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La Caza ****

Jesús Usero Abril 18, 2013
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Thomas Vinterberg nos trae un drama durísimo del que el espectador no sale indemne. Una historia tan real que duele de la mano de uno de los directores que dieron a luz el movimiento Dogma 95, el director de Celebración, que también probó las Américas con varios proyectos, sin demasiada repercusión crítica o comercial, y que hace tiempo regresó a su Dinamarca natal, sin las ataduras del Dogma, para realizar grandes películas, como fue su anterior obra, Submarino, o como es esta nueva película, La Caza, con un portentoso Mads Mikkelsen (lo cual ya no sorprende a nadie la verdad) y una historia de esas que no puede dejar a nadie indiferente. Tan real que duele verla por momentos.

Un profesor de guardería, divorciado y con problemas para ver a su hijo, empieza poco a poco a enderezar el rumbo de su vida, con una nueva relación de pareja y un cambio en la situación con su hijo, además del apoyo de sus amigos de toda la vida. Parece que todo empieza a cambiar para bien cuando la pequeña hija de su mejor amigo dice una mentira, una pequeña tontería, y su mundo se derrumba por completo al ser acusado de pederastia. Poco a poco su universo se hunde mientras lucha con uñas y dientes para demostrar su inocencia.

Un argumento que podría haber dado para un telefilm de poca monta, pero que con Vinterberg a los mandos y Mikkelsen como indiscutible estrella (lleva un tiempo intratable el actor danés. Menuda bestia parda), convierte lo cotidiano en algo doloroso de ver. Nos pone del lado del acusado, un hombre que no es perfecto, pero no es un abusador ni mucho menos. Pero el ser humano en su miseria, en su capacidad para lo peor, es capaz de, sin juez ni jurado, someter a un hombre al mayor de los calvarios sólo por la mentira de un niño. Y ojo, no estamos diciendo que los niños mientan, ni la película defiende a un pederasta ni mucho menos. La niña es una adorable criatura. Son sus padres y la gente que forma la turba dispuesta al linchamiento los que son puestos bajo la mirada de Vinterberg, que nos lleva al infierno personal de este pobre hombre, un infierno al que le conduce la estupidez humana, sobrecogedor, real, terrible por momentos. Injusto como nuestro mundo. Con imágenes tan poderosas como la escena del supermercado, la resolución en la iglesia o la visita del hijo a los padres de la niña… Terrible todo. Qué valientes somos cuando nos apoya la masa de gente. Y cómo callamos luego (todos, me incluyo) cuando la verdad sale a la luz. Aunque haya manchas que nada ni nadie puedan lavar. Como deja claro el final de la película.

Sublime por momentos, sin excesos pero de una tristeza y sencillez elegantes y cargadas de razón, de lo único que se puede acusar a la película de Thomas Vinterberg es de que a veces se va un poco por las ramas, aunque nunca carga las tintas. No hay ni un solo momento que uno no crea posible. Real. Que duele mirar. Porque refleja nuestra propia culpabilidad. Nuestras miserias. Nuestra arrogancia y supuesta superioridad moral. Quizá deje la explicación final algo en el aire, quizá no muestre del todo bien nuestra hipocresía. Pero no creo que sea una película que deje indiferente a nadie. Y debería ser de obligado visionado para cualquiera que acuda a un cine este fin de semana.

Jesús Usero.

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Modificado por última vez en Lunes, 29 Abril 2013 16:04