La gran revancha ***

Miguel Juan Payán Enero 09, 2014
La gran revancha: divertida parodia con un De Niro brillante frente al mejor Stallone en clave de comedia.

Ver a Sylvester Stallone frente a Robert De Niro y tener el enorme placer de contemplar lo bien que cumple años Kim Basinger y lo mucho que puede llegar a sacar el gran Alan Arkin de un mínimo gesto son ya motivos más que suficientes para acercarse al cine a pasar un rato divertido con esta película que no engaña a nadie y nos da exactamente lo que promete. Es un entretenimiento paródico, con algunos guiños muy logrados, un ritmo de narración constante y bien equilibrado que casi no tiene un solo valle de aburrimiento y un guión que sabe cómo sacarle partido a la explotación de la imagen de sus protagonistas.

Sylsvester Stallone siempre ha querido hacer comedia, y nunca le han salido demasiado bien, sin embargo en esta ocasión, por primera vez en su carrera, han sabido rodearle de los elementos más apropiados para respaldarle. En primer lugar el tono es en realidad el mismo que preside sus peripecias en Los mercenarios, pues lo que en definitiva nos propone esta película no es otra cosa que el enfrentamiento entre una variante paródica de su personaje más icónico, Rocky Balboa, el que lo lanzó a la fama como protagonista de una de las películas más taquilleras del cine sobre boxeo, con una de las grandes, enormes creaciones de Robert De Niro ante las cámaras, Jake La Motta, el protagonista de Toro salvaje. Ambos actores se entregan a la parodia, y aunque inevitablemente De Niro gana por goleada a Stallone en ese terreno, el desequilibrio entre ambos no es tanto como pudiera pensarse. Stallone gana mucho por su asociación en pantalla con Alan Arkin, que se convierte en el mejor aliado del protagonista de Rocky para plantarle cara a un De Niro capaz de desbordar y noquear a cualquier oponente en el territorio de la sátira casi sin proponérselo (esa escena parodiando a Jake La Mota, desde el respeto, contando chistes en el bar es toda una declaración de principios). Ignoro, y para ser sincero no me interesa absolutamente nada, cómo se habrán llevado estos dos monstruos durante el rodaje, pero la química que despliegan en pantalla es tan eficaz que incluso nos pueden vender los tópicos inevitables de la trama, la relación romántica con Kim Basinger, el hijo y el nieto del personaje de De Niro, principalmente.

Lo que me ha gustado de la película es que aún introduciendo esos tópicos con calzador, sale de ese charco con habilidad. La relación romántica con Kim Basinger me la trago porque, francamente, me cuesta mucho concentrarme viendo a ese pedazo de fémina que tan bien ha amontado años, así que, vale, me trago el romanticismo de folletín porque no el espectáculo de madurez de Kim Basinger me resulta francamente impresionante y noquea mis córneas.

El tema del reencuentro con el hijo me lo trago porque el actor que interpreta al hijo es uno de los tipos con más talento de su generación, Jon Bernthal (siempre he pesando que en la serie The Walking Dead este tipo debería haberle descerrajado un tiro al pesao de Rick…). Bernthal es como ver a un De Niro más joven y tosco con algunos toques de Javier Bardem. No digo más. Este tipo cualquier día tendrá su oportunidad de hacer un personaje impresionante. Hollywood se lo debe y si no se lo da, está loco.

Y luego el tema del niño, pues qué quieren que les diga, canta tópico pero me da igual, porque cuando creía que me iban a meter por salva sea la parte un “momento Chencho” estilo La gran familia con el niñajo perdido en algún sitio… o algo peor… consiguen salir del asunto con un tono gamberrete que me convence mucho más que las babas habituales en estos casos.

Incluso el personaje más tópico de todos, el afroamericano chistoso e hiperactivo que hace chistes de y sobre negros, ha conseguido redimirse finalmente con un epílogo o guiño final un poco después de los primeros créditos de cierre en el que dos auténticos gigantes del ring también se autoparodian, construyendo el mejor chiste de toda la colección que contiene la película.

La película no miente. Le da al espectador exactamente lo que le promete. E incluso sale mucho mejor parada de esa explotación de la imagen de sus protagonistas de lo que me temía.

Me ha hecho reír muchas más veces de las que esperaba, y está entre las mejores en su liga. ¿Qué cuál es su liga? Pues la de los nostálgicos encuentros o reencuentros  de astros veteranos, estilo Otra ciudad, otra ley, con Burt Lancaster y Kirk Douglas, o Tipos legales, con Al Pacino, Christopher Walken y también el gran Alan Arkin, y en ese plan.  Es una fórmula que raramente funciona tan bien como en La gran revancha, donde todas las cartas están puestas sobre la mesa y dan mucho mejor juego de lo que suele ser habitual en estos casos.

Un entretenimiento blanco, para toda la familia, para aficionados y seguidores de la carrera de estos dos monstruos que, cada uno en su línea, han dejado una huella indeleble en el cine comercial que más nos ha emocionado y entretenido durante varias décadas.

Además, como le dice su hijo a Billy The Kid McDonnen: De Niro todavía retiene su pegada.

Eso sí, no esperen un combate final al estilo Rocky, aunque la fórmula argumental es casi la misma de las distintas entregas de dicha saga. En esta ocasión lo mejor está antes y después. El combate es sólo una anécdota.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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Modificado por última vez en Lunes, 10 Febrero 2014 11:39