El mayordomo ***

Miguel Juan Payán Octubre 05, 2013
El mayordomo, reparto interesante y drama para lavar la mala conciencia racista de Estados Unidos.

Mientras los estadounidenses se espantaban por la tragedia de los campos de concentración, tenían en su propio suelo y su propia historia una tragedia racial que sigue creándoles mala conciencia. Así lo explica en uno de los monólogos de su protagonista, el mayordomo de la Casa Blanca interpretado por Forest Whitaker, en esta película donde brillan sobre todo los actores y que tiene cierto tono dramático de novela-río al estilo de las miniseries de televisión al estilo de los Grandes Relatos que hacían furor en la pequeña pantalla en los años setenta y ochenta.

Lee Daniels  ha demostrado sobradamente su solidez como director en películas difíciles a las que ha conseguido prestarles cierto aire de fluidez que puede confundirse con sencillez pero no lo es en absoluto, títulos como Shadowboxer, Precious o El chico del periódico. Al mismo tiempo creo que se ha ganado un puesto entre los realizadores capaces de abordar con seriedad un tema que con frecuencia se banaliza, como es el del racismo en Estados Unidos, postulándose como una especie de alternativa más moderada al más extremo y militante Spike Lee. El mayordomo se mueve en la línea de películas como El color púrpura de Steven Spielberg, Paseando a Miss Daisy, de Bruce Beresford, y sobre todo Criadas y señoras, de Tate Taylor. Como ésta última, todo indica que podría ser una de las candidatas al Oscar en alguna categoría, estando como siempre está presta la Academia de Hollywood a abrir espacio para hacer la colada y lavar también la mala conciencia del racismo norteamericano en su ceremonia de entrega de premios. Personalmente no me parecería mal que nominaran a Forest Whitaker por este trabajo, del mismo modo que todo apunta que en aras del populismo que siempre suele caracterizar a este tipo de galardones encuentro muy probable que Oprah Winfrey, célebre conductora de uno de los programas de televisión más populares de Estados Unidos, acabe siendo nominada como mejor actriz de reparto por un trabajo que en mi opinión es de actriz protagonista y es tan importante para la solidez de la película como el del propio protagonista.

Quizá lo que hay que reprocharle a la película es que haya elegido ser antes esa especie de miniserie televisiva que pudo haber sido, atendiendo a un desarrollo argumental que se ocupa más del drama íntimo de los protagonistas, sacando eso sí el máximo partido a la pareja Whitaker-Winfrey, y descuidando la parte más interesante que sin duda transcurre en la Casa Blanca a lo largo de distintas administraciones. De hecho incluso desde el aprovechamiento del reparto se nota esa inclinación por apartarse de lo político para entrar en lo intimista, esto es, por alejarse de los pasillos del poder para asentarse más en el drama intimista teñido en algunas ocasiones incluso de melodrama. Es significativo en ese sentido el pobre resultado conseguido por los actores que interpretan a los distintos presidentes de Estados Unidos en clave de caricatura. Entre los “presidentes” de la película los más flojos son John Cusack repartiendo chapas promocionales de su candidatura como el tramposete Richard Nixon, Robin Williams pintando un cuadrito como Eisenhower y James Marsden como un juvenil y muy soso, totalmente estereotipado, John Fitzgerald  Kennedy. Suenan a pura farsa. Los mejores del lado “presidencial” son sin duda Liev Schreiber sentado en el retrete como Lyndon B. Johnson, Alan Rickman haciendo buenas obras a espaldas de su señora esposa como Ronald Reagan y por supuesto una de las “presidentas” en la sombra, la única que destaca en el relato, Jane Fonda encarnando a Nancy Reagan.  Schreiber, Rickman y Fonda sí están, en sus breves pero contundentes intervenciones, al nivel de Whitaker y Winfrey, aunque quien destaca sobre el resto claramente y se pone realmente a la altura del protagonista es David Oyelowo en el papel de Louis, el intrépido hijo mayor. Oyelowo es un perfecto equivalente más joven de Whitaker, una especie de imagen del mayordomo del título reflejado en el espejo de la historia, y el conflicto con su padre junto con su papel como testigo de los acontecimientos que marcan la evolución de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, le convierten en el personaje más interesante de toda la película, incluso por encima del propio protagonista.

Resumiendo: película recomendable para los amantes del drama de trasfondo histórico y las biografías filmadas, con tono de miniserie condensado en un solo largometraje. Y con posibles “oscarizables” en su reparto.

Miguel Juan Payán

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