Amor Bajo el Espino Blanco ****

Jesús Usero 28 Ago 2012

 

Zhang Yimou nos deleita con esta bellísima historia de amor. El brillante director chino, pese a su larga trayectoria y dilatada carrera, quizá es más conocido por su aproximación al cine de artes marciales, con películas tan poderosas como Hero o La Casa de las Dagas Voladoras. Pero quienes conocen su filmografía saben que tiene un talento y un gusto especial para contar las historias más sencillas e íntimas y convertirlas en universales. Eso es lo que sucede con esta película, toma una pequeña y sencilla historia de amor, ingenua y sincera, y la hace universal, enorme, trágica. El tipo de película que se disfruta sin importar la nacionalidad, el presupuesto o el reparto.

  La historia nos presenta a Jing, una joven en plena revolución cultural china en los años 60, con un pasado familiar algo turbio para el gobierno, que conoce a Sun, un joven de buena familia, militar y seguidor del régimen. Entre ambos surge el amor, infantil casi, tierno y sincero, pero deben mantenerlo en secreto para evitar problemas a la familia de Jing, siempre en entredicho debido a su pasado. Si ella quiere tener un futuro, su amor prohibido no debe ser descubierto por nadie. Aunque la necesidad de verse y pasar tiempo juntos es demasiado fuerte como para cumplir las normas…

  Si algo maravilla de Amor Bajo el Espino Blanco es la sencillez de la historia que cuenta, la ausencia de grandilocuencias o momentos histriónicos, de pasiones desbocadas y gestos vacíos. La historia que nos cuenta es tan liviana que a veces parece que es más un amor entre niños que entre adultos. Es eso lo que conmueve tanto al ver la película, ese amor de otro tiempo, otra era, otro lugar anclado en la memoria que no es más cierto ni mejor que el que pueda vivirse hoy en día, simplemente distinto. Es muy fácil colocarse de parte de los protagonistas porque su inocencia e ingenuidad son arrebatadoras. No hay babas, ni romanticismo barato, ni excesos varios.

  Además la película sirve para descubrir esa China de la que casi nadie cuenta nada, la de la Revolución cultural. Y lo hace sin partidismos ni extremos, como telón de fondo. No hay buenos ni malos, solo gente que trata de hacer su vida un lugar más decente. Aunque ello obligue a tomar decisiones muy duras, como irse a trabajar al campo o doblar sobres para el gobierno. O dejar marchar al amor de tu vida. ¿Os imagináis una película de la Guerra Civil o la posguerra en España sin buenos ni malos, sólo personas? Eso hace que esta película y su historia tenga mucho más en común con nuestro pasado reciente, con las historias de amor de nuestros abuelos, por ejemplo, de lo que pensamos.

  Soberbio trabajo de actores para un guión sólido y honesto, narrado con inteligencia y mucha poética terrenal, nada de excesos visuales, nada de retóricas innecesarias, sólo dos enamorados y un árbol. Solo una pequeña y triste historia de amor que se te queda dentro tiempo después de haberla visto, que pesa y nos hace meditar sobre nosotros mismos, sobre nuestro pasado y sobre lo que estamos dispuestos a ofrecer para salvar nuestro futuro.

  Jesús Usero.

 

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Modificado por última vez en Martes, 28 Agosto 2012 16:53
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