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Malavita ***

Jesús Usero Noviembre 13, 2013
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Nada como la violencia exagerada para tomarse a broma la mafia. Eso es lo que propone la última película de Luc Besson como director, un hombre que se prodiga poco en esas labores pese a sus muchos seguidores incondicionales, es más habitual ver a otros dirigiendo sus guiones y a Besson en la labor de guionista y productor, pero por ejemplo entre Juana de Arco y Angel-A pasaron seis años, y si no es por la trilogía de los Minimoys, desde entonces sólo tendríamos Adele y The Lady, que es de 2011. Así que se agradece que Besson vuelva a dirigir con mayor regularidad. Sobre todo si presenta productos tan divertidos y sin complejos como Malavita. Lo dicho, un producto que propone una sátira de la mafia a través de la violencia de sus personajes.

Un mafioso y su familia se mudan para vivir en una pequeña e idílica población francesa, afiliados al programa de protección de testigos, que les mueve a menudo debido en parte a las excentricidades de la familia y a que la mafia sigue buscándoles. Si lo hacen, no quedará ni uno sólo con vida… Aunque, precisamente la familia no es quien mejor colabora con quien debe protegerlos, o con su seguridad, o para integrarse en el nuevo pueblo. El matrimonio y sus dos hijos son de armas tomar, y tienen sus propias ideas en lo que a seguridad se refiere. Aunque eso suponga meterse en más de un problema. O poner en riesgo su vida.

El humor que destila la película, conscientemente cargada de tópicos (sobre la vida en Francia y el odio a los americanos, sobre la mafia, sobre los agentes federales, sobre las cárceles…) funciona porque en lugar de basarlo en lo más habitual, lo hace en las salvajadas violentas de una familia muy poco convencional, que resuelve sus problemas por la vía rápida. Y también la más divertida. El robo de un estuche, las burlas en el supermercado, unos chicos que quieren ligar de malas formas, el fontanero guasón… todo ello acaba en Malavita… como debe acabar. Con risas. Y mucha brutalidad.

El reparto se presta y se deja llevar para reírse de sí mismos, como De Niro haciendo sangre con sus películas sobre gangsters, Pfeiffer con la imagen de señora de su hogar o Dianna Agron con su papel de mosquita muerta. O Tommy Lee Jones como agente del gobierno. Todos juegan con eso y con las caricaturas que son sus personajes, para conseguir hacer una comedia muy brutal a ratos, pero muy efectiva. Eso sí, el guión tiene cosas que no hay por dónde cogerlas, como lo del periódico escolar (demasiada casualidad que tiene soluciones más sencillas), y la película no pasa de eso, entretenida, divertida y muy bien rodada. Y con un final oscuro que lo lleva todo al extremo. Pero con mensaje claro. La familia siempre unida. Como Micky Ojos Azules, pero con humor, o como Una Terapia Peligrosa, pero sin tanta terapia. Aquí la terapia se impone a golpes.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Lunes, 25 Noviembre 2013 11:30