Gravity *****

Miguel Juan Payán Octubre 02, 2013
Gravity, esencial viaje al espacio. Completa la propuesta de 2001 de Kubrick y hay que verla en 3D.

¡Cómo rueda Alfonso Cuarón! Si alguien alucinó viendo sus planos secuencias en Hijos de los hombres, con Gravity puede entrar en éxtasis. Eso sí, insisto y no me cansaré de decirlo, ésta sí, ésta hay que verla en el cine, en pantalla grande a toda pastilla, y en 3D. De ese modo, te traslada al espacio, al interior de las naves y a una de las mejores películas que he visto este año, con un ritmo ejemplar y la recuperación del cine como espectáculo visual que además pone los alardes técnicos al servicio de una historia que sólo en apariencia y en su superficie.

Porque lo mejor de Gravity no es su indudable pericia para ponernos en el espacio, sino que de ese modo consigue montar una metáfora sobre cómo enfrentarse a la vida, y aunque siempre me ha jorobado el cine con mensaje, creo que el mensaje de esta película merece la pena, y aunque esté formulado desde un punto de vista humanista, en el fondo viene a ser el mismo de Ben-Hur, con Charlton Heston remando en la galera romana para sobrevivir otro minuto, otra hora, otro día… La lucha por la supervivencia incluso cuando todo está en contra y simplemente ya no tienes más fuerzas para ir a ningún sitio, y sólo puedes ser otro zombi que deambula por este mundo, agotado emocional e ideológicamente, se convierte en el tema central de Gravity.

Y al final sales del cine con una idea muy clara: hay que seguir peleando, luchando para sobrevivir. Se lucha hasta el final. Te sacrificas hasta el final. No te rindes. Porque rendirse siempre es lo más fácil y cómodo, pero el viaje que te espera si no te rindes, con todos sus momentos malos, siempre merece la pena.

No me entiendan mal: Gravity es una película con un mensaje sencillo y claro, pero no te da la paliza con ese mensaje. Al contrario: está montada como un espectáculo de aventuras en intriga en el que cualquier cosa puede suceder. Es una especie de montaña rusa de situaciones de riesgo con un ritmo impecable, en el que resulta difícil despegar la vista de la pantalla para mirarse el reloj o pensar en  otra cosa que no sea lo que nos están contando, y por eso la incluyo ya entre las mejores películas que he visto este año. Pero es que además transmite esa idea de pelea que incluso al más cínico, y créanme que yo soy muy cínico, le remueve algo en el interior.

Para llegar a eso, Alfonso Cuarón demuestra gran pericia a la hora de trasladarnos al espacio exterior con sus personajes. Tanto visualmente como narrativamente. Su clave de trabajo en lo narrativo es similar a la aplicada por Rodrigo Cortés en Buried (Enterrado), película con la que este largometraje tiene muchas cosas en común. De hecho, Gravity y Buried bien podrían ser las dos caras de una misma moneda narrativa. Con Cortés trabajando sobre el minimalismo visual, la limitación voluntaria de la localización, mientras Cuarón se sitúa en las antípodas de esa limitación ofreciéndonos el vacío absoluto como alternativa en la localización del relato. Igualmente ambos protagonistas están aislados, limitados, sometidos a una aventura de supervivencia en un entorno hostil. La otra cosa que diferencia ambos filmes sería la forma de mirar el mundo, más cínica la de Cortés, más optimista la de Cuarón. Ambas en todo caso partiendo de la lucha hasta el último minuto.

Gravity Cuarón arranca practicando un juego difícil pero que se le da muy bien: mezclar contrarios. En este caso, combinar lo cotidiano con un paisaje y unos personajes y situaciones de ciencia ficción. Pero también mezcla los géneros con gran habilidad. Su película es un largometraje de aventuras, una historia de náufragos clásica, de protagonista que vive un viaje de iniciación y madurez a la vida (en este caso para volver a la vida metafóricamente al mismo tiempo que intenta volver a la Tierra con vida). Pero al mismo tiempo se desliza con gran elegancia visual por el género de ciencia ficción, hasta el punto de que me ha producido la misma sensación que en su momento me produjo ver por primera vez Alien de Ridley Scott en su estreno cinematográfico, o contemplar por primera vez en pantalla grande el ballet de naves espaciales en el musical fantacientífico de Stanley Kubrick: 2001, de la que Gravity es heredera directa en todos los sentidos visuales que quepa imaginar. La odisea en el espacio de Cuarón tiene sobre ésta última una gran ventaja: la coditianeidad. Es esa cotidianeidad de los primeros diálogos en el espacio lo que nos mete de cabeza en el relato, sin importar que los personajes estén suspendidos en el vacío. Cuaron consigue que su mejor efecto especial sean esos diálogos de arranque, esa cháchara sin importancia entre los personajes. A partir de ahí, empieza la verdadera aventura, la llegada de un peligro en oleadas cada 90 minutos, un tiempo límite propio del relato de intriga, que es el que tienen los personajes para cumplir las distintas fases de su misión de supervivencia. Y mientras va acumulando nuevos riesgos que dan paso a más aventura, va introduciendo esa metáfora de la fragilidad de nuestro mundo, con esos satélites destrozado, el mundo que se queda sin internet ni redes sociales, la pérdida de las comunicaciones, el aislamiento… Todo ello enfocado a la idea del renacer desde nada, una historia de ave Fénix que nada nos garantiza que pueda acaba bien o mal, pero cuyo final es claramente una imagen muy Kubrick sobre la evolución de nuestra especie que no es aventurado poner como compañera de viaje de la de los simios de 2001 lanzando el hueso al aire.

Lo que nos propone Cuarón es completar el viaje que nos propuso Kubrick a finales de los años sesenta. En  2001 Kubrick nos habló del viaje de ida, adaptando el argumento universal más juvenil del viaje de Jasón y sus argonautas buscando el Vellocino de Oro en la mitología griega. Cuarón nos propone en Gravity un viaje de vuelta, más cercano al argumento universal más maduro del retorno de Ulises a Ítaca después de la guerra de Troya, en el que debemos reencontrarnos y reconstruirnos pieza a pieza, desde las cenizas.

Es lógico. Kubrick fabulaba en el año 1968. Cuarón fabula en 2013. El mundo ha cambiado. Nosotros también.

Gravity es una de las 10 mejores películas de este año.

Y también una de las más trepidantes y entretenidas.

Vayan a verla, en el cine, en 3D. Si no lo hacen, luego lamentarán habérsela perdido.

Miguel Juan Payán

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