Magic Mike ****

Jesús Usero Octubre 01, 2012

Buen drama que es más que un desfile de cuerpos bonitos para disfrute del público femenino. Que de esos hay también y muchos en esta más que interesante película. Y no creo que se pueda encontrar espectador menos proclive a degustar una película sobre strippers masculinos que servidor, así que la película realmente tiene que tener algo además de las coreografías y los cuerpos desnudos, o semidesnudos, de sus protagonistas masculinos (y alguno femenino para qué engañarnos), para engancharme e interesarme durante todo el metraje. Y si uno de los principales atractivos de una película falla para el público, como puede ser el gancho comercial de un grupo de actores haciendo de strippers, más vale que el resto, guión, interpretación, dirección… funcione como un reloj para que la película sea buena.

Todos sabemos que Steven Soderbergh es un director ecléctico que navega de un género a otro como más le interesa, sin preocuparse demasiado por la taquilla, aceptando proyectos de los grandes estudios para financiar sus pequeños proyectos personales, mucho menos potentes de cara a la taquilla, aunque muchas veces resulta que sus películas más comerciales son las más interesantes también, y que muchas veces a este interesantísimo director se le va la pinza con frecuencia cuando se trata de proyectos independientes y acaba por tratar de vendernos motos imposibles de comprar. Mientras que cuando se encuentra entre los límites de los grandes estudios, produce películas en ocasiones excelentes.

Curiosamente, pese a considerarse un proyecto casi independiente con un presupuesto de apenas siete millones de dólares, la idea original de la película no es del propio Soderbergh, sino que el proyecto está levantado sobre los hombros de Channing Tatum, productor y protagonista de la película, que quiso plasmar en pantalla parte de sus propias experiencias como stripper en un club de Miami antes de convertirse en una estrella de cine. De esa idea inicial nace una película que estaba prevista dirigiese Nicholas Winding Refn, director de Driver, y que acabó en manos de Soderbergh, para narrar la aventura de un stripper de éxito que acoge bajo su cuidado a un joven que empieza a trabajar en los escenarios, mientras se enamora poco a poco de la hermana del joven.

Los siete millones de dólares han dado excelentes resultados en taquilla con más de 110 millones sólo en USA, lo que me hace pensar por qué nadie había pensado antes en una idea así. Y recuerdo los fiascos a todos los niveles de películas como Showgirls o Striptease. No, no es que las mujeres estén más dispuestas a llenar las salas de cine para ver hombres desnudos que nosotros. Es que, a diferencia de aquellas, Magic Mike tiene un guión detrás que respalda los desnudos. Que el mundo del espectáculo circense que supone un grupo de tipos que se desnudan para el deleite de las damas se sustenta sobre una sólida historia de ambición, de amistad, de amor en dosis muy justitas y de sueños rotos. De madurez, cuando vemos cómo evolucionan los personajes y cómo la llegada de un nuevo miembro a un grupo puede desestabilizarlo, no sólo porque cambie la dinámica de ese grupo, sino porque algunos de los miembros pueden verse reflejados en ese nuevo elemento, más joven, y pensar que su tiempo ha llegado. Que las cosas no son como se supone deberían ser. Que el futuro no está sólo en ganar dinero fácil y gastarlo en salir de fiesta. Que hay vida más allá de una tarima de baile. Esas son las dudas a las que se enfrenta el protagonista y su viaje resulta interesante para cualquier espectador por lo bien medida que está la historia con todos sus elementos, humor, romance, baile, drama… a lo largo de sus algo menos de dos horas de metraje.

La mayor virtud de Soderbergh en la película es no cargar las tintas en lo moral y lo ético, no ser un pesado moralista hablando de lo malo que es desnudarse para ganar dinero. De hecho la vida que presenta de los strippers no es mala vida en absoluto. El director se sitúa como un observador, un ente que no juzga, sólo mira y deja que la historia suceda, y que los personajes tomen sus decisiones no en función de lo políticamente correcto, sino de lo que sienten. De lo que les lleva a ese punto.

Se apoya por supuesto en un reparto que sabe muy bien meterse en la piel de sus personajes, sobre todo el grupo de strippers masculinos, con unas coreografías muy cuidadas que van más allá del baile de barra chusco (Tatum ya demostró sus dotes como bailarín en Step Up y su secuela), pero dejando que los actores se luzcan no sólo bailando. Tatum y Alex Pettyfer, que llevan casi todo el peso de la película, están excelentes, aportando humanidad y complejidad a sus personajes, sobre todo el segundo en su papel de joven perdido sin saber cuál es su camino. Matt Bomer y Adam Rodríguez aportan solidez a los secundarios (ojo a la escena con la mujer de Bomer y Pettyfer), y hasta Kevin Nash tiene momentos memorables (la llegada del joven al club y la broma de la crema). Pero sobresale un Matthew McConaughey que aporta una fuerza y una solidez a un personaje que podía ser simplemente un chiste lleno de tópicos que han hecho que su nombre empiece a sonar como candidato al Oscar al mejor secundario. Sólo hay que ver, tras toda la charada inicial, su discusión con Tatum acerca del futuro. Brillante, divertido y con una doble cara muy interesante.

Se echa en falta un poco más de profundidad en los papeles femeninos (Olivia Munn está desaprovechada al máximo, lo mismo que Cody Horn) y algo menos de frivolidad en algún momento, pero el resto del metraje, con sus bailes y dramas, su humor y su punto cínico, la convierten en uno de los mejores dramas norteamericanos del año y posiblemente el mejor papel de Tatum hasta la fecha, aquel que, seguramente le haya confirmado como una de las nuevas estrellas de Hollywood en el que está siendo el mejor año de su carrera. Para disfrutar de buen cine si se superan los prejuicios.

Jesús Usero.

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Modificado por última vez en Jueves, 04 Octubre 2012 18:02