Dylan Dog, los muertos de la noche **

Miguel Juan Payán Junio 25, 2012

Dylan Dog los muertos de la noche, plana adaptación de los cómics de Tiziano Sclavi, mezcla de la serie negra con lo sobrenatural.

En los cómics de Dylan Dog, como ocurre en otras producciones en viñetas italianas que hicieron, y hacen, las delicias de los aficionados a los tebeos, la aplicación de sencillos códigos de género funcionaba a la perfección mezclando la intriga con personajes y temáticas sobrenaturales. Como ocurriera con otros personajes similares como Zagor (western cruzado con fantasía y terror), Martin Mystere (policíaco con asuntos sobrenaturales), o Nathan Never (ciencia ficción con intriga), la clave de Dylan Dog, personaje mítico entre los citados que además anticipó características explotadas luego en productos como las series Ángel o Sobrenatural, con las que argumentalmente tiene mucho en común esta película, o el cómic Hellblazer, protagonizado por John Constantine, detective de lo sobrenatural, adaptado al cine con Keanu Reeves como protagonista por Francis Lawrence en 2005, con el titulo de Constantine.

El problema es que al trasladar las aventuras de Dylan Dog al cine se necesitaba algo más que la encadenación de viñetas sencillas de la que hace gala la obra de Sclavi en el cómic. Ello se debe a que, como he repetido en tantas ocasiones, cada medio tiene su propia lista de necesidades expresivas, y el cine requiere algo más que esa encadenación de planos sin relieve que nos propone la película del canadiense Kevin Munroe, que ya fuera responsable de la última adaptación al cine de Las tortugas ninja jóvenes mutantes en el año 2007.

La película tiene elementos suficientes para enganchar: detective duro en vías de reencontrarse consigo mismo bien defendido por Brand Routh, que para ser sinceros está mejor en esta ocasión que en su sosa encarnación de Supermán, vampiros, zombis, licántropos y cazadores de monstruos, y Nueva Orleans como paisaje. Todos los elementos están ahí, pero no consiguen brillar con personalidad propia y engancharnos realmente. Es como tener un tablero de ajedrez con todas las piezas disponibles, pero sin saber cómo moverlas. Falta gancho en el guión, los diálogos son tópicos, y aunque la trama tiene sus momentos, después del estreno de sagas como Resident Evil, Underworld o Blade, además de las citadas series televisivas, el planteamiento argumental de los cómics de Sclavi necesitaba más aristas, más relieve, más chispa, más química y diálogos más dinámicos y menos miméticos de la serie negra, con más personalidad. Además la forma de filmar es muy sosa. Como he dicho: plana. Cámara en plano general o medio y dejar que los personajes deambulen frente al objetivo. Imaginen esto mismo contado por un David Fincher, y entenderán a lo que me refiero. Otra forma de entenderlo es imaginar un tono al estilo de El corazón del ángel, rodada por Alan Parker en 1987. Y para rematar los ejemplos y que quede más claro, un calificativo que el aplicó al estilo de filmación del director mi colega Juan Luis al salir del pase: funcionarial. Coincido con él. Es como si hubiera ido a fichar y sacarse el muerto de encima. Sin meterse en huertos ni complicaciones audiovisuales. Yo lo calificaría de conformista. A Juan Luis y a mí nos salió otra clave acordándonos de una película de Ridley Scott que sería justo lo contrario de ésta: Un buen año. La de Scott no contaba nada ni tenía nada que contar, pero era visualmente brillante, bella, seductora, hipnótica. Dylan Dog tiene mucho que contar, pero lo cuenta visualmente de una manera anodina, monótona, repetitiva. Si me apuran, me quedo con la opción de Scott, aunque no me interesara nada su ligerísima historieta romántica.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 09 Julio 2012 17:21