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Fallida adaptación de la novela de Guy de Maupassant protagonizada por Robert Pattinson. Una película que, curiosamente, no ha tenido el bombo mediático que se podría esperar de un producto protagonizado por el joven actor, ni siquiera más allá de nuestras fronteras, donde el público ha ignorado el tirón comercial de su protagonista. Ni siquiera trae la estela de película de culto como puede ser el caso de Cosmopolis, que se estrena en breve también. Nada. Sin pena ni gloria. La clave podría estar en que es un producto de época, destinado a un público adulto, no seguidor del actor, y con pobres críticas. Y en ese tipo de productos eso afecta bastante.

La historia nos lleva al París de finales del siglo XIX, donde un joven soldado retirado recientemente del servicio en África, se muda a la capital francesa con la intención de buscar fortuna. Su atractivo y encanto le harán crecer en la escala social parisina, aunque cada paso que da le convierte poco a poco en una persona despreciable y miserable, lejos del joven que llegó a la ciudad. Dispuesto a vender o traicionar a la mujer que haga falta por seguir subiendo, sin talento y sin ganas de trabajar… Una joya de persona, vamos.

El mayor problema de la película es que Robert Pattinson aún tiene que quitarse el manto de Crepúsculo y seguir creciendo como actor. Es incapaz de echarse a hombros la película, de ser ese personaje central cínico y descreído, dispuesto a todo por ascender en la sociedad, moralmente indigno… Su personaje queda cojo, vacío, vampírico… soso como en la saga de Crepúsculo, frío y encorsetado. Se nota que intenta escapar de ese lastre, pero no lo consigue, y todos los personajes femeninos, y algún masculino, se lo comen con patatas y sin cocinar. Especialmente Uma Thurman o una dulcísima Christina Ricci, que además se atreve con una buena ración de desnudos. O el porte de Kristin Scott Thomas. O el genial Colm Meaney.

Y antes de que las legiones de seguidores y seguidoras del actor se abalancen sobre mí, diré que no es culpa de Pattinson. Es culpa de una dirección más interesada en mostrar desde todos los ángulos y luces posibles el trasero desnudo del actor que de insuflar vida al relato y su personaje central. Porque el actor ya ha demostrado que con un buen director y un buen guión, sus ganas de alejarse de la sombra de Edward pueden dar muy buenos frutos. Algo que no es el caso.

Eso sí, no importa cómo sea la calidad final de una película británica de época, la ambientación, con más o menos presupuesto, y el trabajo de producción son impecables. Lástima que los directores no sepan ahondar en tan interesante y ambigua historia, ni siquiera escarbar un poquito… ni el guión sabe hacerlo tampoco. Resultado, una adaptación más bien plana, llena de escenas de sexo y bastante fría. Por sus actrices sí que merece la pena echarle un vistazo, pero no va más allá.

Jesús Usero.

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Modificado por última vez en Viernes, 05 Octubre 2012 10:45
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