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Duro drama romántico enclavado en la música country. Una música que le viene como anillo al dedo a esta película belga que está nominada a los Oscars este año, aunque no sea de las favoritas, y que cuenta una poderosa historia de amor, conmovedora y tierna, dramática y divertida, dentro del ámbito de la música country, que pasa de las melodías más tristes a la música festiva para celebrar y bailar, que en sus notas tristes arrancadas de un banjo o un violín, nos relata un drama que podría ser un telefilm de no ser por el talento de quien ha levantado el proyecto. Si ayer les hablaba de la película perfecta de San Valentín, Cuento de Invierno, Alabama Monroe es su reverso tenebroso. La parte oscura y más real de la vida, en la que la magia la dan los pequeños momentos, como una bellísima rubia sobre el capó de tu furgoneta esperando que la beses.

La historia está contada a retazos, a piezas inconexas que cobran sentido cuando la película termina. No es que no se entienda, es que apreciamos toda su complejidad cuando las últimas notas de una canción country suenan al final de la película. Por un lado es una historia de amor romántica de dos personas que se encuentran sin tener casi nada en común pero se enamoran profundamente. La tragedia les golpeará cuando su hija contraiga una grave enfermedad, y las consecuencias que tendrá en su relación y en sus vidas. Todo contado como piezas sueltas de un puzzle, como cristales rotos de las vidas hechas pedazos de los personajes protagonistas. Y sí, la trama suena a culebrón hecho para televisión, pero sabe superar esos escollos poniendo alma, música y talento para convertirse en una muy buena película.

Sabe controlar el drama, no hacerlo cargante, no concentrarse sólo en lo terrible o lo trágico de la historia, conjugando continuamente la luz de la historia de amor, sencilla, tierna, sensual (el sexo no es sórdido ni violento, por ejemplo, aunque los personajes podrían parecer otra cosa), con una tragedia íntima que se lleva poco a poco esa luz y convierte a los personajes en meras sombras de lo que fueron en su lucha por salvar a su hija. Y las consecuencias que tiene. Los actores protagonistas están sensacionales, Johan Heldenberg, guionista también de la película, y Veerle Baetens, la bellísima protagonista. Sus miradas, sus caricias o ausencia de las mismas, sus sonrisas, sus lágrimas contenidas, cuentan una historia muy humana y muy cercana. Muy fácil de entender y sin aspavientos. Y en el haber de su director, Felix Van Groenigen, está el hecho de coger una obra de teatro y romper las fronteras de la misma, haciendo que no parezca justo eso, una obra de teatro. Aunque tiene un par de tópicos que dañan un poco a la historia (no puedo contarlos, pero si ven la película lo entenderán), nos encontramos ante una historia que gustará a quien busque un drama humano con el que relacionarse. Una muy buena película. Veremos qué tal le va en los Oscars.

Jesús Usero

©accioncine

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Modificado por última vez en Sábado, 29 Marzo 2014 10:04
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