Historia sentimental perfecta para San Valentín. Como ha indicado más de una vez mi compañero y amigo Miguel Juan Payán en nuestros debates semanales, soy un poquito moñas. Me gusta Frank Capra. Me gusta el cine emotivo, positivo y lleno de luz. De cuando en cuando y sin apabullar tampoco. Soy moñas pero hasta cierto punto. No quiere eso decir que Cuento de Invierno sea una de mis películas favoritas ni mucho menos, pero sí que comprendo perfectamente a quién va dirigida y los motivos. Es San Valentín. Y entre Cuento de Invierno y la última adaptación de una novela de Nicolas Sparks, me quedo con la película de Akiva Goldsman sin dudarlo. Si tienen problemas, imaginen que son dos estrellas y media. Es decir, una película correcta.

Porque quien vaya a ver Cuento de Invierno y la encuentra blanda o edulcorada es que se ha confundido de sala y no ha visto ni siquiera el póster de la película, por no decir el tráiler. Quien entra a ver Cuento de Invierno sabe que se enfrenta a una historia de amor condenado (al menos durante la mayor parte del metraje), con un reparto muy sólido y un aire a caballo entre película de Capra, sobre todo Qué Bello es Vivir y su parte sobrenatural, y Titanic, de la que hereda imágenes y conceptos. Es decir, que sabemos a lo que venimos o nos llevamos un chasco de padre y muy señor mío. Quien busque una historia romántica, con personajes místicos, con mucha magia y mucho aire de cuento. Vamos que si fuesen dibujos animados y la hubiese hecho Disney aplaudiríamos hasta rabiar.

Pero es una película con actores de carne y hueso, con imágenes muy bellas, con un reparto encabezado por Colin Farrell y Jessica Brown Findlay, actriz bien conocida para los seguidores de Downton Abbey. Y secundados por nombres como Jennifer Connelly, Eva Marie Saint, Kevin Durand, William Hurt, Graham Greene, Scott Grimes, Kevin Corrigan o Matt Bomer, sin olvidarnos de un cameo sensacional que hará las delicias de la audiencia y que muchos ya se han encargado de reventar. Y, por supuesto, el villano, un Russell Crowe tan implacable como peculiar, que se come a cualquiera que le ponen delante. A veces literalmente. Y como a mí Farrell sí que me parece un gran actor y la historia está muy bien contada (los efectos especiales no sólo pueden utilizarse para destruir cosas…), pues esta pequeña historia romántica sobre milagros y redenciones, sobre la eterna lucha entre el bien y el mal, no sólo no me ha molestado sino que la defiendo. Porque sé que a los fans de este tipo de cine les va a gustar, y mucho.

Sí, el guión tiene fallos, hace aguas a veces y tiene altibajos en su ritmo. Muchas cosas no terminan de estar explicadas y otros aspectos como las edades (¿Farrell haciéndose pasar por un joven de 21?¿Según los cálculos el personaje de Eva Marie Saint que tiene, más de 100 años?), y nunca será un clásico, pero tampoco lo pretende. Quien quiera ir al cine en pareja o tenga el corazón blandito y le apetezca una historia de magia para soñar, acertará con la película. Como su propio nombre indica, es un cuento, no una de Peckinpah.

Jesús Usero

©accioncine

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Jesús Usero

Modificado por última vez en Lunes, 17 Marzo 2014 15:29
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