El Hobbit, La Desolación de Smaug ★★★★

Jesús Usero Diciembre 11, 2013

Crítica de la película El Hobbit, La Desolación de Smaug

Más espectacular, oscura y visualmente poderosa que la primera. Obligatorio verla. Lo que no sé es si será obligatorio verla en 3D o en 2D, pero eso pasaremos a comentarlo en unos momentos. Por ahora puedo garantizar que para mí, como sucedió con la saga de El Señor de los Anillos, la segunda entrega es muy superior a la primera en muchos aspectos, sobre todo a nivel de madurez de personajes y tramas, y además a nivel visual y de espectáculo puro, que es por lo que la mayoría de gente va a acudir al final a las salas de cine a ver la película. Es puro entretenimiento del bueno, bien construido, que además recupera algunas de las claves de El Señor de los Anillos. Los buenos, por así decirlo.

Digo los buenos porque, según han ido pasando los años, a un servidor (y aquí me juego una lluvia de capones) El Señor de los Anillos cada vez le convence menos. No se confunda la gente, sigue gustándome mucho la saga de Peter Jackson, pero adolece, y con los años cada vez me lo parece más, de algunas fórmulas demasiado… blandas. Demasiada pureza, demasiada poca mala baba, demasiado buenos los buenos y malos los malos, si me quieren entender. Lo que me ha llevado con el tiempo a apreciar mucho ciertas cosas (las batallas, la camaradería, el sentimiento de épica, las tragedias…) y otras que antes no me llamaban la atención cada vez me descolocan más (los elfos, los árboles, los hobbits, el poco jugo que le sacaban a Saruman al final…).

Muchos de esos aspectos que me dejaban fuera de juego de El Señor de los Anillos fueron corregidos en El Hobbit, que me gustó, sin duda, y me parece una buena película, pero que seguía sin cuadrarme en algunos aspectos. Las canciones (llegó un momento en el que me parecía un musical), lo poco desarrolladas que estaban algunas posibilidades, siempre llevando a los buenos al camino de la luz, lo blandito de algunas secuencias… Era un buen comienzo pero le pedía más, necesitaba más chicha. Y aunque a la larga me ha gustado El Hobbit tanto o más que El Señor de los Anillos, lo que le pedía a La Desolación de Smaug es que me convenciese tanto o más que Las Dos Torres. Porque los cimientos estaban puestos, sólo faltaba que alguien construyese algo realmente sólido sobre ellos. Algo que fuese más que épico, que nos presentase a los personajes con un aire más maduro, más oscuro. Más siniestro. Y vaya que si lo han conseguido.

Como detalle, con las dichosas estrellas de siempre, decir que la película es de cuatro estrellas y media, para mí, a un pasito de la perfección. Pero no tenemos medias estrellas, y como sigue habiendo un par de detalles que no terminan de hacerme tilín, lo dejamos en cuatro y santas pascuas. Lo dejo explicado claramente para que nadie se confunda luego. Son cuatro estrellas y media. Y bien merecidas. Lo que me hace pensar que con este ritmo la tercera película puede ser la cumbre de Peter Jackson en la Tierra Media, y en este caso una película a la que la mano de Guillermo del Toro se le nota aún más que a la anterior. En el guión, en el que sigue estando acreditado. En lo visual ya es otro cantar. Pero la historia tiene detalles que parecen especialmente señalados por el director mexicano. Cosas que no se veían tanto en las anteriores. La historia continúa justo donde la dejamos, con una pequeña visita al pasado, con Thorin de protagonista, la semilla del viaje. Y a partir de ahí todo es aventura casi sin fin y un ritmo sensacional en casi todo momento. La persecución de los enanos, el viaje a través del bosque, el encuentro con las arañas, los elfos, el lago... todo para llevarnos a la presentación de Smaug y el final de la película, con ganas de que llegue pronto la última entrega.

Creo sinceramente que es la película en la que mejor funcionan los elfos. El rey elfo Thranduil, lejos de otros gobernantes élficos, es una especie de psicópata torturado con un trono. Légolas es mucho más oscuro, violento y menos razonable de lo que conocimos. Y la aportación de Evangeline Lilly como Tauriel añade un toque femenino que le hacía mucha falta. La historia de Thorin y cómo se desarrolla el personaje, también ayudan mucho a la oscuridad general del relato. No todo es blanco y negro. Thorin es un personaje torturado, con muchas luces y sombras… y cómo se revela eso hacia el final es magnífico. Como lo es Martin Freeman en su versión Bilbo, con un cambio que le hace casi irreconocible al hobbit que abandonó la comarca. Nunca sabemos a qué están jugando realmente algunos personajes, los supuestamente buenos, y eso se nota, y se agradece. Es mucho más ambigua, como lo es el gran personaje de Bardo, interpretado por Luke Evans. Un tipo de lo más interesante y que da mucho juego. Esos aspectos me suenan a del Toro.

La película además juega, como en la primera saga, a dividir al grupo de héroes en un momento determinado, lo que nos lleva a un final a tres bandas que no dejará a nadie indiferente. Por un lado, una lucha en el pueblo con los orcos y los elfos, por otro el destino de Gandalf, y por último, cómo no, Smaug. Porque mucha gente lo esperaba con ansias, porque es el personaje estrella aunque se haga de rogar y tarde en aparecer, y porque su presencia llena la pantalla no sólo en lo físico, sino como terrible y todopoderosa amenaza. Sus momentos, desde el encuentro con Bilbo a la lucha final, son épicos, impactantes a nivel visual y caminan entre el terror y la acción con mucho brío. Smaug es un gran villano, sin duda, inteligente, vengativo, poderoso, sensacional. Y saber que tras él está la mano de Cumberbatch ayuda bastante (lo entenderán cuando lo vean, sobre todo en versión original aunque la voz esté alterada por ordenador). En una película que además es más violenta que la anterior y con muchas más batallas (lo de las arañas es memorable, como los orcos en cada aparición…). Quien haya jugado a Dungeons and Dragons, por ejemplo, se sentirá en su salsa en más de un momento.

Pero no es perfecta. El 3D, por muy brillante que sea, le resta a las escenas de acción, que a veces resultan confusas (estoy deseando verla en 2D para disfrutarlas completamente). Hay un tema romántico que tampoco termina de funcionar y que, como algunas caídas en el ritmo (la ciudad pesquera, algunas conversaciones alargadas…) que parecen simplemente una justificación para llegar a las tres películas. Y aunque me fusilen, algunos efectos especiales sufren… Pero la película nos deja con ganas de más. De más aventura, de más batallas, de más lucha, de más oscuridad… Y a mí me ha parecido, por todo ello, mejor que El Hobbit.

Jesús Usero.

©accioncine

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