El dictador ****

MIGUEL JUAN PAYÁN Julio 09, 2012

El dictador, sátira desternillante, inteligente y afilada que casi me hace llorar de risa en algunas escenas. Lo más divertido del verano.

Lo reconozco: antes de ver esta película no era especialmente aficionado al humor de Sacha Baron Cohen, pero aquí ha conseguido atraparme y me ha convertido en un incondicional de su trabajo. El dictador es no sólo divertida y funciona como una máquina bien engrasada de carcajadas, sino que además se permite el lujo de trascender su naturaleza como una de las mejores muestras de humor gamberro que he visto en años para propinar a la corrección política una colección de collejas bien ajustadas que son buena muestra de la inteligencia crítica y una excepcional puntería a la hora de acertar en el centro de la diana de la gilipollez bienpensante, cretina y gafapastista que nos rodea.

Es sabido que una vez que la cámara se pone a rodar, cualquier cosa puede suceder en una película de Sacha Baron Cohen, pero es que en esta acertado en casi todo, e incluso consigue que algo tradicionalmente resultón pero superficial y poco interesante como el humor escatológico, propio de guardería, no sólo no genere rechazo, sino que además provoque carcajadas muy saludables para mantenernos hipnotizados con la historia de este déspota genial que el actor interpreta con la demoledora eficacia del Demonio de Tasmania de los dibujos de la Warner Bros.

Sin intención de cometer un sacrilegio, pero dispuesto a jugármela y hablar claro explicando aquí lo que realmente pienso, esto es, mojándome, me atrevo incluso a confesar que he vuelto a ver recientemente El gran dictador de Charles Chaplin, y creo que, adaptada a los turbadores tiempos que corren y salvando todas las distancias que ustedes quieran, El dictador de Sacha Baron Cohen está en línea con esa otra obra maestra del cine cómico. Ambas comparten muchas cosas, y cuando se diferencian es porque simplemente los tiempos han cambiado, y la sátira elegante y poética, también un tanto soñadora de Chaplin a la hora de darle una sonora bofetada a las dictaduras europeas de los años cuarenta. Lo que ocurre es que Baron Cohen más que una bofetada se ve obligado a propinar una paliza en toda regla, y además en su caso la poesía soñadora y elegante de Chaplin se ve sustituida directamente por la mala leche en la sátira descabellada, si me permiten invocar otro clásico de la comedia cinematográfica, con un espíritu de cachondeo un puntito fatalista pero no por ello menos optimista que caracterizó a Ser o no ser, dirigida por Ernst Lubitsch.

{youtube}k16OHvaRu9Y{/youtube}

Por un lado el actor y director construye un personaje demoledoramente repulsivo que consigue ser una voz alzada contra la modorra intelectual y bienpensante de nuestros días, contra los falsos demócratas, elaborando un discurso final sobre las debilidades de la democracia que supongo hará pensar a más de un norteamericano si no le estarán tomando el pelo desde hace unos años. Pero además, y esto es lo realmente notable del ejercicio, no se baja los pantalones en ningún momento. Es igual de bastardo al principio y al final, lo cual deja al espectador con cierta confusión al comprobar que ese pedazo de animal despótico en el fondo acaba por caernos bien, sin dejar de ser para ello un bastardo repulsivo. Ese mantenerse en la misma línea del principio, esas agallas para no desnaturalizar al personaje y buscar apaños moñas, son encomiables, y además permiten a Sacha Baron Cohen elaborar ese chiste final genial en el que nos da la versión de una historia con final feliz… según su perverso Aladeen.

Añadan a eso un rosario de situaciones disparatadas con gags desternillantes, como el del parto, los terroristas y el helicóptero, el representante asiático en las Naciones Unidas y su peculiar perversión con las estrellas, los juegos olímpicos o la carrera atómica de Aladeen, algún que otro cameo muy divertido, y una banda sonora cuidadosamente tuneada con tonos orientales para la ocasión, y les queda el puzzle cómico más divertido de este verano y uno de los más hilarantes que hemos visto en mucho tiempo.

{youtube}EmnxoyRY8n4{/youtube}

El acierto de Sacha Baron Cohen radica en la manera de construir su argumento como una especie de tormenta perfecta en la que se van acumulando nuevos elementos continuamente, incrementando la virulencia de su alegato contra la tontorrona y socialmente muy peligrosa dictadura de la corrección política sin subirse al púlpito para darnos la brasa. En todo momento el actor y director se mantiene pegado al público, al tono cómico de la mayoría de la gente común y corriente, saltando de un chiste a otro como una especie de Tarzán enloquecido que cambia una liana por otra en una selva humorística en la que esporádicamente vemos sombras de bestias de la risa como Groucho Marx, los hilarantes energúmenos protagonistas de los dibujos animados de la Warner o los monstruitos de series televisivas como South Park o Padre de familia.

Sin hacer prisioneros y sin dejar títere con cabeza.

Sólo la he visto una vez, pero volveré a verla en cuanto la estrenen, a poder ser con más gente, porque promete ser el tipo de película que vista en segundas nupcias funciona todavía mejor por la posibilidad de anticipar el chiste o la burrada soez que se avecina y ser cómplice de su descarada –bendito y saludable descaro- manera de tratar el humor. Con El dictador, Sacha Baron Cohen nos ha devuelto las carcajadas de la comedia más disparatada del cine y ha conseguido que vuelva a reírme con ganas, sin sonrisas, a carcajadas, como en su momento me reía con películas como El jovencito Frankenstein, de Mel Brooks, o La vida de Brian de los Monty Phyton.

Y tal como están los tiempos, reírse así viendo una película es impagable y una terapia de choque imprescindible para seguir toreando la realidad. De manera que, háganme caso: vayan al cine a ver El dictador y rían a placer, sin complejos de corrección política mal entendida.

Miguel Juan Payán

{youtube}UQl7yPln3vM{/youtube}

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Modificado por última vez en Viernes, 20 Julio 2012 10:19