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Diana ***

Diciembre 11, 2013
Diana, melodrama romántico disfrazado de biopic con Naomi Watts luciéndose.

Lo confieso: nunca me importó un comino lo que hiciera o dejara de hacer Diana de Gales. Su peripecia vital me es totalmente ajena. Afortunadamente encontré otras cosas mejores que hacer con mi vida que seguirle la pista a los pasos de esta señora o de su ex marido en la prensa amarilla. Así las cosas, podrán suponer ustedes que ver un trozo de su biogfrafía en el cine, no me entusiasmaba en exceso. Menos aún porque experimento un antinatural cinismo que me impide disfrutar de las historias románticas en el cine… a menos que estén bien construidas. De manera que, por mis antinaturales inclinaciones, estaba absolutamente mutilado para sacarle algo de jugo a esta película. Pero, amigos, aquí es donde entra eso que repito siempre en mis críticas: que me pagan por separar lo que me gusta y lo que no me gusta, lo que me interesa y lo que no me interesa, de la calidad, o no, de lo que veo. Y a Oliver Hirschbiegel le reconozco que ha hecho un abordaje de los enredos sentimentales de Diana de Gales bien dirigido y que saca el máximo partido de sus dos actores principales. Naomi Watts con este papel se monta una especie de one woman show de lucimiento interpretativo que quizá la pueda poner en el camino de ser nominada a los Oscar del año. A este tipo de premios suelen gustarle este tipo de personajes míticos, icónicos, y la fantasía cinematográfica de poder entrar en los entresijos de sus vidas privadas como si fueran personajes de ficción, en lugar de figuras arrebatadas a la realidad. Así que no es arriesgado decir que Watts podría optar a premios con este trabajo, que desde la contención y la solvencia, es notable. Otro tanto se puede decir de su compañero de reparto, Naveen Andrews, que inevitablemente va a estar siempre ligado al personaje que interpretó en la serie Perdidos en el inconsciente colectivo de los cinéfilos y serieadictos, pero cambia de registro paras, igualmente contenido, zambullirse en esta reconstrucción del romance de Diana con un cirujano.

A Hirschbiegel le valoro justo lo contrario de lo que suele esperarse de una biografía. Y es lo mismo que le valoré en El hundimiento, que aunque no lo parezca, desde el punto de vista de la reconstrucción de un personaje icónico, tiene muchos puntos en común con Diana. Más que intentar reconstruir la verdad del personaje que retrata, Hirschibiegel es bueno robándole ese personaje a la realidad para convertirlo en ficción. Aquí eso queda muy bien definido cuando parte desde el momento mítico previo a la muerte mitificadora de Diana, sin cebarse morbosamente en el accidente, que trata en elipsis, pero define al personaje no con ese momento mitificador, sino cuando la protagonista se pone una peluca para ir a encontrarse con su ligue. Es ese robo de la realidad para construir una historia de amor condenado lo que mejor funciona en la película.

No obstante, el ritmo del relato se frena y decrece tras la visita de Diana a la India, que creo no ha aprovechado  del todo, y se afloja mucho con ese plano excesivamente tópico de romance al estilo trasnochado con la cinta de casete en el automóvil durante la escapada al campo de los dos protagonistas.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Modificado por última vez en Lunes, 23 Diciembre 2013 09:00