Capitán Phillips ★★★★

Miguel Juan Payán 13 Oct 2013

Crítica de la película Capitán Philips

Capitán Phillips, película de aventuras y suspense ejemplar. Tom Hanks que se postula para ser nominado al Oscar.

“Hay que ser fuerte para sobrevivir”. Así lo aclara en tono premonitorio el Capitán Phillips interpretado por Tom Hanks poco antes de despedirse de su esposa para hacer frente a una nueva etapa de trabajo lejos de casa, en el mar. Un mar lejano. Porque los mares siempre están siempre lejos de casa en la vida del marino. Son lo opuesto al hogar. El último reducto donde la aventura sobrevive tal y como siempre fue en este planeta que las nuevas tecnologías de la comunicación nos hacen pensar que se ha vuelto muy pequeño pero sigue siendo enormemente grande. Paul Greengrass otorga a esos primeros momentos de su historia un tono casi documental que parece sacado de un reportaje para la televisión sobre vidas reales.

Lo mismo puede decirse de los piratas capitaneados por Musa, interpretado por Barkhad Abdi. El director le dedica el mismo tiempo a mostrar el comienzo de su jornada como pirata, el reclutamiento, las barcas en la orilla… Aplicando la máxima sencillez a una narración estilo reportaje nos da un montón de información sobre cómo funcionan las redes de piratería en Somalia. Sus claves. Sus motivaciones. Sus deseos e intereses.

El principal acierto de Capitán Phillips es que con estos primeros compases se define ya  como un relato de aventuras en toda regla, pero sin tópicos y sin maniqueísmo, sin héroes y villanos. A pesar de lo que diga la frase promocional de la película en España (“Nadie elige ser un héroe”), sus protagonistas no habitan el blanco o el negro, sino el gris. Y el espectador conoce la historia desde el punto de vista de los marineros occidentales y de los piratas. De hecho, como espectadores vivimos la experiencia de perseguir al barco con los piratas y al mismo tiempo la experiencia de ser perseguidos.

Otro detalle interesante es la maniobra de hibridación de géneros cinematográficos que nos plantea Paul Greengrass con gran habilidad. Su película empieza siendo una trama de aventuras basada en hechos reales. Pero a mitad de metraje, una vez que se produce el contacto entre los dos protagonistas, el capitán estadounidense y el pirata, comienza a cambiar para convertirse en un competente ejercicio de suspense.

El tercer acierto de la película es que en ese momento, cuando habría sido muy fácil dejarse llevar por el melodrama y montar un espectáculo de evasión sin más, elige por el contrario seguir respetándose a sí misma respetando a sus personajes y situaciones. Capitán Phillips acierta renunciando a convertirse en otra entrega de página de sucesos morbosa y sigue manteniendo el mismo tono de sobriedad. No introduce militares intrépidos que puedan robarle el protagonismo al secuestrado y los secuestradores. No hay salidas argumentales fáciles ni heroísmo gratuito de película de acción. Nada de Chuck Norris y Lee Marvin salvando el día en Delta Force (Menahem Golam, 1986). Al contrario. Los salvadores se muestran casi como un pelotón de fusilamiento, con todas las lecturas que tal imagen lleva aparejadas.

Esa seriedad en la propuesta está presente desde el momento en que tras el discurso sobre la fuerza, sobrevivir y el mundo que le estamos dejando a nuestros hijos en occidente, la película enlaza con el mundo de supervivencia al límite en el que ya viven los piratas somalíes. Lo que es toda una crítica sobre cómo vemos el mundo desde nuestro lado y cómo lo ven desde el lado contrario.

Si en su desarrollo argumental la película es un cruce de géneros entre las aventuras y la intriga, en lo referido a su tema es un ejemplo de cruce de culturas y miradas. El primer mundo mira al tercer mundo y el tercer mundo le devuelve esa mirada. Y en ese choque de dos mundos descubrimos que todos, a uno u otro lado, estamos al borde del abismo. Capitán Phillips consigue que miremos hacia el fondo de ese abismo y sintamos vértigo, utilizando un tipo de narrativa que pega la cámara a los personajes y nos mete visualmente dentro de la acción en todo momento. Pero además tiene todos los elementos propios del cine de intriga. Nos invita a un juego de caza en el que somos al mismo tiempo cazadores y presa, víctimas y verdugos.

La primera hora de película pasa sin que te enteres. Estamos totalmente metidos en la acción. Luego el cambio de situación en el secuestro y la entrada en juego del barco de la Marina de los Estados Unidos se produce con una fluidez que permite abrir nuevas posibilidades y personajes al relato pero como he dicho antes sin robarle el protagonismo al capitán y a los piratas. Además en lo referido a los piratas, se desarrolla una interesante subtrama sobre la lucha por el poder en el seno del grupo de asaltantes, que añade más intriga a la parte final de la historia.

Y planeando sobre todo ello, en todo momento, la misma idea del choque de culturas sin caer en la trampa del maniqueísmo de las páginas de sucesos, ejemplificada por ese diálogo entre el capitán y el pirata que lo deja todo bastante claro:

Phillips: Tiene que haber otra forma de ganarse la vida para un pescador que no sea secuestrando gente.

Musa: Quizá en América. Quizá en América…

Por cierto, he dicho que Hanks se postula para ser nominado al Oscar, rematando la faena con los planos del examen médico, pero no pierdan de vista a su co-protagonista en esta historia, Barkhad Abdi, cuyo trabajo me ha recordado en todo momento el de Lamberto Maggiorani en el clásico del neorrealismo italiano Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948). Merece su propia nominación por ser un auténtico puñetazo de verdad.

Miguel Juan Payán

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