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Buen drama rural… con un Zac Efron que podría aparecer en Star Wars. Sí, eso he dicho. Saquen los cuchillos, piedras, palos, armas arrojadizas o incluso las de fuego. He dicho que Efron podría estar en la nueva trilogía galáctica y lo mantengo. No sólo por el rumor que el actor ha generado al confirmar su reunión con JJ Abrams, también porque creo que no sería, ni mucho menos, una mala elección. Abriría la franquicia a un nuevo público, traería polémica que siempre es bueno, y además Efron no es para nada un mal actor. Hay talento en el joven. Claro que si sólo le juzgamos por High School Musical o 17 Again… pues estamos muy ciegos. Es como juzgar a Ben Affleck sólo por Daredevil. Pero si hubiésemos visto Paperboy, Parkland o esta que nos ocupa… tendríamos que pensarlo un poco mejor antes de atacarle. O eso o no queremos ver y nos ciega el desprecio hacia alguien porque sí.

Una historia dramática sobre la vida en una granja, una próspera y bien asentada que trata de salir adelante, pero a la que un suceso inesperado pondrá en el ojo del huracán, haciendo que la brecha entre un padre y su hijo se convierta casi en insalvable. Todo narrado con cierto tono de suspense sobre quién o qué puede estar “atacando” la granja, pero elaborando un drama sólido como una roca, que se apoya en un reparto muy comedido, muy inteligente y muy, muy bueno. Y un director que sabe mover bien las piezas para evitar las trampas de un guión que podría llenarse de tópicos, pero a los que los actores y Ramin Bahrani, que es quien da coherencia a todo esto, no sólo como director, también como guionista. Aunque en la primera faceta destaca más.

Destaca más porque en sus manos está sacar el máximo partido a sus actores, algo que logra brillantemente, con esos juegos de miradas que lo dicen todo, con esa calma que precede a la tormenta que todos los personajes albergan en su interior. Dennis Quaid, Kim Dickens, Clancy Brown, Heather Graham y, por supuesto, Zac Efron, nos ofrecen una gama de matices enorme a través de esas miradas que cuentan más que las palabras, que en algunos personajes están vacías, porque es su forma de ser. La vida en una granja que parece próspera, vista con los ojos de la desesperación. De las consecuencias de los actos que nunca medimos. Y del miedo a perderlo todo. Le quita lustre un guión con algunos tópicos (las relaciones padre/hijo, la rivalidad entre familias, la amante, la novia…) pero a los que el director sabe dar una vuelta de tuerca para obtener un muy buen resultado. Y el ritmo de la película se resiente por momentos, lo que puede hacer a más de uno aburrirse un poco en determinados momentos. Pero es un buen drama. Así que dejen de lado los prejuicios, vayan a verla y vean a Zac Efron como lo que es, un buen actor. Y ahora que empiecen a caer palos.

Jesús Usero

©accioncine

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Jesús Usero

Modificado por última vez en Martes, 18 Febrero 2014 14:11
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