jOBS **

Jesús Usero Septiembre 18, 2013
Fallido biopic en torno a la figura de uno de los visionarios de nuestra era, Steve Jobs. A veces en Hollywood se dan demasiada prisa en hacer las cosas, esperando el éxito inmediato debido a circunstancias imprevistas, sin tener en cuenta que ciertos temas, ciertas historias, requieren del reposo de los años, de la historia que pasa, observa y pone todo en su lugar. De mentes frías además de apasionadas por un proyecto. La muerte de Steve Jobs en 2011 fue un shock para la industria tecnológica, y a la vez elevó la figura del fundador de Apple a mito entre los muchos que utilizan los productos de la compañía de la manzanita. De ahí a lanzarse corriendo a producir un biopic… Ha habido suficientes documentales en los últimos dos años como para que no fuese necesario todavía. Como para darle más tiempo a la vida de Jobs, más perspectiva.

Y no tiene nada que ver con el hecho de considerar a Steve Jobs un genio o no. Lo era, de eso no quedan muchas dudas, y a las pruebas me remito. Tiene más que ver con el hecho de que parece que cuando las cosas son tan recientes nos da miedo hurgar en las zonas más oscuras o cercanas, por respeto a familiares y amigos, y así no hay modo de crear una historia realmente interesante. Porque obviamos lo que más nos importa realmente a los espectadores y lo que convierte una película en una muy buena o gran película. Sucedió algo parecido con los atentados del 11-S, aunque surgió la excelente United 93. Y vuelve a pasar ahora con esta película protagonizada por Ashton Kutcher y dirigida por Joshua Michael Stern, director de la interesante El Último Voto, que aquí se encuentra con más de lo que puede mascar, o con una figura demasiado grande para una película tan pequeña.

Imaginad que hacen un biopic de, qué sé yo, JFK que no incluyese la crisis de los misiles de Cuba, o su asesinato en Dallas en noviembre de 1963. Sería raro, ¿no? Se quedaría corto y no ahondaría en las situaciones claves en su vida como presidente. O que no hablase de su relación con Marilyn, en el tema de lo personal, o quizá que lo mencionase de pasada. Pues lo mismo le sucede a Jobs. La película se abre con la presentación en 2001 de un objeto que revolucionaría el mundo de la música, el Ipod, pero entonces viaja atrás en el tiempo, a 1974, para contarnos los orígenes de Apple, su fundación y su camino a la leyenda y a ser una de las empresas más importantes del mundo… o parte del camino al menos. Porque la historia se detiene a mediados de los 90 y ahí se queda. Nada de la llegada del Iphone, de la enfermedad de Jobs, de su fallecimiento y las consecuencias en la empresa y la industria… Viajamos de los años 70 por momentos más o menos interesantes de la vida del genio pero sin brío, deteniéndose en detalles sin importancia, sin ahondar en los realmente importantes, y con un personaje que es controvertido y muchas veces en la película despreciable.

La historia pretende seguir lo que David Fincher y Aaron Sorkin hicieron en La Red Social, pero en la historia de Facebook teníamos un guión mucho mejor hilvanado entre el pasado y el presente, unos personajes mejor definidos, sobre todo los secundarios cuyo peso aquí es ninguno, entre otras cosas porque nunca sabemos realmente nada de quienes son, sólo su trabajo, pero sin detalles, sin matices, sin vida, como sí sucedía en La Red Social. Son lagunas en las que la figura de Jobs absorbe todo lo que la rodea dejando sin espacio a los demás, sin metros para desarrollar sus personajes un mínimo. Y dada la actitud del propio Jobs sin espacio para empatizar con el personaje y sentarnos a su lado. Su actitud respecto a la vida y el trabajo resulta tantas veces… incomprensible, que no encontramos al genio que llevó a Apple a ser la número 1, sino a un crío infantil y que patalea cuando las cosas no salen como quiere. Como la relación con su exnovia, su amigo y su posible hija. O la lucha con Microsoft representada en una mera llamada de teléfono que nunca llega a nada más. Y ahí había mucha más tela que cortar.

Ashton Kutcher, un actor al que siempre hemos llamado limitado en el mejor de los casos, lo da todo por el personaje, se lo bebe, se mete de lleno en él sin miedos ni reservas, consiguiendo en los momentos más interesantes de la película (su regreso a Apple, cuando negocia desde el garaje, la creación de los proyectos…) una representación soberbia. Es cuando se le va la mano con el histrionismo y los excesos cuando se sale del personaje y nos deja indiferentes entre gritos y gesticulaciones excesivas. Está bien acompañado aunque no todos los actores están bien aprovechados. James Woods apenas hace un cameo, mientras que el que mejor está es Josh Gad, entre nombres tan interesantes como Dermot Mulroney, JK Simmons, Matthew Modine, Kevin Dunn o Lukas Haas. Es un sólido reparto y sin duda son lo mejor de la película. Lo que la hace brillar en algunos instantes.

El resto, una historia que parece más televisiva que cinematográfica, ramplona y previsible que no quiere ofender ni molestar a nadie realmente, porque prefiere quedarse en tierra de nadie, cómodamente, y que realmente empieza cuando empiezan los títulos de crédito, que es donde comienza la historia verdaderamente emocionante e interesante. La que no nos cuentan. Es una película fallida, aunque nunca resulta aburrida (excepto al principio con lo de las drogas… momento que sobra y mucho), pero tampoco apasionante. Pese a los esfuerzos en la fotografía y la producción… se queda plana. La versión edulcorada de La Red Social. Y es que, si vas a contar la vida de un genio, hay que apostar por un genio que no tenga miedo a las luces ni a las sombras.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Domingo, 20 Octubre 2013 20:48