Crítica de TRANSFORMERS: LA VENGANZA DE LOS CAÍDOS

Miguel Juan Payán 24 Jun 2009

Antes de empezar con la crítica o comentario propiamente dicho, vaya por delante que como aficionado al cine, a todo tipo de cine, yo tengo también mi lado oscuro en cuanto a películas absolutamente infumables para el común de los mortales, y que sin embargo yo degusto con interés, léase, por ejemplo, el ciclo de películas del luchador mejicano Santo, el Enmascarado de Plata, algunas del peplum (o de espadas y sandalias) que, con perdón del chiste fácil, no se las salta un romano, y no pocas de monstruos gigantescos japoneses, Godzilla, Mothra y compañía. Soy adicto a todo tipo de cine, no puedo evitarlo, de manera que lo mismo me pueden sorprender viendo la infumable versión de las aventuras del Capitán América que rodó Albert Pyun que viendo una maravilla del séptimo arte como Centauros del desierto. Por tanto entiendo perfectamente que cada cual tiene su corazoncito, sus preferencias y sus debilidades inconfesables entre el cine muy bueno, regular y fancamente malo que se nos pone a tiro cada día. Pero eso queda en la esfera de lo personal, y lo que me toca ahora es hacer un comentario a título profesional sobre Transformers: la venganza de los caídos. Y debo decir que la encuadro claramente entre las películas tirando a malas.

Admito no obstante que inicialmente me produjo una sensación más positiva de la que esperaba. Me temía lo peor antes de entrar al pase de prensa, pero me resultó más entretenida que la primera entrega, y hasta empecé a descifrar las claves del afecto que le tienen a Transformers los incondicionales del cine de Michael Bay, dada su amplia gama de secuencias concebidas única y exclusivamente para impresionarnos en lo visual poniendo a pleno rendimiento las maquinitas de los efectos especiales o cualquier otro truco de cine epidérmico, esto es, superficial, que se el pueda ocurrir (léase la presentación del personaje de Mikaela pintando la moto en esta película). Pero es que conseguir que ésta me pareciera más entretenida no era especialmente difícil considerando que la película anterior ya me había parecido bastante mala y en sus últimos treinta minutos incluso notablemente aburrida. Ésta segunda, como digo, me parece algo más entretenida, aunque inevitablemente su supuestamente épico desenlace se me antoje algo repetitivo en las secuencias de acción, falto de ritmo y de tensión épica propiamente dicha. Ello se debe a la incapacidad manifiesta de Bay para construir personajes más allá del mero boceto, muy sencillos y utilitarios para conducirnos a las secuencias de acción, pero faltos de equipaje para que nos involucremos con ellos en las trepidantes imágenes que desfilan por la pantalla. Lógico. Son bocetos, no dibujos completos. Bay no termina de edificar sus historias sospecho que por verse más atraído por el espectáculo circense que puede llegar a montar con los efectos visuales de que dispone, y ello se muestra una y otra vez en toda su filmografía.

De ahí que pueda decir al mismo tiempo que esta película contiene algunas de las secuencias más impresionantes que hemos podido ver en pantalla grande este año –el ataque contra un portaaviones- y al mismo tiempo algunos de los momentos más tópicos y casi vergonzantes que recuerdo haber visto en toda mi vida como aficionado al cine. Tomemos como ejemplo especialmente la presentación de los personajes, y más concretamente la descarada explotación como anzuelo visual de Megan Fox, espectáculo por otra parte notablemente agradable para los ojos, pero francamente reduccionista para la propia actriz y para la supuesta protagonista femenina de la película. Reduccionista porque deja a la tal Mikaela al nivel de anuncio de champú, dentífrico o similar, sin arco de desarrollo del que tirar, sometida a la tiranía de ejercer como mero adorno visual  a título de cortinilla o reclamo erótico-festivo para adolescentes utilizado para separar las carreras de los saltos y éstos de las explosiones (hay un momento tras la batalla de los robots en el bosque en el cual casi parece que Bay incluso llega a olvidarse por un momento de que en esa secuencia no sólo estaba Sam y su colega universitario, sino también Mikaela, que desaparecer varias escenas antes de reaparecer). La chica mira a cámara. La chica sonríe. La chica es preciosa… Pero se queda convertida en un cromo más dentro de este nuevo álbum de cromos que nos propone el limitadísimo Michael Bay.

Entre los momentos más exóticos que he vivido este curso en mis clases de Historia del Cine de la Escuela TAI recordaré siempre con especial cariño el duelo verbal que hube de mantener una mañana con un alumno empeñado en convencerme de que Bay es una especie de director visionario adelantado a su época, al que muchos no entendemos pero que sin duda posee cualidades de genio cinematográfico injustamente minusvaloradas, siendo además Transformers una de sus obras maestras.

Yo por el bien de todos espero que el cine “estilo Bay” no sea lo que nos espera en el futuro, pero aquel lance en la escuela ha hecho que esté curado de espanto al respecto, y por si alguien está pensando en rebatirme que Mikaela y el resto de los personajes carecen de desarrollo, propongo una comparación de un director con el que algunos quieren comparar a Bay, pero que no obstante dista mucho de llegarle al talón del zapato: Steven Spielberg. Piensen en la Marion de En busca del Arca perdida y entenderán por qué creo que Bay, al contrario que Spielberg (y aún aspirando a ser un alumno aventajado de éste) convierte a sus personajes, por ejemplo Mikaela, en cromos, meros pretextos para las secuencias de acción. Elige ese camino en lugar de desarrollarlos para que podamos emocionarnos de verdad con sus aventuras. Él prefiere simplemente sorprendernos por la pericia técnica que puedan lucir los encargados de facturar los efectos especiales para sus películas.

Hay en Transformers: la venganza de los caídos mucho personaje desperdiciado (por ejemplo los militares, meros títeres que corretean arriba y abajo, y ninguna de cuyas secuencias de supuesta tensión épica tienen tensión alguna), mucha escena que parece un anuncio, y mucho chiste un tanto facilón e incluso algo infantiloide. Todo lo referido a la presentación del personaje de John Turturro, por ejemplo, es bastante poco creíble y no resulta tan divertido como debe parecerle al propio Bay. Transformers: la venganza de los caídos es, como lo fue su hermana menor, un laberinto de pirotecnia creciente que tiene alma de castillo de fuegos artificiales, pero al que le falta verdadero espíritu de épica cinematográfica.

Y no obstante, como dije al principio, me ha parecido más entretenida que la primera.

Quizá sea consecuencia de esa primera escena de Megan Fox pintando la moto…

 

Miguel Juan Payán

 

Modificado por última vez en Jueves, 25 Junio 2009 10:25
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