La Vida Secreta de Walter Mitty ****

Jesús Usero Diciembre 20, 2013
Imaginación e inventiva al poder para un cuento clásico lleno de optimismo. Nunca he sido demasiado fan del Ben Stiller, ni en su faceta como protagonista de comedias comerciales pero algo descafeinadas como viene siendo habitual en su carrera, ni como director, con una filmografía que va de lo divertido por rocambolesco (Zoolander), a la parodia más gamberra pero nada especial (Tropic Thunder), pasando por películas directamente planas como Bocados de Realidad. No es de mis favoritos y muchas veces no le veo la gracia por sus excesos y lo poco sutil que es muchas veces, en cualquiera de sus facetas pero sobre todo como actor. Por eso me sorprendió tanto y tan gratamente La Vida Secreta de Walter Mitty. Por eso me conquistó desde sus primeros compases y por eso me parece la mejor película de Stiller hasta la fecha como actor y director. Porque no se parece en nada a lo que ha hecho hasta ahora. Y porque es un viaje sensacional contado con honestidad, imaginación y optimismo. Es una película muy buena, y por mucho que no sea fan del actor… al César lo que es del César.

Lo comentaba hace poco, que en un año como éste, cuando los premios están a la vuelta de la esquina y ya aparecen las grandes candidatas, con el tema del racismo entre las favoritas (12 años de Esclavitud, El Mayordomo con su protagonista, Mandela…) o las historias más grandes que la vida que tanto gustan en Estados Unidos (Gravity), sin dejar de lado a los grandes directores que ya acaparan todas las miradas (Martin Scorsese y El Lobo de Wall Street, David O. Russell y American Hustle), pequeñas películas con mucho que contar y grandes interpretaciones, sorprendentes y realmente apreciables, se quedarán fuera de las listas de premios, incluso de las nominadas, debido a la mayor presencia y nombre de las anteriores. Y que nadie se confunda con mis palabras. Me parece que muchas de ellas, las que ya he visto, son perfectas candidatas y merecen los premios, las nominaciones y más. Pero no a costa de que caigan en el olvido pequeñas joyas como Mucho Ruido y Pocas Nueces, El Camino a Casa o La Vida Secreta de Walter Mitty.

Una película que nos cuenta uno de esos viajes vitales que tan populares han sido siempre en el cine. Un pobre hombre con una vida gris, aunque adore su trabajo, que siempre anda calculando gastos y cuidando de su madre y soportando a su hermana, sin muchos amigos y totalmente pillado por una nueva compañera de trabajo. Ese es el Walter Mitty al que da vida Stiller, un tipo gris, sencillo, tímido hasta por internet, que vive más en su mundo de fantasía (suele quedarse en blanco imaginando escenas en las que es el héroe, el valiente, el aventurero…), que en la vida real. Y un día todo se tambalea en su mundo cuando compran la revista en la que trabaja para convertirla en una publicación online, y Walter no encuentra la foto que sería portada del último número impreso. Una portada que se ha perdido, y resulta imposible encontrar el negativo o a su fotógrafo, un aventurero insaciable de la vieja escuela. Así comienza el viaje de Walter Mitty.

Un viaje que puede recordarnos, por ejemplo, a La Vida de Pi, pero que se hace mucho más ligero y divertido debido a la falta de pretensiones religiosas o espirituales. Un viaje de redescubrimiento en el que conoceremos mejor al protagonista, que se reencuentra consigo mismo y que le lleva de Groenlandia a Islandia para terminar en el mismísimo Afganistán. Un viaje lleno de peligros, aventuras y optimismo, vitalista, humano y genialmente narrado, con pulso, ritmo y mucha sutileza (el tema de los monopatines, la relación con su madre, la propia historia romántica…) y una inventiva visual cuando Walter entra en sus ensoñaciones que son una delicia, desde los momentos superheroicos (la pelea en las calles de Nueva York es simplemente única), a los más personales (el parque, el trabajo…) visitar el mundo interior del protagonista de forma tan visualmente perfecta, añade algo especial a la película. Lo dicho, como La Vida de Pi, pero sin los excesos de aquella. Y con mucho más humor, un humor que funciona toda la película.

Y los actores… qué reparto. Desde Kristen Wiig al cameo casi de Sean Penn, pasando por Adam Scott, Patton Oswalt o Shirley MacLaine. Magníficos todos, pero sobre todo un contenido, sutil y magnífico Ben Stiller en el mejor papel de su carrera. El actor deja de lado sus habituales tics para narrar con honestidad la vida interior y exterior de un personaje que podría ser como cualquiera de nosotros, con sueños y metas por cumplir que en gran medida se perdieron debido a que dejamos de luchar por ellos, por dejadez o por causa de fuerza mayor. En los tiempos que corren, no se me ocurre mejor mensaje que el de no rendirse y tratar de recuperar el tiempo perdido. Aunque no todo en la película sea perfecto ni necesite serlo, la verdad.

Es cierto que el personaje de la madre está algo desaprovechado (no contratas a Shirley MacClaine para que aparezca apenas en tres escenas), que el tema romántico es demasiado forzado y blando a veces, aunque en un momento en el bar en Groenlandia casi justifiquen todo lo demás, y que algunos personajes están demasiado estereotipados y caricaturizados como el de Adam Scott. Pero la sensación que deja la película, incluso al más cínico, es la de ver una película positiva, humana y cercana, que nos sabe llevar muy bien por el camino que su director quiere plantearnos y que nos introduce en el universo personal de un personaje que no está tan alejado de lo que somos todos y cada uno de nosotros. Que nos recuerda que siempre hay algo por lo que luchar o un motivo por el que no rendirse, y que siempre hay un viaje que emprender para encontrar el camino, aunque no sea el viaje que esperábamos o pensábamos al principio.

Jesús Usero

©accioncine

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