Miel de naranjas ***

Miguel Juan Payán Mayo 30, 2012

Miel de naranjas es un competente relato de intriga en la España de los 50. Imanol Uribe acierta esquivando el melodrama fácil y los tópicos de la Guerra Civil.

De partida la película lo tenía todo para convertirse en otra muestra de la explotación de la Guerra Civil como recurso melodramático y panfletario, pero sin hacer de menos a la realidad histórica de la represión en los primeros tiempos del franquismo, Imanol Uribe construye una sólida historia de intriga que tiene momentos y personajes de cine negro muy conseguidos. Cuenta para ello con distintos elementos entre los cuales el primer reconocimiento lo merece el reparto. Un reparto que cuenta con un protagonista, el joven soldado que ejerce funciones de secretario en un tribunal militar que se dedica a impartir sentencias de muerte. Interpretado por Iban Gárate, es el personaje que nos introduce en una trama donde muchas cosas y personajes no son exactamente lo que parecen. Junto a él encontramos en los primeros compases del relato a un antagonista ejemplar, el juez militar, interpretado por Karra Elejalde con unas claves que el propio actor nos ha comentado en la entrevista que le hicimos tras la proyección de la película a la prensa y que podéis ver en esta misma página web. No voy a repetir aquí por tanto esas claves, pero sí quiero aclarar que en mi opinión, este juez dedicado a condenar a muerte a los reos es posiblemente uno de los mejores personajes en la dilatada carrera del actor y con seguridad uno de los más creíbles, inquietantes, y lo que lo hace aún más temible, cercano villano entre los muchos que pueda habernos propuesto el cine español en los últimos años. Absolutamente ejemplar como personaje precisamente por estar construido lejos de los tópicos y sobre los pequeños detalles, minuciosamente, pero con gran naturalidad.

Hasta ahí la película podría haber transcurrido como un buen producto de intriga, pero además a partir de cierto momento junto a estos dos personajes centrales, protagonista y antagonista, Uribe tiene su primer acierto al hacer brotar a una colección de personajes en principio secundarios a los que otorga sus propios momentos de protagonismo dentro de la historia, dando lugar así a un relato mucho más rico y complejo, mucho más completo en su exposición de tipos humanos, menos maniqueo a la hora de dibujar el paisaje de bandos enfrentados en esa postguerra española. En ese reparto encontramos a Carlos Santos interpretando un papel de sargento en clave de tipo duro que certifica su habilidad y flexibilidad para escapar a todo tipo de encasillamiento y además le confirma como un sólido intérprete. De hecho, en el relato su personaje es el contrapeso que equilibra la villanía del antagonista interpretado por Karra Elejalde, garantizando cierto equilibrio entre los bandos enfrentados, ya que en ambos impera un tipo de violencia dura y fría. El de Santos es uno de esos personajes para recordar en una filmografía, y además llega servido en asociación durante la mayor parte de la película con otro personaje de militar que interpreta Eduard Martínez. De hecho una de las mejores secuencias de la película es la que interpretan estos dos actores en el tramo final del relato. El otro gran destacado en el elenco masculino de la película es José Manuel Poga, que ya destacó como uno de los miembros del cuarteto de policías de Grupo 7 y que junto con Santos es un actor a tener muy en cuenta y seguirle la pista porque promete proporcionar muy buenos momentos al cine español del futuro si le dan un mínimo de margen para lucirse. Su papel de enfermero de manicomio e iniciador del protagonista en las tramas de conspiración es uno de los más ricos y destacados de la película.

Mención aparte merece el tratamiento que aplica la película a los personajes femeninos de la trama. Como no podía ser menos en una película de Imanol Uribe, y basta repasar su filmografía para comprobarlo, las mujeres de esta historia tienen un singular poder de evocación pero sobre todo están en las antípodas de todo estereotipo posible dentro de este tipo de estructuras narrativas de intriga.

Llegados a este punto tenemos que hablar del que considero segundo acierto de Uribe en esta película: esquivar el melodrama y sus aspectos de relato romántico, que según nos han confirmado algunos actores de la película estaban presentes en la misma en alguna de sus fases de desarrollo, para zambullirse más intensa y plenamente en el relato de intriga. De haber tirado el asunto por el camino de melodrama romántico que no obstante se puede intuir en algunos momentos de la trama tal y como ha sido rodada y montada finalmente, posiblemente se habría dado lugar a dos películas en una, una bicefalia de tonos y ritmo no deseable para el conjunto, un servir a dos amos que podría haber despistado al público o distraer su atención del asunto central de intriga policial, con algunos momentos que introducen una especie de variante de cine negro, para llevarnos a una historia de clave romántica.

No es el caso. Pero eso no significa que Uribe haya renunciado a desarrollar personajes femeninos interesantes y, como siempre ocurre en su filmografía, muy enigmáticos. La seducción de los mismos de cara al espectador nace de esa complejidad que está condensada en pocos minutos de metraje. El personaje de Carmen, sobrina del antagonista y novia del protagonista, al que da vida Blanca Suárez, es un buen ejemplo de ello junto con Ana, la taquillera del cine, interpretada por Barbara Lennie con maneras de mujer fatal de cine negro, o musa esquiva de historia policial, el papel de madre del protagonista que interpreta Ángela Molina, o el contacto del protagonista en la clandestinidad, Miel, a la que da vida Nora Navas. En todo caso, es cierto que el personaje de Carmen se queda un tanto desdibujado en el relato, quizá porque le faltan algunas escenas que potencien su presencia en la trama de intriga, más que en la trama romántica, cuya dosificación me parece perfecta.

Creo que Uribe juega en un campo difícil en esta película, enfrentado al desgaste comercial que supone la reincidencia del cine español en temas de guerra o postguerra civil, pero con estas claves que he citado y sacando el máximo partido a sus actores, consigue levantar una buena propuesta de intriga que encaja perfectamente en una filmografía donde brillan ya varios títulos destacables de intriga y aventuras en los que no reniega de los momentos políticos en los que se ambientan pero tampoco cae en la trama del panfleto.

Personalmente el cine sobre guerra o postguerra civil me agota y desmotiva tanto como a la mayoría de los espectadores, pero Miel de naranjas incluye conspiraciones, su punto de trama de espionaje, una fuga, asesinatos… elementos todos ellos de cine de género que se impone a cualquier tipo de discurso político. Uribe ya trabajó en una línea parecida en La fuga de Segovia, Adiós pequeña, Días contados, Plenilunio… y creo que esta película es una pieza muy digna para añadir a su colección de director de intrigas.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Jueves, 07 Junio 2012 10:35