El alucinante mundo de Norman ***

MIGUEL JUAN PAYÁN Diciembre 17, 2012

El alucinante mundo de Norman. Una divertida vuelta de tuerca al sobrexplotado tema de los zombis en clave de animación.

Zombis. ¿Otra vez zombis?. Pues sí, pero bajo un punto de vista ligeramente diferente. El alucinante mundo de Norman aspira a ser para las historias de muertos vivientes tan presentes en el terror literario, cinematográfico y televisivo de nuestros días algo similar a lo que ha sido Frankenweenie para las historias de terror clásico sobre monstruos con Frankenstein a la cabeza. El humor ataca osadamente las claves del subgénero de zombis y las convierte en aliadas de una peripecia para disfrute de toda la familia sin hacer grandes alardes de imaginación pero con un buen ritmo y un sólido planteamiento argumental que además tiene buena química con el planteamiento visual de la animación aplicada al relato: stop-motion en 3D. El sistema ha dado muestras de probada eficacia en la taquilla y alguna que otra joya en este mismo año, con títulos como la citada Frankenweenie de Tim Burton, O apostolo o Piratas!, y en el caso de El alucinante mundo de Norman viene avalado por el buen trabajo realizado previamente por sus artífices en Los mundos de Coraline.

El trabajo de ilustración de la aventura se ajusta a la perfección a los planteamientos argumentales de la misma, que pretenden ser un recorrido jugoso para los friquis del género de terror, merced a los guiños que van salpicando esta historia. La fórmula es por otra parte más tópica y previsible en lo que se refiere a su protagonista, otro caso flagrante de joven héroe poseedor de talentos no reconocidos e incluso perseguidos por sus congéneres que tiene la oportunidad de encontrar su lugar en el mundo cuando estalla una crisis capaz de dejar los mecanismos más convencionales de la sociedad en fuera de juego. La epidemia de zombis le presta al joven y marginado Norman el pretexto para convertirse en héroe en una fórmula argumental que hemos visto suficientes veces como para que resulte francamente difícil poder encontrar la originalidad en la propuesta. Pero eso no es óbice para que en conjunto El alucinante mundo de Norman funcione como un entretenido producto de evasión para toda la familia en esa infalible clave de mezcla de terror edulcorado para la infancia y sugerencias siniestras para el público más adulto que tan buenos resultados suele darle a Tim Burton.

El guión funciona tanto mejor cuanto que se aplica a explotar los tópicos en personajes y situaciones, e incluso frases de diálogo, del cine de terror, e incluso consigue varios gags bastante logrados. Flojea inevitablemente sin embargo cuando superados sus primeros acordes de presentación de la historia el trabajo con los personajes protagonistas –al contrario que los más divertidos secundarios- entra en un territorio más previsible que gana la partida de la atención del público más por su despliegue visual que por el contenido de su argumento. El desbordante talento en el diseño de personajes y escenarios suple así lo que no puede aportar el guión en lo referido a novedades o planteamientos narrativos más arriesgados. Donde no nos sorprende lo que nos cuenta, nos sorprende cómo nos lo cuentan. Y como ya ocurriera en su momento en Los mundos de Coraline, creo que en esta película sí merece la pena invertir el dinero extra para verla en tres dimensiones, un formato en el que gana bastante el despliegue de espectáculo visual que nos propone.

Pero junto a estos elementos, creo que lo más meritorio de su planteamiento es algo que la hermana o acerca aún más a Frankenweenie: su excelente trabajo de equilibrio en la propuesta para proporcionar un terror consumible por el público infantil y que de paso puede mantener también entretenidos a los adultos. Ojo que con lo del “público infantil” quiero decir siempre que el crío no sea especialmente impresionable o demasiado pequeño para poder entrar en ese siempre delicioso juego de divertirse pasando algo de miedo. Aquí cada progenitor habrá de decidir lo más apropiado a la hora de llevarse al cine a sus crías, pero en mi opinión, si no se asustan viendo los momentos finales de viaje al infierno de Toy Story 3, los pasajes más tenebrosos del Pinocho de Disney o el ataque de las hienas en El rey león, no deberían asustarse mucho más con este ataque de zombis… aunque es sabido que los muertos vivientes son claramente más inquietantes que otros terrores más clásicos estilo Drácula, Frankenstein o la Momia. Es algo que los padres habrán de tener en cuenta si deciden llevar a sus hijos más pequeños o incluso a los que visiten por primera vez una sala. Yo no me considero una voz de la razón en este asunto, pero sí puedo aclarar que llevé a mi hija de 11 años a ver Resident Evil y lo pasó, nunca mejor dicho, de miedo.

Miguel Juan Payán

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