de la misma. Sólo he visto algo similar, de mayor enjundia, cierto es, en La invención de Hugo, precisamente citando también a Julio Verne y sus obras.

Ahora viene la parte en la que inevitablemente tengo que hacer notar lo más flojo de la película, o lo que a mí me ha parecido más flojo. La imagen del ciempiés gigante al principio del periplo por la isla se me antojaba un buen anticipo de un mayor despliegue de bestezuelas de las que finalmente aparecen posteriormente. Entiendo que el ataque del lagarto, que está al principio, no consigue el efecto de inquietud que lograron con el ataque del tiranosaurio al final de la película anterior. Funciona muy bien, pero es cuestión de no poner toda la carne en el asador desde el principio. Es más potente el ataque del lagarto que el posterior vuelo de las abejas y la persecución con los pájaros, que tiene en mi opinión ciertas debilidades. Quizá les habría valido más poner al lagarto hacia el final de la narración, o recuperarlo, que al revés. En cuanto a las abejas propiamente dichas, no son mal elemento, pero están mal utilizadas, o mejor dicho, “domesticadas” no dan mal rollo. Por otro lado la amenaza que se cierne sobre ellas, el ave, tampoco me acaba de convencer como elemento siniestro. Esa parte les ha quedado más Disney que Verne para mi gusto. De hecho, es a partir de la persecución de las abejas cuando la película flojea un poco y casi nos saca de la historia. Afortunadamente recupera el brío en la hecatombe final, con el duelo con el último monstruillo y la fuga submarina, que le devuelven el brío de su arranque.

Recuerdo la versión más clásica de La isla misteriosa (y aprovecho para recordar que hemos publicado el cartel-ficha de ese título y de otras adaptaciones esenciales de Julio Verne en la revista en papel de este mes), filmada por Cy Endfield en 1961, donde las abejas resultaban inquietantes. En esa misma versión había además más bichos agigantados, todo hay que decirlo, y algo más siniestros. Entiendo que por tratarse de una variante más familiar se ha bajado el nivel inquietante de la fauna del lugar, pero es que la fauna gigante es clave en La isla misteriosa.
No voy a entrar en algunos asuntos del guión que me parecen curiosos, como la explicación de los elefantes y el tamaño de las especies del lugar, un huerto en el que se meten innecesariamente. Huerto porque como espectadores podemos poner en suspenso nuestra credulidad participando así en el juego de la clave fantástica de la película, pero incluso esa fantasía ha de ser coherente a nivel interno. Aceptamos por ejemplo la licencia de que los  personajes acepten su situación con tanta rapidez después de sufrir el accidente, o que unos encuentren a otros rápidamente aunque  por lógica las persecuciones les hayan separado y llevado mucho más lejos de lo que permite suponer el raudo reencuentro de todos. Podemos tolerar que el joven protagonista conozca los hábitos alimenticios de la fauna y otros datos curiosos sobre la isla, pero sin embargo llegue a Palao sin saber que sus habitantes hablan inglés… No nos vamos a poner quisquillosos. Esto es una película de evasión y aventuras, caramba. Pero si se nos dice algo sobre el tamaño de la fauna del lugar: “los animales grandes se vuelven pequeños, y los pequeños aumentan de tamaño”… ¿por qué no creen algunos ejemplares de insectos, como las luciérnagas, y otros, como las arañas o las abejas se agigantan? No quiero destripar, pero reparen en el tamaño de los tiburones respecto a la anguila, por ejemplo.

El otro problema que entiendo que tiene el guión es que cuando se aparta de las secuencias de acción propiamente dichas e intenta desarrollar un mínimo conflicto o vínculo entre los personajes, se frena el ritmo con pobres resultados. Es el caso de las muy superficiales explicaciones, más bien alusiones o bocetos, al conflicto de abandono de la familia que rodea al personaje del abuelo interpretado por Michael Caine, o a la relación entre el joven protagonista y la chica, o a la relación del padrastro con el hijastro, con la cancioncilla interpretada por Dwayne Johnson incluida.
Finalmente creo que quieren meter tantas cosas en la misma historia: tres novelas, La isla misteriosa de Verne, La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson y Los viajes de Gulliver, de  Jonathan Swift, más la leyenda de la Atlántida es mucha tela que cortar, demasiado material  que incluir en una misma trama y que asfixia toda posibilidad de desarrollar personajes o conflictos. Simplemente no hay tiempo, porque tienen que saltar a la siguiente cita.

Por todo ello creo que quizá la frase que mejor define toda la película es la que pronuncia en dos ocasiones Michael Caine en su papel como abuelo del protagonista: Bueno, no os quedéis ahí sentados. ¡Aplaudid! Creo que ese espíritu de presentación circense es el que debe tener más claro el espectador cuando decida acercarse a esta película, como he dicho muy entretenida, a pesar de estos temas de guión, e incuestionablemente una de las mejores utilizaciones del 3D que hemos tenido la oportunidad de ver, porque el tipo de aventura que se nos propone se presta a que le saquen el mejor partido. Para que se hagan una mejor idea de lo aprovechado que está en este caso el trema tridimensional, dos datos. El primero que el primer plano que vemos del espectacular paisaje de la isla me ha recordado el paisaje del planeta Pandora de Avatar. El segundo, que como ustedes saben no soy precisamente un defensor del 3D, aunque con esta película haría una merecida excepción. Me ha gustado verla en tridimensional, desde una fila donde realmente he podido disfrutar de la experiencia visual trepidante.

Miguel  Juan Payán

Modificado por última vez en Jueves, 28 Febrero 2019 07:12