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Diablo **

Miguel Juan Payán Noviembre 10, 2013
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Diablo, disparatada comedia de acción, respuesta argentina y algo amateur a Tarantino Robert Rodríguez y Guy Ritchie.

“Vos no sos un hombre, tampoco sos un boxeador. Vos sos un animal, la mezcla entre el Sinaí y el Cuzco”. El Inca del Sinaí, boxeador judío-peruano en Argentina, es amonestado y guiado en un “momento Yoda” por un rabino del ring en su lucha final contra un Geyperman con músculos estilo Rambo que hace las veces de villano, y es entonces cuando queda definitivamente claro que todo lo que hemos visto, todo el disparate a que hemos asistido, es pura comedia, puro esperpento que finalmente ha encontrado su camino en esa secuencia.

Vista desde el punto de vista de la comedia, esta intento de emular las comedias de acción de Guy Ritchie, Quentin Tarantino y sobre todo Robert Rodríguez, tiene sentido. Incluso diría que es una de las más divertidas muestras de cine de mazmorra, de serie B descarada que tira de lo amateur sobre todo en sus escenas de acción, pero me ha hecho pasar un rato agradables con su uso y abuso del lenguaje callejero, poniendo un taco casi detrás de cada palabra. Su tono amateur, como digo sobre todo en las secuencias de acción, que no obstante en algunos momentos son bastante bestias, encaja con esa vocación de parodia que insinuaba ya en su cita de arranque y su descarada copia de la pelea de Jake La Mota y Sugar Ray Robinson en Toro salvaje. Sus pocos medios, que la obligan a esa localización casi única dentro de la casa del protagonista, no le han impedido tirarse a la piscina del homenaje al cine negro, pero, ojo, a un cine negro que está lejos del cine clásico norteamericano y muy cerca de las más insolentes historias que se publicaban en las revistas pulp de policías y ladrones con vistosas portadas de violencia sin fin. Si Tarantino homenajeó ese tipo de relato  marginal en su Pulp Fiction, Diablo decide zambullirse en sus más bajas expresiones sin ningún tipo de pudor. Adapta lo peor de lo peor de los relatos pulp, y se queda tan fresca. Esa caradura singular, esa insolencia, esa alegría a la hora de vendernos humo con tono picaresco y sin cortarse un pelo al airear sus limitaciones, son su mejor baza para resultar divertida, aunque en algunos de sus momentos se acerque peligrosamente al territorio comanche del trabajo de aficionado, con mucha pasión pero pocos recursos y al final se le vaya algo la pinza y abuse del disparate. Su peor enemigo es que en el arranque, con esa frase de Jim Thompson, puede despistar un poco al espectador, haciéndole pensar que el asunto va en serio, sospecha que queda descartada con dificultad hasta aproximadamente la mitad del metraje, momento a partir del cual ya es imposible tomársela en serio.

Lo dicho: traducida como parodia o broma gamberra sobre el género de acción explotado por los directores citados, es curiosa, aunque con patentes limitaciones y cierta factura amateur.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Domingo, 24 Noviembre 2013 11:36

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