Caminando entre dinosaurios ***

Caminando entre dinosaurios: espectáculo familiar a caballo entre las fábulas Disney y los documentales.

Caminando entre dinosaurios y Caminando entre las bestias vuelven a tirar de la fauna prehistórica para ganarse al público con un sólido entretenimiento familiar de buena factura visual que supera su guión, más flojo que sus imágenes. El desarrollo de la aventura de un pequeño paquirrinosaurio sigue escrupulosamente todos los tópicos y lugares comunes de los dibujos animados familiares tipo Disney, con pérdida o exilio prematuro de la familia para integrarse en otro grupo y ser aceptado en el mismo convirtiéndose en líder. Le sobra la parte romántica, bastante forzada, especialmente con la aparición de las mariposas, y tiene menos sentido del humor del que debería o pretende. Pero retiene todo el empaque visual de los documentales de las series citadas de la BBC para recrear mundos anteriores a la extinción de los dinosaurios y seguirle la pista a las características y costumbres de la variopinta fauna que protagoniza esta historia. Por lo referido a su parte más “documental”, es impecable. No tanto en lo narrativo, más próximo a la película Dinosaurio, de Disney. Su merma en lo dramático y narrativo se produce por una idea a mi modo de ver equivocada sobre el tipo de protagonistas y fábulas que queremos venderles a la infancia. Seré más claro: ¿por qué siempre protagonizan este tipo de historia los dinosaurios herbívoros en lugar de dejar que el protagonista sea un carnívoro? Equivocamos a los niños vendiéndoles un mundo edulcorado que además no tiene nada que ver con nuestra especie. Me explico mejor: los humanos no caminamos a cuatro patas, ni somos herbívoros, somos bípedos y omnívoros, y por mucho que quieran meternos el concepto de manada en la cabeza tendemos claramente al individualismo como muchos depredadores. Así las cosas, me pregunto por qué siempre que se piensa en una historia de dinosaurios los herbívoros acaban siendo los antagonistas y villanos de la trama, cuando lo único que hacen es servir fielmente a la naturaleza y seguir sus hábitos alimentarios, controlando de paso la población de herbívoros antes de que ésta se desmande y monte una catástrofe medioambiental comiéndose todo el verde que pillen a su paso y dejando la tierra más pelada que la cabeza de Telly Savalas o Yul Brynner. Además –y afortunadamente-,  forzar esa empatía de los niños con los herbívoros es una batalla perdida, porque como pude comprobar en pase familiar con un cine repleto de críos y crías, el 90 por ciento de los chavales lo que quieren ver es a los carnívoros ejerciendo su legítimo oficio, en este caso: al Gorgosaurio devorador. De hecho uno de los críos reclamaba seriamente con su media lengua la aparición de un Tinosaurio, esto es, un Tiranosaurio. Con todos sus dientes. Los bichos sin dientes a la mayor parte de los niños les parecen tan interesantes como una vaca pastando.

Dicho todo lo anterior, y dejando que cada padre críe y eduque a sus hijos como mejor le plazca, esto es, como herbívorosaurio o como carnivorosaurio, lo cierto es que la película tiene algunos de esos momentos visuales que hicieron tan grandes los documentales de Caminando entre dinosaurios, así que me parece un dignísimo espectáculo para toda la familia, aunque precisamente por esa naturaleza de espectáculo para todos los públicos esquiva a base de elipsis los aspectos más puntiagudos e inquietantes de su historia, como la llegada de la extinción (a pesar de que ésta es mencionada por el pájaro que sirve como narrador de la historia y socio del protagonista cuando le dice al protagonista: “No es el fin del mundo, eso será dentro de dos años”).

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Modificado por última vez en Miércoles, 08 Enero 2014 11:01
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