Indomable ****

Miguel Juan Payán Febrero 25, 2012

Indomable propone acción total pero con elegancia y detallismo. Steven Soderbergh sorprende dignificando el género de tortas. Ha nacido una estrella: Gina Carano.
El director de películas  como Sexo, mentiras y cintas de vídeo, El halcón inglés, Traffic,  Ocean´s Eleven, Che, El soplón o Contagio triunfa en su reto de hacer de Indomable una película de acción trepidante sin sacrificar ni personajes ni historia en el altar de lo visual, y consigue con ello hacernos retroceder a los tiempos en que el cine de intriga y acción estaba bien dirigido y mejor servido por directores como William Friedkin, John Frankenheimer, Don Siegel, Robert Aldrich, John Sturges… Su truco es sencillo: si vas a poner a alguien a repartir tortas en la pantalla, asegúrate de que pueda repartirlas él o ella o él solito y tenga formación para ello, no vaya a ser que la liemos parda con un golpe mal dado.
Es lo que me gusta denominar “el efecto Bruce Lee”.
Visto cómo se desarrolla el montaje de secuencias de acción en el cine de acción de hoy en día, con todo el trucaje acompañando las secuencias de acción y pelea, hurtándonos el legítimo visionado de los combates propiamente dichos, me ha resultado especialmente grato y refrescante ver a Gina Carrano repartiendo leña a gusto en esta película, sin que tengan que camuflar esas escenas trepidantes por limitaciones de la pericia y destreza física de la protagonista, como ocurre con la fábulas de acción protagonizadas por heroínas del género en nuestros días, como Milla Jovovich, Angelina Jolie o Kate Beckinsale. Disfruto mucho con las películas de las actrices mencionadas, pero cuando se lían a repartir tortas me falta la verosimilitud que me aporta saber que esa leche con toda la mano abierta que se ha llevado el malo de turno en los morros ha salido directamente de la mano de la protagonista. Carano es en Indomable, con más pasta y mejor respaldo argumental y guión y una dirección mucho mejor que se nota casi en cada plano, lo que en los años ochenta fuera Cinthya Rothrock. Mejor aún: Carano es la versión femenina de Steven Seagal cuando debutó rompiendo brazos  y quebrando cabezas en Por encima de la ley, dirigida por Andrew Davis, que también había de dar al cine una de las mejores películas protagonizadas por Chuck Norris, Código de silencio, además de la versión cinematográfica de El fugitivo protagonizada por Harrison Ford.  Lo que ocurre es que, incluso considerando su solidez y competencia como director de acción, Davis es lo que antes se habría llamado un artesano, un director de encargo, pero Steven Soderbergh contempla el cine desde un punto de vista más personal que aliado con la habilidad de Carano para repartir tortas, fruto de su trayectoria como artista marcial, campeona de las artes marciales mixtas femeninas, practicante de muay thai y demás, da como resultado una propuesta cinematográfica más interesante. Añadan a eso un reparto masculino que, como mínimo, es un potente anzuelo de interés y un respaldo muy potente desde el punto de vista interpretativo para equilibrar las naturales limitaciones como actriz de la debutante, que por otra parte tampoco son tantas, o no mayores que las de otras estrellas del cine de acción de tiempos pasados y presentes que no por ello han dejado de ser competentes en la creación de personajes que se expresan más por sus movimientos que por sus miradas.

Un ejemplo para dejar claro que las limitaciones de Carano como actriz no son tantas y desde luego no constituyen un lastre para el desarrollo y construcción de su personaje en Indomable, lo encontramos en la mirada que lanza a Fassbender cuando sale de la ducha, o en la secuencia en que acude a una cena acompañada por el personaje de Fassbender. El director acierta a tratar esa limitación como parte del relato, incorporando en el diálogo de Fassbender la alusión a que el personaje de Carano se encuentra fuera de su entorno en ese ambiente de festejo de alto copete. Soderbergh hace el mismo ejercicio durante toda la película: asume las limitaciones que se le imponen, por el género o la experiencia como actriz de su protagonista, y aceptando las mismas, sin intentar camuflarlas, las convierte en aliadas para su relato. Dicho sea de paso, notable el trabajo de todos los secundarios masculinos de la película, pero especialmente en el caso de Fassbender, esa escena de combate impresionante en la habitación del hotel, que le confirman como actor todo terreno al que hemos visto en los últimos tiempos haciendo de todo, desde interpretar a un rejuvenecido Magneto o dar vida a un más que creíble Jung a las órdenes de David Cronenberg hasta ahogarse en sus propias miserias en Shame.
Junto con la ventaja que supone para el director poder rodar las secuencias de acción sin recurrir a trucos de montaje para disimular el cambio de la protagonista por un doble de acción y la libertad para planificar esos momentos de acción, nos encontramos con algunos detalles que revelan la verdadera naturaleza de la película. Indomable es sólo en su superficie una película de acción al estilo de las que llenaron los videoclubs en los años ochenta. Bajo esa calificación habita una trama de intriga cuyas claves visuales nos remiten a un cine más clásico, a las producciones de espionaje de los años setenta, Los tres días del Cóndor, Scorpio, Acción ejecutiva, El último testigo… En las mismas la intriga se expresaba por los detalles y por un ritmo más pausado del que nos ofrece el cine de hoy, de manera que Soderbergh ha tenido que hacer también un excelente trabajo de equilibrio y asociación de las claves y el ritmo de estos dos tipos de propuesta cinematográfica.
Tras un prólogo de acción de combate en un bar que es como un punto de partida desde el cine de nuestros días hacia ese viaje a los moldes narrativos de los 80 y 70, el director nos introduce en una narración de lo ocurrido previamente con un flashback, una elección coherente para contar una historia que retrocede doblemente hacia el ayer, tanto en el pasado reciente de la protagonista como en esos moldes narrativos del cine de otras décadas de los que he venido hablando.
Así que además del placer de poder ver las escenas de pelea claramente por primera vez en mucho tiempo, sin el molesto montaje acelerado que apenas nos deja ver nada, el director va sembrando su película de detalles y de un estilo de contar muy elegante que lamentablemente no es muy habitual en el cine de nuestros días.
Reparen por ejemplo en los ángulos de cámara que Soderbergh elige para mostrar algunos detalles, la astuta forma de hacer elipsis en la escena de sexo sin resultar pacato y al mismo tiempo esquivando la trampa de mostrar una cópula repetitiva que nos sacaría de la intriga, algo que suele suceder con frecuencia en el cine de acción de nuestros días.
Aunque es de temer que algunos críticos y comentaristas algo justos de capacidad de observación caigan en la trampa de pensar que esta es simplemente otra película de tortas, Indomable es en realidad un excelente trabajo de dirección y una película que se asienta sobre los pequeños detalles, y no sobre los puñetazos o las patadas. Un ejemplo de lo bien que mide el ritmo y alternancia de las escenas de acción lo tenemos tras la pelea en el hotel, secuencia a la que sigue el retorno a la actualidad en el coche de la fuga del principio, con el plano de reacción del acompañante de la protagonista.
Luego está el tratamiento de los diálogos, totalmente coordinados con la manera en la que se muestra la acción: no sobran palabras. Un ejemplo es el final de la conversación telefónica de la protagonista con su padre, en la que él termina diciéndole: “vigila tu seis”, lo que dice mucho del pasado militar de ambos, y de la relación de confianza casi de compañeros de trinchera, más que de padre e hija que se da entre ambos personajes.

Resumiendo: de visionado obligado para los aficionados al cine de acción, y una gran película de intriga con reparto de campanillas bien utilizado que resulta atractiva para los aficionados al cine en general.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 09 Marzo 2012 08:41